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LA

 

 

LOS VINOS DE PROLONGADO AÑEJAMIENTO EN BOTELLA

 

Amo todo lo que es viejo: viejos amigos.

Viejos tiempos. Viejos modales.

Libros viejos y vinos viejos.

 

Oliver Goldsmith ( 1730 ?--1774)

 

 

Cada año, desde 2005, al llegar el mes de noviembre la cata “ciega” mensual del Grupo Enológico Mexicano se lleva a cabo con una decena de vinos, cuya crianza en botella se ha prolongado, por lo menos, por un par de lustros. En ocasiones ese envejecimiento es más prolongado, como es el caso de la cata mensual número 167, correspondiente a noviembre de 2008, en la cual fueron evaluados organolépticamente diez vinos de las siguientes cosechas 1983, 1987, 1988, 1989, 1991, 1992, 1995 y tres de la vendimia 1998.

 

La crónica de esta cata es, con mucho, una trascripción (revisada y ampliada) del reportaje titulado “Los vinos de prolongado añejamiento en botella” ---publicado en 2007---, en el cual consigno infinidad de pormenores de este tipo de vinos. Considero que esta relación entraña interés para los lectores, la mayoría de ellos personas proclives a un mayor conocimiento de todo lo referente al vino.

 

Desde hace muchísimas centurias, en los tiempos del florecimiento de las civilizaciones helénica y romana, los vinos que habían sido envejecidos por largos años en ánforas de terracota eran considerados superiores a los caldos jóvenes. Al respecto afirma Bernard Pívot, en su libro Dictionnaire amoureux du vin , que “griegos y romanos consideraban que los mejores vinos, como los de Sorrento, de Chio y de Lesbos, debían envejecer pacientemente de diez a veinticinco años, antes de ser juzgados dignos de la mesa de los poderosos y de los acaudalados”. Recuerdo, igualmente, que Julio César, quien seguramente fue un enófilo consumado, manifestaba su preferencia por el vino de Falerno añejado cien años en esos envases hechos con barro cocido.

 

Si bien en las Sagradas Escrituras se dice que San Lucas tenía conocimiento de que los vinos añosos eran mejores que los nuevos, existen testimonios históricos que permiten afirmar que los romanos de hace veinte centurias (también a los pueblos helénicos se les concede este mérito) fueron los primeros conocedores en el arte de apreciar la finura de los vinos que habían sido guardados, por algunos años, lustros y décadas, en ánforas de cerámica, que era el recipiente usual en aquellos días.

 

En ocasión de la cata “ciega” número 127 del Grupo Enológico Mexicano, celebrada en el mes de noviembre de 2005 (en la cual fueron degustados siete vinos que estuvieron en la cava -–en óptimas condiciones de guarda-- un mínimo de doce años), publiqué un reportaje titulado “Los vinos añejados en botella”. De aquellos siete vinos, cinco fueron elaborados en España , y los dos restantes en Italia. Dos vinos fueron de la cosecha 1985. Dos más de la vendimia 1988. Y los tres restantes de las cosechas de 1990, 1991 y 1992. Dos de esos siete vinos procedían de una vendimia realizada hace veinte años, y el más reciente de una que tuvo lugar hace trece años.

 

Las calificaciones de esos vinos fueron las siguientes: --- entre paréntesis consigno la calificación y el país de procedencia-- : 1985 (84.80 puntos: España); 1985 (83.40 puntos: España); 1988 (85.00 puntos: Italia); 1988 (81.00: España); 1990 (82,20 puntos: Italia); 1991 (82.40 puntos: España); 1992 (83.80 puntos: España)

 

Doce meses más tarde (en noviembre de 2006), y trece degustaciones analíticas después de aquella, tuvo lugar otra cata “ciega” mensual ---la número 140, desde enero de 1995---, en la cual los Miembros de Número de esa agrupación de enófilos evaluaron once vinos de prolongado añejamiento (reposo, crianza, guarda) en botella. Deseo comentar que en esta degustación fueron evaluados caldos de las siguientes cosechas --y entre paréntesis consigno la calificación y el país de procedencia--- 1948 (74.00 puntos: Francia); 1985 (76.86 puntos: España) 1985 (72.29 puntos: España); 1986 (79.29 puntos: España); 1989 ( 80.29 puntos: Estados Unidos de América); 1989 (79.29 puntos: España); 1990 (77.71 puntos: Italia); 1990 ( 76.43: México); 1991 (75.00 puntos: España); 1994 (78.00 puntos: Italia); 1994 (76.14 puntos: Italia).

 

Pasados los meses, el 19 de noviembre de 2007 tuvo lugar una tercera cata de esta clase (podríamos llamarla extraordinaria, porque no es frecuente evaluar vinos tan añosos), la número 155, correspondiente a ese mes, en la cual degustamos diez vinos de prolongada permanencia en la botella. Fueron evaluados caldos de las siguientes cosechas --y entre paréntesis consigno la calificación y el país de procedencia--- 1983 (73.29 puntos: España); 1985 (74.00 puntos: España); 1988 (73.00 puntos: España); 1989 (74.43 puntos: España); 1990 ( 71.29 puntos: Italia); 1990 (72.00 puntos: México); 1991 (70.29 puntos: Italia); 1991 ( 73.00: España); 1991 ( 72.00: Italia); 1992 ( 74.57 puntos: España).

 

Antes de referirme pormenorizadamente a la evaluación sensorial número 167, correspondiente a noviembre de 2008), mencionaré con detenimiento ciertos aspectos inherentes al hecho de probar analíticamente vinos que han permanecido largo tiempo en su envase idóneo: la botella.

 

Los enófilos, aquellas sibaríticas personas que manifiestan complacencia por saborear diferentes vinos acompañando sus comidas, saben muy bien que existen vinos que deben ser bebidos a los pocos meses de haber sido embotellados, quizá, hablando en términos generales, dentro de los dos primeros años de haber sido envasados. El mejor ejemplo de la aseveración anterior está dado por el Beaujolais Nouveau (que es comercializado apenas unas pocas semanas después de la vendimia de cada año, el cual, según recomiendan los productores, debe ser degustado antes del primer año de haber sido puesto a la venta), un vino francés al cual se le ha hecho, desde hace unos años, una extraordinaria campaña de mercadoctenia, que alcanzó su clímax a comienzos de la década de los años noventas del siglo pasado, para inducir su consumo, a nivel mundial, a partir del tercer jueves del mes de noviembre de cada año. Este vino toma el nombre de la región francesa cuya denominación deriva del de la ciudad medieval de Beaujeu.

 

Otros vinos, resultado de la cuidadosa elaboración (utilización de cepas seleccionadas, fermentación en barrica y posterior guarda en barricas de roble durante algunos meses) que el enólogo despliega para hacer un excelente vino, son aptos para ser conservados durante años y años en la botella en que fueron envasados. A estos vinos se les suele dar el nombre de “vinos de guarda”, y también son llamados “vinos para añejar”. Conviene recordar el caso de numerosos vinos de Burdeos –-me refiero especialmente a los calificados como Premieur Cru, verdaderas gemas etílicas---, que al cabo de veinte o veinticinco años son re-encorchados de nueva cuenta, por el productor, para que pueda continuar la evolución del vino dentro de la botella, durante muchos años más.

 

A propósito de los tapones de corcho, que por sus características especiales constituyen la mejor obturación para las botellas que contienen vino, diré que Hugh Johnson asienta en su hermoso libro Historia del Vino lo siguiente: “”en cuanto a su duración, el corcho se torna quebradizo con el paso del tiempo, entre 25 y 30 años. Las bodegas cuidadas con todo esmero (algunos de los grandes chateaux de Burdeos, por ejemplo) substituyen los corchos de los vinos cada 25 años, aproximadamente, y otras, inclusive, envían personal experto a cambiarlos a las bodegas de sus clientes. No obstante, muchos corchos aguantan más de medio siglo”.

 

En el enciclopédico libro The Oxford Companion to Wine, compilado por Jancis Robinson, encuentro el capítulo titulado “ Ageing ” (envejecer, madurar, en su acepción de mejorar al paso del tiempo, y no con el sentido peyorativo de senectud y decrepitud; igualmente se utiliza el término Aging ), en el cual se menciona que “cuando a un vino de gran clase se le permite evolucionar en la botella, se registran cambios espectaculares, que incrementan tanto su complejidad aromática y gustativa, como su valor monetario”. Esta maduración depende de varios factores: el primero está dado por el hecho de que intrínsecamente sea capaz de evolucionar, y que el vino sea guardado en las mejores condiciones posibles: en una cava oscura, a una temperatura constante, entre 10 y 12 grados centígrados. En donde no haya ruidos y olores, y cuya humedad oscile entre el 75 y el 80%.

 

Otro libro de lectura muy recomendable lleva por título The global enciclopedia of wine, publicado por Global Book Publishing, en Australia, en 2002. . En el capítulo “ Aging ” escribe Steve Charters lo siguiente: “La evolución del vino en la botella es aún poco comprendida por su complejidad. Sin embargo, puede ser descrita en pocas palabras como una lenta oxidación. En los vinos tintos las sustancias fenólicas protegen el vino gracias a que tienden a reaccionar con el oxígeno antes que otros compuestos químicos lo hagan. Con estos vinos acontece que las variedades consideradas más tánicas, como la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Nebbiolo y la Syrah propician un envejecimiento más prolongado. No obstante, esto puede depender del estilo del vino. Muchos vinos dulces, como los vinos de postre, de elevado grado alcohólico, envejecen muy bien, y el Madeira --junto con el Oporto, son los de mayor potencial de guarda en botella”.

 

En el libro titulado El Vino (una extraordinaria obra de consulta, de 928 páginas en gran formato, de la cual es compilador André Domine) aparece el capítulo “Los Vinos Añejos”

---de su autoría---, del cual transcribo los tres primeros párrafos, alusivos al asunto que abordo en este ensayo. ““La denominación de “vino añejo” no está claramente definida ni química ni organolépticamente. No hay ningún criterio para definir el tiempo mínimo que una botella de vino debe madurar en la bodega. De igual modo hay pocas indicaciones acerca de cómo debe oler y saber un vino añejo.

 

“Cada vino tiene un potencial de envejecimiento distinto, que depende fundamentalmente del tipo de uva y de la cuvée , y en menor medida de la cosecha, del método de elaboración, de los factores alcohol, azúcar y acidez y, finalmente, del almacenamiento una vez embotellado. Los sedimentos de la botella son fundamentales para determinar el estado de los vinos tintos en proceso de maduración, considerando también el tipo de cerpa y la cosecha. Los sedimentos rojizos y marrones están compuestos de fenoles polimerizados, es decir, de tanino y sustancias colorantes. Estos producen enlaces tan fuertes que no pueden mantenerse diluidos en el líquido. Cuanto más poso se forme y más claro se vuelva el color del vino, más suave será éste. Un Cabernet Sauvignon rico en tanino y en sustancias colorantes durante su juventud, formará considerablemente más heces que un sedoso Pinot Noir.

 

“Los vinos blancos maduros también cambian de color. Sin embargo, durante la estancia en la botella, el vino blanco no se tornará más claro sino más bien amarronado, a causa de la oxidación progresiva de los fenoles. En este caso hay que tener en cuenta que los vinos dulces y generosos pueden madurar mucho más tiempo que los vinos secos. A su vez, entre estos últimos maduran mejor los vinos previamente fermentados y elaborados en barricas, que aquellos que proceden de tanques de acero inoxidable””.

 

La palabra envejecimiento ( ageing en lengua inglesa, que tiene por sinónimo el término maturing ) equivale al vocablo vieillisement , en francés. En italiano corresponde al término invecchiamiento (vecchio se traduce por viejo), mientras que en portugués se dice envelhecimiento, fácilmente traducible como envejecimiento.

 

Si bien el vocablo fassreife, en el idioma germano, no hace alusión a la guarda prolongada de un vino en la botella, sí alude a su maduración en la barrica. Ese término, fassreife, tiene el significado de crianza en barrica, en su sentido de proporcionarle a ese néctar báquico el requerido reposo, para que llegue a un punto idóneo (la cima en la curva de Gauss) de perfección enológica, cuando se trata de un vino destinado, desde el momento de su elaboración, para ser guardado debida y prolongadamente en una cava. A todo lo anterior debo agregar que el vino, como los seres humanos presenta un estado de juventud, otro más de madurez y, finalmente, la etapa postrera de senectud, cuando tanto el vino como el ser humano van hacia la decrepitud. A este respecto recuerdo que en el libro El Quijote de la Mancha se hace alusión a un vino de estas características (acentuado envejecimiento), diciendo que “tiene algunos años de ancianidad”

 

En el párrafo alusivo al libro The Oxford Companion to Wine aparece un breve texto de Helen Bettinson, quien consigna que después del colapso del Imperio Romano desapareció el aprecio que motivaban los vinos envejecidos. Y no fue sino hasta la introducción, en el siglo XVII, de las botellas de vidrio, y del empleo de los tapones de corcho, que volvió la costumbre de guardar el vino en esos recipientes sellados. Corresponde a los ingleses, quienes tanto contribuyeron a la fama y acendrado prestigio de los “claretes” de Burdeos, y de los Oportos y los Madeiras, de Portugal, la primacía en la encomiable costumbre de que los vinos fuesen envejecidos, para degustarlos años después de haber sido embotellados, ya que descubrieron que sus apreciables cualidades aromáticas y gustativas se incrementaban notoriamente, lo que permitía un placer más acentuado al beberlos.

 

En el libro Larousse de los Vinos leo las siguientes recomendaciones: “”Los vinos que deben beberse jóvenes son todos aquellos cuyas cualidades esenciales son la ligereza y la frutalidad. No ofrecen ningún interés para ser envejecidos, ya que tienen tendencia a deteriorarse con el tiempo. Deben beberse en el año de su cosecha, o como máximo algunos meses después de haber sido comprados. Los vinos para guardar más de ocho años son aquellos que requieren de un periodo de envejecimiento, para acceder a su apogeo. Son esencialmente los que corresponden a las mejores añadas de los mejores pagos””. En esa misma obra, en el capítulo “El color del vino cambia con la edad” se menciona que “Los vinos tintos se aclaran. Los vinos blancos tienen tendencia a adoptar un color más oscuro. El tono de los vinos tintos puede ir desde el púrpura oscuro a toda una variedad de rojos, hasta adquirir una coloración teja con ciertos reflejos anaranjados”.

 

En la misma obra, en el capítulo titulado “La Crianza en Botella” queda asentado lo siguiente: “¿Cómo explicar las mutaciones que sufre un vino?. Las reacciones químicas que se desencadenan en el interior de una botella son complejas y poco conocidas. No obstante, algunas investigaciones han permitido explicar los cambios de color y aroma. Los taninos y los demás componentes aromáticos, que provienen esencialmente de los hollejos, y la madera de las barricas, se transforman. El vino de color rojo púrpura pasa a rojo rubí, y se aclara a continuación hasta adquirir un tono rojo ladrillo. La acidez astringente del fruto verde se suaviza. La agresividad del vino joven desaparece, para dar lugar a una redondez aterciopelada, que se manifiesta a través de aromas complejos”.

 

En el precioso libro Judgemnet of Paris , de George M. Taber (obra en la que se describe pormenorizadamente la histórica degustación celebrada en 1976, en Paris, en la cual los vinos estadounidenses elaborados en California alcanzaron calificaciones por arriba de los vinos de Burdeos y Borgoña), leo lo siguiente: “ La guarda en botella constituye el proceso anaeróbico durante el cual los aromas de las uvas y los aromas aportados por la barrica, en la que reposaron previamente, se funden para dar forma al bouquet. Esta fusión de aromas es lo que el enólogo Mike Grgrich llama “la luna de miel del vino”. Hasta aquí esa cita.

 

Como ya señalé en un párrafo anterior, no todos los vinos han sido elaborados para ser guardados por algunos años en su botella. De acuerdo a las normas vigentes en materia de vinos, en los países de la Unión Europea, aquellos vinos que, en las naciones angloparlantes, ostentan en la etiqueta la leyenda “Table Wine” (Vino de Mesa), o sus equivalentes de acuerdo a los diferentes países, no son apropiados para su envejecimiento. En otros países europeos esa denominación es la siguiente: “Vino da Tavola”, en Italia; “Vino de Mesa”, en España“; Vihno de Mesa”, en Portugal; “Vin de Table”, en Francia, y “Tafelwein” (la etiqueta debe ostentar la leyenda “Deutscher” para garantizar que fue elaborado en este país), en Alemania. Estos caldos son más agradables cuando son degustados jóvenes, ya que fueron elaborados para su pronto consumo. La misma premisa se aplica a los vinos envasados en tetra pak, ya que se trata de vinos ligeros, aptos para ser bebidos por el consumidor, inmediatamente después de haber sido elaborados.

 

Respecto a los vinos que han sido guardados varios años en la botella (en las condiciones más apropiadas) se dice --y las opiniones en pro y en contra son muy numerosas-- que es recomendable decantarlos antes de ser servidos. A este particular en una página de internet leo lo siguiente: “” Se decanta un vino en primer lugar para eliminar el sedimento. El sedimento suele formarse sobre todo en los vinos con antigüedad mayor a 5 años. Se compone de depósitos de taninos y ácidos cristalizados, y es importante eliminarlo porque de lo contrario el vino tendrá menos presencia en la copa y, lo que es más importante, podría tener sabores amargos y una textura no deseada. También es recomendable tener la botella en forma vertical unos días antes del servicio para permitir la acumulación del sedimento en la base de la botella. Por otro lado, en vinos que han permanecido largo tiempo encerrados en la botella, pueden aparecer aromas poco agradables, llamados de reducción, que desaparecen al poner el vino en contacto con el oxígeno del medio ambiente”.

La cata “ciega” mensual número 167 del Grupo Enológico Mexicano tuvo lugar el 18 de noviembre en un salón privado del restaurante “Bistro 235”. En esta ocasión fueron evaluados 10 vinos tintos que permanecieron en la cava -- en condiciones apropiadas de guarda-- un mínimo de diez años (el más provecto tenía una “ancianidad” de veinticinco años). De esos diez vinos, tres fueron elaborados en España, dos en Italia, uno en Estados Unidos de América, uno en Portugal, uno en Francia, uno en Argentina y el otro en México. De estos vinos no señalo el precio al público, en virtud de que no es posible hallar en el comercio de la ciudad de México esta clase de vinos añosos.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Rodolfo Fonseca Larios, Rafael Fernández Flores, Dario Negrelos, Alejandro Guzmán Galán, Gustavo Riva Palacio, Gabriel Iguiniz y Miguel Guzmán Peredo.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Los resultados de esta cata “ciega” de diez vinos tintos, de prolongado añejamiento en botella, fueron los siguientes:

 

1.- Trapiche Iscay, cosecha 1998. 12.5% Alc. Vol. Coupage de Merlot y Malbec. Bodega Trapiche. Cruz de Piedra, Maipú, Argentina. Calificación: 89.33 puntos.

(En la cata de vinos tintos premium de Argentina, la número 90, del 22 de enero de 2003, organizada por el Grupo Enológico Mexicano, un vino de esta añada obtuvo 82.92 puntos).

 

2.- Cabernet Sauvignon Fetzer. Private Collection, cosecha 1995. 13% Alc. Vol. Fetzer Vineyards, Hopland, Mendocino County, California, Estados Unidos de América. Calificación: 85.17 puntos.

 

3.- Cabernet Sauvignon Raimat, cosecha 1989. 12.5% Alc. Vol.

Denominacion de Origen Costers del Segre. Bodegas y Cavas Raimat. Raimat, Lerida, España. Calificación: 85.00 puntos.

 

4.- Nebbiolo Reserva Limitada, cosecha 1987. 12% Alc. Vol. Vinícola L. A. Cetto. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California, México. Calificación: 84.17 puntos.

 

5.- Rocca delle Macie, cosecha 1991. 13.0% Alc. Vol. Chianti Classico. Denominazione di Origine Controllata e Garantita. Rocca delle Macie, S.P.A. Cantina Castelline in Chianti, Italia. Calificación: 83.33 puntos,

 

6- Gran Coronas, Reserva, cosecha 1992. 12% Alc. Vol. Coupage de Cabernet Sauvignon y Tempranillo. Denominación de Origen Penedés. Miguel Torres, S.A. Vilafranca del Penedés, Cataluña, España. Calificación: 82.50 puntos.

 

7.- Quinta do Carmo, cosecha 1998. 13% Alc. Vol. Vino Regional Alentejano. Quinta do Carmo, S.A. Estremoz, Portugal. Calificación: 82.17 puntos.

 

8.- Chateau Plagnac Cru Bourgeois, cosecha 1998. 12% Alc. Vol. Appellation Medoc Controlée. Ets. Cordier. Blanquefort, Francia. Calificación: 81.83 puntos.

 

9.- Montepulciano d'Abruzzo, Vecchio. cosecha 1988. 12% Alc. Vol. Denominazione di Origine Controllata. Ítalo Pietrantoni, Vitturito (AO) Italia, . Calificación: 81.83 puntos

 

10.- Marqués del Romeral. Gran Reserva, cosecha 1983. Denominación de Origen Calificada Rioja. 12.5% Alc. Vol. Bodegas Age. Fuenmayor, Rioja Alta, España. Calificación: 78.00 puntos.

 

No deja de parecerme sorprendente que al cabo de tantos años de guarda en la botella (en condiciones óptimas de almacenamiento), estos vinos manifiesten muy apreciables

cualidades enológicas, que fueron apreciadas por los miembros del Grupo Enológico Mexicano que los degustaron y evaluaron.

 

De acuerdo a los parámetros del Grupo Enológico Mexicano siete vinos quedaron ubicados en la categoría de “buenos”, ya que sus calificaciones estuvieron entre los 75 y los 84 puntos. Los otros tres vinos, que rebasaron los 85 puntos, alcanzaron el nivel de “muy buenos”.

 

Al concluir esta singular cata “ciega”, en la cual fueron analizados diez vinos de prolongado añejamiento en botella fue servida una exquisita cena, preparada por los chefs del restaurante “Bistro 235”, Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongu. La entrada consistió en ensalada de jamón serrano, aderezada con higos, melocotón y queso de cabra. Con este manjar degustamos el vino Pouilly Fuissé, cosecha 1998 (Appellation Pouilly Fuissé Controlée), de J. Moreau & Fils. En seguida sirvieron un platillo de atún a la plancha, con vinagreta de mango y ajonjolí negro. El complemento de este apetitoso guiso fue el vino Cabernet Sauvignon/Malbec Gran Reserva, cosecha, 2002, de la marca Freixenet de México. Este es un vino de aromas complejos y sabor exquisito. El postre fue una tarta de peras y almendras.

 

A manera de colofón transcribiré dos refranes españoles :

 

Con vino viejo y pan tierno se pasa el invierno.

El vino de cepas viejas calienta hasta las orejas.

 

Un pensamiento anónimo asevera lo siguiente : El vino mejora con el tiempo. Mientras más envejezco más lo disfruto.

 

Una frase de Charles Kingsley (1819-1875) preconiza que « Al igual que los amigos, es mejor el vino viejo que el nuevo ».

 

 

 

LOS VINOS “DON ANGEL” DE CHILE

 

Quien sabe degustar no bebe jamás

el vino, sino que degusta secretos.

 

SALVADOR DALI

 

Chile es un país del hemisferio sur que se extiende por 4.200 kilómetros, desde el Desierto de Atacama, al norte, hasta la parte más meridional del continente americano, teniendo como límite por el Oriente a Argentina, y al Occidente al Océano Pacífico. El viñedo chileno cubría una superficie de 116.000 hectáreas, en octubre de 2005, lo que significa seis mil hectáreas más que dos años antes. Las regiones vitivinícolas, denominadas Valles son Limarí ( la más septentrional), Aconcagua, Casablanca, San Antonio, Maipo, Cachapoal, Colchagua, Curicó, Maule, Itata, Bío Bío y Malleco ( la más sureña). Las viñas cubren una extensión de 1.100 kilómetros de norte a sur.

 

En el libro El pequeño Larousse de los vinos , una magnífica obra de consulta de casi mil páginas ---publicada en México en el año 2007---, leo que “ el clima cálido y mediterráneo de Chile predispone su viticultura a las cepas tintas-. La estrella entre las tintas es la Cabernet Sauvignon, con más de cuarenta mil hectáreas plantadas en los Valles de Maipo, Rapel, Curicó y Maule”.

 

En el boletín on-line E-Lettre Vitisphere del 1° de agosto de 2008 apareció la información de que la producción de vino Cabernet Sauvignon fue del orden del 40.9% del total, seguida del 14.1 % de vino Sauvignon Blanc; 13.2% de vino Merlot; 9.3% Chardonnay; 9.2 de Carmenere y 3.8% de Syrah.

 

La producción de vino en Chile., en 2008, fue de 868 millones de litros (el segundo lugar en el continente americano, por atrás de Estados Unidos de América, con poco más de mil 400 millones de litros). La exportación de vino chileno fue (de acuerdo a la información proporcionada por el boletín Cava Argentina , del 3 de diciembre de 2008, de 597 millones de litros.- Los tres principales importadores fueron Inglaterra, Estados Unidos de América y Canadá. Cabe agregar que en 2008 la producción, por tercer año consecutivo, fue superior a los 800 millones de litros. .

 

En la página oficial de Valle Redondo leo que “ 1942 fue el año en el que dio inicio la historia de Cetto Empresas, que por más de 60 años han sido relacionadas, con los mejores concentrados de frutas, jugos, néctares, así como con vinos y licores de México.

Fundada por Don Ángel Cetto en Tijuana, Baja California, los viñedos establecidos en los Valles de Guadalupe y Valle Redondo, fueron el escenario perfecto para darle vida a este ambicioso proyecto”. Valle Redondo comercializa en México los vinos de la marca “Don Ángel”, producidos en Chile.

 

La cata “ciega” mensual número 168 del Grupo Enológico Mexicano (desde enero de 1995), la primera del año 2009, correspondiente al mes de enero, tuvo lugar en un salón del restaurante “Bistro 235”, en Polanco. Para esa degustación fueron seleccionados cinco vinos, tres tintos y dos blancos, de la marca “Don Ángel”

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Rodolfo Fonseca Larios, Rafael Fernández Flores, Juan José Furukawa, Phiulippe Seguin, Mauricio Romero Gatica y Miguel Guzmán Peredo.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Los resultados fueron los siguientes:

 

Vinos blancos:

 

1.- “Don Ángel” Sauvignon Blanc. cosecha 2007. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 13.0% Alc. Vol. Valle de Curicó. Calificación: 81.00 puntos. Precio: $ 79.00

 

2.- “Don Ángel” Chardonnay Reserva. cosecha 2007. Monovarietal 100% Chardonnay. 14.0% Alc. Vol. Crianza en barrica durante seis meses. Valle de Casablanca.

Calificación: 80.38 puntos. Precio: $ 140.00

 

Vinos tintos:

 

1.- “Don Ángel” Cabernet Sauvignon, cosecha 2006. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. 13.5 % Alc. Vol. Valle de Maipo. Calificación: 80.75 puntos. Precio: $ 79.00

 

2.- “Don Ángel” Merlot, cosecha 2007. Monovarietal 100% Merlot. 13.5% Alc. Vol. Valle de Rapel. Calificación:80.50 puntos. Precio: $ 79.00

 

3.- “Don Ángel” Cabernet Sauvignon Reserva. cosecha 2006. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. 14.0% Alc. Vol. Crianza en barrica durante ocho meses. Valle de Maipo. Calificación: 79.50 puntos. Precio: $ 140.00

 

Al concluir la degustación los catadores disfrutaron de una cena de gran sabrositud, preparada por los chefs del “Bistro 235”: Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongu,

La entrada consistió en Capuccino de hongos, que acompañamos con el vino “Don Ángel” Chardonnay Reserva. El segundo tiempo fue Arrachera parrillada con cebolla caramelizada y rissoto de tomate. Este manjar lo maridamos con dos vinos: “Don Ángel” Merlot y “Don Ángel Cabernet Sauvignon Reserva. El postre fue Tarta crujiente de avellana.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

LA GASTRONOMIA EN EL PALACIO DE VERSALLES

 

En la primera mitad del siglo XVII gobernó Francia el rey Luis XIII, el segundo monarca de la dinastía Borbón en ese país, quien era llamado por sus contemporáneos “El Justo”. Fue hijo de Enrique IV, aquel a quien se atribuye la frase “Paris bien vale una misa”, al convertirse –aparentemente-- al catolicismo para acceder al trono francés, después de haber sido rey en Navarra con el nombre de Enrique III. .

 

Luis XIII emuló a su padre en su afición por la equitación y el ejercicio de las armas, y una de sus grandes pasiones era la cacería, Este pasatiempo lo impulsó a adquirir, en 1624, una pequeña residencia campestre, ubicada entre los bosques de Saint Germain y Fontainebleau, en un paraje denominado Versailles-au-Val-de-Galie, que frecuentemente le servía como pabellón de caza. Ese sitio, verdaderamente un lugar desolado, se hallaba en una colina, lo que ha hecho pensar que el nombre del palacio que años más tarde sería conocido como Versalles deriva del vocablo versant , en lengua gala, que significa ladera, desnivel, cuesta, declive. Hasta el día de su muerte, en 1643, ese rústico refugio de caza fue el lugar favorito de residencia de Luis XIII.

 

Este rey, con quien ya se avizoraban los claros indicios de una monarquía absolutista, tuvo un hijo –en 1638-- tras veintitrés años de matrimonio con Ana de Habsburgo (hija de Felipe III, rey de España), que recibió el nombre de Louis Dieudoné, a quien la posteridad conocería como Luis XIV, calificado como “Le Roi Soleil” (el “Rey Sol”). A partir de 1661 Luis XIV comenzó a ampliar esa mansión, y ordenó al arquitecto Le Vau que lo transformara en un palacio. El pintor Le Brun tendría la tarea de la decoración de los interiores, y luego encargó al jardinero André Le Notre que hiciese de los jardines, de ese que sería un suntuoso recinto, algo único. Años más tarde, entre 1678 y 1708, el arquitecto Jules-Hardouin Mansart concluyó la construcción deseada por el rey, dándole al palacio su aspecto actual. En un principio únicamente Luis XIV y su corte habitaban en Versalles, pero más tarde el asiento del gobierno cambió de Saint Germain, en Paris, a este sitio.

 

En su momento de mayor esplendor Versalles fue, de alguna manera, la inspiración para que otros monarcas europeos ordenaran la edificación de lujosos palacios, que rivalizaran con el boato y la elegancia de aquella señorial residencia francesa. Entre otros puedo enlistar Charlottenburg, Linderhof y Sans Souci, en Alemania; Caserta, en Italia: Tsarskoe Selo, en Rusia, y Schönbrunn, en Austria..

 

Luis XIV contrajo nupcias, en un matrimonio por conveniencia política, con la infanta María Teresa, hija de Felipe IV, rey de España. Los múltiples amoríos del monarca francés eran del conocimiento de todos los miembros de su corte. Entre sus amantes más conspicuas figuran Luisa de la Valliere, la marquesa de Montespan y Madame Scarron (la institutriz de sus numerosos hijos), a quien desposó a la muerte de María Teresa, convirtiéndola en Madame de Maintenon. Para celebrar su enlace, a ésta aristócrata, su segunda esposa legítima, le obsequió un castillo no lejos de la ciudad de Chartres.

 

En un artículo publicado en la revista Médico Moderno (año XL, número 10, de junio de 2002), cuyo título es “ Versalles, lo más lóbrego e ingrato del mundo ”, Gustavo Domínguez escribió: La construcción del Palacio de Versalles corresponde a la necesidad del rey Luis XIV de Francia de deslumbrar al mundo, y demostrar que era el monarca más poderoso del mundo en ese momento. En cuanto a la vida en la corte, el mundo pasaba entre visitas de reyes de otros países, embajadores y funcionarios, salidas a cazar, ceremonias y fiestas en sus salones, principalmente en una de sus maravillas, La Galerie des Glaces , construida bajo la dirección de Charles Le Brun. El “Rey Sol” pasó en Versalles los momentos más significativos de su vida, y murió en 1715 víctima de la gangrena, después de haber reinado 72 años, más que cualquier monarca europeo....Su sucesor, de apenas cinco años, fue Luis XIV, su bisnieto”.

 

Resulta muy interesante leer el libro Historia de Francia , del escritor André Maurois, quien consigna lo siguiente: “ Para toda Europa, el Rey de Francia fue entonces el Gran Rey; su siglo perdurará como el Gran Siglo. En 1682 hizo de Versalles su residencia principal. Cinco mil personas, la élite de la nobleza francesa, vivieron entonces en el castillo, y otras cinco mil en sus dependencia. Todo gran señor que no vivía en la corte se excluía de los favores, cargos, pensiones y beneficios, La vida en Versalles era ruinosa, y esto formaba parte de un sistema. Por política, Luis XIV (quien nunca pronunció la frase “El estado soy yo”) imponía la magnificencia. Agotaba a todo el mundo al fomentar el lujo, reduciendo de esta suerte a los cortesanos a depender de sus beneficios para subsistir....Si la belleza de Versalles es hoy melancólica, ¡cuán alegres debieron ser esos oros, esos cristales, esas escaleras de mármol rosado, esos juegos de agua, cuando millares de hombres y mujeres ingeniosos y encantadores, gozaban allí de la fiesta permanente que era la vida de la corte!” Hasta aquí la cita al escrito de André Maurois.

 

A propósito de Luis XIV, llamado frecuentemente por sus contemporáneos “Luis el Grande”, leo en Wikipedia que fue “uno de los más destacados reyes de la historia francesa , consiguió crear un régimen absolutista y centralizado, hasta el punto que su reinado es considerado el prototipo de la monarquía absoluta en Europa. La frase « L'État, c'est moi » («El estado soy yo») se le atribuye frecuentemente, aunque está considerada por los historiadores como una imprecisión histórica (si se hace caso de las fechas, Luis tendría cinco años cuando lo dijo), ya que es más probable que dicha frase fuera forjada por sus enemigos políticos para resaltar la visión estereotipada del absolutismo político que Luis representaba” .

 

Vuelvo al texto de Gustavo Domínguez, para transcribir unos párrafos del recuadro titulado “La hora de la comida en Versalles”: ”Fiel a los rituales de la Edad Media, sobre todo a la hora de comer, Luis XIV impuso el “Grand Coubert”, que a diario se debía cumplir al pie de la letra. Según el protocolo, a la hora de la comida el rey debía estar acompañado a la mesa por su reina, sus hijos y sus nietos, aunque si se presentaba el caso de que el rey comiera solo, se hacía el “Petit Coubert”. Más tarde, con Luis XV. el ritual del “Grand Coubert” fue perdiendo fuerza y se seguía con menor frecuencia hasta el reinado de Luis XVI, cuando sólo se hacía los domingos y los días festivos.

 

“Con Luis XIV se preparaba una gran cantidad de platillos, que se llevaban a la mesa por “tiempos”. El primero era el de la sopa, seguido por la carne y las ensaladas, para finalizar con la fruta. Con cada tiempo llegaba una procesión de oficiales desde la cocina, la cual estaba tan lejos que a veces la comida llegaba fría. Los alimentos del rey eran escoltados por varios servidores y tres soldados, y debía ser saludada por los cortesanos que pasaran por ahí con un “¡La comida del rey!”, barriendo el piso con la pluma del sombrero. Tanto los platos como la vajilla y los cubiertos eran de oro para el rey, y de plata para los cortesanos.

 

“Luis XIV solamente comía a solas en el Trianon y en Marly, mientras que Luis XV a menudo invitaba a sus amigos de caza a comer a su departamento privado, o a los “cabinets”, donde predominaban las damas. Más tarde, Luis XVI y Maria Antonieta comenzaron con las “comidas sociales”, a las que asistían hasta 40 personas. Aquí se comenzó a usar la vajilla de porcelana de Sevres con cubertería de oro y plata.

 

“El apetito de Luis XIV era voraz, por lo que hasta la comida más ligera debía tener cuando menos tres servicios completos con diferentes guisos. En cuanto a la cena, empezaba con cuatro platos grandes de sopas espesas, previamente probadas para evitar envenenamientos, Luego comía huevos (que le encantaban) y después una ave entera rellena de trufas, un gran plato de ensalada, carnero aderezado con ajo y dos porciones gruesas de jamón. Terminaba con la repostería, conservas y fruta escarchada, todo acompañado de un champán ligero y sin espuma, o borgoña con agua”.

 

Néstor Luján fue un renombrado escritor catalán, autor de numerosas obras literarias, varias de las cuales versan acerca de la buena mesa. En el precioso libro Historia de la Gastronomía menciona lo siguiente: “Luis XIV comía con las manos, a pesar del ceremonial minucioso que presidía siempre su mesa. Sólo en los últimos años de su vida usó un pequeño tenedor”. De este adminículo consigna dicho escritor que “la introducción del tenedor en Europa suele atribuirse a los venecianos. Efectivamente, en el siglo XI, Teodora, hija del emperador bizantino Constantino Ducas, casó con el dux Domenico Selvo. Esta bellísima princesa asombró a los venecianos con sus refinamientos, y no fue el menor el que se sirviera para comer de un tenedor de oro con dos puntas”.

 

En otro capítulo de la obra mencionada afirma Néstor Luján que Luis XIV era un enano empelucado, con altos tacones en sus zapatitos rojos, mayestático y chillón, de una escandalosa gula. Como casi todos los Borbones, era hombre de extraordinario apetito. Pese a que comía con teatral dignidad se reveló como un devorador biológico y pantagruélico. Y, gozando de su fenomenal apetito, todavía sentía nostalgia de los festines de sus antepasados. Muy a menudo decía: “Nosotros no comemos como los antiguos, nos limitamos a picar”. Más adelante leo una breve descripción del desmedido apetito de aquel célebre monarca: “Un viernes de Cuaresma, estando el rey indispuesto, no pudo cumplir vigilia y picó algunas empanadas de carne, un caldo de palominos y tres pollos asados. Al día siguiente, como se encontraba peor y desmejorado, sólo comió unos pastelillos de carne, una sopa con una gallina y de los tres pollos solamente devoró cuatro alones con sus pechugas y un muslo”-

 

La leyenda quiere que Luis XIV (quien gustaba de llevar complicadas pelucas de cabello natural, a más de deslumbrantes zapatos de tacón alto cuajados de pedrerías, cuyo uso estaba vedado ---bajo severas penas--- para cualquier otro miembro de su corte), después de degustar el vino Tokaj Azsú, que le envió Ferenc Rákoczy (gobernante de la región de Tokaj, en Hungría), una incomparable gema de la enología de ese país, haya pronunciado, para encomiar tan exquisito néctar vínico, las palabras en lengua gala: “le roi des vins et le vin des rois” (el rey de los vinos y el vino de los reyes”). Esta locución a menudo suele ser escrita y pronunciada en lengua latina “Vinum regum rex vinorum”, y también en idioma alemán: “Wein der könige könig der weine”, cuyos significados son iguales. Pero cabe decir que no sólo Luis XIV era adicto al Tokaj Aszú, ya que también Pedro el Grande, de Rusia, y Federico I, de Prusia, gustaban sobremanera de este deliciosísimo vino de postre.

 

(De esta ambrosía etílica dijo el escritor Francois-Marie Arouet, mejor conocido por su seudónimo de Voltaire, “Este vino vigoriza cada fibra de mi cerebro y, en las profundidades de mi espíritu produce un destello embelesador de inteligencia y buen humor”)

 

A la muerte de Luis XIV, en 1715, a la edad de 77 años, y tras de un prolongado reinado de más de siete décadas, su sucesor, de apenas cinco años, fue Luis XV, su bisnieto (a quien años más tarde se la daría el calificativo de “Le Bien-Aimé”, “el bienamado”).. Debido a su corta edad la Regencia recayó en el Duque de Orleáns, sobrino de XIV. En 1722 Luis XV ---quien subió al trono al año siguiente, a los 13 años--- se instaló en Versalles, y de nueva cuenta volvió el boato y el esplendor que había caracterizado la corte de su bisabuelo. En otros esponsales por conveniencia casó con Maria Leszczynka, hija del destronado rey de Polonia. Sus amantes más famosas fueron Madame Pompadour y la condesa Du Barry.

 

Luis XV murió de viruelas en 1774, cuando ya se avizoraban tiempos difíciles para la monarquía francesa. Se ha especulado en que algún momento dijo “Apres de moi, le deluge” (Después de mi, el diluvio”), quizá vaticinando la revolución que ya se estaba gestando. En contraposición a esa cita apócrifa, Luis XIV dijo antes de morir: « Je m'en vais, mais l'État demeurera toujours » («Me marcho, pero el Estado siempre permanecerá para siempre »).

 

Su sucesor fue su nieto, Luis XVI, quien ---siendo el Delfín, el heredero de la corona de Francia--- contrajo matrimonio, en 1770, en Versalles, con María Antonieta, la hija de la emperatriz María Teresa de Austria. Ella contaba con 15 años y él con apenas 16. Era un muchacho regordete, de rostro mofletudo, y así fue hasta los últimos días de su corta existencia, según aparece en las pinturas que guardaron su imagen. Sus principales aficiones eran la comida (se ha dicho que el día de su boda se atiborró de comida, al grado que su abuelo le indicó que no era conveniente que engullese tantos alimentos, pues esa noche debía hallarse bien dispuesto para oficiar en el altar de Venus. De hecho la consumación del matrimonio tuvo lugar tres años más tarde), la cacería y los aparatos mecánicos, principalmente de relojería. Su boda, una alianza política franco-austriaca, no le granjeó simpatías en su pueblo, y a su consorte no tardaron en llamarla, en tono despectivo, “la austriaca”.

 

Era ostensible su ineptitud e incompetencia para manejar los asuntos de estado, y agravada la situación económica del país por una serie de malas cosechas de cereales, no tardaron en registrarse motines. El descontento popular se hizo manifiesto el 14 de julio de 1789, cuando el pueblo tomó la Bastilla, lo que marca el inicio de la Revolución Francesa. En octubre de ese año la muchedumbre tomó el palacio de Versalles, y tres meses más tarde Luis XVI y María Antonieta fueron obligados a ir a Paris. Después de estar prisioneros fueron decapitados en 1793,. En el sitio hoy conocido como Plaza de la Concordia. El rey contaba con 39 años, y la guillotina lo decapitó el 21 de enero de ese año. La infeliz reina, quien no alcanzó a cumplir los 38, fue también guillotinada casi diez meses después, el 16 de octubre.

 

A propósito de ese artefacto encontré en el portal www.elcastellampo.org (espacio consagrado al estudio del origen de las palabras en nuestro idioma) el siguiente texto: “ No es verdad que el doctor Guillotin inventara la guillotina, y mucho menos que él fuera ejecutado mediante ese mortífero dispositivo. En los años turbulentos del Terror que siguieron a la Toma de la Bastilla, muchos franceses perdieron la vida decapitados por la guillotina de los revolucionarios, pero este método de ejecución no era tan original como suele creerse; un dispositivo parecido ya había sido ensayado doscientos años antes en Italia, bajo el nombre de mannaia . La guillotina, tal como se puso de moda en Francia durante la Revolución, fue inventada por los herreros Schmidt y Clairin, y probada con unos carneritos por el doctor Louis, quien luego se la ofreció a la recién creada Asamblea Nacional.

”En 1789, en los primeros días de la Revolución, Guillotin sugirió que todos los reos fueran ejecutados mediante el mismo método, desde un villano ladrón hasta la propia María Antonieta. La Asamblea Nacional aprobó la idea en 1792, y miles de cabezas rodaron desde entonces y durante varios años. Pero Guillotin murió en 1814, en su casa, con la cabeza firmemente unida al pescuezo y lamentando hasta el último de sus días que el siniestro instrumento hubiera pasado a la Historia con su nombre”.

 

La décimo octava comida de la serie denominada “Tertulias Gastronómicas” ---atinada conjunción del Grupo Enológico Mexicano y el Colegio Superior de Gastronomía---

tuvo lugar en fecha reciente en el restaurante “Monte Cervino”. Veinte comensales se dieron cita en este convivio, y como aperitivo degustaron el vino blanco Bordeaux Blanc (Appellation Bordeaux Controlée) Albert Bichot, cosecha 2003..

 

Al pasar a la elegante mesa dieron comienzo los comentarios acerca de lo que significó ese palacio, que fuera el ostentoso lugar de residencia de la monarquía en el momento de mayor hegemonía y pujanza de Francia, en los siglos XVII y XVIII, cuando se registró el auge de la realeza con Luis XIV y Luis XV, y el ocaso y la decadencia con Luis XVI.

 

A continuación hizo uso de la palabra Areli Curiel (representante de la acreditada empresa Bodegas La Negrita, que comercializa en México la marca Albert Bichot) , quien refirió que la casa Albert Bichot fue fundada en 1831 por Bernard Bichot (1750-1850), bisnieto de Bénigne del mismo apellido, noble de Corbeton y consejero del Rey, descendiente de una antigua familia parlamentaria de Borgoña. Su hijo Hyppolyte (1831-1908) heredó una finca de viñedos y, durante el siglo XIX, donó una viña a Les Hospices de Beaune, a saber, el famoso Volnay Cuvée Blondeau, que todavía hoy se vende en una tradicional subasta anual.

 

Más tarde, Albert Bichot I (1870-1951), a raíz de la crisis de la filoxera (1880-1890), dio un nuevo impulso a la actividad de la casa con la compra de varias casas más pequeñas de vino en Borgoña. Este gran crecimiento lo llevó a salir de su bodega en Meursault para instalar el negocio en el barrio de San Nicolás, en Beaune (1912). Luego vendría Albert Bichot II (1900-1996), quien fue uno de los pioneros de la “gran exportación”, conquistando los mercados de numerosos países. En América del Norte, por ejemplo, empezó a llevar el producto justo al terminar la ley que prohibía la importación de alcohol.

 

Otros promotores de esta firma vitivinícola fueron Bernard Bichot (nacido en 1932) y Albert Bichot (nacido en 1931) hicieron reformas importantes a la empresa junto con sus hermanos Bénigne y Jean-Marc. Se trataba de una nueva era de desarrollo con la compra de una bodega de crianza con capacidad para poco más de 2'000,000 de botellas, una nueva planta de embotellado, así como la construcción de bodegas nuevas. Mientras tanto, a nivel internacional, la marca está ahora en más de 100 países. Alberic Bichot (nacido en 1964), hoy director general. Recibió el reconocimiento al vinicultor del año en la categoría de vino tinto en el 2004 dentro del International Wine Challenge ("Red winemaker of the year")

 

Los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano allí presentes describieron las características organolépticas del Bordeaux Blanc --líneas arriba mencionado—y del Bordeaux Rouge, cosecha 2005. Del primero (que es el resultado de un coupage de Sauvignon Blanc, Semillon y Muscadelle) se dijo que presentaba un color amarillo paja acentuado con ribetes verdosos, buen escurrimiento de glicerol. A la nariz mostró aromas frutales, principalmente cítricos (mandarina y toronja), y florales, como azahar, a más de ciertos dejos a manzana y ciruela amarilla. Su ataque pareció muy grato, con una acidez bien estructurada. Del Bordeaux Rouge ( es un assemblage típicamente bordalés: Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Malbec) los comentarios giraron en torno a su color rojo granate, levemente teja, aromas herbáceos, pimiento morrón, pimienta blanca, regaliz, arándano, barrica y ciruela pasa. A la boca mostró taninos bien integrados y untuosidad al paladar.

 

El menú en esta ocasión fue diseñado por Guillermo Alvarez Estrada, chef del Colegio Superior de Gastronomía, a quien Gabriel Iguiniz (chef ejecutivo de esa institución) le encargó la preparación de exquisitos platillos.

 

La entrada fue Pastel de cabracho con salsa rosa. Se trató de huachinango al vapor con jitomate, cebolla, ajo y perejil, mezclado con crema dulce y huevo, al baño maría, bañado con salsa rosa (catsup, mayonesa, azúcar y un toque de oporto) .En seguida sirvieron Sopa Ttoro (sic) de jaiba, huachinango y camarón. Es un fumet de huachinango, jaiba y camarón, con una base de jitomate, y un ligero toque de pernod, acompañado de huevo cocido. Estos dos guisos armonizaron magníficamente tanto con el vino blanco como con el vino tinto.

 

El plato principal fue Codornices estofadas con papa Dauphinoise. El chef Guillermo Álvarez Estrada mencionó que son codornices deshuesadas, rellenas de farce con frutos secos, envueltas en Prosciutto, asadas con una reducción de estofado al vino blanco, acompañadas de papas con bechamel (Dauphinoise), de gran sabrositud, que maridó muy bien con el Bordeaux Rouge Albert Bichot. El postre fue Natilla con polvo de almendra.

Su confección fue a base de natilla natural, montada con polvo de almendra, acompañada de almendra caramelizada, que acompañamos con una taza de aromático café..

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

EL VINO HACE 2.500 AÑOS Y SU GUARDA EN ANFORAS DE TERRACOTA

 

“El museo de antigüedades más rico del mundo

permanece aún inaccesible: es el fondo del Mediterráneo”.

 

SALOMÓN REINACH

 

Al comenzar el año 2009 se llevó a cabo la vigésimo tercera cena de la serie “Gastrónomos y Epicúreos”, del Grupo Enológico Mexicano, en un salón privado del restaurante “Bistro 235”, de la capital mexicana. En esta ocasión Miguel Guzmán Peredo, Director General de esa agrupación de enófilos, disertó acerca del comercio marítimo del vino en el Mar Mediterráneo hace poco más de veinticinco centurias.

 

En su exposición dijo que la gran mayoría de quienes hacen referencia a los orígenes del vino concuerdan que fue en Sumeria, el país de mayor antigüedad en Mesopotamia, donde dio comienzo, hace seis o siete milenios, el cultivo de la vid y la elaboración del vino. De aquí se irradió la actividad agrícola cuya finalidad era la vitivinicultura a las regiones vecinas, los valles próximos a los ríos Tigris y Eufrates, para luego ser propagada a sitios más distantes. En Ur, la antigua capital de Mesopotamia, ubicada a orillas del Eufrates, fueron descubiertas numerosas tablillas de barro cocido, de una edad estimada en dos mil setecientos cincuenta años, que narran diversos episodios alusivos a la manera de elaborar el vino.

 

Otros historiadores de esta dionisiaca bebida aseveran que el cultivo de la vid, y la consecuente elaboración de vino, era práctica corriente muchos siglos antes que lo que se afirma ocurrió en el Medio Oriente. Los paleobotánicos han encontrado semillas fósiles de uvas en Georgia y Armenia, en Transcaucasia, de una antigüedad calculada en siete u ocho mil años.

 

Cabe agregar que en la ciudad turca de Catalhuyuk, en la zona central de la península de Anatolia, los arqueólogos encontraron los restos más antiguos, conocidos al presente, de objetos relacionados con el vino. Se trata de tinajas ---seguramente de barro cocido--- que contuvieron vino hace nueve mil quinientos años.

 

Se ha dicho que del Medio Oriente fue llevada la vid a Grecia. Llegó vía la isla de Creta, procedente quizá de Egipto y Fenicia (región ésta que ocupaba la costa oriental del Mediterráneo, donde hoy en día está Líbano). Más tarde se irradió su cultivo a numerosas islas de ese archipiélago, donde floreció la producción de vino. Tucídides, célebre historiador griego, dijo que “Los pueblos del Mediterráneo empezaron a salir de la barbarie cuando aprendieron a cultivar la aceituna y la uva”.

 

En el hermoso libro Historia del vino , de Hugh Johnson, queda asentado que “Grecia se preparó para imitar a los fenicios en sus viajes de exploración, y para la fundación de nuevas ciudades fuera del “lago griego”, en que se había convertido el Mar Egeo. Muy pronto, colonias tan prósperas como Siracusa y la punta de Italia pasaron a llamarse Magna Grecia...A la misma época de búsqueda intensa de más tierra pertenece la primera colonización griega del sur de Francia, cuando los foceos procedentes de Lidia (Asia Menor), bajo amenaza de la invasión persa de su territorio, fundaron Massalia (la actual Marsella) y establecieron también colonias en Córcega..En torno al año 500 A.C Massalia elaboraba su propio vino y fabricaba ánforas para transportarlo. Según el historiador romano Justino: “De los griegos, los galos aprendieron un modo de vida civilizado...a cultivar la vid y la oliva. Su progreso fue tan brillante que parecía que la Galia se había convertido en parte de Grecia”.

 

Fueron los griegos quienes llevaron la vitivinicultura a la península ibérica, hace aproximadamente veintisiete centurias. El comercio del vino, en ánforas de terracota (que igualmente contenían aceite, trigo, agua y garum), se hacía mediante la navegación costera, en barcos movidos por el viento. Quienes se hallaban a bordo navegaban únicamente de día, en aguas litorales, de escasa profundidad.

 

Ya quedó mencionado que las ánforas eran el recipiente empleado para guardar y transportar vino, aceite, cereales, agua y garum En el libro Inmersión y Ciencia se recoge el testimonio de M. A. Grenier acerca de ese producto a base de animales marinos. Él afirmó que: “Era un condimento muy sazonado y aromatizado. Se preparaba con intestinos de pequeños peces, salados y expuestos al sol durante varios días. El líquido que se desprendía, filtrado, constituía el garum, con él se mezclaban pequeños peces enteros, boquerones y sardinas, y también ostras y gambas. Esta salsa era en extremo costosa, muy apreciada, y se utilizaba en toda clase de platillos”. Cabe agregar que si bien la palabra garum es de origen incierto, se piensa que los griegos ---quienes ya elaboraban, en el siglo IV A.C, esta salsa con la cual aliñaban toda clase de platillos--- daban el nombre de garo a un pez que viene a ser el equivalente del llamado caballa, por los españoles, y utilizaban las vísceras de una larga lista de peces y mariscos, que después de ser salados eran puestos a secar al sol. El líquido que exudaba esa masa, de olor y sabor muy penetrante, era el garum.

 

Acerca de la navegación en el Mediterráneo, hace muchísimas centurias, menciona Jacques-Yves Cousteau (quien en la segunda mitrad del siglo XX comenzó a difundir las maravillas del mundo submarino, que era posible contemplar al sumergirse buceando, utilizando la escafandra autónoma) en su obra El mundo silencioso : “Los barcos fenicios, griegos, cartagineses y romanos transportaban miles de ánforas, colocadas en bastidores en el interior de la bodega. El extremo inferior de las ánforas tiene forma cónica, y fuera del barco se plantaba en tierra o se introducía en un trípode preparado al efecto. A bordo se introducían probablemente en agujeros especiales practicados en los bastidores”.

 

La práctica del buceo llamado autónomo, que permite al buceador “volar” literalmente por los espacios submarinos (en contraposición con aquella actividad ---generalmente comercial, que es realizada a considerables profundidades--- en la cual el buzo se sirve de una escafandra cuyo peso es de cien kilogramos) permitió la exploración de los barcos hundidos (los cuales reciben el nombre de pecios), que zozobraron no lejos de la costa del Mediterráneo, donde han sido encontradas ---y recuperadas--- miles y miles de ánforas de formas y tamaños diferentes.

 

Philippe Diolé, buceador contemporáneo de Cousteau, escribió un bello libro que lleva por título Viaje por los mundos sumergidos , donde volcó su fascinación por la exploración del fondo del mar. Ahí describe la primera recuperación de objetos de arte en el lecho del Mediterráneo, y así dice: “La más antigua y hasta la fecha (1953) la más afortunada de las exploraciones submarinas se llevó a cabo desde 1907 hasta 1913 en la galera de Madhia. Y en apoyo a sus palabras cita a Salomón Reinach, una autoridad en el mundo del arte en los primeros años del siglo XX, quien afirmó: “No se había hecho ningún descubrimiento tan considerable desde los de Pompeya y Herculano”. Diolé consigna que la nave de Anthéor (en la Costa Azul francesa), que yace a veintiún metros, y la galera de Madhia (en la costa oriental de Túnez), localizada a cuarenta metros de profundidad, naufragaron en el siglo primero A.C. La galera de Madhia, que se fue a pique alrededor del año 80 antes de nuestra era, contenía infinidad de obras de arte: esculturas de bronce, de mármol, capiteles, columnas de orden jónico, crateras, jarrones, etc., producto de la rapiña del dictador romano Lucio Cornelio Sila en Atenas, en el año 86 A.C.

 

Del barco hundido en Anthéor, a veintiún metros de profundidad y a poca distancia de la costa, y de su cargamento de miles de ánforas, escribió Philippe Diolé: “El documento de mayor interés recogido en las ánforas de Anthéor consiste en los tapones encontrados en algunos cuellos de ánforas. Existe un tapón de corcho y encima un disco sellado en el que figuraban algunas letras. Estaba hecho de puzolana. Esta sustancia, de origen volcánico, soporta sin alterarse una prolongada inmersión. Los romanos la empleaban para formar el hormigón de sus construcciones portuarias”. Y luego agregó: “Mil quinientos años antes de Jesucristo el comercio del vino era ya activo en el Mediterráneo. Los vinos de Grecia y de la Magna Grecia (Sicilia, donde los griegos se habían instalado desde el siglo octavo antes de nuestra era) se adelantaron considerablemente a las legiones de César. La afición a estos vinos está comprobada en la Galia desde el siglo VI A.C.”.

 

Al ocuparse de las ánforas de terracota de la región de Campania (terracota es un vocablo latino que significa tierra cocida), donde eran guardados los vinos de Italia, dice Diolé que eran “amasadas con la tierra volcánica del Vesubio, donde se escalonaban los viñedos. Los vinos eran muy parecidos a ciertos vinos griegos de hoy, pues eran mezclados con miel, aloe, tomillo, mirra, bayas de mirto e incluso, a veces, agua de mar”.

 

Hugh Johnson, citado líneas arriba, al ocuparse de esos esbeltos recipientes, que llegaban a medir 120 centímetros, señala que “Las ánforas griegas permitían guardar alrededor de 40 litros; las romanas en torno a 26 (aproximadamente tres docenas de botellas modernas). El ánfora fue una invención de los cananeos, los antepasados de los fenicios, quienes la introdujeron a Egipto en el año 1.500 A.C.....Convenientemente sellada, un ánfora era tan hermética como una botella y conservaba el vino en buenas condiciones durante muchísimo tiempo. Sin las ánforas, el mundo no habría conocido el esplendor del vino añejo”.

 

Al concluir su charla recordó el conferenciante que en un viaje a Italia visitó el Museo Naval Romano de Albenga, una pintoresca población de la Riviera italiana, en la costa de Liguria, Allí se guardan 728 ánforas intactas, o casi intactas (se piensa que el barco, que naufragó en el primer decenio del siglo primero antes de nuestra era, a 45 metros de profundidad, contenía de mil quinientas a dos mil ánforas). Fue explorado en el año 1950, y se estimó que la nave medía cuarenta metros de largo por quince de ancho (casi las mismas dimensiones que las naves de Anthéor y Madhia). En el primer año de su exploración en el fondo del Mar Tirreno fueron recuperadas todas las ánforas que conserva el museo. En aquella ocasión Miguel Guzmán Peredo fue obsequiado con la “cabeza” (la parte superior) de una ánfora, de dos mil años de antigüedad, que en la cena de “Gastrónomos y Epicúreos” mostró a los comensales asistentes.

 

A continuación José del Valle Rivas, Director General de la empresa Selección del Sommelier, y Miembro de Número del Grupo Enológico Mexicano, habló de los vinos de la Bodega Francois Lurton, de Argentina, en especial de las cepas Torrontés y Bonarda.

 

De los orígenes de la Bodega Lurton, de Francia, mencionó que en 1988 Jacques y François Lurton, hijos de André Lurton, crearon en Burdeos la bodega que lleva sus nombres, con el objetivo de elaborar vinos en distintas partes del mundo. Partieron de la idea según la cual es posible hacer buenos vinos en cualquier región donde la vid crezca en condiciones normales, y crearon, de ese modo, una gran gama de vinos procedentes de todo el mundo. Cada uno con su estilo, poseen una excelente relación precio-calidad que responden a la demanda actual. Para esto, seleccionaron los mejores “terroirs” donde vinifican todos los vinos que venden, ayudados por su propio equipo de enólogos. En sus inicios la bodega producía vinos varietales, una novedad para la época. En 1992 comenzaron a seleccionar las zonas de acuerdo al varietal y las tierras según el clima. En la actualidad, Jacques y François vinifican y producen vinos en seis países: Francia, Argentina, España, Uruguay, Chile y Australia. En años recientes ambos hermanos se separaron, comercialmente hablando, y es Francois quien actualmente maneja en Argentina la empresa que lleva su nombre.

 

De la capa Torrontés dijo José del Valle Rivas que se piensa procede de la familia Muscatel, y es sabido que da origen al vino blanco de mayor tipicidad de Argentina, país que es uno de los pocos en el mundo que elaboran deliciosos vinos con esta variedad. En los Valles de Mendoza, Cafayate y Chilecito hay grandes extensiones de viñas con esta cepa. Y del vidueño Bonarda expresó que se piensa tiene dos orígenes: el Piamonte de Italia, o bien de la variedad francesa Corbeau Noir. Hoy por hoy es la uva de mayor proyección en Argentina. Por muchos años se utilizó como base para la producción de vinos de corte (mezcla de diversas uvas), pero actualmente, dadas sus inigualables características, es la segunda cepa más plantada en dicho país del Cono Sur. Mientras que en 1936 se registraba un cultivo de 6.000 hectáreas de Bonarda, para el año 2001 ya se superaban las 15.000, por debajo únicamente de la cepa Malbec.

 

Los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano allí presentes comentaron favorablemente las características organolépticas de ambos vinos, de la marca Bodega Francois Lurton, de la cosecha 2007. Del vino blanco Torrontés fueron encomiados sus deliciosos aromas a guayaba, membrillo, miel y flores blancas, Es de cuerpo untuoso y de muy grata acidez y prolongado retrogusto. Del vino tinto Bonarda se mencionó su color rojo granate, aromas de barrica, tabaco, ciruela pasa, regaliz. A la boca es un vino bien estructurado, de taninos agradables.

 

En seguida fue servida una suculenta cena, preparada por Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongu, chefs del “Bistro 235”. La entrada fue Timbal de arroz negro y mariscos salteados con crema al vino blanco, que armonizó sápidamente con ambos vinos. Luego fue servido un plato de Mil hojas de pato confitado en salsa de mandarina, que maridó muy bien con el vino Bonarda Lurton. El postre, Crepas rellenas de frutos rojos y crema de chocolate blanco, resultó un exquisito melindre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DECIMA SEGUNDA CATA “CIEGA” EN LA ALTA MONTAÑA, CON VINOS FREIXENET DE MÉXICO

 

Si yo viera sólo un instante

Las siempre nevadas cimas

Del alto Popocatépetl

Y del gigante Iztaccíhuatl,

¡ay, cómo gozara mi alma!

¡ay, cuánta fuera mi dicha!

¡montañas americanas!

¡hermosas montañas mías!

 

( Mis Montañas , fragmento)

 

JOAQUIN GOMEZ VERGARA

(Siglo XIX)

 

 

El Grupo Enológico Mexicano ha realizado, hasta el día 8 de febrero de 2009, ciento sesenta y nueve catas “ciegas” mensuales, de las cuales doce han tenido por hermoso escenario diferentes parajes de la alta montaña de México. La primera de estas insólitas degustaciones analíticas tuvo lugar el 5 de diciembre de 2004, en un sitio próximo a “La Joya”, el punto de ascenso más frecuente que los montañistas utilizan para alcanzar la cima de la montaña llamada Iztaccíhuatl, cuya altitud ha sido estimada en 5.286 metros sobre el nivel del mar.

 

La palabra náhuatl Iztaccíhuatl está formada por las raíces Iztac = blanco (a) y Cíhuatl = mujer. Por lo tanto, al contemplar esa hermosa cumbre nevada tenemos la certeza de que su nombre le fue bien impuesto. Pero cabe hacer la aclaración que el nombre original fue Iztactépetl (iztac = blanco (a) y tépetl = cerro), ya que --–a la distancia— semeja una mujer yacente, de nívea vestimenta. Muy frecuentemente se le da la denominación de “La mujer dormida”, por la postura que tiene, semejante a una mujer acostada mirando al cielo.

 

Como curioso pormenor mencionaré que los habitantes de los poblados circunvecinos suelen dar a la Iztaccíhuatll el nombre de “Rosita”, y también la llaman “la volcana”. Por otra parte, al Popocatépetl le han dado la designación de “Don Goyo”, y también le dan el nombre de “Gregorio”, coloquialmente hablando.

 

Esta montaña, la Iztaccíhatl, es, por su altitud, la tercera en México (y la sexta altitud en América del Norte), después del Citlaltépet l (citlalin = estrella y tépetl = cerro) , también llamado Pico de Orizaba, de 5.644 metros; y del Popocatépetl (popoca = humo, humeante, y tépetl = cerro), de 5.452 metros.

 

Acerca de la altitud de la Iztaccíhuatl diré que en el libro Las montañas de México (de mi autoría), publicado en 1968, incluyo el testimonio del geógrafo mexicano Jesús Galindo y Villa, quien en su obra Biografía Física de México (1926) señala que “Su altitud es de 5.286 metros sobre el nivel del mar, según dato de la Comisión Geográfica-Exploradora de 1908. Forma parte de la Sierra Nevada, entre los Valles de México y Puebla, y se halla a los 19 grados 11 minutos Latitud Norte y 00 grados 27 minutos Longitud Este de la ciudad de México”.

 

Yarza de De la Torre consigna en su libro Volcanes de México (1971) que “La Iztaccíhuatl, de siete kilómetros de longitud, se localiza al norte de Popocatépetl. Más de seis kilómetros de longitud de esta montaña están cubiertos de nieves perpetuas, y se distinguen en esta mole blanca, de norte a sur, tres alturas: la “Cabeza”, con 5.146 m de altura; el “Pecho”, con 5.286 m y los “Pies”, con 4.740 m sobre el nivel del mar”.

 

En la revista Arqueología de México , en la edición correspondiente al bimestre enero-febrero de 2009, en un número consagrado a Los volcanes de México , Johanna Broda (en su artículo titulado “Simbolismo de los volcanes”) le da una altitud de 5. 230 metros.

 

La idea de llevar a cabo aquella primera cata en la alta montaña de México provino del conocimiento de que en Argentina, en un sitio próximo al Aconcagua , en un establecimiento turístico que lleva por nombre “Puente del Inca”, a una altura de 2.720 metros sobre el nivel del mar, había tenido lugar una cata, en la cual fueron degustados varios vinos de la prestigiada Bodega Familia Zuccardi, de Mendoza. En el boletín on-line www.argentinewines.com leí, a mediados de octubre de 2004, esa noticia, que me pareció motivante para realizar una degustación similar a mayor altitud. Para ampliar esta información conversé luego con Sven Bruchfeld, enólogo de Viña MontGras ---una empresa vitivinícola de Chile---, quien me informó que en las estaciones de esquí chilenas de Farellones y de Portillo (ubicada la primera a treinta y cinco kilómetros de Santiago, y a una altitud de 2.400 metros, mientras que la segunda se halla a ciento sesenta kilómetros de Santiago, y su altitud es de 2.850 metros sobre el nivel del mar) habían celebrado varias degustaciones de vinos.

 

Una de las finalidades de aquella singular cata (y de las once posteriores, que vinieron a ratificar lo que encontramos en la primera degustación) era conocer cuáles son los cambios registrados, principalmente en la percepción ---de parte de los catadores---, de los aromas y sabores, que muestran los vinos, cuando la degustación tiene verificativo en un sitio de la alta montaña, a una altitud (aproximada o superior) de cuatro mil metros sobre el nivel del mar. En este sitio montañoso la presión atmosférica, que a nivel del mar es de 760 milímetros de mercurio, es aproximadamente de 460 milímetros, y por lo que respecta a la presión parcial de Oxígeno --que a nivel del mar es de 181 milímetros de mercurio-- ésta es, aproximadamente, de 85 milímetros.

 

Los resultados de estas degustaciones han sido sorprendentes, ya que en esas alturas hay menos masa de aire, lo que favorece que los compuestos químicos, principalmente ésteres y aldehidos, contenidos dentro de la copa, se evaporen con mayor facilidad. Las cualidades aromáticas de los vinos resaltan más claramente, en un mensaje odorífero en extremo singular.

En aquella cata de diciembre de 2004 el contingente de catadores del Grupo Enológico Mexicano salió de la ciudad de México hacia Amecameca (población distante 70 kilómetros, y a una altitud de 2.480 metros). Luego siguió, en todo momento viajando en automóvil, a ”Paso de Cortés”, 23 kilómetros adelante y a una altitud de casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Por este collado montañoso, entre el Popocatépetl y la Iztaccíhuatl, se supone que pasaron, en el año 1519, las huestes del conquistador español Hernán Cortés para encaminarse a la capital del imperio azteca: Tenochtitlan. De no haber estado vedado, en diciembre de 2004, el acceso a Tlamacas (distante 5 kilómetros y a una altitud de 3.980 metros), en virtud de que desde 1994 ese volcán ha estado manifestando intensa actividad eruptiva, nos hubiésemos aproximado a la base de esta montaña, para admirar de cerca su hermoso cono.

 

De ”Paso de Cortés” seguimos entonces hacia el paraje dominado “La Joya”, ubicado a poco menos de ocho kilómetros, y a una altitud aproximada de 4.000 metros. Es conveniente mencionar que en varias fuentes de información leí que la altitud en ese sitio era de 4.050 metros sobre el nivel del mar, y que en dos altímetros que nosotros llevábamos registramos dos altitudes diferentes: 3.805 metros y 3.835 metros. La presión, expresada en mm de Hg, fue de 479.5. Mediante el aparato llamado G.P.S. (Global Positioning System) quedó señalado el lugar geográfico en el cual nos encontrábamos: 19°07'57.2'' latitud Norte y 98°39'58.7'' longitud Oeste.

 

Un poco antes de ese punto geográfico, en los contrafuertes occidentales de la

montaña, que marca uno de los varios sitios de inicio de las ascensiones montañistas a la Iztaccíhuatl , instalamos dos mesas al aire libre, donde se llevó a cabo esta degustación de extraordinarias características, en la cual participaron nueve catadores.

 

Esa primera cata, de una serie que llegó ahora a la docena de estas insólitas degustaciones (el diccionario define la palabra insólita como “no común ni ordinario, desacostumbrado), tuvo lugar en un paraje montañoso situado en la Iztaccíhuatl, entre dos sitios alpinos cuyos nombres son “La Jolla” y Altzomoni, a una altitud aproximada de 3. 800 metros.

 

Después de rememorar la primera cata en un paraje montañoso, cabe agregar que posteriormente vinieron diez degustaciones más de esta índole. Cuatro de ellas fueron a la orilla del Lago de la Luna, en el Nevado de Toluca, a una altitud de 4.216 metros. Dos degustaciones más tuvieron verificativo a la orilla del Lago del Sol, también en el Nevado de Toluca, a una altitud de 4.209 metros. El Nevado de Toluca tiene en su amplísimo cráter volcánico dos lagos, que figuran entre los más altos del mundo.. Otras dos catas fueron en un paraje boscoso del Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl-Zoquiapan, a una altitud de más de 3.900 metros sobre el nivel del mar. En una de esas ocasiones degustamos brandies Reserva y Gran Reserva, de la Denominación de Origen Brandy de Jerez, de España. Otra cata se llevó a cabo en la cumbre del volcán extinto Sierra Negra, a 4.583 metros (sin lugar a duda la cata de vinos celebrada a mayor altitud en el mundo). La restante degustación, en la cual fueron evaluados brandies de la casa Miguel Torres, de Cataluña, ocurrió en el paraje denominado “El Caracol”, frente al costado occidental de la Iztaccíhuatl, a unos 3.600 metros de altitud. Es prudente mencionar que a todos estos parajes los catadores del Grupo Enológico Mexicano llegaron a bordo de automóviles.

 

En cada una de las degustaciones los vinos ---y así mismo ocurrió con los brandies---estuvieron dentro de unas funcionales bolsas de tela (con el logo de esta agrupación de enófilos), para que ninguno de los catadores supiera de qué vino se trataba. Y en la misma forma como ocurre con todas y cada una de las catas del Grupo Enológico Mexicano, fueron evaluadas las características visuales, olfativas y gustativas de los vinos, y una vez analizados, cualitativa y cuantitativamente, se obtuvo el promedio final de puntuación.

 

El domingo 8 de febrero de 2009 fue realizada la décima segunda degustación “ciega” en la alta montaña, nuevamente en un paraje del Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl-Zoquiapan, a una altitud de 4.000 metros sobre el nivel del mar. Al comienzo de este paseo enológico los catadores del Grupo Enológico Mexicano llegaron a “Paso de Cortés”, y luego fueron a “La Joya”. Ya de regreso subieron en sus vehículos, a la cima de un picacho volcánico sito al Norte de “Paso de Cortés” de nominado Altzomoni, donde se ubica la estación retransmisora de Televisa. Allí también se localiza la cámara mediante la cual el CENAPRED (Centro Nacional de Prevención de Desastres) monitorea las 24 horas de cada día la actividad volcánica del Popocatépetl. Considero conveniente agregar que en la página de Cenapred aparece consignada la altitud de ese punto geográfico (4.000 metros) y sus coordenadas: 19° 12'04'' de Latitud Norte y 98°65'35'' de Longitud Oeste.

 

.Desde este lugar, frente a la vertiente occidental de la Iztaccíhuatl, estuvimos contemplando la sorprendente panorámica, hacia el sur del Popocatépetl y hacia el Norte de la Iztaccíhuatl. Merced a la altitud a la cual nos encontrábamos podíamos ver, relativamente cerca, los diferentes accidentes geográficos de “La mujer dormida”. Hacia nuestra izquierda veíamos la cumbre denominada “La Cabeza”, de 5.146 metros. “El Pecho”, de 5.230 metros, y hacia nuestra derecha “Los Pies” (a este picacho se le llama Amacuilécatl), de 4.703 metros de altitud. Antes de proceder a la degustación nos deleitamos con ese espectáculo alpino, observando el perfil pétreo de la Iztaccíhuatl, carente del níveo manto que usualmente la cubre.

 

Allí fueron colocadas tres mesas, cubiertas de sus respectivos albos manteles, y.

dio comienzo la cata a las 11:15 horas. Para esta degustación fueron seleccionados varios vinos de la empresa Freixenet de México, elaborados (en la Finca Doña Dolores, en la población de Ezequiel Montes, en el estado de Querétaro) por el enólogo Jordi Fos Escrivá, quien formó parte en esta ocasión del contingente de catadores.

 

Primeramente fueron consignados los registrados de altitud, temperatura, presión barométrica. humedad, luminosidad, velocidad del viento y luminosidad. La altitud (como ya quedó señalado) era de 4.000 metros. La temperatura ambiente era de 19 grados centígrados. La presión de 1002 hPa (hectopascales). En otro aparato se registró una presión barométrica de 627 Milibares. La humedad fue de 16%. El viento de 2 nudos. El día era soleado en grado superlativo y no había la menor nubosidad en el firmamento. Podría decirse que no había una sola nube, en la bóveda celeste, en la cual detener la mirada. Catamos dos vinos espumosos cuya temperatura en la copa era de 10° centígrados, mientras que los tres tintos estaban a 20° centígrados. .

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada ese día por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara, Jordi Fos, Raymundo López Castro, Joaquín López Negrete, José del Valle Rivas, Darío Negrelos y Miguel Guzmán Peredo.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Los catadores, miembros de número del Grupo Enológico Mexicano , pudieron advertir el acentuado potencial aromático de cada uno de los cinco vinos evaluados. Se hizo minuciosa evaluación de su expresividad a la vista, en un día en extremo brillante, de sus cualidades aromáticas y de sus características gustativas, y posteriormente cada uno de los catadores, después de indicar la calificación que había dado a cada uno de esos vinos, hizo la descripción organoléptica de los mismos, que era complementada con la valoración de los otros catadores. En estos comentarios se ponderó la calidad y finura de los vinos degustados.

 

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos espumosos

 

1.- Doña Dolores Brut Nature Chardonnay. Monovarietal 100% Chardonnay. 12.5% Alc. Vol. Elaboración de acuerdo al Metodo tradicional (Champenoise). Freixenet de México. Ezequiel Montes, Querétaro. Calificación: 84.85 puntos. Precio: $ 189.00

 

2.- Doña Dolores Brut Nature Gran Reserva . Coupage de 70% Macabeu, Chenin Blanc y Pinot Noir, y 30% Saint Emilion. 11.5%Alc. Vol. Elaboración de acuerdo al Metodo tradicional (Champenoise). Freixenet de México. Ezequiel Montes, Querétaro. Calificación: 84.14 puntos. Precio: $ 152.00

 

Vinos tintos

 

1.- Viña Doña Dolores 4 Regiones . Coupage de Cabernet Sauvignon, Malbec, Cabernet Franc, Petit Syrah, Merlot, Tempranillo y Pinot Noir. 12.8% Alc. Vol. Elaborado con uvas procedentes de los estados de Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y Zacatecas. Crianza durante 4 meses en barricas nuevas de Francia y Estados Unidos de América. Posterior reposo de 4 meses en botella. Freixenet de México. Ezequiel Montes, Querétaro. Calificación: 87.28 puntos. Precio: $ 257.00

 

2.- Viña Doña Dolores Gran Reserva . Coupage de 75% Cabernet Sauvignon y 25% Malbec. 12.8% Alc. Vol. Crianza de 15 meses en barricas seminuevas de roble americano. Posterior reposo de 8 meses en botella. Freixenet de México. Ezequiel Montes, Querétaro. Calificación: 87.14 puntos. Precio: $ 192.00

 

3.- Vivante . Monovarietal 100% Malbec. 12.5% Alc. Vol. Freixenet de México. Ezequiel Montes, Querétaro. Calificación: 83.88 puntos. Precio: $ 88.00

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CATA VERTICAL DE DIEZ AÑADAS DEL VINO TINTO MATARROMERA CRIANZA, DE RIBERA DEL DUERO

 

El paladar, como la vista, el olfato o el tacto,

adquieren con la práctica diversos grados

de sensibilidad, que resultarían increíbles

de no constituir un hecho establecido.

 

T.G. Shaw

( Wine, the Vine and the Cellar , 1863)

 

En materia de vinos existen en España 57 Denominaciones de Origen, desde la de Abona hasta la de Tecla, donde están incluidas las de ingreso más reciente: Abona, Bierzo, Taraconte, Terra Alta, Toro, Valle de Güimar, Valle de la Orotana e Ycoden-Daute-Isora. Una de estas Denominaciones es la de Ribera del Duero, incorporada al sistema de las Denominaciones de Origen en 1982, la cual al paso de los años ha adquirido una gran preponderancia, por la finura y calidad de los vinos, especialmente tintos, que allí son elaborados. Basten las siguientes cifras para calibrar el extraordinario crecimiento que, al paso de los años, ha tenido esta Denominación. En 1993 había 64 bodegas, y en 2005 suman 236. En 1993 la superficie de viñedos cubría 10.277 hectáreas, y en 2005 ya son 20.046.

 

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero registra más de 200 bodegas (el número, como ya quedó asentado, era de 236 en el año 2005), y se estima que el viñedo cubre una superficie de poco más de 20.000 hectáreas, sembradas con las cepas siguientes: Tinta del País (Tempranillo), Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, Garnacha Tinta y la variedad blanca Albillo.

 

Los vinos de esta Denominación se encuentran dentro de las siguientes cuatro categorías:

Joven, que no tienen crianza, o bien que ésta es menor a los doce meses.

Crianza, cuya guarda es de 24 meses, con un tiempo mínimo en barrica de roble de 12 meses.

Reserva, cuya crianza es de 36 meses, de los cuales transcurre como mínimo 12 en barrica.

Gran Reserva, en los cuales la crianza es de 60 meses, de los cuales por lo menos 24 son en barrica.

 

Valladolid es el nombre de la ciudad que es capital de la Provincia homónima y así mismo capital de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, integrada por las Provincias de Ávila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora. Con 94.147 kilómetros cuadrados es la más extensa de España y de Europa, y dedica al cultivo de la vid unas noventa mil hectáreas. En la Comunidad de Castilla-León están registradas cinco Denominaciones de Origen: Ribera del Duero (la más importante de todas ellas), Rueda, Cigales, Toro y Bierzo.

 

Cabe decir que el río Duero (que en Portugal recibe el nombre de Douro), el tercero más extenso de la Península Ibérica, nace en los Picos de Urbión, en Soria, y cruza las Provincias de Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca ---en la frontera con Portugal--- para ir a desembocar en el Océano Atlántico, en las proximidades de la ciudad lusitana de Oporto

 

Una de las principales ciudades de la Provincia de Valladolid es Valbuena del Duero, verdadero eje neurálgico, vitivinícolamente hablando, de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Esta urbe es la sede del Grupo Matarromera “ constituido por tres bodegas acogidas a la Denominación de Origen ribereña (Matarromera, Renacimiento y el Centro de Interpretación Vitivinícola Emina), Valdelosfrailes en Cigales y Aldor en Rueda, y la destilería Esdor, que elabora aguardiente y el único brandy de la región, en la localidad vallisoletana de San Bernardo”. En Chile este importante consorcio vinícola, presidido por Carlos Moro, posee la bodega Terravid.

 

En la página web del Grupo Matarromera leo que “En pleno corazón de la Ribera del Duero, la Bodega Matarromera tiene sus naves semienterradas en la ladera norte del valle del Duero, con unas preciosas vistas que dominan todo el valle, en el término municipal de Valbuena de Duero, en Valladolid.

 

“ Matarromera nace con rotundos éxitos internacionales, y la consecución de los mayores premios y reconocimientos mantenidos a lo largo de toda su trayectoria. Cuenta con una magnífica tecnología para la elaboración de tintos de la mejor calidad. Cuenta con control de temperatura y los depósitos y equipos son de acero inoxidable, su capacidad de elaboración es de 650.000 litros. Produce vinos tintos de crianza, reserva y gran reserva. Los orígenes de las viñas de Emina se remontan a los monjes cistercienses del siglo XII, en Olivares y Valbuena de Duero, que aportaron sus variedades y las adaptaron a la región. En aquella época, cada monje tenía su ración diaria de vino, que era de una Emina. Rememorando esta tradición secular, a mediados de los 90 Carlos Moro crea una bodega de cuidada producción, que cuenta con viñedos propios y excelentes instalaciones. Equipamientos: tecnología punta para la elaboración de tintos de la mejor calidad. Cuenta con control de temperatura, depósitos y equipos de acero inoxidable. Las viñas: tiene 42 hectáreas . Tinta del País, Cabernet Sauvignon y Garnacha”.

A propósito de la palabra Emina (también se escribe Hemina) diré que en el portal Wikipedia leí que se trata de una antigua medida de volumen que se usó en varias provincias de Castilla y León .. Se documenta en la regla monástica femenina, transcrita en el año 976 para ser observada en el monasterio de las Santas Nunilo y Alodia, cerca de Nájera , que permitía a las monjas que bebieran la tercera parte de una emina, ración marcada por San Benito para los monasterios masculinos. Una emina equivale a 250 mililitros.

Por otro lado, recordaré que la variedad Tínta del País es considerada una cepa próxima al Tempranillo, también llamado Tinto Fino. En otros lugares de España suelen darle el nombre a este vidueño de Cesible y Ull de Llebre. En Ribera del Duero la Tinta del País es la cepa más importante.

En un texto que escribí hace algunos años, que vino a ser la crónica de una cata “vertical” de diez añadas de un magnífico vino tinto mexicano ---“El Gran Vino Tinto”, de Chateau Camou---, de Baja California (organizada por el Grupo Enológico Mexicano, en noviembre de 2005) consigné algunos pormenores acerca de ese tipo especial de degustaciones que lleva por nombre cata vertical. Ahora transcribiré cuatro párrafos de lo que en aquella ocasión escribí a este respecto.”En el mundillo de la degustación de los vinos, una apasionante actividad que, día a día, adquiere notoria importancia, suele hablarse de las catas horizontales y verticales. Las primeras, que generalmente son “ciegas”, comprenden el análisis organoléptico de vinos de la misma añada (cosecha), elaborados con la misma cepa o con el mismo coupage, de diferentes bodegas vinícolas. Las segundas, las verticales, son aquellas degustaciones sensoriales (no “ciegas”) en las cuales son analizados vinos de diferentes añadas, pero todos los vinos ---elaborados con la misma variedad de uva o con el mismo coupage--- proceden, generalmente, de una misma bodega. Existe una variante de las catas horizontales, en la cual los catadores evalúan (usualmente en una cata que no es “ciega”) vinos de diferentes cosechas, generalmente de años consecutivos, elaborados por diversas bodegas con la misma variedad de uva, o con la misma mezcla de cepas.

 

“El creador de esas denominaciones ( vertical and horizontal wine tastings , en el original idioma inglés) fue un distinguido literato inglés, George Saintsbury (1845-1933), quien publicó, en 1931, su libro Notes on a Cellar Book y en esa obra, fruto de su pasión por los vinos, dejó asentados esos términos, describiendo los fundamentos de esas valoraciones sensoriales. Cabe agregar que en honor de ese hombre de letras fue fundado en Londres lo que es considerado el más famoso de los “dining clubs” del Reino Unido, el Saintsbury Club, integrado por 50 asociados, que se reúnen dos veces al año, para conmemorar el natalicio y la fecha de la muerte de ese afamado intelectual.

 

“Clive Coates, autor del voluminoso libro (de 816 páginas, consagradas a describir los vinos más afamados de la región francesa de Burdeos) Grands Vins, cuyo subtítulo es The finest chateaux of Bordeaux and their wines , señala que “la cata de vinos es un procedimiento sensual, y nada es más subjetivo que el gusto personal”. Por esta razón, válida e indiscutible, se mostró proclive a no calificar con una puntuación determinada las numerosísimas catas verticales que llevó a cabo cuando redactaba esta documentada obra de consulta. Pero afirmó que si no efectuaba una puntuación numérica sí realizaba un comentario, “adulatorio o desaprobatorio” --en sus propias palabras-- acerca de la calidad de los vinos que degustaba, lo que, a su parecer, equivalía a concederles una calificación a esos vinos.

 

“Cabe agregar, a este particular, que es innegable que a muchos enófilos les parecen mejores (o por lo menos aquellos se muestran más inclinados a preferirlos, lo que es una clara señal de que les agradan más) aquellos vinos que ponen de manifiesto ----por su color y su aroma— la evolución alcanzada por su paso en botella. El color atejado y el bouquet de un vino en el cual se perciben olores de barrica y de vainilla, gustan a muchos catadores, mientras que otros consideran que la tonalidad cromática más acentuada, con francos ribetes violáceos, y los aromas a frutos rojos que no han alcanzado la madurez, son preferibles por sobre las características sensoriales propias de los vinos que han sido guardados por algunos años en su envase vítreo”..

 

Una vez hecha esta introducción, diré que con motivo de la visita a México de Carlos Moro, presidente de Grupo Matarromera, Bodegas La Negrita (que representa en México a esa importante empresa vitivinícola afincada en el corazón de Ribera del Duero) invitó a los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano a participar en una cata “vertical” de diez añadas del vino tinto Matarromera Crianza.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Carlos Moro, Beatriz Moro, Pilar R. De Manzaneque, Areli Curiel, Rodolfo Fonseca Larios, Rafael Fernández Flores, Darío Negrelos, Gustavo Riva Palacio, Mauricio Romero Gatica, Jorge Liévanos, René Rentería y Miguel Guzmán Peredo.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Las añadas degustadas en esta cata “vertical” fueron las siguientes: 1997, 1998, 1999, 2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005 y 2006. En estricto apego a la verdad puedo calificar de extraordinaria esta degustación, ya que en España, según comentó Carlos Moro momentos antes de que la cata diera comienzo, únicamente se han realizado dos con ese número de añadas., y la celebrada el viernes 13 de febrero, en el restaurante “El Lago”, es la primera que se lleva a cabo fuera de España.

 

De acuerdo al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero las diferentes añadas fueron calificadas de la siguiente manera:

 

1997: buena

1998: muy buena

1999: excepcional

2000: muy buena

2001: excepcional

2002: muy buena

2003: muy buena

2004: excepcional

2005: muy buena

2006: muy buena

 

Todos estos vinos Matarromera crianza son monovarietales 100% Tinta del País, y tuvieron una crianza de 14 meses en barrica de roble y un posterior reposo en botella durante diez meses.

 

Una vez obtenido el promedio de las doce calificaciones, suprimiendo la calificación más alta y la más baja, los resultados fueron los siguientes:

 

1.- Añada 2004: 90.90 puntos

2.- Añada 2005: 90.50 puntos

3.- Añada 206: 90.00 puntos

4.- Añada 2000: 88.00 puntos

5.- Añada 2003: 87.50 puntos

6.- Añada 2001: 87.20 puntos

7.- Añada 2002: 87.10 puntos

8.- Añada 1999: 86.80 puntos

9.- Añada 1998: 83.00 puntos

10.- Añada 1997: 82.50 puntos

 

Me parece sumamente interesante consignar que si no se hubiesen eliminado las calificaciones mas altas y las más bajas, los resultados hubieran sido los siguientes, que son muy similares a los anteriores, sobre todo el en caso de los vinos que ocuparon los tres primeros lugares.

 

1.- Añada 2004: 90.75 puntos

2.- Añada 2005: 90.50 puntos

3.- Añada 2006: 90.00 puntos

4.- Añada 2000: 87.66 puntos

5.- Añada 2001: 87.08 puntos

6.- Añada 2003: 86.91 puntos

7.-Añada 1999: 86.75 puntos

8.- Añada 2002: 86.58 puntos

9.- Añada 1998: 82.83 puntos

10.- Añada 1997: 82.16 puntos

 

Para concluir, señalaré que, de acuerdo a los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano, ocho de los diez vinos Matarromera Crianza degustados en esta singular cata “vertical” quedaron ubicados en la categoría de “muy buenos”. Los dos restantes, por su calificación ---muy próxima a los 85 puntos--- quedaron dentro de la clase de “buenos” vinos.

 

 

 

 

 

 

 

PRIMERA CATA EN MÉXICO EN GLOBO AEROSTATICO

 

Como es de todos sabido el hombre ha experimentado, desde hace milenios, el anhelo de volar como las aves. De elevarse por los aires y tener la libertad de movimientos que poseen esos animales, que se desplazan libremente por tres dimensiones. De allí que muchísimos hayan sido los intentos del hombre por imitar a las aves, y levantar el vuelo hacia las alturas y desplazarse por los aires en vuelo veloz..

 

Al recordar a los primeros seres humanos que concibieron la posibilidad de subir al espacio aéreo en un artefacto de su creación, el primer nombre que viene a la mente es el de Leonardo da Vinci (1452-1519), el inmortal genio del Renacimiento italiano, quien no solamente fue pintor y escultor, sino también arquitecto, músico, ingeniero, geólogo, matemático e inventor. En esta faceta diseñó, en 1486, una máquina capaz de volar, artilugio al cual denominó ornitóptero (vocablo que en idioma griego significa “con alas de pájaro”), invención que para algunos es el antecedente del moderno helicóptero.

 

En la historia de los inventores que imaginaron un aparato que permitiese al hombre elevarse por los aires, suele olvidarse al sacerdote jesuita e inventor (nacido en Sao Paolo, Brasil) Bartolomeu Lourenco de Gusmao, quien en el año 1709 solicitó de Juan V, rey de Portugal, la patente sobre la invención de su “instrumento de andar por el aire”. El monarca lusitano le concedió el privilegio solicitado, y el 8 de agosto de ese año, en la Casa de las Indias, de Lisboa, hizo una demostración de las posibilidades de ese globo de aire caliente, que se levantó cuatro metros en medio del pasmo de los asistentes convocados a esa exhibición. Dicho aeróstato fue llamado Passarola.

 

El primer ser humano que dejó el suelo terráqueo y se elevó por los aires fue el físico francés Jean-Francois Pilatre de Rozier quien, en compañía del marqués de Arlandes, subió en un globo aerostático el 21 de noviembre de 1793, en los jardines del Palacio de Versalles, delante del rey Luis XVI.

 

La historia ha recogido la versión de que Jacques Etienne y Joseph Michel Montgolfier, inventores de ese artefacto, subieron en un globo tres animales: una oveja, un pato y un pollo, a bordo de una cesta sujeta al globo aerostático para conocer los efectos del aire en las alturas. Después se pensó en que algún hombre se elevase en ese globo, pero se consideró que podía morir en el intento, y por ello decidieron que dos condenados a muerte fuesen a las alturas, suponiendo que si algún daño sufrían no sería lamentable su fallecimiento, ya que en una fecha próxima iban a ser ejecutados. Jean-Francois Pilatre de Rozier pidió al rey que no fuesen dos criminales condenados a muerte quienes tuviesen el honor de ser los primeros hombres en volar en un globo aerostático. Francois Laurent, Marqués de Arlandes intercedió ante Luis XVI para que Jean-Francois Pilatre de Rozier, y él mismo, fuesen los primeros en efectuar ese vuelo aéreo. El globo inventado por los hermanos Montgolfiuer (pioneros en Francia en la aplicación de la flotabilidad de un vehículo utilizando aire caliente) se elevó a una altura de cien metros sobre el nivel del suelo, pero cabe hacer la aclaración que estaba sujeto a tierra por cuerdas. Un mes más tarde tuvo verificativo el primer vuelo piloteado por seres humanos, en un globo de los hermanos Montgolfier. En el Bosque de Bologne, en la ciudad de Paris se elevó ese artefacto y se desplazó 9 kilómetros del lugar de la partida. La duración de ese vuelo fue de veinte minutos. Este artilugio fue llamado Montgolfiere o mongolfiera.

 

En la historia de los primeros vuelos en globo figura también el brasileño Alberto Santos Dumont (1873-1932), quien desarrolló una intensa actividad como aeronauta. Es célebre su vuelo del 23 de marzo de 1898, cuando se elevó desde el parque de Vaugirard, en Paris, y recorrió 100 kilómetros en un recorrido de dos horas.

 

En México uno de los pioneros en los vuelos en globos aerostáticos fue Joaquín de la Cantolla y Rico, nacido en la ciudad de México en 1837. Inspirado seguramente por los globos de los hermanos Montgolfier, y teniendo conocimiento del vuelo realizado por el guanajuatense Benito León Acosta, en la ciudad de Morelia, en el año 1844, se interesó en este tipo de ascensiones aerostáticas. Fue un solterón empedernido que trabajaba como telegrafista para solventar sus gastos personales y los de su creciente afición. Personalmente construía los globos en los cuales se elevaba por los aires. Su ascensión más recordada fue aquella que hizo en 1863 (cuando Maximiliano era Emperador en México), desde la Plaza de Toros del Paseo Nuevo, a donde llegó, vestido de charro, montando un brioso corcel. De un salto bajó del caballo y subió al globo, en el cual se elevó por los aires. Construyó tres grandes globos aerostáticos: Moctezuma I, Moctezuma II y Vulcano. Su último vuelo fue en 1914, cuando contaba con 77 años de edad, acompañado del piloto aviador Alberto Braniff. Las principales peripecias de este singular personaje fueron recogidas por Salvador Toscano, productor y director cinematográfico, quien hizo un documental, en 1899. Casi medio siglo después, en 1944, fue filmada una película comercial acerca de la vida y obra de Joaquín de la Cantolla y Rico.

 

Me parece en extremo interesante transcribir dos párrafos de Wikipedia acerca de los primeros vuelos en globo aerostático en América Latina. “ En México (el primero) fue José María Alfaro , quien consiguió elevarse en un globo aerostático de aire caliente y de cubierta impermeable en 1784 , y un año más tarde haría lo propio el militar Antonio María Fernández , en las proximidades de ciudad de Tlaxcala. La primera constancia del vuelo de un globo aerostático en Venezuela, fue cuando González Torres de Navarra era gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, en la época colonial.- El 20 de enero de 1785 se realizó una exhibición para festejar el cumpleaños del monarca. Las dimensiones del globo era de 12 varas de diámetro (aproximadamente 10 m), y en la composición del gas se utilizó aceite y papel. Parece ser que el primer aeronauta de Cuba fue el francés Eugenio Roberston , quien el 19 de marzo de 1828 se elevó en un globo aerostático desde la Plaza de Armas de La Habana , y Adolfo Theodore realizó tres ascensiones en 1830 . No obstante, el primer lugareño que consiguió un vuelo de estas características fue José Domingo Blineau , que realizó una primera ascensión el 3 de mayo de 1831 y una segunda en 1833. El primer vuelo en globo en Perú se realizó en la Plaza de Acho de Lima, el 24 de septiembre de 1840, a cargo de José María Flores . [.

A lo largo de todo el siglo XIX se utilizó también con fines bélicos. Durante la Guerra de la Triple Alianza , un globo aerostático cautivo del ejército brasileño permitió observar a la artillería paraguaya. Esta observación se realizó el 6 de julio de 1866 , en la que el ingeniero militar argentino, de origen polaco, Roberto A. Chodasiewicz se convirtió en el primer militar latinoamericano en elevarse en globo. Los argentinos Aarón de Anchorena y Jorge Newbery realizaron el 25 de diciembre de 1907 , con el legendario globo “Pampero” que el primero había traído desde Francia, el primer vuelo en cruzar el Río de la Plata . El 17 de octubre del año siguiente, el «Pampero» desaparecía en pleno vuelo, posiblemente adentrándose en el mar, sus tripulantes eran Eduardo Newbery, hermano de Jorge, y el sargento Romero. También fue Newbery quien en 1909 piloteó por primera vez el globo aerostático «Huracán», desde Belgrano al Brasil”.

Esta información de Wikipedia me parece motivo de cuidadoso análisis, ya que asienta que el mexicano José María Alfaro se elevó en un globo en 1784, cuando se tiene cabal conocimiento --como lo consigné líneas arriba--- que e l primer ser humano que dejó el suelo terráqueo y se elevó por los aires fue el físico francés Jean-Francois Pilatre de Rozier quien, en compañía del marqués de Arlandes, subió en un globo aerostático el 21 de noviembre de 1793, en los jardines del Palacio de Versalles, delante del rey Luis XVI.

 

En la ciudad de Tequisquiapan, en el estado de Querétaro, se llevó a cabo la Primera cata en México en globo aerostático. El Grupo Enológico Mexicano (que ha celebrado, hasta febrero de 2009 ciento setenta catas “ciegas” de vinos ---de las cuales doce han tenido lugar en la alta montaña de México, en parajes ubicados a una altitud de 4.000 metros sobre el nivel del mar---, en las cuales han sido degustados 1.313 vinos, de 18 países), contando con la invaluable colaboración de la bodega vitivinícola Freixenet de México, organizó una singular degustación de vinos a bordo de varios globos aerostáticos, manejados por el experimentado personal de la empresa Club Aerostático Nacional.

 

(Al comenzar con la organización de esta cata en globo aerostático ----la número ciento setenta y uno desde enero de 1995--- tenía conocimiento que en la Bodega Zuccardi, ubicada en el área de Maipú, en Mendoza, Argentina, llevan a cabo vuelos en globo para degustar, hedonísticamente, un vino espumante, cuando los visitantes se elevan a sesenta metros sobre los viñedos. En el estado de California, donde el llamado Enoturismo es en extremo importante, llevan a cabo catas gustativas en Temecula, en Napa y en Sonoma. Otro tanto ocurre en Toscana, Italia).

 

La población de Tequisquiapan fue fundada, según quedó consignado ese hecho en añosas crónicas, el 24 de julio de 1551. El cacique otomí Nicolás de San Luis Montañés ---quien previamente había sido cristianizado por los misioneros españoles--- comenzó a poblar ese nuevo asentamiento de indígenas y novohispanos, y le dio el nombre de Santa María de la Asunción y de las Aguas Calientes. Este nombre hacía alusión a los numerosos veneros de aguas termales que existen en esta pintoresca ciudad del estado de Querétaro.

Cinco años más tarde el nombre original cambió a Tequisquiapan, palabra formada por los vocablos en lengua náhuatl que significan lugar de agua y de tequesquite. Tequesquite proviene de la raíz tequixquitl (tetl = piedra, y quixquitl = brotante): “piedra que sale, brota, por sí sola”. Se trata de una sal natural, de origen mineral, utilizada como sazonador alimenticio.

 

Se ha señalado en repetidas ocasiones que esta urbe se encuentra en el centro exacto de México, geográficamente hablando. Inclusive un decreto expedido por Venustiano Carranza ratifica que es el “centro geográfico del país”. Sus coordenadas geográficas son 20°58' Latitud Norte y 99°26' Longitud Oeste. Está ubicada a una altitud de 1.880 metros sobre el nivel del mar. La distancia desde la ciudad de México es de 183 kilómetros. Pasando la caseta de peaje de Palmillas ---a pocos kilómetros adelante--- se llega a la ciudad de San Juan del Río, y 21 kilómetros adelante está ubicada la pintoresca ciudad de Tequisquiapan.

Acerca de estos aparatos en los cuales es posible elevarse por los aires, mencionaré que en el portal Wikipedia leí que “Un aerostato , montgolfier o globo aerostático de aire caliente es una aeronave no propulsada que se sirve del principio de los fluidos de Arquímedes para volar, entendiendo el aire como un fluido . Siempre están compuestos por una bolsa que encierra una masa de gas más ligero que el aire y de ahí que se conozcan popularmente como globos . En la parte inferior de esta bolsa puede ir una estructura sólida denominada barquilla o se le puede "atar" cualquier tipo de cuerpo, como por ejemplo un sensor. Como no tienen ningún tipo de propulsor, los aerostatos se "dejan llevar" por las corrientes de aire, aunque sí hay algunos tipos que pueden controlar su elevación”.

A las 06:30 horas estaban reunidos los miembros del Grupo Enológico Mexicano en el “globódromo” (un amplio espacio en el campo, a corta distancia de la ciudad de Tequisquiapan), donde el personal del Club Aerostático Nacional dio comienzo a la tarea de inflar los globos. Antes de comenzar la crónica de esta degustación analítica diré que el globo está fabricado con una tela de nylon que es muy resistente a las altas temperaturas (no hay que olvidar que una vez inflado ---introduciendo en su interior aire frío, a la través de la “boca” del globo --- se calentará con gas butano, al encender el quemador, para que se eleve por los aires), y ese material debe tener la característica de ser resistentes a la tensión, para evitar que se rasgue. El globo mide treinta y ocho metros, y está hecho con 1.800 metros de tela. La canastilla en la que se encuentran los paseantes es de ratán, un material a la vez fuerte y flexible. El momento idóneo para efectuar un vuelo en globo aerostático es en las primeras horas de la mañana, cuando el viento es mínimo. En la información proporcionada por el Club Aerostático Nacional se asienta que “utilizando el quemador para calentar el aire del interior se mantiene el nivel de vuelo deseado. Al quemar se asciende y al dejar de hacerlo se desciende. El viento a diferente altitud sopla en diferentes direcciones. Utilizando el quemador se buscan corrientes que soplen en la dirección que se desea seguir. El globo va a donde lo llevan las corrientes de aire. Durante un vuelo de una hora el globo se desplaza de doce a dieciocho kilómetros”.

 

En esta agradable aventura participaron los siguientes Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano (enlistados por orden alfabético de su apellido) quienes ascendieron en dos globos, tripulado cada uno por un experto capitán); Patricia Amtmann, Pedro Cuadriello, José del Valle, Rafael Fernández, Alejandro Guzmán Galán, Miguel Guzmán Peredo, Raymundo López Castro, Darío Negrelos, Lorenzo Rafael, Gustavo Riva Palacio y Philippe Seguin. Junto con ellos participaron en el vuelo y en la cata Jordi Fos --el enólogo y gerente general de Freixenet de México--, y Ricardo Espíndola, sommelier de esta bodega vitivinícola queretana. Las respectivas parejas de los miembros del Grupo Enológico Mexicano ---quienes no quisieron privarse de la experiencia de este vuelo en globo--- igualmente disfrutaron, a bordo de otros dos globos, de la contemplación de los hermosos paisajes desde el aire, así como de la degustación de los mismos tres vinos evaluados por los catadores. Cada uno de los cuatro globos aerostáticos lucía en el exterior bellos pendones ---hechos por Darío Negrelos--- con la leyenda Primera cata en México en Globo Aerostático , y los logos del Grupo Enológico Mexicano,. Freixenet de México, Turismo de Querétaro, y el propio del estado

 

En algún momento del ascenso (en el globo en el que yo volaba, conducido en forma magistral por Margarita Benítez, la única capitana en México autorizada para manejar globos aerostáticos), cuando nos habíamos elevado aproximadamente seiscientos metros, y la temperatura en el interior de la canastilla era de 15 grados centígrados, dio comienzo la degustación evaluativa de tres vinos de Freixenet de México. Por razones obvias no se podían hacer ---en ese estrecho espacio, que se mecía suavemente movido por el viento---anotaciones de las características visuales, olfativas y gustativas. Por ello los catadores tenían conocimiento que la evaluación sería cualitativa más que cuantitativa, guardando en la memoria los principales aspectos de cada vino, para intercambiar comentarios posteriormente. Inicialmente probamos el espumoso Doña Dolores Brut Nature Gran Reserva (elaborado de acuerdo al Método Tradicional ---Champenoise---, que es un coupage de Macabeu, Chenin Blanc, Pinot Noir y Saint Emilion). En seguida degustamos el blanco Sauvignon Blanc/Macabeu, cosecha 2007 y después el Viña Doña Dolores 4 Regiones, cosecha 2006 (un coupage de Cabernet Sauvignon, Malbec, Cabernet Franc, Petit Syrah, Merlot, Tempranillo y Pinot Noir, hecho con uvas de cuatro estados de México: Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y Zacatecas).

 

Considero pertinente mencionar que la degustación de estos vinos en el globo entraña variantes muy especiales, debido a la altitud (la presión atmosférica es menor), la hora a la cual se realiza la cata, la temperatura, el viento y el hecho de que cuando se acciona el quemador y se quema el gas para elevar el globo hay cambios en el mensaje odorífero que brindan los vinos. Los catadores comentaron, posteriormente, que fue sorprendente la apertura odorífera de los tres vinos, especialmente del vino blanco Sauvignon Blanc/Macabeu, que emitía una verdadera sinfonía de aromas frutales y florales muy variados. Los otros dos vinos, el espumoso y el 4 Regiones, igualmente manifestaron las excelencias aromáticas y gustativas que los caracterizan.

 

El hecho de elevarse por los aires en un polícromo globo aerostático, admirar las tonalidades luminosas que en el paisaje son producidas por los primeros rayos del sol, en el momento de ir amaneciendo, así como el hecho de degustar en las alturas magníficos vinos mexicanos, constituye una experiencia sumamente placentera, que debería ser hecha por quien gusta de saborear, en condiciones en extremo singulares, los vinos de su preferencia.

 

 

 


 

 

EL RON: EL ELIXIR DEL MAR CARIBE

 

Quince hombres van en el cofre del muerto,

Yo-ho-ho y una botella de ron.

La bebida y el diblo hicieron el resto,

yo-ho-ho y una botella de ron.

 

ROBERT LOUIS STEVENSON

(1850-1894)

La Isla del Tesoro

 

 

El ron tuvo por feliz cuna las islas del archipiélago caribeño, bañadas por aguas de color azul turquesa con tonalidades esmeraldinas. ¿Qué mejor lugar para crear una bebida que embrujase los sentidos que esos paradisíacos lugares, en cuyas playas de suave arena y palmeras a la orilla misma del mar se escuchaban los gorjeos de exóticas aves de multicolor plumaje?.

 

El Mar Caribe, llamado poéticamente “el archipiélago de los siete colores” por Félix Martí Ibáñez, es igualmente conocido con la designación de Archipiélago de las Antillas. Comprende las Antillas Mayores (Cuba, Haití, República Dominicana, Jamaica y Puerto Rico), las Antillas Menores y las Bahamas. Las Antillas Menores o Pequeñas Antillas está constituido por un grupo insular que forma una especie de arco ubicado al sudeste de las Grandes Antillas, que se extienden desde la zona oriental de Puerto Rico hasta la costa Este de Venezuela.

 

Félix Martí Ibáñez, admirado maestro, escribió un texto titulado “El ron: ámbar líquido”, en el cual dejó asentado que “el ron era la bebida predilecta de los filibusteros, de la real armada británica y de los conquistadores españoles, Tiene una vieja y romántica historia. este aromático licor, regalo del nuevo mundo al viejo continente y cuyo color puede ser blanco, dorado o ambarino. Se bebe solo, combinado mágicamente con las exóticas frutas del trópico, o en refrescantes daiquiríes, Con razón se le ha llamado el “rocío dorado” o el “ambar liquido” del Caribe. Y agrega: el origen de la palabra “ron ” es un misterio. Algunos lexicógrafos opinan que la palabra deriva del griego, por vía del latín saccharum, que significa “azúcar”. Otros piensan que proviene del arcaísmo ingles “rumbullion”, que significa “tumulto”, o de rumboose, un exquisito licor”

 

Este renombrado escritor hispano aseveró que los grupos étnicos de los siboneyes, aruacos ---también llamados taínos--- y los caribes se alimentaban con carne humana, y del vocablo caribe derivó la palabra caníbal.

 

Carlos Delgado, autor de la obra. Libro de los aguardientes y licores , se ocupa de este destilado en el capítulo que lleva por título “Caribe: el archipiélago del ron”, donde asienta que un viajero, Richard Ligon, escribió lo siguiente: “La principal bebida embriagadora que fabrican en esta isla (Barbados, la que se encuentra en la parte más oriental del Mar de las Antillas)) es el “rumbuillon”, también llamado “killdevil” (“matadiablos”): es a base de caña de azúcar destilada, y constituye un alcohol infernalmente fuerte”. Esta es la primera noticia escrita (1659) acerca de este aguardiente.”

La asociación de la British Navy con el ron (leo en el libro The ultimate enciclopedia of wine, beer and spirits ), escrito por Stuart Walton y Brian Glover) data del siglo XVIII. La tradición se extiende a través del periodo más glorioso de la historia marítima británica, básicamente porque el ron soportaba mejor las altas temperaturas que la cerveza. la ración diaria de media pinta era usualmente mezclada con agua y jugo de limón, para evitar el escorbuto. No fue sino no fue sino hasta 1970 que se decidió que el hecho de beber ocho raciones de ron por día podía no ser la mejor garantía de un buen desempeño militar”.

En el libro Liqueurs , de Peter Hallgarten, aparecen los nombres que los franceses daban (hasta el año 1921) a los tres tipos de ron: Eaux de Vie de Canne, Rhum y Tafia (palabra de la lengua créole)

La palabra elíxir viene del árabe al ikseer que tiene el significado de preparación farmacéutica, y por extensión hace referencia a una sustancia de señaladas cualidades curativas.

El Diccionario de la Lengua Española (edición Espasa-Calpe, 2005) define elixir de la siguiente manera: “licor compuesto de diferentes sustancias curativas disueltas, por lo regular, en alcohol”. Y además señala otro significado: “medicamento o remedio maravilloso”. En el portal Wikipedia leo que “ el elixir de la vida o elíxir de la inmortalidad es una legendaria poción o bebida que garantizaba la vida eterna. Fue una de las metas perseguidas por muchos alquimistas , como remedio que curara todas las enfermedades ( panacea ) y prolongara la vida eternamente. Algunos de ellos, como Paracelso , lograron grandes avances en el campo farmacéutico. Se relaciona con la piedra filosofal , mística piedra que transformaría los metales en oro y supuestamente crearía el elixir . Obviamente, ningún alquimista jamás consiguió tal elíxir, pero si consiguieron muchas muertes. Una de las leyendas urbanas relacionadas y más destacadas es la de la muerte del científico Isaac Newton , que al parecer intento crear una y bebió su pócima que en vez de darle vida eterna, le proporcionó un encuentro letal”

En junio de 2005 el Grupo Enológico Mexicano organizó la Primera cata de rones en México , y en esa ocasión fueron degustados analíticamente, frente a una nutrida concurrencia, cinco diferentes tipos y marcas de ron. En esa ocasión escribí un extenso texto del cual ahora transcribo tres párrafos.

La caña de azúcar (la materia prima para elaborar ese aguardiente) es una gramínea tropical originaria de Nueva Guinea. Su nombre científico es Saccharum officinarum, y el tallo de la caña es rico en sacarosa, y también en glucosa y fructuosa. De la isla de Nueva Guinea fue propagado su cultivo a Asia, y posteriormente a Europa, siendo sembrada ampliamente en las islas Canarias y en las islas Azores. Cristóbal Colón, en su segundo viaje a América, en 1493, llevó cañas de azúcar de las islas Azores a la Española (la isla caribeña que actualmente comparten la República Dominicana y Haití), para difundir, posteriormente, esa siembra en diversos lugares del Mar de las Antillas. Este colosal grupo insular ha sido denominado, atinadamente, “El Archipiélago del Ron”, ya que el cultivo de la caña de azúcar propició la producción de cuantiosos volúmenes de ron en infinidad de islas. La primera noticia acerca de este destilado es de la isla de Barbados, en el año 1650, y en un relato esa bebida es llamada “Matadiablos”, y también Rumbullion . A partir de 1667 se la dio el nombre de Ron o Rum.

 

El Ron es elaborado de la siguiente manera: la caña de azúcar es triturada en el trapiche, que es un molino que permite el prensado de diversos frutos. El líquido resultante es calentado hasta una temperatura próxima al punto de ebullición. Más tarde es enfriado, y luego son retirados los sedimentos. Nuevamente el jugo es sometido al calor, y dwe nueva cuenta es vuelto a enfriar. Resultado de estas operaciones es un jarabe espeso, de color oscuro, casi libre de impurezas. En seguida se procede a centrifugarlo, hasta separar los cristales de azúcar, empleados en la fabricación de edulcorantes.

 

Los residuos, después de retirar los azúcares cristalizados, son llamados melazas. Con ellos, una vez fermentado el jugo y sometido a proceso de destilación, se elabora otra clase de ron, de menor calidad y finura. Las cañas que fueron prensadas y trituradas reciben el nombre de bagazos , y son utilizadas como combustible, después de haber sido secadas, para calentar los alambiques. El jugo es fermentado, y posteriormente destilado, en alambiques de olla o de columna, y de este proceso es obtenido un destilado --aguardiente--, el cual puede ser añejado en barricas de roble durante algunos años, o bien ser comercializado sin envejecimiento, como “ron blanco”.

 

Actualmente la producción de Ron es muy cuantiosa, a nivel mundial, ya que es elaborado en casi todas las islas del Mar Caribe: Cuba, Puerto Rico, Jamaica, República Dominicana, Haití, Barbados, Guyana, Martinica, Trinidad e Islas Vírgenes (tanto las británicas como las estadounidenses) entre otras ínsulas. También es producido en Brasil, Colombia, Nicaragua, Venezuela, Estados Unidos de América, Canadá, México, Australia, Filipinas y Tailandia.

 

Entre los rones de mayor fama en el mundo figuran los siguientes:

 

Flor de Caña, de Nicaragua

Viejo de Caldas, de Colombia

Negrita, de Francia

Zacapa, de Guatemala

Captain Morgan, de Puerto Rico

Havana Club, de Cuba

Mocambo, de México

Bacardi, de México

Santa Teresa, de Venezuela

Macuro, de Venezuela

Matusalem, de República Dominicana

Barbancourt, de Haití

Clement, de Martinica

 

En un artículo publicado el 4 de mayo de 2003 (en la página www.elmundovino.com ), que lleva por título “Un boom en Estados Unidos: ¿Cognac?. Mejor ron añejo”, Luis A. Torres consigna que “los rones añejos están imponiendo en Estados Unidos nuevas tendencias entre los consumidores, que no lo ven ya como una bebida sólo para mezclar, sino para tomarla a solas como un buen coñac. El 'boom' de los rones de calidad se produce con la llegada al mercado estadounidense de productos añejados con mas de 12 años, especialmente de países centroamericanos como Guatemala y Nicaragua. De repente, se está considerando al ron añejo en la misma categoría que los whiskies y coñacs, incluso superando a estos como acompañante de un buen puro tras una comida”.

En el portal Wikipedia leo que “El nombre Caribe se deriva de los caribes , nombre utilizado para describir la etnia amerindia predominante en la región en la época del primer contacto con los europeos a finales del siglo XV. El navegante italiano Américo Vespucci afirmaba que el término Charaibi entre los indígenas significaba "hombres sabios", y es posible que este fuese utilizado para describir a los europeos a su llegada a América. Después del descubrimiento de las Indias Occidentales por Cristóbal Colón, el término español de Antillas fue común para este lugar; derivado de él, el "mar de las Antillas" ha sido un nombre común para el mar Caribe en varios idiomas europeos. Durante las décadas siguientes al descubrimiento, el dominio español en este mar fue indiscutible y, por ende, la denominación de Antillas se mantuvo durante muchos años”.

Los vocablos pirata, bucanero, corsario y filibustero suelen ser confundidos muy frecuentemente. El Diccionario de la Lengua Española (Madrid, Espasa-Calpe, 2005) asienta que pirata es el navegante que se dedicaba a asaltar a otros barcos o a hacer incursiones en la costa. Del vocablo bucanero consigna que es el pirata mercenario de los siglos XVIII y XVIII que saqueaban las posesiones españolas, y menciona loa variante de embarcación y navegante autorizados por su país para perseguir y saquear los barcos mercantes de un país enemigo. El mismo diccionario, al ocuparse del término filibustero, anota que es el nombre de ciertos piratas que en el siglo XVII actuaban en el Mar de las Antillas

Germán Arciniégas, escritor colombiano autor de esa extraordinaria narración histórica titulada Biografía del Caribe dice: “Los bucaneros, cuando están en la isla, en patrullas de “boy-scouts”, se van a los montes a cazar puercos. Secan al sol la carne, ahumándola en barbacoas ---a la bucana, dicen---. Es una carne que conserva todo su gusto, y que puede guardase por meses”. De los filibusteros señala que son los que viven en el mar. “En inglés a los corsarios se les llama free-bootes. Esta palabra, mezclada con un poco de ron de las Antillas, llegó a trastocarse con el tiempo en filibusteros”. De los bucaneros refiere que hablan como en ingles, como en francés, como en holandés, como en español, anticipo del papiamento. “vamos, dicen, a bucanear”. y bucaneando se pasan los días, las semanas, durmiendo en la playa, en un alegre salvajismo. Bucana es, por lo tanto, un asador para carne”..

Vuelvo a la página Wikipedia para este asunto, y allí se menciona que “Un bucanero (en las lenguas caribes bucán es una rejilla o trama de madera utilizada para ahumar la carne por los habitantes precolombinos de las Antillas) era originalmente un habitante de la parte occidental de la isla La Española, actual Haití y República Dominicana, que se dedicaba a cazar vacas y cerdos salvajes para bucanear, es decir, ahumar la carne y venderla a los navíos que navegaban por las aguas del Mar Caribe”. A lo largo de los siglos XVII y XVIII el término, alternado con el de filibustero pasó a ser sinónimo de pirata. Sin embargo, mientras los piratas solían limitar sus actividades al mar, los bucaneros no desdeñaban las actividades en tierra firme ni dedicarse al pillaje”.

Abundando en lo referente a la palabra bucana recordaré que Amina Jimeno Jaén, en su obra El sabor de las palabras , escribió que “Los indígenas de Jamaica empleaban la pimienta (Piper negrum) para conservan la carne, y la llamaban boucan. A los aventureros europeos, sobre todo franceses e ingleses, que aprendieron este medio de conservación les llamaron boucanniers, nombre que castellanizado se convirtió en bucanero, sinónimo de pirata”.

Durante la vigésimo cuarta cena de la serie Gastrónomos y Epicúreos (una de las varias presentaciones que realiza periódicamente el Grupo Enológico Mexicano), celebrada en fecha reciente en un salón del restaurante “Bistro 235”, Carlos Ruiz González ---Miembro de Número de esa agrupación de enófilos--- disertó acerca del ron. Su charla, ilustrada con numerosas ilustraciones, fue en extremo amena, salpicada con anécdotas y curiosos sucedidos en torno a esa bebida que en el Mar Caribe tuvo su cuna. Si bien no requirió leer su intervención, sí preparó un texto que ahora entrecomillo por ser de su autoría, a partir de este momento.

“El ron es una bebida alcohólica (se trata de un aguardiente) que se obtiene a partir de la caña de azúcar; destilando sea del jugo de caña fermentado (el llamado guarapo) o sea de las melazas fermentadas (mieles incristalizables, en inglés molasses ) que son las mieles que quedan después de haber obtenido azúcar del jugo de caña. Este aguardiente puede alcanzar un contenido alcohólico de 80 o grados, aunque después se rebaja con agua destilada. Los franceses lo clasifican en dos variedades; ron agrícola (cuando se obtiene de jugo de caña azúcar), y ron industrial (cuando se obtiene de melazas o mieles incristalizables).

 

La caña de azúcar, (nombre científico: Saccharum officinarum, es decir azúcar de farmacia ) , es una especie de la familia de las gramíneas oriunda de Asia Suroriental (muy probablemente de Nueva Guinea), donde se cultiva desde hace más de 6,000 años. Luego de sembrarse, las plantas maduran en 12 meses y se cosechan buscando que el contenido de azúcar esté a su máximo. Previo a cosechar se incendia el campo para facilitar el corte, y ahuyentar a las serpientes. Alejandro Magno comentó en alguna crónica que “se obtiene azúcar no de abejas, sino de árboles”, y sobre el origen de la palabra azúcar sucur/hindú) (Del ár. hisp. assúkkar , este del ár. clás. sukkar ).

 

La etimología refleja su historia: En ingles: "sugar" se origina del árabe y persa shakar , del (en) Sánscrito Sharkara , Portugués açucar, Español azúcar, Italiano zucchero, Francés sucre, Griego: zahari

 

Definición: Cuerpo sólido cristalizado, perteneciente al grupo químico de los hidratos de carbono, de color blanco en estado puro, soluble en el agua y en el alcohol y de sabor muy dulce. Se obtiene de la caña dulce, de la remolacha y de otros vegetales. Según su estado de pureza o refinación, se distinguen diversas clases.

 

La caña de azúcar fue llevada por los árabes a España, cultivada en las costas mediterráneas, su cultivo servía para fabricar azúcar, pues el azúcar en climas cálidos actúa como conservador. Cristóbal Colón llevo “zocas” (raíces de caña de azúcar) en su segundo viaje a América, (el suegro de Colón tenía cultivos de caña de azúcar en la isla de Madera) en Cuba se dieron muy bien, y el cultivo de la caña sería una de las principales actividades económicas de la isla, tarea desarrollada primero con indígenas locales (guajiros), después con esclavos traídos de África, posteriormente con maquinaria de vapor y ferrocarriles.

 

(Ya en el año 1539, en una Real Orden de Carlos I de España se relacionaban varios productos de la industria cañera: azúcar blanco, cuajado y purificado, azúcar refinado, espumas, reespumas, caras, cogollos clarificados, mieles y remieles)

 

El ron pudo haber sido inventado en el nuevo continente: en Cuba (aguardiente), en Brasil ( cachaça ) o quizá en alguna isla del Caribe que fuera posesión francesa ( tafia ), o a lo mejor por alquimistas en Europa (siglo XV), que buscaban el elixir de la vida, o quizá incluso antes de 1,400 por un alquimista anónimo en las costas de la India. En todo caso los ingleses afirman que se inventó en la isla de Barbados, colonia inglesa. Se menciona por primera vez en documentos de Barbados (1650) se le llamaba kill-devil (matadiablo) o rumbullion (palabra inglesa que significa gran tumulto), en 1667 se le llamaba simplemente Rum , que en español se volvió Ron y en francés Rhum , la primera vez que apareció la palabra Rum fue en un documento oficial del Gobernador de Jamaica fechado el 8 de julio de 1661. La destilería más antigua (aun en uso) es la Mount Gay Distillery de Barbados que funciona desde 1703.

 

La Cachaça (Cachaza), es un aguardiente, también producto del jugo de caña, que se produce en Brasil , aunque se fermenta más tiempo y se le agrega azúcar al final.

 

Desde el siglo XVII era exportado a Europa y también a las colonias inglesas en América (hoy Estados Unidos), la demanda era tan alta que había destilerías en Nueva York y Nueva Inglaterra en el siglo XVII, (había 150 destilerías en 1763). Las mieles incristalizables eran baratas (subproducto de la producción de azúcar): un galón de miel incristalizable daba un galón de ron, que tenía un precio muy superior. Además los colonos sabían de mecánica y de destilación (especialmente los irlandeses y escoceses). Los marineros británicos recibían diariamente una ración de ron (desde el siglo 17 hasta 1970. En 1655 los ingleses capturaron Jamaica, y cambiaron Ron por Brandy. La ración se daba una vez al día, normalmente sin mezclar o con jugo de lima. En 1740, para minimizar el efecto del ron se daba dos veces al día, mezclado con agua (ahí nació el término de grog).La práctica se abolió el 31 de julio de 1970, lo que motivó que en Hawai hubiese una ceremonia luctuosa, Nelson falleció durante la batalla de Trafalgar, y circula la versión de que su cuerpo fue colocado en un barril de ron. Al llegar a Londres el barril estaba vacío, ya que se habían bebido el ron al que llamaron “Sangre de Nelson”.

 

El contenido de alcohol no se podía conocer (no había como medirlo) hasta 1826, en que se descubrió el hidrómetro de Sikes, que mide el contenido de alcohol en el ron. Antes se ponía pólvora encima del ron y con una lupa se concentraban los rayos del sol. Si se encendía la pólvora y el ron no, se consideraba que el contenido alcohólico era el adecuado Si se prendían la pólvora y el ron, tenía demasiado alcoholSi no prendían ni el ron ni la pólvora, los dos eran de ínfima calidad.

 

La popularidad del ron empezó a preocupar a las destilerías francesas, que buscaron proteger la fabricación del alcohol en Francia, a costa de las colonias, un edicto real de 1713 prohibió la venta de melazas y sus derivados en Francia, esta prohibición hizo que floreciera el mercado negro.

 

No hay una división u ordenación única, pues a diferencia de otras bebidas alcohólicas, el ron se produce en muy diversos países y cada uno tiene su propia reglamentación (comparar con vodka, coñac, whisky), así nos encontramos con términos como: Añejo, Solera, Reserva, XO, Silver Dry , o por edades (3, 5, 7, 10 y hasta 15, 20 y 33 años).

 

A continuación clasificaré el ron de acuerdo a su proceso de elaboración, y de acuerdo a su presentación final. Los franceses lo clasifican en dos variedades; ron agrícola (cuando se obtiene de jugo de caña de azúcar), y ron industrial (cuando se obtiene de melazas o mieles incristalizables) (comentario de Grau). De acuerdo a su presentación final, quedan agrupados en tres grandes categorías:

 

•  Ron blanco, claro y ligero, normalmente hecho para mezclar, (un año, o poco más en barrica) se le acredita a Don Facundo Bacardí, el fundador de la casa Bacardí, en Santiago de Cuba, en 1827, el haber descubierto el proceso de filtrado del ron con carbón activado, lo que permitió tener un ron blanco con un sabor estándar, mezclable, ya que el filtrado retira las impurezas aceitosas y pesadas, dejándolo ligero. El filtro sigue siendo un secreto familiar bien guardado, pero se supone que está hecho de carbón y arena. Se cuenta que en 1892 Alfonso XII (quien habría de ser rey de España más tarde) tenía 6 años, y presentó un cuadro de fiebre. Sin consultarlo sus asistentes le dieron una copa de Bacardí, lo que hizo que durmiera plácidamente. Cuando despertó la fiebre había desaparecido y se hallaba en perfecto estado de salud.. Poco después el secretario real escribió a Facundo Bacardí agradeciéndole “la elaboración de un producto que salvó la vida de su majestad”.

•  Ron añejo, que tiene desde una tonalidad oro pálido, hasta una más oscura, (de uno a más de tres años en barrica) puede tomarse mezclado o no, normalmente tiene más años de añejamiento en barricas

•  Rones especiados ( spiced rums ) oscuros y potentes, (más de tres años en barrica) son muy comunes en Inglaterra y Estados Unidos, y normalmente se toman mezclados.El origen de estos rones se remonta a la época colonial de Estados Unidos. Los ingleses producían ron en sus dominios en el caribe (Barbados, Jamaica), y como la calidad era variable y los sabores también, se acostumbraron a añadirle especias para disimular el fuerte sabor. La costumbre permanece hasta nuestros días.

 

Antes de su destilación, el guarapo o la melaza deben convertirse en un líquido alcohólico (un “mosto”, o “vino” de caña) mediante un proceso de fermentación, que convierte el azúcar en dióxido de carbono y alcohol (alcohol etílico en este caso).

 

Para hacerlo se prepara una solución al 15% de azúcar, diluyendo la melaza con agua (la calidad del agua es muy importante), cuando se trata de jugo de caña, se puede fermentar sin agregar agua, si el contenido de azúcar es el adecuado. Importa también la calidad de las levaduras, normalmente se utilizan con cepas mejoradas”. Hasta aquí el relato de Carlos Ruiz González acerca del ron.

 

A continuación hizo uso de la palabra Carlos de la C ruz Albaladejo, director general de la bodega vitivinícola mexicana Chateau Camou, ubicada en el Valle de Guadalupe, en Baja California, mencionando los principales aspectos de una empresa comprometida en la elaboración de productos de alta calidad enológica. En seguida, Areli Curiel, del Departamento de Mercadotecnia de Bodegas La Negrita --la comercializadora en México de dichos vinos-- describió el proceso de elaboración de los vinos Chardonnay Flor de Guadalupe, cosecha 2004, y Cabernet Zinfandel, cosecha 2005, que fueron descritos, desde el punto de vista organoléptico por los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano allí presentes. Se trató de dos magníficos vinos que recibieron encomiables comentarios de parte de todos los comensales allí reunidos.

 

La cena, preparada por Mauricio Romero Gatica (chef propietario de Bistro 235”) y por Héctor Dongu, chef de cocina, consistió en Calle de Hacha al pesto y azafrán con jitomate confitado, cuya armonización fue excelente con el vino Chardonnay Flor de Guadalupe, un vino de sugestivos aromas cítricos y florales. El guiso principal fue Solomillo de res en salsa sevillana, que maridó muy bien con el vino Cabernet Zinfandel, un vino de gran cuerpo, untuosidad y delicioso bouquet, El postre fue Flan que queso azul al ron. En este momento Raymundo López Castro, Miembro de Número del Grupo Enológico Mexicano (y Director General de Vino y Tabaco), hizo servir a cada comensal una copa del ron Mocambo 20 Años, elaborado en la ciudad de Córdoba, Veracruz, por la empresa Licores Veracruz, de José Villanueva, de la cual hizo una breve referencia. Se trata de un destilado de gran clase, exquisitos aromas y sabor muy delicioso.

A manera de colofón citaré una frase del escritor Néstor Luján, que aparece en su hermoso libro Los placeres de la sobremesa . “Los dos emblemas de la piratería del Caribe son la bandera negra con las tibias y la calavera, y un esqueleto que esgrime en su mano derecha un puñal y en la izquierda un vaso de ron”

 

 


 

 

LA GASTRONOMIA EN EL ALCAZAR DE CHAPULTEPEC

 

Después de una azarosa peregrinación llegaron, en 1325, al Valle de Anáhuac los tenochcas --los aztecas que habrían de fundar la ciudad de México-Tenochtitlan---, quienes habían sido guiados por su deidad tutelar Huitzilopochtli (“colibrí izquierdo” o “colibrí del sur”) desde las áridas tierras septentrionales hasta nuevas y promisorias regiones, donde habrían de encontrar la señal de que allí era el sitio escogido por sus divinidades, para que fuese su lugar de residencia y desde donde habrían de enseñorearse por doquier.

 

En aquel feraz valle lacustre los mexicas contemplaron un promontorio natural y lo llamaron Chapultépetl. Esta palabra proviene de las raíces, en lengua náhuatl, chapul o chapulli, que significa grillo, y tépetl, que es equivalente a cerro. Es probable que en ese paraje hubiese una gran cantidad de esos insectos (también llamados saltamontes y langostas), y por esa razón le dieran ese nombre a una colina que se levantaba en medio de un tupido bosque.

 

En la obra Enciclopedia de México se menciona que “chapulín (langosta en náhuatl) es la denominación genérica para todos los insectos acrídicos llamados saltamontes”. Al hacer mención de la palabra Chapultepec consigna que “los aztecas llegaron en el año 9-Pedernal (1280 de nuestra era) y fundaron México-Tenochtitlan en 1325. Chapultepec se convirtió para los aztecas en lugar sagrado”.

 

Hermilo de la Cueva, en su libro Chapultepec , consigna que los aztecas, guiados por su caudillo Tenoch ---el supremo sacerdote de esa tribu--- llegaron en 1216 y contemplaron un bosque y un cerro al que dieron el nombre de Chapultépetl.

 

Por otro lado, en el libro La fundación de la ciudad de México , del ameritado historiador Luis Castillo Ledón, leo que “los aztecas estuvieron en Chapultepec, al que dieron nombre, entre los años 1245 y 1280. Ya los toltecas lo habían descubierto en 1122. El nombre de Chapultepec proviene de las raíces chapolin, que significa en náhuatl chapulín o grillo, y tépetl, cerro. La razón de esta denominación es obvia, porque el cerro tiene forma de chapulín”.

 

Acerca del hecho de que, a juicio de ese autor, el cerro tenga la forma de un chapulín, recuerdo que muchos otros cerros ---a lo largo y ancho de México--- tienen un nombre que, de alguna manera hace alusión a una planta o a un animal, lo que, a mi parecer, me inclina a suponer que, en el pasado, en esos sitios hubiese abundancia de las especies botánicas y zoológicas cuyo nombre va implícito en su denominación. A manera de ejemplo enlistare los siguientes: Ahuacatepec (cerro de los aguacates), Chiltepec (cerro de los chiles), Jilotepec (cerro de los jilotes: mazorca de maíz tierna), Juchitepec (cerro de las flores), Coatepec (cerro de las víboras), Totoltepec (cerro de los guajolotes), Cacalotepec (cerro de los cuervos), Huilotepec (cerro de las huilotas, una especie de paloma).

 

Abundando en estas citas diré que en la Guía de la ciudad de México encontré la siguiente información: “El célebre rey poeta Nezahualcóyotl vino a residir a Chapultepec, donde construyó un palacio al pie del cerro, así como las obras de los manantiales y acueductos. La casa de Nezahualcóyotl, junto al cerro, continuó siendo residencia de los tlatoanis, y el sitio fue siempre un lugar sagrado...Hubo en la cima del cerro un teocalli, y sirvió también como sitio de observación astronómica, materia en la que los indios lograron grandes progresos”.

 

Pasados los años, el tlatoani mexica Moctezuma Ilhuicamina (“iracundo”) ---el primer gobernante del imperio azteca en llevar el nombre de Moctezuma--- ordenó, en 1440, la construcción de un acueducto para aprovechar las cristalinas aguas de los manantiales de Chapultepec, y llevar ese cauce hídrico hasta la parte céntrica de Tenochtitlan. En la cumbre de esa colina los aztecas edificaron un recinto ceremonial para honrar a sus númenes tutelares.

 

A la caída de Tenochtitlan, en 1521, en manos de los conquistadores españoles, encabezados por Hernán Cortés, dio comienzo el periodo virreinal en el país llamado la Nueva España. El cuadragésimo octavo virrey Matías de Gálvez ordenó, en 1784, la edificación de una fortaleza, a la cual se le comenzó a llamar el Castillo de Chapultepec. Su hijo y sucesor Bernardo de Gálvez concluyó esa obra, en estilo barroco, en el año 1786, que debía servir como casa de verano para el virrey. Entre 1789 y 1794 fungió como virrey Juan Vicente de Güemes, Conde de Revillagigedo, y decidió que ese edificio fuese destinado a albergar el Archivo General del Reino de la Nueva España, pero la idea no prosperó. En el año 1806 el Castillo de Chapultepec fue adquirido por el gobierno municipal de la ciudad de México, pero permaneció abandonado de 1810 a 1821. Dos décadas más tarde se instaló allí la Academia Militar, siendo severamente bombardeado por el ejército invasor en septiembre de 1847, en ocasión de la intervención estadounidense en México. El Castillo quedó semidestruido, saqueado y abandonado hasta el año 1859, cuando Miguel Miramón, presidente de México (quien había sido cadete durante el bombardeo de Chapultepec, en 1847), ordeno su reconstrucción y la reinstalación del Colegio Militar.

 

A esta edificación se le suele llamar el Alcázar de Chapultepec, denominación que proviene del nombre de los castillos de los reyes moros de Sevilla. La palabra deriva del árabe

qasr , con adición del artículo a l, que significa palacio, e igualmente castillo. En el portal Wikipedia aparece que “un alcázar es un tipo de edificación en España similar a un castillo o palacio”. Agregaré que son famosos en España los siguientes llamados genéricamente Alcázar: el de Toledo, el de Segovia, el de Córdoba y el de Madrid.

 

Debido a los múltiples conflictos políticos, bélicos, económicos y sociales que se registraban en México entre los años 1821 y 1860, no faltaron aquellos que pensaron que los mexicanos eran incapaces de gobernarse por sí mismos, y para ello comenzaron las gestiones de un grupúsculo de descastados, quienes en 1859 fueron a Europa a entrevistarse con Maximiliano (en el Castillo de Miramar), para ofrecerle que viniese a ceñirse la corona del Imperio de México. Ya había quedado atrás la triste experiencia del Primer Imperio Mexicano, cuando Agustín de Iturbide (quien combatió al ejército insurgente de Miguel Hidalgo, en la batalla de Las Cruces; y quien también, junto con Vicente Guerrero, culminó el movimiento de consumación de la independencia nacional) se hizo elegir Emperador de México en 1821, Coronado el 20 de julio de 1822 , Agustín I se vio obligado a abdicar el 19 de marzo del año siguiente. Fue exiliado a Europa, pero retornó a México alentado por sus partidarios. Desembarcó el 14 de julio de 1824 en Soto la Marina, en el estado de Tamaulipas, pero fue reconocido y, como pesaba sobre su cabeza la pena de muerte si volvía a México, se le sometió a un juicio sumario y fue fusilado el 19 de ese mismo mes, en la población de Padilla, en la misma entidad..

 

El Segundo Imperio Mexicano fue el de Ferdinand Maximilian Joseph von Habsburg-Lothringen, nacido el 6 de julio de 1832 en Viena, segundo hijo del archiduque Francisco Carlos del Imperio Austro-Húngaro, y de la archiduquesa Sofía de Baviera, si bien se piensa que su padre fue, en realidad, Napoleón II, el hijo de Napoleón Bonaparte (a quien El Gran Corso llamaba “El Aguilucho”). Maximiliano contrajo nupcias, el 27 de julio de 1857, con la hija del rey de Bélgica, Leopoldo I, quien nacida el 7 de junio de 1840

fue bautizada con los siguientes nombres: Marie Charlotte Amelie Augustine Victoire Clementine Leopoldine.

 

Ya desde 1860 tanto Napoleón III, de Francia, como Francisco José, Emperador de Austria (y hermano mayor de quien habría de figurar como “Emperador de México”), y Leopoldo I, de Bélgica, buscaban que el archiduque Maximiliano aceptara la corona del “Imperio de México”, pues significaría para aquellos una forma de intervención política, militar y económica en un país tan ubérrimo como México. Vino entonces la segunda intervención bélica de Francia en México (la primera tuvo lugar en 1847), y el 5 de mayo de 1862 el general Ignacio Zaragoza derrotó, en Puebla, al llamado “primer ejército del mundo”, comandado por Charles Ferdinand Latrille conde de Lorencez, formado por nutridos contingentes de zuavos.y de húsares. (Zuavo era el nombre de ciertos regimientos ---originarios de Argelia--- de infantería del ejército francés a partir de 1830. Los húsares, palabra húngara que significa “bandido del gran camino”, tuvieron su origen en Hungría, en 1485, y eran regimientos de caballería ligera)

 

Continuaron desencadenándose los acontecimientos y las intrigas palaciegas, y tras de verse obligado a renunciar a sus títulos de Archiduque de Austria y Príncipe de Hungría y Bohemia, condición sine qua non para que viajase a México como cabeza del imperio, Maximiliano y Carlota dejaron su hermoso castillo de Miramar, en la costa italiana de Trieste, bañada por el mar Adriático, y salieron en la fragata austriaca “Novara” hacia México, el 14 de abril de 1864, país que, de acuerdo a lo que aseguran los historiadores, contaba entonces con ocho millones de habitantes. Los indígenas sumaban cinco millones, Había dos millones de negros y mestizos, y un millón de blancos. .

 

Desembarcaron en Veracruz el 28 de mayo de 1864 y llegaron a la ciudad de México dos semanas más tarde. La entrada triunfal a la capital del nuevo imperio fue el 12 de junio. Maximiliano y Carlota eligieron vivir en el Castillo de Chapultepec, al que ---una vez remozado de acuerdo a sus deseos--- darían el nombre de Palacio Imperial de Chapultepec y Miravalle, en recuerdo de su añorado Castillo de Miramar. Para ello ordenó Maximiliano que su rehabilitación fuese en un estilo neoclásico y estuviese a la obra cargo de arquitectos mexicanos y europeos. Una de sus primeras indicaciones fue que se construyese una amplia avenida que permitiese el recorrido entre Chapultepec y el Palacio Nacional, en la plaza principal de México, la cual que llevaría el nombre de Paseo de la Emperatriz. Años más tarde esa hermosa vía recibió el nombre de actualmente lleva: Paseo de la Reforma.

 

Ese año de 1864 Maximiliano cambió de sede el Colegio Militar, y dispuso que las habitaciones de los monarcas fuesen instaladas en el extremo oriental del Alcázar de Chapultepec. Luego encargó a Europa jarrones de alabastro, mármoles y bronces, candiles de Murano, tibores de China, gobelinos de Flandes y alfombras persas. A más de lo anterior, deseoso de que el Castillo de Chapultepec fuese una lujosa residencia imperial, hizo traer las más finas vajillas, cristalería de Checoslovaquia y cubertería de Christofle, para que las recepciones ofrecidas por sus Majestades fuesen dignas del boato más exquisito.

 

Es del todo interesante conocer la opinión de Suzanne Desternes y Henriette Chandel, autoras del documentado libro Maximiliano y Carlota , acerca de la cotidiana manducatoria de los monarcas: “”La pareja imperial lleva una vida simple. El emperador, levantado a las cuatro de la mañana, se pone ante su escritorio. A las nueve, frugal desayuno. Luego reanuda su labor, lecturas, audiencias, consejo de ministros. La comida a las tres de la tarde, se sirve con sencillez burguesa. El emperador y la emperatriz se sientan uno al lado del otro. En general, tres o cuatro invitados que se sientan a su vera, a menos que los soberanos los llamen cerca de ellos. Tres criados para el servicio; a veces dos solamente. En suma, una existencia sin aparato. Maximiliano siempre viste de gris, de pies a cabeza. Carlota usa vestidos que suben, lisos, oscuros, alegrados únicamente por el cuello y los puños de encaje blanco. Todo el lujo imperial está concentrado en Chapultepec, la residencia de los soberanos fuera de la capital. Maximiliano no ha podido resistirse a su demonio: quiere hacer de Chapultepec un Miramar mexicano”

 

Luego estas autoras comentan que “Los soberanos hacen traer de Europa muebles antiguos y modernos, con frecuencia escogidos por la emperatriz Eugenia, la consorte de Napoleón III, el monarca de Francia. Pianos de ébano con incrustaciones de oro, gabinetes de Boulle. La recámara de gala es magnífica: lecho y velador en madera negra taraceada de rojo, asientos cubiertos de sedería azul, que hacen resaltar los dorados de las paredes y de los techos. Se cuelgan tapicerías en las grandes salas castellanas. Se instalan salas de baño en mármol. Dondequiera las arañas de cristal arrojan un resplandor maravilloso. Maximiliano se complace en crear este lujo en armonía con el marco grandioso. Un lujo que, ¡ay!, exige mucho dinero”.

 

Los frecuentes banquetes servidos en el Alcázar de Chapultepec muy pronto hicieron indispensable (como asienta Adela Fernández en su obra La tradicional cocina mexicana ) la presencia de un Inspector de Cocina, cargo que recayó en un cocinero húngaro de apellido Tudor. Bajo sus órdenes estaban seis cocineros, cuatro confiteros, un panadero y más de una docena de ayudantes. Esta investigadora de la gastronomía mexicana menciona que “Fue Tudor quien introdujo al país varios platillos de origen francés, italiano y austrohúngaro. Un ejemplo de tal influencia es el menú de la cena efectuada en el Castillo de Chapultepec el día 29 de marzo de 1865, en honor de Bazaine, Mariscal de Francia:

 

Potaje tapioca

Releves

Bouchés Aux huitres.

Poisson aux fines herbes

Filet braise, sauce Riuchelieu

Entrées

Cotolettes Jardinieri

Saumons a la tartare

Cailles Perigueux.

 

Maximiliano gustaba de viajar, con cierta frecuencia, a Cuernavaca, donde tenía encuentros secretos (en el poblado de Acapatzingo, actualmente englobado por la urbe de la “eterna primavera”) con su amante, conocida por el mote de la “India Bonita”, de la cual se decía que era la hija de un jardinero. En Acapatzingo mandó construir el emperador una pequeña quinta, a la cual denominó “El Olvido”, donde disfrutaba de paz y esparcimiento en los brazos de su amada.. Hoy en día es la sede del Jardín Botánico y del Museo de Medicina Tradicional.

 

Derrotado el ejército imperialista por las fuerzas republicanas (se habla, incluso de la traición de un coronel muy allegado al emperador, quien entregó el Convento de la Cruz, en Querétaro, donde hallaba el estado mayor de las fuerzas imperiales), Maximiliano fue juzgado por un Consejo de Guerra, el cual lo encontró culpable y lo condenó a muerte. Fue fusilado en el Cerro de las Campanas (donde semanas antes había entregado su espada al general republicano Mariano Escobedo, en señal de rendición), el día 19 de junio de 1867 (aún no cumplía los 35 años de edad), junto con los generales imperialistas Miguel Miramón y Tomás Mejía. Cabe agregar que enfrentó su fusilamiento con dignidad, valor, entereza y serenidad. Sus restos fueron llevados a Viena y recibieron sepultura en la Cripta Imperial (Kaisergruft) de la dinastía Habsburgo de Austria, que se halla en la parte inferior de la iglesia de los Capuchinos, también llamada de Santa María de los Ángeles. Su viuda, María Carlota Amalia, lo sobrevivió más de 60 años, y falleció el 19 de enero de 1927, a la edad de 87 años.

 

A la muerte de Maximiliano el Alcázar de Chapultepec permaneció abandonado por casi diez años. En 1876 se firmó el decreto que establecía que en ese sitio estaría la sede del primer Observatorio Astronómico de México, que fue inaugurado dos años más tarde. Durante cinco años estuvo en funcionamiento, y luego fue cambiado a Tacubaya. En Chapultepec funcionó una central telefónica y telegráfica para uso exclusivo de los presidentes. Tras de hacerse las restauraciones requeridas, de nueva cuenta el Colegio Militar estuvo en ese Alcázar (que sufrió otro cambio, en 1913, cuando fue trasladado a Popotla), al tiempo mismo que se remodelaba el edificio para que fuese el lugar de residencia del Presidente de México.

 

Allí residió Porfirio Díaz, cuyos banquetes, al cuidado del chef francés Sylvain Daumont, fueron de antología gastronómica. Acerca del esplendor que, en el renglón gastronomía, caracterizó el larguísimo periodo de la vida nacional llamado “porfiriato” transcribiré un párrafo de un artículo escrito por Arturo Reyes Fragoso (aparecido en el portal www.articlearchives . com ): “Porfirio Díaz ofreció un suntuoso banquete la noche del 15 de septiembre de 1910, en uno de los más grandes salones de Palacio Nacional, atestado de arreglos florales e iluminado por hileras de focos blancos, se llevó al cabo el festín para celebrar tanto el Centenario de la Independencia como el octogésimo cumpleaños // Setup structure to be passed thru to javascript var googleAdSense = new Object(); googleAdSense.adsByGoogleText = "Ads By Google"; googleAdSense.componentID = 1876630; googleAdSense.config = [{"LINK":{"STYLE":"","CLASS":"goog_url"},"TITLE":{"STYLE":"","CLASS":"goog_title"},"DESCRIPTION":{"STYLE":"","CLASS":"goog_desc"},"CONTAINER":{"STYLE":"","CLASS":"goog_one_ad"},"TITLELINK":{"STYLE":"","CLASS":"bd_googad"},"LISTTITLE":{"STYLE":"","CLASS":"google_ads_by"}},{"LINK":{"STYLE":"","CLASS":"goog_url"},"TITLE":{"STYLE":"","CLASS":"goog_title"},"DESCRIPTION":{"STYLE":"","CLASS":"goog_desc"},"CONTAINER":{"STYLE":"","CLASS":"goog_two_ads"},"TITLELINK":{"STYLE":"","CLASS":"bd_googad"},"LISTTITLE":{"STYLE":"","CLASS":"google_ads_by"}},{"LINK":{"STYLE":"","CLASS":"goog_url"},"TITLE":{"STYLE":"","CLASS":"goog_title"},"DESCRIPTION":{"STYLE":"","CLASS":"goog_desc"},"CONTAINER":{"STYLE":"","CLASS":""},"TITLELINK":{"STYLE":"","CLASS":"bd_googad"},"LISTTITLE":{"STYLE":"","CLASS":"google_ads_by"}}]; // Lookup previously registered instance of component and set google_skip value var componentRegistered = false; if (typeof(adComponentRegistry) == "undefined") { adComponentRegistry = new Array(); } else { for (var i=0; i

 

Diligente, un ejército de meseros sirvió la entrada a los comensales (cuyos atavíos parecían competir en cuanto a lujo): melón helado con champaña (equivalente a las modernas perlas de melón al oporto), para continuar con salmón asado del Rhin con salsa de mariscos; langostinos; berenjenas al vino del Rhin; duraznos Florida (hoy serían melocotones Melba); chocolates, pastelillos y tartaletas de postre. (Este menú, escrito en francés como era la

costumbre, se conserva en el Archivo Porfirio Díaz, que resguarda la Universidad Iberoamericana en la ciudad de México.) . El día anterior a esta fastuosa celebración, o sea, el día 14, el chef Daumont se había hecho cargo del lunch-champagne que Carmen Romero de Díaz, esposa del general, ofreció en los salones del Castillo de Chapultepec como parte de las fiestas por el centenario”.

 

Al salir Porfirio Díaz exiliado a Europa los posteriores Presidentes de México: Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez. Habitaron en el Alcázar de Chapultepec.

 

Lázaro Cárdenas, el siguiente Presidente, decidió no residir en ese sitio, como lo habían acostumbrado sus antecesores. Para ello ordenó, el 3 de febrero de 1939, que la residencia presidencial estuviese ubicada en un área próxima al Bosque de Chapultepec, que habría de llevar el nombre de Los Pinos, y que el Castillo de Chapultepec fuese la sede del Museo Nacional de Historia, que abrió sus puertas al público el 27 de septiembre de 1944.

 

La décimo novena comida de la serie Tertulias Gastronómicas, (excelentes convivios manducatorios ---organizados conjuntamente por el Grupo Enológico Mexicano y el Colegio Superior de Gastronomía---, que tienen lugar, bimestralmente, en el restaurante “Monte Cervino”, de esa institución académica, la primera universidad gastronómica de México), se llevó a cabo en fecha reciente y fue titulada La gastronomía en el alcázar de Chapultepec. Para esta ocasión fueron elegidos dos vinos de la marca L. A. Cetto, bodega vitivinícola mexicana establecida en el Valle de Guadalupe, no lejos de la ciudad de Ensenada, en el estado de Baja California.

 

Enrique Zertuche, director de mercadotecnica de Vinícola L. A. Cetto, fue invitado a disertar acerca de esta empresa mexicana cuya dirección se halla en manos de la tercera generación, después de haber sido fundada, hace poco más de ochenta años, por Angelo Cetto, un italiano que vino a radicar a México en la segunda década del siglo veinte. En su charla hizo hincapié en que se trata de la bodega nacional cuyos vinos ostentan la señalada distinción de ser los más premiados a nivel internacional. Al presente suman más de doscientas las medallas, de oro, pata y bronce, con que han sido galardonados estos caldos báquicos en los certámenes más prestigiados del mundo.

 

El primer vino que degustamos fue Chardonnay, cosecha 2008, que fue descrito por los miembros del Grupo Enológico Mexicano allí congregados. Se trata de un vino de color amarillo paja, magnífico escurrimiento de glicerol y delicados aromas de cítricos (mandarina y toronja, principalmente) y con gratas notas florales. Su ataque manifestó una

equilibrada acidez y buen cuerpo. El vino tinto fue Petite Syrah, cosecha 2006, sin lugar a duda el vino tinto mexicano más premiado en todo el orbe, ya que ha acumulado un gran número de preseas. Es un vino de color rojo rubí, halo violáceo, capa alta, acentuado escurrimiento de glicerol, aromas de frutos rojos en vías de maduración, como grosella, cereza, zarzamora, ciruela y notas de tabaco, barrica y especias. Es un vino de ataque untuoso, carnoso y bien estructurado en sus taninos, acidez y vinosidad. Su retrogusto es prolongado.

 

Con estos deliciosos vinos acompañamos los manjares de ese buen yantar, preparados por el chef Jair del Monte (a quien Gabriel Iguiniz, el chef ejecutivo del Colegio Superior de Gastronomia, encargó la confección del menú). A manera de entrada saboreamos los Canapés Emperatriz: huevo de codorniz con caviar, quesadillas de escamoles, bombón de salmón y Vol au vent de pasta de hojaldre. A continuación fue servida una sutil Crema de almendra y espárragos tiernos. En seguida degustamos Raviolli vitello, salteados en mantequilla y salsa de espinaca. Con estos guisos el vino Chardonnay maridó magníficamente.

 

Luego vino el platillo principal: Magret de pato a la naranja, acompañado de risotto y corazones de alcachofa, marinados a las finas hierbas. Su armonización con el vino tinto Petite Syrah fue excelente.

 

Al final fueron servidos los Petit Fours: Carlota Royal, Sachertorte y helado de champurrado, tres melindres de notoria sabrositud

 

 


 

 

 

 

 

CATA DE VINOS LURTON DE ESPAÑA Y FRANCIA

 

Francois Lurton es toda una institución en el mundo de los vinos, a quien el boletín Cava Argentina (edición del 9 de marzo de 2009) entrevistó, con la finalidad de ponderar su ameritada proyección en la vitivinicultura de ese país del Cono Sur, ya que es reconocido como uno de los grandes personajes franceses de la vitivinicultura mundial, que ha realizado crecidísimas inversiones , desde hace más de diez años en Argentina.

 

Produce más de 70 vinos en sus distintas bodegas ubicadas en Francia, España, Portugal, Argentina y Chile. Se inició en el mundo del vino con su familia. Recuerda que, cuando tenía 14 años, con su hermano Jacques jugaban a las cartas en las noches para no quedarse dormidos y cada una hora chequear la temperatura de las cubas, cuando estas no eran tan sofisticadas como las actuales. Posteriormente llegó a Mendoza para invertir en la producción de su primer vino argentino "Gran Lurton". Allí comenzó con una producción de 25.000 botellas. Hoy, ya lleva invertidos más 14 millones de dólares, y frente a la coyuntura actual, sus bodegas en todo el mundo le permiten desarrollar estrategias para amortiguar los coletazos de la crisis internacional.

 

Cuando se le preguntó acerca de sus orígenes como viticultor, y de los motivos que lo llevaron a elaborar vinos fuera de Francia, respondió diciendo: “Al principio, cuando con mi hermano Jacques decidimos hacer vinos fuera de nuestro país, fuimos llamados traidores por los franceses, porque estábamos exportando el conocimiento sobre cómo se hacen los vinos allá. Soy la quinta generación de bodegueros de mi familia. Dentro de Francia tenemos una reputación muy grande, y mi padre durante años se ha peleado con el Estado por obtener beneficios para los bodegueros. Entonces ver a su hijo que producía vinos en la competencia fue muy difícil, tanto para mi padre como para mi familia. Pero le expliqué a todo el mundo, en ese momento, que la mejor manera de exportar vinos franceses a esos países era ser conocido allí. Y para lograr este objetivo había que producir vinos en el país, porque así mi nombre y marca se conocen más. Eso es lo que llamamos globalización. Es lo que ha hecho Chandon antes que nosotros”. .

Al preguntársele con respecto a su producción de vinos en cinco países: Argentina, Chile, España, Francia y Portugal, afirma que “Tener esta malla de bodegas en todo el mundo, me permite responder a cada mercado de acuerdo a lo que demande. La idea es ofrecer mis vinos y adaptarme a los requerimientos del mercado. Por ejemplo, hay plazas que hoy buscan vinos baratos, entonces lo que puedo hacer frente a la crisis es ofrecerle vinos de Argentina o Chile, que son baratos, cosa que no podría hacer con vinos de Francia. Le puedo ofrecer a mi distribuidor diferentes productos, que se adapten a sus necesidades”

 

En seguida agrega: “Hay una idea en e Nuevo Mundo acerca de que los vinos de calidad deben ser producidos en poco volumen. Yo vengo de Burdeos, y los vinos caros tienen altos volúmenes. Por ejemplo: Chateau Margaux (uno de los vinos más caros del mundo, cuyo precio por botella, de una cosecha reciente, supera los mil quinientos dólares) tiene una producción de 300.000 botellas. Mi trabajo es tratar de desarrollar vinos caros y de altos volúmenes, pero no vendo mis vino sen todos los mercados, porque los vinos tienen que estar adaptados al mercado. Los vinos de Argentina se adaptan muy bien a los mercados de América, como Estados Unidos, Brasil, Canadá y al norte de Europa”

 

Francois Lurton tiene 50 años y es la quinta generación bodeguera de su familia. Su padre, André, es dueño de siete chateaux en Francia..

 

La cata “ciega mensual número 172 del Grupo Enológico Mexicano tuvo lugar en un salón del restaurante “Bistro 235”, en Polanco. Para esa degustación analítica fueron seleccionados ocho vinos de Domaines Francois Lurton, elaborados en España y Francia.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara de Del Valle, José del Valle, Darío Negrelos, Alejandro Guzmán Galán, Joaquín López Negrete, Robertop Quaas, Rodolfo Fonseca Larios, Mauricio Romero Gatica y Miguel Guzmán Peredo.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Los resultados fueron los siguientes:

 

Vino blanco:

 

Les Salices Sauvignon Blanc, cosecha 2007. Vin de Pays d'Oc. Francia. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 12.08% Alc. Vol. Crianza de 6 meses (una parte del vino) en barrica. Domaines Francois Lurton. Calificación: 82.25 puntos: Precio: $ 180.00

 

Vinos tintos:

 

1.- Chateau des Erles, cosecha 2004. A.O.C. Fitou. Francia. Coupage de 50% Syrah, 25% Garnacha y 25% Cariñena 13.5% Alc. Vol. Crianza durante 18 meses en “demi-muid” (barrica de 600 litros). Embotellado sin filtración. Domaines Francois Lurton. Calificación: 88.75 puntos. Precio: $ 1.1.80.00

 

2.- El Albar Excelencia, cosecha 2003. Denominación de Origen Toro. España. Monovarietal 100% Tinta del País. 15.0 % Alc. Vol. Crianza de 16 a 18 meses. Embotellado sin filtración. Domaines Francois Lurton. Calificación: 86.13 puntos .. Precio: $ 945.00

 

3.- El Albar Barricas, cosecha 2004. Denominación de Origen Toro. España. Monovarietal 100% Tinta del País. 15.0 % Alc. Vol. Crianza de doce meses en barricas, un tercio nuevas. Domaines Francois Lurton. Calificación: 85.75 puntos. Precio: $ 466.00

4.- Mas Janeil, cosecha 2006. A.O.C. Cotes de Rousillon. Coupage de 60% Garnacha, 30% Syrah y 10% Monastrell. 14.38% Alc. Vol. Cada cepa se cría por separado en barricas de roble francés, durante doce meses, antes de ensamblarlas. Domaine Maury Village.

Calificación: 83.25 puntos. Precio: $ 298.00

 

5.- Salamandra, cosecha 2006. Vino de la Tierra de Castilla y Leon. España. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.0% Alc. Vol. Crianza de tres meses en barrica de roble francés. Domaines Francois Lurton. Calificación: 81.13 puntos. Precio: $ 199.00

 

6.- Les Salices Pinot Noir, cosecha 2007. Vin de Pays d'Oc. Francia. Monovarietal 100% Pinot Noir. 13.24% Alc. Vol. Crianza de seis meses en barrica. Domaines Francois Lurton. Calificación: 78.63 puntos. Precio: $ 208.00

 

7.- Cuvés des Ardoises, cosecha 2003. A.O.C. Fitou. Francia. Coupage de 40% Garnacha, 30% Syrah y 30% Cariñena. 13.0% Alc. Vol. Crianza de doce meses en barrica, de las cuales un tercio son nuevas. Domaines Francois Lurton. Calificación: 78.38 puntos. Precio: $ 305.00

 

Al concluir la degustación evaluativa los catadores saborearon una exquisita cena, preparada por los chefs del “Bistro 235”, Mauricio Romero y Héctor Dongu, consistente en Crema de lentejas con jamón serrano y raviol de foie, y a continuación Esmedregal con mejillones al curry y azafrán. Con el primer guiso bebimos Les Salices Sauvignon Blanc, cosec ha 2007, y el pescado lo acompañamos con los vinos El Albar Barricas, cosecha 2004 y Chateau des Erles, cosecha 2004. Luego sirvieron el postre: Tarta de chocolate blanco y zarzamoras, muy delicioso.

 

 

 


 

 

 

 

 

LOS VINOS DE AUSTRALIA Y NUEVA ZELANDIA

 

Hace ocho años, en ocasión de haber degustado algunos vinos australianos, escribí un reportaje acerca de aquella cata haciendo mención de que Australia es una colosal isla-continente, cuya dilatada extensión es de casi siete millones setecientos mil kilómetros cuadrados (exactamente 7.694.208, casi cuatro veces la superficie territorial de México), y cuenta --de acuerdo al censo de 2006--- con una población de poco más de veinte millones de habitantes.. Allí mencioné que en enero de 1788 desembarcaron en Australia --con la finalidad de establecer una colonia penal, en un lugar bastante alejado de la metrópoli británica-- los colonizadores ingleses que iban encabezados por Arthur Phillip. Lo hicieron en el sitio por ellos denominado Port Jackson, al cual algún tiempo más tarde se le cambió el nombre por el de Sydney, hoy en día la capital del estado de Nueva Gales del Sur.

 

Las primeras vides fueron plantadas, así lo aseguran los historiadores del vino en aquel país, por el propio Arthur Phillip, en las inmediaciones de la tienda de campaña que le servía de provisional habitación. Ya en un año tan lejano como 1822 un vino tinto elaborado por Gregory Blaxland ganó una medalla de plata, en un concurso celebrado en Londres. Cinco años más tarde ese mismo vitivinicultor recibió una medalla de oro en el mismo certamen, en virtud de la gran calidad de sus vinos.

 

(Acerca del vocablo Australia diré que en la Enciclopedia Wikipedia encontré la siguiente información: “ El nombre de Australia tiene una doble etimología. Por un lado deriva del latín Australis , que significa del sur : leyendas de una “tierra desconocida del sur” ( terra australis incógnita ) que datan de los tiempos romanos, y eran frecuentes en la geografía medieval , pero inciertas. Por otra parte, Pedro Fernández de Quirós descubrió una isla en el archipiélago de las Nuevas Hébridas (actual Vanuatu) nominada Austrialia del Espíritu Santo, mezclando las palabras Austral, de la leyenda, y Austria, la dinastía a la sazón reinante en España, originando así el nombre con el que en el futuro se conocerían las tierras al sur de la Nueva Guinea).

 

La producción de vino en Australia, en 1993, fue de cuatrocientos millones de litros, y la exportación llegó a los ciento dieciséis millones de litros, equivalente al veintiocho por ciento de la producción. Para 1995 esa comercialización en el exterior fue de más de ciento treinta millones de litros de vino, y se estimada que por esos días funcionaban en Australia más de novecientas empresas vitivinícolas. Doce de ellas, las más importantes por el volumen de vino que elaboraban, producen el sesenta por ciento del total del vino australiano.

 

Cifras más actualizadas permiten asegurar que la producción de vino en Australia, en 2008, fue de más de mil 200 millones de litros, lo que permite ubicar a este país dentro de los diez más importantes en el orbe. La superficie de su viñedo es de 166 mil hectáreas, ya que entre 1994 y 2004 se duplicó la superficie plantada con vid.

 

Australia produce actualmente alrededor de la tercera parte del vino que España, con tan sólo 166 mil hectáreas de viñedo, casi ocho veces menos que la superficie vitícola española (La superficie cultivada de viñas en aquel país europeo se aproxima al millón de hectáreas). En el año 2005 la producción de vino en Australia fue, por su volumen, la sexta más grande en el mundo, y se ha dicho que en los veinte años más recientes la superficie vitícola se ha incrementado un ciento sesenta por ciento. Con una producción estimada, aproximadamente, en mil trescientos millones de litros de vino alcanza sorprendentes niveles por su volumen de exportaciones, que son de mas del cuarenta por ciento de la producción total.

 

El vino es elaborado en más de sesenta regiones vitivinícolas, lo que pone de manifiesto la amplia gama de climas y suelos. En Australia hay viñedos en 4 de los 6 estados que integran la federación australiana, y el número de bodegas vitivinícolas asciende a mil trescientos cincuenta. Por lo que concierne a la producción de vino en el área de Australia Meridional es producido el 50% del vino australiano. En Nueva Gales del Sur es elaborado el 32% del total. Y en Victoria el 14% (por lo que ocupa el tercer lugar de la producción nacional.

 

Seis son las cepas más importantes por el volumen de su cultivo: Shiraz, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Semillon y Colombard. La cepa Shiraz fue en 2006-2007 la más ampliamente utilizada para elaborar vinos australianos. En segundo lugar figuró la variedad Chardonnay. Y en tercer lugar la cepa Cabernet Sauvignon.

 

Me parece conveniente citar a Peter Forrestal, editor del libro The Global Enciclopedia of Wine (publicada en Australia, en 2002, por la empresa Global Book Publishing), quien afirma que dicho país insular exportó en 1997 doscientos dieciséis millones de litros de vino. Veintidós años antes esa comercialización había sido del orden de los treinta y nueve millones de litros. El 45% de esas ventas foráneas van al Reino Unido, y otros importantes importadores de estos deliciosos caldos báquicos son Estados Unidos de América, Canadá, Japón y los países escandinavos. Acerca de la colosal extensión de esta isla-continente ese autor refiere que la región vitivinícola de Margaret River (no lejos de la ciudad de Perth, en el extremo occidental de Australia) se halla más distante de Hunter Valley, en las cercanías de la ciudad de Sydney, que Jerez, en España, de Tokaji, en Hungría.

 

Stuart Pigott, autor del precioso libro Planet Wine, consigna que “las primeras vides de la variedad Shiraz ---llamada Syrah en el Valle del Ródano, en Francia--- fueron plantadas en el Valle de Barossa en los años posteriores a la fundación de la población de Betania (la más antigua en esta región), allá por el año 1842. Ese cultivo fue llevado por los emigrantes que profesaban el culto luterano, quienes se exiliaron de su natal Silesia, entonces Alemania y ahora Polonia”

 

Barossa Valley, en Australia Meridional, cerca de la ciudad de Adelaide, es la que posee el mayor numero de bodegas. De esta importante región vitivinícola australiana asienta Luis Tomás Melgar Gil, en la obra La Enciclopedia del Vino (Editorial Ramón Llaca y Cía, de Madrid; 2008), lo siguiente: “Es la zona vinícola más conocida de Australia, tanto por su antigüedad, 1847, como por la peculiaridad de sus vinos. Colonizada en gran parte por alemanes, aún se habla en ella un dialecto alemán”.

 

Abundando la información acerca de esta zona vitivinícola asentaré que en la década de los años treintas, del siglo pasado, en el Valle de Barossa se elaboraban las tres cuartas partes del vino en ese país meridional. Y al referirse al vitivinicultor Wolf Blass, el autor Anthony Rose señala (en la enciclopédica obra El vino, de casi mil páginas, publicada en la ciudad de Colonia, en el año 2000, por la editorial Könemann, de la cual figura como compilador André Dominé) lo siguiente: “En vinos tintos destacó Wolf Blass, con impecables mezclas de distintas variedades, y una perfecta crianza en barricas; sus vinos competían en ferias, y su vino Wolf Blass Black Label ganó en forma consecutiva en 1974, 1975 y 1976 los tres más preciados trofeos Jimmy-Watson”

 

Wolf Blass, un enólogo alemán avecindado en Australia, inició en 1967 sus actividades como productor independiente de vinos, en Nuriopta, en el extremo norte del Valle de Barrosa, y a fines de 1990 ya había recibido dos mil quinientos setenta y cinco premios, distinciones y medallas, en certámenes nacionales e internacionales..De ese crecidísimo número de galardones, suman 135 los trofeos, 712 las medallas de oro, 812 las preseas de plata, 869 las de bronce, y ascienden a 47 los diplomas recibidos por los vinos de esta bodega. En el portal Mondovino leo que “en los últimos años ha conseguido elevadas puntuaciones en revistas como Wine Spectator y The Wine News, así como importantes galardones (Internacional Wine Challenge 2007: medalla de oro). Y los premios "Winery of the Year 2002" (Internacional Wine Challenge) y "Australian Winery of the Year 2001" y "Winemaker of the Year 2002" (Internacional Wine & Spirits Competition).

 

Respecto a Nueva Zelandia ( New Zealand, o bien Aotearoa , “la tierra de la blanca nube”) en lengua maorí) mencionaré que es un país insular, distante casi mil setecientos kilómetros de Australia, cuya extensión territorial es de 268.680 kilómetros cuadrados. Como punto de comparación diré que la superficie del estado de Chihuahua, en México, es un poco menor: ----247.087 kilómetros cuadrados----, y que el número de sus habitantes, de acuerdo al censo de 2007, asciende a poco más de cuatro millones.

 

El nombre de este país de Oceanía deriva del que impusieron los cartógrafos holandeses: Nova Zeelandia, en honor a una provincia de Holanda llamada Zelanda. En Hispanoamérica se utiliza la denominación Nueva Zelandia, mientras que en España se le designa Nueva Zelanda. En inglés es New Zealand

 

(Cabe agregar que existen otros nombres cuya grafía termina en ia , como los que a continuación enlisto: Amazonia, Lacandonia, Patagonia, Bolivia y Morelia, entre varios otros)

 

En el año 1819, cuando esta nación se hallaba bajo la hegemonía del Reino Unido, fueron sembradas las primeras vides, llevadas desde Australia por Samuel Marsden. Ese cultivo dio comienzo en la zona denominada Kerikeri, cerca de la costa noreste de la Isla Norte. Existen registros de ese inicial sembradío del misionero inglés Marsden, pero no de que haya elaborado vino..

 

La vendimia de 2005, en Nueva Zelandia, produjo más de cien millones de litros de vino. Un año más tarde la producción llegó a los ciento treinta y tres millones de litros. Conviene recordar que diez años antes, en 1996, había sido de cincuenta y siete millones de litros. Los principales mercados foráneos son, por orden de importancia los siguientes: Australia, Estados Unidos de América, Reino Unido, Canadá, Dinamarca e Irlanda..

 

Anthony Rose, citado líneas arriba, afirma que “Nueva Zelandia es la zona vitícola más austral del hemisferio sur. Las once regiones vitícolas de este país se extienden a lo largo de mil doscientos kilómetros, lo cual corresponde en el hemisferio norte a la distancia entre Champagne, en Francia, y los viñedos del norte de África”.

 

La región más famosa en Nueva Zelandia, vitivinícolamente hablando, es Marlborough, en la parte septentrional de la Isla del Sur, al sureste de la ciudad de Nelson. Allí prolifera el cultivo de la cepa Sauvignon Blanc, sembrada en el 58% del viñedo nacional. El viñedo en Marlborogh se remonta al año 1870, si bien la industria vínica comenzó en gran escala en 1973. Es la segunda área por su producción de vino (existen 60 bodegas, en comparación con el área de Auckland (nombre de la ciudad más importante de Nueva Zelandia; la capital es Wellington), que cuenta con más de ochenta empresas), pero ostenta el galardón de contar con la mayor extensión en lo que concierne a la superficie del viñedo en el país..

 

Por la importancia de su terroir fue escogida esta área neocelandesa por el Marqués Lodovico Antinori, prestigiado productor de vinos en Italia, para instalar allí la bodega Tenuta Campo di Sasso, en la ciudad de Blenheim, en el Valle de Marlborough. .

 

Un pormenor más acerca de la vitivinicultura en Nueva Zelandia. En alguna fuente de información leí que la obturación de las botellas de vino por medio de una tapa rosca (screw cap) comenzó en esta nación austral. Este procedimiento ---que ha motivado profundas controversias a nivel mundial, porque los tradicionalistas señalan que no existe nada mejor que el tapón de corcho--- empezó en el año 1972, en Suiza, para obturar vinos de la bodega Hammel, elaborados con la cepa Chasselas. En Francia, las botellas de los excelentes vinos de la marca Chateau Haut-Brion, de las cosechas 1971 y 1972, fueron cerradas con tapa rosca. En 1976 un grupo de expertos catadores, convocado por esa prestigiada bodega de Burdeos, degustó esos vinos y su opinión fue en el sentido de que mostraban las mismas características organolépticas que los vinos que llevaban tapón de corcho.

 

En Australia fue adoptado este método a fines de 1976, ya que tanto los australianos como los neocelandeses mostraban mucha resistencia al empleo de la tapa rosca. Cabe agregar que en el año 2001, en Nueva Zelandia, el 1% del vino embotellado llevaba esta tapa. Tres años más tarde, el 70% de las botellas de vino de ese país contaba con screw cap, Esto significa, en números redondos, que ciento veinte millones de botellas (noventa millones de litros) de vino de Nueva Zelanda llevan tapa rosca.

 

Para concluir con el tema de la tapa rosca mencionaré que en Estados Unidos de América (principalmente en California y en Oregon) este método de obturación de las botellas que contienen vino ha cobrado un señalado incremento. .

 

La cata “ciega mensual número 173 del Grupo Enológico Mexicano tuvo lugar, en fecha reciente, en un salón del restaurante “Bistro 235”, en Polanco. Para esa degustación analítica fueron seleccionados cinco vinos de Australia y uno de Nueva Zelandia, comercializados en México por la empresa Cyrnos..

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara de Del Valle, Roberto Quaas Weppen, José del Valle Rivas, Darío Negrelos, Rafael Fernández Flores, Joaquín López Negrete, Rafael De Orellana, Gabriel Iguiniz, Mauricio Romero Gatica y Miguel Guzmán Peredo.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Los resultados fueron los siguientes:

 

Vinos blancos:

 

1.- Black Opal Chardonnay, cosecha 2005. Barossa Valley, Australia. Monovarietal 100% Chardonnay. 13.o% Alc. Vol. Crianza de 3 meses en barrica de roble francés. Wolf Blass Winery. Calificación: 83.77 puntos. Precio: $ 197.00

 

2.- Wolf Blass Yellow Label Chardonnay, cosecha 2006. Barossa Valley, Australia. Monovarietal 100% Chardonnay. 13.0% Alc. Vol. Crianza de 4 a 6 meses en barrica de roble francés y americano. Wolf Blass Winery. Calificación: 82.22 puntos. Precio: $ 267.00

 

3.- Mount Nelson Sauvignon Blanc, cosecha 2007. Marlborough, New Zeland. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 12.5% Alc. Vol. Crianza de 3 meses en barricas de roble francés y americano. Tenuta Campo di Sasso Limited. Blenheim, New Zealand. Calificación:82.00 puntos. Precio: $ 386.00

 

Vinos tintos:

 

1.- Wolf Blass Yellow Label Cabernet Sauvignon, cosecha 2004. Barossa Valley, Australia. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. 13.5 % Alc. Vol. Crianza de 4 a 6 meses en barrica de roble francés y americano. Wolf Blass Winery. Calificación: 84.44 puntos. Precio: $ 267.00

 

2.- Presidents Selection Shiraz, cosecha 2004. Barossa Valley, Australia. Monovarietal 100% Shiraz. 14.5% Alc. Vol. Crianza de 14 meses en barrica de roble francés y americano. Wolf Blass Winery. Calificación: 84.22 puntos. Precio: $ 472.00

 

3.- Black Opal Shiraz/Cabernet, cosecha 2004. Barossa Valley, Australia. Coupage de 53% Shiraz y 47% Cabernet Sauvignon. 13.4 % Alc. Vol. Crianza de 4 a 6 meses en barricas de roble francés y americano. Wolf Blass Winery. Calificación: 82.33 puntos.

Precio: $ 197.00

 

Al finalizar la evaluación de tan magníficos vinos fue servida una exquisita cena, confeccionada por Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongú, chefs del restaurante “Bistro 235”. La entrada fue Ensalada de espárragos verdes, con pera, queso azul y crocante de amaranto. El platillo principal fue Solomillo de ternera con costra de frutos secos y adobo de tres chiles. El postre consistió en Jericaya con helado de rompope.

 

Los vinos blancos degustados con los manjares fueron los siguientes: Black Opal Chardonnay, cosecha 2005, y Mount Nelson Sauvignon Blanc, cosecha 2007. Y el vino tinto President's Selection Shiraz, cosecha 2004.

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDA CATA “CIEGA” DE VINOS DE MÉXICO, EN LA CUMBRE DEL VOLCAN SIERRA NEGRA, A 4.581 METROS DE ALTITUD

 

Imagine el lector lo que significa el hecho de hallarse en la cumbre de un extinto volcán, de forma semejante a un cono, a una altitud cercana a los cinco mil metros, lugar al cual se tuvo acceso a bordo de un vehículo motorizado rodante. Allí en ese sitio, donde el aire es más límpido y pareciera que es posible tocar las vaporosas nubes con solo estirar las manos, ha sido construido un gigantesco aparato astronómico, visible desde una distancia considerable debido a su brillante color blanco, y a su forma semejante a una colosal cazuela metálica abierta al firmamento.

 

Al llegar a la cima de este agreste paraje de la alta montaña de México, nos encontramos frente a un enorme portón metálico, que permite el paso a una rotonda subterránea de casi cuarenta metros de diámetro, ubicada a seis metros de profundidad. Este insólito recinto, en las entrañas de la tierra, en la cúspide misma del volcán Sierra Negra, alberga los laboratorios, dormitorios, cocina, sanitarios y cuartos de control del Gran Telescopio Milimétrico, una extraordinaria obra de ingeniería astronómica que prestigia la investigación científica en nuestro país.

 

Haciendo un poco de historia mencionaré que en este amplio salón subterráneo se llevó a cabo, el sábado 14 de abril de 2007, una cata “ciega” de vinos tintos nacionales de calidad premium, organizada por el Grupo Enológico Mexicano. La experiencia resultó extraordinaria, pues los vinos ---debido a la menor presión barométrica propia de esa altitud--- mostraron características organolépticas (principalmente odoríferas) en extremo acentuadas.

 

Ese día tuvo verificativo una degustación insólita (el diccionario define la palabra insólita como “no común ni ordinario, desacostumbrado”) de vinos en la cumbre del volcán Sierra Negra, en el interior de las instalaciones del Gran Telescopio Milimétrico, en el lugar donde se encuentran las estancias de habitaciones, laboratorios, comedor y áreas de servicio, a casi seis metros bajo tierra. Allí se alojan los científicos que tienen a su cargo este modernísimo complejo astronómico. En el amplio comedor se instalaron los miembros de número del Grupo Enológico Mexicano, acompañados por dos directivos del GTM, para llevar a cabo una evaluación vínica cata extraordinaria: la cata “ciega” de vinos realizada a mayor altitud en el mundo. . El Grupo Enológico Mexicano seleccionó para aquella extraordinaria degustación analítica seis vinos tintos mexicanos de gran clase, los cuales, de alguna manera, podrían ser calificados como premium , tanto por su cuidadosa vinificación y crianza, como por sus excelentes características organolépticas, que se ponen de manifiesto en sus magníficas cualidades a la vista, al olfato y al gusto. Los vinos evaluados se hallaban a una temperatura de dieciséis grados centígrados.

 

Considerando que aquella degustación analítica había sido muy interesante, el Grupo Enológico Mexicano solicitó, nuevamente, a los directivos del Gran Telescopio Milimétrico la autorización para realizar una segunda cata, ahora de vinos blancos, elaborados en nuestro país.

 

Antes de enfocar la atención en los pormenores de la segunda degustación, en ese fascinante sitio de la alta montaña de México (ocasión en la cual la evaluación sensorial fue de siete vinos blancos mexicanos), señalaré algunas precisiones acerca de la ubicación del Gran Telescopio Milimétrico.

 

A una distancia de 250 kilómetros de la ciudad de México, en dirección sureste, se localiza la montaña más alta de este país: el Pico de Orizaba, también conocido con el nombre náhuatl de Citlaltépetl (“Cerro de la Estrella”). Está ubicada en los límites de los estados de Puebla y Veracruz. Su altitud es de 5.747 metros sobre el nivel del mar, y es la tercera altura en América del Norte, después del Monte McKinley, en Alaska (6.149 metros) y del Monte Logan, en el Yukón, en Canadá (5.951 metros). Se le conoce, igualmente, con otras denominaciones: Volcán de San Andrés, por el nombre de la población llamada anteriormente San Andrés Chalchicomula (esta palabra significa en náhuatl “siete arenales”), la actual Ciudad Serdán, ubicada a 19.3 kilómetros en línea recta de esa montaña. Se le llama Pico de Orizaba, pero cabe hacer la mención de que la distancia a la ciudad de Orizaba es de 26.4 kilómetros. Poyauhtécatl es otro de sus antiguos nombres, y significa en lengua náhuatl “el que está donde se adelgaza la neblina”. Otra designación de esta montaña es Sierra de Maltrata.

 

Junto al Citlaltépetl se halla otro volcán, cuyo cráter está actualmente extinguido. Su nombre es Sierra Negra , así mismo llamado cerro La Negra. Su nombre prehispánico era Tliltépetl (este vocablo significa, en lengua náhuatl, “cerro negro”), y alcanza una altitud, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática de México ---INEGI--- de 4.583 metros sobre el nivel del mar, lo que la hace la quinta cumbre en México, después del Citlaltépetl (5.747), del Popocatépetl (5.452), de la Iztaccíhuatl (5.286) y del Nevado de Toluca ---Xinantécatl--- (4. 691 metros). Está situado a los 18°59'14.5'' de latitud Norte, y 97°18'51.9'' de longitud Occidente, al Oeste de Ciudad Serdán, frente a la cara sur del Citlaltépetl, a una distancia de siete kilómetros.

 

En este lugar, la cima del volcán Sierra Negra (en el municipio de Atzitzintla, en el estado de Puebla), funciona actualmente el telescopio más grande del mundo para observaciones astronómicas, en longitudes de onda de 1 a 4 mms, que fue inaugurado en el mes de noviembre de 2006. Desde la base de la estructura hasta la punta extrema alcanza una altura de 57 metros, y la antena parabólica tiene 50 metros de diámetro. Con esta gran área colectora, permitirá la exploración del universo, en regiones localizadas a una distancia de hasta 13 mil 500 millones de años luz, Su peso es de 620 toneladas y está conformada por 180 paneles de níquel electro-formado. El denominado proyecto GTM fue concebido hace más de quince años por científicos del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) de México, y de la Universidad de Massachussets, en Amherst, Estados Unidos. Es un radiotelescopio diseñado para operar en longitudes de onda de uno a cuatro milímetros, denominadas microondas u ondas milimétricas. Este Gran Telescopio Milimétrico (GTM), es el resultado de una inversión de ciento veintiocho millones de dólares (el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología ---CONACYT---- de México aportó el 70% y la Universidad de Massachussets el 30% restante). Durante más de diez años una cuadrilla de setecientos obreros trabajó en este sitio, construyendo la base del GTM, que implicó la colocación de cinco mil trescientos metros cúbicos de concreto de alta resistencia. La estructura del Gran Telescopio Milimétrico incluye dos mil quinientas toneladas de acero, que habrán de moverse con una precisión mejor a 1 segundo de arco. Se halla montado sobre treinta y siete pilones de concreto introducidos veinte metros en la montaña. Por ello se estima que será capaz de soportar sismos de intensidad superior a los nueve grados en la escala de Richter, y vientos de unos 250 km/h.

 

El Grupo Enológico Mexicano ha realizado (desde diciembre de 2004 hasta el presente, junio de 2009) ciento setenta y cuatro degustaciones analíticas de vinos, de las cuales trece ---catas “ciegas”--- han tenido verificativo en la alta montaña de México, a altitudes superiores a los 3.800 metros sobre el nivel del mar. Cuatro catas tuvieron lugar entre los 3.800 y los 4.000 metros. En siete ocasiones (de las trece mencionadas) la degustación fue un poco por arriba de los 4.200 metros, y en otras dos casi a los cuatro mil seiscientos metros de altitud).

 

La finalidad principal de estas singulares catas ha sido la de conocer cuáles son las variaciones que se registran en lo concerniente al mensaje aromático y gustativo que transmiten los vinos, y así mismo advertir los cambios que pueden experimentar los catadores, al analizar el mensaje odorífero y gustativo de un caldo etílico cuando la degustación tiene verificativo en un sitio de la alta montaña mexicana, a considerables altitudes. En este lugar ---donde se puede hablar, en estricto apego a la certeza, de que existen condiciones de hipoxia ambiental , es decir, de disminución de oxígeno--- la presión atmosférica, que a nivel del mar es de 760 milímetros de mercurio, es aproximadamente de 460 milímetros, y por lo que respecta a la presión parcial de Oxígeno --que a nivel del mar es de 181 milímetros de mercurio-- ésta es, aproximadamente, de 85 milímetros. Puede afirmarse, utilizando otras palabras, que en este punto la presión barométrica es de un sexto de atmósfera, ya que a nivel del mar esa presión es de una atmósfera. Los resultados de estas degustaciones han sido sorprendentes, ya que en esas alturas hay menos masa de aire, lo que permite que los aromas dentro de la copa se evaporen con mayor facilidad. Las cualidades aromáticas de los vinos resaltan más claramente, en un mensaje odorífero en extremo singular. Con base a la información mencionada queda asentado que no existe en México un paraje a una altitud superior a los 4.581 metros, al cual sea posible llegar en un vehículo motorizado rodante, y en ese sitio de la alta montaña realizar una cata “ciega” de vinos.

 

Desde la ciudad de México viajaron los participantes en esta cata en dirección a la ciudad de Puebla (2.162 metros sobre el nivel del mar). Siguieron a Amozoc, a diecisiete kilómetros de distancia. Luego a Esperanza, setenta y siete kilómetros adelante, que se halla a 2.450 metros sobre el nivel del mar. De Esperanza al poblado de Santiago Atzitzintla (esta palabra significa, en lengua náhuatl “nuestra señora del agüita”), sito a una altura de 2.680 metros, son nueve kilómetros. Siete kilómetros adelante se halla el villorrio de Texmalaquilla, a 3.100 metros de altitud. Pocos minutos después llegamos a un punto de control, ubicado a 4.200 metros de altitud, donde los siete Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano participantes en esta cata “ciega” se registraron (la persona que vigila el acceso a la cima del volcán Sierra Negra tenía anotados los nombres de quienes cuentan con el permiso para ascender) antes de proseguir hacia la cumbre de la montaña. Cabe hacer mención de que desde la población de Santiago Atzitzintla hasta la cúspide de la Sierra Negra hay un desnivel de 1.900 metros.

 

Dos años después de aquella degustación de abril de 2007, el sábado 6 de junio de 2009 se llevó a cabo, en un amplio salón anexo al recinto central, otra cata de vinos nacionales, en esta ocasión de siete vinos blancos. De nueva cuenta hicimos un detenido recorrido por las instalaciones del Gran Telescopio Milimétrico, que es considerado un gran prodigio de la ingeniería mexicana. Al concluir esa visita, dio comienzo la cata “ciega” a las 12 horas.

 

Para esta cata “ciega”, en la cual serían evaluadas las características organolépticas de siete vinos blancos nacionales, el Grupo Enológico Mexicano seleccionó los siguientes vinos (mencionados por orden alfabético): Casa Grande Chardonnay, cosecha 2007, de Casa Madero. Chenin Blanc, cosecha 2006, de Bodegas de Santo Tomás. Chateau Domecq Blanco, cosecha 2006, de Casa Pedro Domecq. Chenin Colombard, cosecha 2007 , de Monte Xanic. El Gran Vino Blanco Fumé Blanc, cosecha 2006 , de Chateau Camou. Viña Doña Dolores Sauvignon Blanc-Macabeu, cosecha 2005 , de Freixenet de México. Viognier Don Luis Cetto , cosecha 2007, de Vinícola L. A. Cetto. Tres de esos vinos fueron de la añada 2007. Tres de la añada 2006 y uno de la 2005.

 

El día que tuvo verificativo la segunda cata en el volcán Sierra Negra la atmósfera estaba en extremo radiante. La nieve cubría casi por completo, hasta la parte inferior , el Pico de Orizaba. La temperatura en el exterior del Gran Telescopio Milimétrico, registrada en la entrada, era de 4 grados centígrados.

 

Los vinos fueron llevados desde la ciudad de México en un contenedor Coleman Cooler Poly Lite, cuyo interior se mantenía en condiciones de frialdad gracias a varias placas congeladoras (líquido refrigerante, substituto de hielo) Rubbermaid Blue Ice..

 

La temperatura a la que fueron degustados los vinos oscilaba entre los siete y los nueve grados centígrados. A este particular es conveniente mencionar lo siguiente:

 

En el libro La Enciclopedia del Vino , de Luis Tomás Melgar Gil, editada por Ramón Llaca, en la ciudad de Madrid, se menciona que la temperatura de servicio de los vinos blancos debe ser entre los seis y los trece grados centígrados. En la obra El Vino , de André Dominé, editada por Köneman, en Colonia, Alemania, queda asentado que la temperatura recomendable oscila entre los 6 y los ocho grados. Allí leo lo siguiente: “Cuanto más sencillo sea un vino blanco más fresco deberá beberse, ya que sólo a temperatura relativamente baja su sabor afrutado puede destacarse lo suficiente”. Emile Peynaud, autor de El Gusto del Vino (publicado en Madrid por Ediciones Mundi-Prensa), recomienda que sean servidos estos vinos entre los ocho y los diez grados. Jancis Robinson, compiladora de la enciclopédica obra titulada The Oxford Companion to Wine (publicada por Oxford University Press), recomienda servir los vinos blancos entre los seis y los diez grados.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada por los siguientes enófilos: Josefina Jácome, Darío Negrelos, José Villanueva Barragán, Juan José Furukawa, Miguel Guzmán Peredo,

Raymundo López Castro, Roberto Quaas Weppen.

 

En el salón donde se llevó a cabo la cata fueron montadas dos mesas, y ante cada catador fue colocada una manteleta impresa, alusiva a esta degustación analítica. En el exterior de ese salón la temperatura ambiental era de 6° centígrados, y en el interior oscilaba entre los siete y los nueve grados.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Los resultados fueron los siguientes:

 

1° .- Viogner Don Luis Cetto , cosecha 2007. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California. Monovarietal 100% Viognier. 14.0% Alc. Vol. Vinícola L. A. Cetto..

Calificación: 89.57 puntos. Precio: $ 146.00

 

2° . - El Gran Vino Blanco Fumé Blanc , cosecha 2006. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 13.8% Alc. Vol. Fermentación en barrica nueva de roble francés con añejamiento sobre lías por doce meses. Chateau Camou. Calificación: 88.57 puntos. Precio: $ 250.00

 

3°.- Casa Grande Chardonnay, cosecha 2007. Denominación Valle de Parras. Coahuila. Monovarietal 100% Chardonnay. 13.2% Alc. Vol. Fermentación y añejamiento en barrica. Casa Madero. Calificación: 87.85 puntos. Precio: $ 310.00

 

4°.- Chenin Blanc , cosecha 2007. Valle de Santo Tomás. Ensenada, Baja California. Monovarietal 100% Chenin Blanc. 13.0% Alc. Vol. Calificación: 86.57 puntos.

Precio: $ 110.00

5°.- Sauvignon Blanc Viña Doña Dolores , cosecha 2005. Ezequiel Montes, Querétaro. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 12.5% Alc. Vol. Freixenet de México. Calificación: 82.71 puntos . Precio: $ 110.00

 

6°. - Chenin Colombard , cosecha 2006. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California. Coupage de 95% Chenin y 5% Colombard. 13.0% Alc. Vol. Sin crianza. Monte Xanic. Calificación: 82.40 puntos . Precio: $ 305.00

 

7°.- Chateau Domecq Blanco , cosecha 2006. Valle de Guadalupe. Ensenada, Baja California. Coupage de Chardonnay y Viognier. 13.0% Alc. Vol. Fermentación en barrica y crianza durante seis meses en barrica de roble francés. Casa Pedro Domecq. Calificación: 81.71 puntos. Precio: $ 170.00

 

De acuerdo a los parámetros de puntuación del Grupo Enológico Mexicano cuatro de los siete vinos alcanzaron calificaciones superiores a los 85 puntos, motivo por el cual quedan dentro de la categoría de “muy buenos” vinos. Los tres restantes superaron los 81 puntos, quedando ubicados como “buenos” vinos.

 

El panel de catadores eligió “mejor etiqueta” la del vino Chenin Colombard, de Monte Xanic. Y “mejor botella” la del vino Casa Grande Chardonnay, de Casa Madero.

 

 

 


 

 

 

 

CATA MARIDAJE DE RONES AÑEJOS “MOCAMBO” Y CAFES DE VERACRUZ

El Grupo Enológico Mexicano ha realizado en los años anteriores varias catas maridaje, entre las cuales figuran las siguientes: Cata maridaje de rones añejos con chocolates y puros, Cata maridaje de brandies Gran Reserva de Jerez, España, con chocolates de Bélgica. Cata maridaje de whiskeys de Irlanda y Estados Unidos de América y whiskys de Escocia, con chocolates de Bélgica y puros de México. La más reciente degustación de esta índole llevó por denominación Cata maridaje de rones añejos “Mocambo” y cafés de Veracruz , que tuvo verificativo el domingo 7 de junio en la ciudad de Córdoba, en el estado de Veracruz.

El hecho, deleitable en grado superlativo, de acompañar un alimento con alguna bebida (generalmente se habla de combinar los manjares de una comida con uno o varios vinos) recibe el nombre de maridaje , que tiene por sinónimo la palabra armonización .. Con estos términos se designa la acción degustativa de establecer una placentera concordancia entre el alimento y la bebida.

 

La palabra armonización deriva del griego harmonia , que significa acuerdo, para referirse al hecho de buscar el debido acompañamiento de un apetitoso platillo con un agradable vino, que permita apreciar la requerida conjunción de las cualidades olfativas y palatales de ambos alimentos.

 

Otra acción de concomitancia (el verbo concomitar significa acompañar una cosa con otra) está dada por el hecho que resulta más satisfactorio disfrutar de buenos platillos y exquisitos vinos en la compañía de personas con quienes existe cierto grado de afinidad espiritual (y es por ello que una actividad simplemente material, con fines nutricionales, como es el comer, queda nimbada por un halo en el cual la psiquis --el ánima— juega un papel en extremo importante. Debido a esta razón, quienes acompañan los manjares con los vinos que imaginan les resultan de alguna manera semejantes, frecuentemente manifiestan su sentir acerca de que no existe circunstancia más gratificante que aquella de estar reunidos con familiares y amigos, en el momento de saborear guisos y vinos de ostensible suculencia.

 

La combinación de diversas bebidas destiladas, como el cognac, el armagnac, el brandy, el whisky ---o el whiskey de Irlanda--- y el ron ( hablando en términos generales podría hacerse ese maridaje con cualquier clase de destilados, incluyendo el vodka, el aquavit, el arak, el pisco, el marc, el orujo y la bagaceira) con aromáticos cafés, es una atinado ejemplo del señalado placer palatal. que produce saborear ambas bebidas simultáneamente. Se trata de experimentar un acentuado agrado al ingerir en forma combinada ambos líquidos, el aguardiente y la infusión, bien el destilado en el interior de la taza que contiene el café ---generalmente express---, bien uno a continuación del otro, lo que acentúa el deleite gustativo que se obtiene en el momento de la ingestión. Hablando de este placer, quiero recordar que un gélido día de noviembre de 1986 me encontraba paseando con mi esposa y mi hija por Venecia, y a las 11 de la mañana degusté, en la Plaza de San Marcos, en el Café Florián, una taza de café espresso, de la marca Illy (esta afamada empresa productora de café, ubicada en la ciudad de Trieste, en Italia, dice que ese tipo especial de concentrado de café es “la quintaesencia del café”), acompañado con una copa de grappa, que es un delicioso destilado de vino. Quien ha probado ---prácticamente a cualquier hora, ---o bien en el momento preferido por cada uno--- esta exquisita forma de maridaje de dos tipos de bebidas, sabrá lo que estos diciendo.

La combinación del café con una bebida destilada es muy común en España. El carajillo, de acuerdo a lo que encontré en Wkipedia, es una bebida que combina café con una bebida espirituosa , normalmente brandy o ron . Es típica de España y su origen se remonta a cuando las tropas españolas ocuparon Cuba , ya que combinaban café con ron para coger "corajillo", de coraje, y de ahí viene la palabra carajillo. La forma más común de carajillo es una combinación de café y whisky. En la Comunidad Autónoma de Cataluña se habla del Cigalo o perfumat. La proporción de alcohol y café también es diferente según la zona geográfica, por ejemplo en Cataluña se utiliza poco café y un alto porcentaje de alcohol, mientras que en localidades como León la cantidad de café es mayor y el alcohol suele calentarse hasta hervir, antes de mezclar con el café.

“La palabra carajillo viene del principio de los tiempos de los marineros del puerto de Barcelona, que cuando debían zarpar a la mar, pasaban por la taberna y pedían (en catalán) "nanu posem un café cara-gitllu" por si no lo saben gitllu viene de gitllar marchar, la traducción correcta al castellano seria "chaval ponme un café que ahora me marcho". Como pueden imaginar para salir a la mar se debía ser muy valiente, de siempre la valentía se ha asociado al desinhibidor que es el alcohol, por lo que a ese café se le echaba un chorrito de ron, para salir a la mar. Esto fue bastante anterior a lo del cigaló que fue a partir de que se empezara a servir el "cara-gitllu" en vasos largos y finos con forma fálica”.

 

En varias ocasiones el Grupo Enológico Mexicano ha llevado a cabo degustaciones de ron “Mocambo”, producido por la empresa Licores Veracruz en la ciudad de Córdoba, Veracruz. Estos rones, de sobresaliente calidad, vienen en tres presentaciones de acuerdo al grado de añejamiento en barricas de roble blanco: diez, quince y veinte años, y son el resultado de un cuidadoso proceso de elaboración. El ron de veinte años de añejamiento cuenta con dos envases: el normal, en una esbelta botella de vidrio ---que contiene 500 ml de tan exquisito destilado a base de caña de azúcar---, y una edición especial, llamada de arte, realzada por una decorativa envoltura de papel de amate, que le confiere singular elegancia, El envejecimiento de este destilado (su idónea madurez) tiene lugar en barricas seleccionadas, razón por la cual este ron “Mocambo” 20 años es denominado “Ultra Premium”, y la etiqueta de cada una de las botellas está va numerada..

 

Por lo que respecta al café diré que es el fruto de un arbusto de las regiones tropicales, que pertenece al género coffea, de la familia de las rubiáceas. Dos son las especies más representativas: la Coffea arabica (cafeto arabica), la más antigua de las dos, la cual representa el 75% de la producción total de café en el planeta.Su origen es Etiopía, y hoy en día es cultivado en muchos países, entre otros Brasil, Camerum, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, Haití, Jamaica, Java, Kenia, México, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, El Salvador, Tanzania y Venezuela. La otra especie es la Coffea robusta (cafeto robusta), muy apropiada para producir café instantáneo...Su origen es el Congo Belga (actualmente la República Democrática del Congo.

 

El Grupo Enológico Mexicano llevó a cabo ---el sábado 6 de junio--- su cata “ciega” número 174 en la cumbre del volcán Sierra Negra (donde se localiza el Gran Telescopio Milimétrico), a una altitud de 4.581 metros. Tomando en consideración el desplazamiento hacia el Estado de Veracruz de los Miembros de Número de esta asociación de enófilos, se pensó en la conveniencia de realizar una Cata maridaje de rones añejos “Mocambo” y Cafés de Córdoba en esta pintoresca ciudad veracruzana. Hasta donde puedo asegurarlo , no se había llevado a cabo en México, en una fecha anterior, una degustación de esta índole. Para ello fueron invitadas las empresas Licores Veracruz y Café Tostado de Exportación (cuyo café emblemático es del la marca “Los Portales”), ambas asentadas en Córdoba, Veracruz.

 

En un espacioso salón ---en un espacio rodeado de hermosos jardines--- fueron montadas las mesas, cubiertas por níveos manteles, para unas sesenta personas que asistieron a esta singular degustación. El presidium estuvo integrado por la señora Celia Barragán de Villanueva, presidente.del Consejo de Administración de Licores Veracruz (en cuya residencia se llevó a cabo esta cata maridaje); Miguel Guzmán Peredo, director general del Grupo Enológico Mexicano; Juan Antonio Lavín Torres, Presidente Municipal de Córdoba; Gabriel Bobadilla Mugirá, director de exportación de Café Tostado de Exportación; y Roberto Ladrón de Guevara, director de mecadotecnia de dicha empresa.

 

El licenciado José Villanueva Barragán, director general de Licores Veracruz, dio la bienvenida a los participantes, explicando la importancia de esta cata maridaje, cuya finalidad principal es de difundir el gusto por saborear la combinación de ambas bebidas cuyo origen es la ciudad de Córdoba.

 

Inicialmente Andrés Cachaldora, catador de Café Tostado de Exportación describió los tres tipos de café que serían degustados: Café de Altura Gourmet, Café Descafeinado Gourmet y Café Orgánico Gourmet, y las diferencias en la elaboración de los mismos.

 

A continuación Miguel Guzmán Peredo dio comienzo propiamente con esta Cata maridaje de rones añejos “Mocambo con cafés de Veracruz. Tres miembros del Grupo Enológico Mexicano describieron las cualidades organolépticas de cada uno de los rones degustados, enfatizando las características visuales, olfativas y gustativas de estos destilados: Raymundo López Castro hizo referencia al ron Mocambo 10 Años. En Seguida Roberto Quaas Weppen describió el ron Mocambo 15 años, y concluyó Darío Negrelos con el ron Mocambo 20 años.

 

La cata maridaje continuó con el servicio de los tres tipos de café. Primeramente se aprecia el café tostado y molido. En sendos platitos son servidos los tres tipos de café y el catador advierte su color, que oscila del marrón claro al negro, pasando por el marrón oscuro. Se juzga su fragancia, que transmite olores cítricos, a mandarina, limón, naranja o toronja. Luego son servidos en tres tazas, y se evalúan sus cualidades, a la vista, al olfato y al gusto. A la vista se aprecia el color y su intensidad, así como la limpidez que presenta. . Al olfato se analizan sus posibles aromas herbáceos, florales y de frutos secos. Viene luego el análisis de sus características gustativas, entre las cuales una de las principales es su acidez, su cuerpo y el retrogusto que posee..

 

Al concluir esta presentación, que despertó acentuado interés entre todos los participantes (quienes durante ese tiempo formularon numerosas preguntas y comentarios acerca de ambas bebidas y su maridaje), Miguel Guzmán Peredo expresó que de la misma manera como la bebida llamada “carajillo” es muy común en España, sería deseable que se instituyese otra semejante, que bien podría tener por nombre “ café a la cordobesa ”, resultado de la mezcla ---en la proporción que cada persona gustase--- de un café de la ciudad de Córdoba, como el de la marca “Los Portales” con un ron añejo, como el de la marca “Mocambo”.

 

Esta idea fue aceptada de inmediato por Juan Antonio Lavín Torres, .Presidente Municipal de Córdoba, quien mencionó que en breve se darían los primeros pasos para el lanzamiento de una campaña tendiente a promover esta deliciosa bebida, típica de la urbe cordobesa.

 

Para concluir con esta crónica transcribiré seis pensamientos en torno al café_

 

Claro que el café es un veneno lento; hace cuarenta años que lo bebo.
VOLTAIRE

 

La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir.
ALEJANDRO DUMAS

 

Ni amigo reconciliado, ni café recalentado
ANÓNIMO

 

El café es un bálsamo para el corazón y el espíritu.
GIUSEPPE VERDI

 

El café es negro como el demonio, caliente como el infierno, puro como un ángel y dulce como el amor.

CHARLES MAURICE DE TALLEYRAND-PERIGORD

 

El café debe ser negro como el infierno, fuerte como la muerte y dulce como el amor.
PROVERBIO TURCO

 

 

 

 

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LA RELACION CALIDAD/PRECIO EN LOS VINOS

 

Las publicaciones más importantes en materia de vinos ---editadas en lengua inglesa---, como Wine Spectator, Wine Enthusiastic y Wine & Spirits, suelen incluir frecuentemente una sección titulada Best Value o Value Brand , En ella hacen especial énfasis en la existencia en el mercado de muchísimos vinos, de infinidad de países, cuya calidad es encomiable y cuyos precios resultan asequibles a la mayoría de los bolsillos.

 

Lo que en lengua inglesa se denomina “best value” o “value brand”, en los países hispano parlantes es equivalente al término “relación calidad/precio”. Al evaluarse la calidad de un producto determinado ---en el caso especial del asunto que ahora me ocupa, los vinos--- y ponderarse sus atributos intrínsecos, entra en juego otro factor en extremo importante: su precio al público, lo que torna más atractivo el hecho de adquirirlo de manera más frecuente, y así resulta más agradable su degustación.

 

Con esta información se pone de manifiesto que no únicamente los vinos de precios elevados (por ejemplo los grandes “chateaux” de Burdeos, en Francia, como Chateaux d'Yquem, Chateau Haut-Brion, Chateau Lafite, Chateau Latour, Chateau Margaux, Chateau Petrus y Chateau Mouton Rothschild, que son muy costosos, en la generalidad de los casos) son poseedores de magníficas cualidades organolépticas y, por ende, de excelente finura por sus aromas y su espléndido sabor. También hay vinos, por doquier, cuyo precio al público es muy competitivo y su clase alcanza niveles de general reconocimiento.

 

Mediante el análisis ---en un procedimiento que se denomina cata “ciega”--- de las características sensoriales de un caldo vínico (que son apreciadas por los órganos de los sentidos: la vista, el olfato y el gusto, principalmente), un grupo de especialistas en la evaluación de los vinos, califica con una puntuación determinada un vino ---no hay que olvidar que la percepción individual es subjetiva, y que ésta, en la mayoría de las ocasiones, suele estar influenciada por las inclinaciones y prejuicios personales---, y se establece un promedio de las calificaciones otorgadas. Generalmente son descartadas la puntuación más alta y la más baja, y en esta forma se conoce la calificación final.

 

Otro renglón digno de ser tomado en cuenta es el siguiente: con motivo de la recesión económica que se ha dejado sentir, de manera inclemente, en todo el mundo, en muchísimos países, principalmente europeos, la demanda por vinos de cierto precio ---que podría ser considerado alto--- se ha desplomado. En numerosos boletines on-line, consagrados a comentar todo lo concerniente al mundillo del vino, he venido leyendo que los consumidores (sobre todo en Francia, Italia y España) se inclinan a preferir vinos que no rebasen, en un comercio, los quince o los veinte euros. No se diga, así mismo, la reducción que ha experimentado la venta de vinos en los restaurantes, donde usualmente alcanzan precios más elevados.

 

Para la cata mensual correspondiente a Junio de 2009 el Grupo Enológico Mexicano escogió vinos importados, cuya comercialización en nuestro país está a cargo de la firma Wine Mex, dirigida por Germán Scheufler. Las bodegas productoras de esos vinos son las siguientes:

 

La empresa Maison Bouey, fundada en 1911 por Roger Bouey, actualmente está ubicada en Burdeos, en la comuna de Cussac, en Medoc.

 

Schenk Italia es una de las principales compañías vitivinícolas italianas, con señalada vocación de exportación. Fue fundada en 1952, y produce anualmente treinta millones de litros de vino y embotella treinta y dos millones. Sus principales mercados son Alemania, Gran Bretaña, Austria, el Benelux, los Países Escandinavos, el Medio Oriente, Sudamérica y México.

 

La Casa Rivas fue fundada en 1992 en la localidad de María Pinto, en el Valle del Maipo, en Chile. Sus viñedos ---que cubren una superficie de más de doscientas hectáreas--- .están situados al pie de la Cordillera de la Costa, a cincuenta kilómetros del Océano Pacífico.

 

Vinnico Export, comenzó sus operaciones en el año 1996. Se localiza en el poblado de Jávea, en la Provincia de Alicante, en España. Esta empresa exporta más de un millón de cajas a una gran mayoría de países de Europa, Estados Unidos de América, Canadá, Japón, Rusia y México.

 

La bodega italiana Sperone fue fundada en 1911 por Alberto Sperone, en la ciudad de Turín. En 1960 fue inaugurada una nueva planta en Milán, y en fecha más reciente otra en Asti. El 70% de su producción es exportada a treinta y cinco países.

 

En la cata “ciega” mensual número 175, correspondiente a Junio, fueron evaluados dos vinos italianos, dos argentinos, dos franceses, un chileno y un español, de las empresas mencionadas párrafos arriba. A mi parecer, sorprende gratamente el hecho de su asequible precio al público (ninguno rebasa los $ 120.00 y cuatro de ellos no llegan a los cien pesos), a pesar de ser vinos importados. Ello es debido, sin lugar a duda, a los crecidísimos volúmenes de producción, y de exportación, que alcanzan las empresas que los elaboran.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandro Guzmán Galán, Gabriel Scheufler, Gustavo Riva Palacio, Joaquín López Negrete, Juan José Furukawa, Mauricio Romero Gatica, Philippe Seguin, Roberto Quaas Weppen y Miguel Guzmán Peredo,

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Los resultados fueron los siguientes:

 

Vinos blancos:

 

1.- Carisma Torrontés, cosecha 2008. Monovarietal 100% Torrontés. 13.5% Alc. Vol. Crianza de 3 meses en botella. Valle de la Puerta, S.A. Famantina, La Rioja, Argentina. Calificación: 84.75 puntos. Precio: $ 115.00

 

2.- Moscato Spumante, sin añada. Monovarietal 100% Moscato. 7.0% Alc. Vol. Giacomo Sperone, S.p.A. Asti, Italia. Calificación: 81.75 puntos. Precio: $ 99.00

 

3.- Portobello Pinot Grigio, cosecha 2007. Monovarietal 100% Pinot Grigio. 13.0% Alc. Vol. Sin crianza. Schenk Italia, S.p.A. Calificación: 81.63 puntos. Precio: $ 119.00

 

4.- Monserat Colombard Chardonnay, cosecha 2006. 11.5 % Alc. Vol. Coupage de 60% Colombard y 40% Chardonnay. Vin de Pays de Cotes de Gascogne. Maison Bouey, S.A. Francia. Calificación : 79.75 puntos. Precio: $ 99.00

 

Vinos tintos:

 

1.- Rivas Carmenere, cosecha 2007. 13.5% Alc. Vol. Coupage de 85% Carmenere, 100% Cabernet Sauvignon y 5% Merlot. Crianza del 13% del vino en barricas de roble francés y americano, durante 8 meses. Casa Rivas, S.A. Valle del Maipo, Chile. Calificación: 86.63 puntos. Precio: $ 109.00

 

2.- Capa Tempranillo, cosecha 2007. 13.5 % Alc. Vol. Coupage de 90% Tempranillo y 10% Shiraz. Vino de la Tierra de Castilla. Crianza de 4 meses en barricas de roble francés y americano. Vinnico Export, S.A. Javea, Alicante, España. Calificación: 85.38 puntos. Precio: $ 99.00

 

3.- Monserat Cabernet Sauvignon, cosecha 2006. 13.0 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Vin de Pays d'Oc. Sin crianza. Maison Bouey, S.A. Francia Calificación: 80.50 puntos. Precio: $ 89.00

 

4.- Carisma Clasico Malbec, cosecha 2008. 13.5% Alc. Vol. Crianza de 3 meses en botella, después de trasegado en barricas francesas. V alle de la Puerta, S.A. Famantina, La Rioja, Argentina. Calificación: 80.25 puntos. Precio: $ 115.00

 

Los integrantes de la Mesa de Catadores eligieron “mejor etiqueta” (entre los blancos) la del vino Portobello Pinot Grigio; y en el caso de los tintos la del Carmenere Rivas,

 

Una vez finalizada la cata fue servida una exquisita cena, preparada por los chefs del “Bistro 235”, Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongu. Inicialmente saboreamos una sopa de flor de calabaza y setas, al aroma de cilantro, acompañada con Moscato Spumante y Portobello Pinot Grigio. El plato fuerte fue Robalo en salsa negra con chutney de tomate, que maridamos con los vinos tintos Carisma Clásico Malbec y Carmenere Rivas.

 

El postre consistió en Higos laminados con queso manchego y mousse de chocolate, acompañado de una aromática taza de café espresso,.

 

 

 


 


 

 

 

LOS PLACERES EFÍMEROS DEL GUSTO

 

Epicuro de Samos (341-270) fue un filósofo ateniense quien fundó la corriente filosófica denominada epicureismo, cuyos seguidores recibieron el nombre de epicúreos . Esa doctrina preconizaba que la presencia del placer era un sinónimo de la ausencia de dolor o de cualquier otro tipo de aflicción. Acerca de los postulados de Epicuro la Academia de Ciencias Luventicus de Argentina, señala lo siguiente: “El fin de la vida es lograr el placer y evitar el dolor. “El placer es el principio y el fin de la vida feliz.” Lo moralmente bueno es buscar el placer. Llamamos bueno a lo que nos gratifica, nos da placer. La salud del cuerpo y la imperturbabilidad del alma es el fin de una vida feliz. De todos modos, la palabra "placer" no debe confundirnos. Epicuro no promovía una vida de desenfreno, de búsqueda irracional del placer. Por el contrario, proponía buscar la ataraxia (ausencia de dolor y paz del alma), el reposo”.

 

La palabra placer deriva del vocablo griego “hedoné”, con el mismo significado. Del término hedoné surgieron los términos hedonismo y hedonista, referentes a una conducta vital en a cual el placer juega un papel primordial en la existencia. Por otro lado,. Roque B arcia, autor del libro Sinónimos Castellanos , dice que “el nombre placer significa la idea general de todo aquello que produce sensaciones agradables, así en nuestro cuerpo como en nuestra alma”, y anota los siguientes términos como sinónimos de placer: alborozo, deleite, gozo, regocijo y regodeo. Y consigna ---a mi parecer con todo tino--- que los principales placeres corporales son los de la mesa y los del sexo”..

 

Otra definición de placer es la siguiente: “es la sensación agradable que produce la satisfacción de un deseo material o inmaterial”. Tomando en cuenta que placer es “la sensación agradable que produce la satisfacción de un deseo material o inmaterial”, entre los primeros incluyo los placeres del gusto, que están dados por el deleite de saborear ---primeramente al contemplarlas, antes de ingerirlas--- exquisitas viandas y deliciosos vinos, así como alcanzar el clímax amoroso en una apasionada relación coital. Entre los segundos menciono el gozo de escuchar una sinfonía que nos cautiva, contemplar una pintura que nos fascina, o bien admirar una policroma puesta de sol a la orilla del mar.

 

Para abundar en este asunto, diré que Ignacio Medina consigna en su libro Los ritos del lujo que “después del placer sexual, quizá sea la comida el más sensual de todos los goces, pues pone en juego un mayor número de sentidos”.

 

Es innegable que casi todos los placeres ---por no aseverar que la mayoría--- son fugaces, efímeros, pasajeros y temporales. La emotividad que nos invade, tanto corporal como espiritualmente, cuando disfrutamos de placeres materiales e inmateriales no puede prolongarse indefinidamente, ya que de existir esa remota posibilidad en lugar de disfrutar de un placer, de un estimulante deleite, estaríamos arriesgándonos a una desagradable y poco placentera sensación de hastío.

 

Al referirme a los placeres de la mesa diré que la palabra edible proviene del vocablo latino edilis, “perteneciente a la comida” y, por lo tanto, hace referencia a aquello susceptible de convertirse en comida, por lo tanto comible, lo que es punto de partida, en casos muy especiales de sibaritismo gastronómico, de un auténtico placer del gusto.

 

A mi parecer, este preámbulo me permite enfocar, de manera atinada, la atención en una comida de características excepcionales, tanto por la diversidad y exquisitez de los manjares degustados, como por la extraordinaria finura de los vinos bebidos ese día. Pues resulta que conozco a un refinado epicúreo --- él me sugirió no decir su nombre, cuando le comenté que publicaría un artículo acerca de ese singular yantar--- quien emula a Anfitrión, aquel legendario rey de Tirinto, célebre en la mitología griega por su buen gusto y generosidad al brindar a sus invitados opíparos convivios. (Conviene tener presente que hoy en día solemos dar el apelativo de Anfitrión a “la persona que tiene convidados en su mesa y los agasaja con espléndidos banquetes”).

 

Esta persona reunió en fecha reciente a ocho comensales en su mesa, y haciendo suyo el postulado de Jean-Anthelme Brillat-Savarin (quien en su libro Fisiología del gusto , que lleva por subtítulo Meditaciones de gastronomía trascendente, preconiza que “convidar a una persona es encargarse de su bienestar durante todo el tiempo que permanece en nuestra casa”), preparó él mismo una abundante y deliciosa selección de platillos. Inicialmente bebimos, para mitigar el acentuado calor canicular que se dejaba sentir ese día, vino espumoso Brut Nature Doña Dolores, acompañado con unas sabrosas “tapas” de jamón ibérico de Jabugo, llamado por algunos jamón de “ P ata Negra”.La sinfonía de aromas y sabores continuó con Tacos de mixiotes acompañados de Champagne Esterlin Brut Selection Non Vintage. Después sirvieron Tostadas con camarones, maridadas con un Cava de Cataluña, de la marca Reserva Real. Momentos más tarde vinieron unas crepas de angulas (los alevines --–crías recién nacidas— del pez llamado anguila), armonizadas con Cava Brut Barroco.

 

La orgía gulosa prosiguió, primero con guisado de chuletas de cordero y luego con pato rostizado con mole. Estas dos viandas tuvieron una formidable armonización con tres vinos tintos de gran clase: Chateau Lafite Rothschiuld, cosecha 1971; Chateau Moulin de Carruades, cosecha 1981; y, finalmente, con Chateau Mouton Rothschild, cosecha 1957. Estas tres gemas etílicas mostraron cuán deliciosos resultan los vinos añosos, que han sido perfectamente guardados en una cava. Acerca del corcho, que permite la guarda de estos vinos provectos quiero recordar que Hugh Johnson menciona en su libro Historia del Vino que “”en cuanto a su duración, el corcho se torna quebradizo con el paso del tiempo, entre 25 y 30 años. Las bodegas cuidadas con todo esmero (algunos de los grandes chateaux de Burdeos, por ejemplo) substituyen los corchos de los vinos cada 25 años, aproximadamente, y otras, inclusive, envían personal experto a cambiarlos a las bodegas de sus clientes. No obstante, muchos corchos aguantan mas de medio siglo”” La concordancia entre los manjares y los vinos despertó comentarios en extremo laudatorios acerca de tan provectos caldos, cuya degustación, en una misma comida, es punto menos que extraordinaria.

 

El festín que brindó a los golosos comensales ese sibarita, fiel seguidor del precepto de Oscar Wilde: “Tengo el más simple de los gustos. Sólo me gusta lo mejor”, siguió con el Champagne Gran Vintage Moët & Chandon, cosecha 2000, y después con Champagne Dom Perignon, cosecha 1976 ---de sorprendente aroma y sabor, y fina burbuja---. para acompañar un ponche de frutas.

 

Este placentero ágape, que dio comienzo a las 14:30 horas, se acercaba a su fin cinco horas más tarde, cuando fueron servidos los digestivos: una tríada de tequilas añejos: “Don Julio Real”, “1800 Reserva Especial” y “Reserva de la Familia”.

 

Llegado el momento postrero degustamos un café espresso doble y un puro de la marca “Cuaba”, un Habano de clase superior, cuyas volutas de azulado humo parecían elevarse al infinito.

 

Las palabras para describir el “caleidoscopio de sabores” (frase de Alfonso Reyes) que significó esta extraordinaria manducatoria, serán siempre exiguas, pues de la misma manera que describir la impactante hermosura de un atardecer es, a mi parecer, bastante difícil, así resulta en el caso de referirse a un convivio en el cual los manjares y los vinos alcanzaron niveles de excelencia. Quede, pues, en la memoria de quienes disfrutaron ese día de los placeres efímeros del gusto, el recuerdo de esos deleites palatales. .

 

A manera de colofón transcribiré un aforismo de Brillat-Savarin: “ El placer de la mesa es para todas las edades, para todas las condiciones, para todos los países y para todos los días. Puede asociarse a todos los demás placeres, y se queda el último para consolarnos de la pérdida de los otros”

 

 

 

 

 


LOS BANQUETES FUNERARIOS PREHISPANICOS EN LA CULTURA DE OCCIDENTE DE MEXICO

El extenso territorio nacional llamado Mesoamérica se extiende desde la parte central de México hacia el sur, y comprende los siguientes países: Guatemala, Belice y El Salvador, así como parte de Honduras, Nicaragua y Costa Rica. En esta dilatada área geográfica florecieron las culturas prehispánicas que alcanzaron señalado esplendor: Olmeca, Maya, Teotihuacana Zapoteca y Mixteca, entre varias otras. Una de ellas, la denominada Cultura de Occidente , tuvo por zona de influencia la parte oeste del altiplano central, que comprendía las entidades siguientes: Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Colima, Jalisco, Nayarit y Sinaloa. Algunos estudiosos del grandioso pasado de México incluyen también a los estados de Aguascalientes y Querétaro.

 

Es interesante tener en cuenta lo que consigna el portal www.historiadelarte.us

acerca de la principal manifestación artística de los habitantes de esa región: “Mientras que se desarrollaban entre los teotihuacanos, los totonacas, los zapotecas y los mayas la gran arquitectura en piedra, la escultura monumental, la pintura mural y otras artes mayores, los pueblos del occidente mexicano continuaron empleando la cerámica como medio casi exclusivo de expresión artística y religiosa. Y alcanzaron en esta rama del arte sorprendentes resultados, que los coloca a una altura envidiable dentro del panorama de la cerámica universal”.

 

Una de las diversas presentaciones del Grupo Enológico Mexicano lleva por nombre Gastrónomos y Epicúreos . En estas cenas un conferenciante diserta acerca de un tema relacionado con la gastronomía y/o la enología. En la vigésimo quinta de estas sibaríticas reuniones los comensales escucharon la plática Banquetes funerarios prehispánicos en la Cultura de Occidente de México, que presentó el ingeniero Darío Negrelos, Miembro de Número de esa agrupación de enófilos.

 

En su amena charla (que a continuación transcribo, entrecomillada, de sus partes más sobresalientes) mencionó que “ Las culturas prehispánicas de  Mesomérica   todavía hoy son  poco conocidas para el público mexicano. Conocemos algunos aspectos de los Olmecas, Teotihuacanos, Tlatílcas, Toltecas, Mayas, Totonacos, Aztecas, Chichimecas, Etc. Principalmente porque dejaron huella evidente de sus conocimientos en obras monumentales, las grandes ciudades prehispánicas nos asombran y nos enorgullecen. Las investigaciones realizadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, se han publicado convenientemente, su efecto gravitacional atrae todos los foros, todos los medios, todas la publicaciones. En contraste, las ciudades más pequeñas no tienen la fama de las grandes. Aún así, poco sabemos de unas y otras porque se están estudiando los sitios y los objetos que quedaron después de los grandes saqueos y del deterioro natural, también porque la vasta información existente no está organizada, para fines didácticos, en escuelas de educación básica y media.

“Si acaso preguntamos por una cultura muy antigua y grandiosa en Mesoamérica, de más de dos mil años, con dificultad nos podrán contestar que fue la cultura Olmeca, y es que desconocemos la existencia de las culturas de Occidente. Estos grupos Occidentales construyeron pocas y pequeñas pirámides, no fueron constructores espectaculares; tampoco vivieron en núcleos numerosos, fueron hábiles ceramistas y escultores , su desarrollo fue en los estados de Jalisco, Colima, Nayarit, Michocán y Zacatecas. Estos grupos reciben una fuerte influencia de Sudamérica, a su vez, ellos influenciaron a los Olmecas (cultura madre) Teotihuacanos, Mayas, Etc. pero no se percibe hasta ahora, que el occidente se haya influenciado de las culturas Olmeca o Teotihuacana antes del periodo formativo tardío.

 

“Grupos nómadas dejaron de serlo el periodo formativo temprano, 1500 años A.C. El éxito de la adaptación al entorno de estos grupos nómadas probablemente tuvo éxito, porque vincula la práctica de la agricultura en combinación con la amplia explotación de los vastos recursos naturales de esa época (Plantas, animales y agua) Las sociedades en el cenolítico superior no llegaron más allá de un nivel socio económico –político, que estuvo caracterizado por un patrón de asentamiento de un pueblo principal, unas aldeas asociadas y una religión enfocada al culto de los muertos.

 

“Por otro lado en las costas del Océano Pacifico se verificó una intensa actividad comercial desde Ecuador hasta las costas Mexicanas, con este intercambio llegó la influenza del arte cerámico de la costa pacífica de Sudamérica. Las coincidencias en las formas y estilos, en las piezas de cerámica elaboradas en toda la costa del pacífico, sugieren ésta influencia; con esta rica tradición, la escultura y la cerámica evolucionaron de manera notable en el Occidente de México.

 

“El arqueólogo José Arturo Oliveros Morales en su libro Hacedores de Tumbas presenta su trabajo de investigación en el Opeño, Jacona, en el estado de Michoacán. Allí exhibe una civilización muy antigua, quizá la primera de Occidente, donde hicieron tumbas de tiro en el año 1500 a. C.  Estos antiguos pobladores del Opeño habían dejado de ser nómadas hacía muchos años, porque la evidencia que podemos observar a través de la cerámica encontrada en las tumbas de tiro, son objetos que no son suntuarios sino objetos de uso cotidiano, materiales de intercambio y que las tumbas fueron reutilizadas en estratos para diferentes entierros. Esto sugiere una población sedentaria. Hasta el momento no se ha encontrado una tumba de tiro más antigua que la del Opeño.

 

“Tambi én el autor manifiesta que ésta arquitectura funeraria no se limita a la actual región Occidental de Michoacán a Nayarit, sino a un Occidente a lo largo de toda la costa del pacifico, desde Nayarit hasta Perú, las similitudes en está practica arquitectónica, y en la cerámica, sugieren una globalización desde hace 3,500 años, así que este fenómeno que esta hoy de moda, en realidad es muy antiguo. Las tumbas de tiro tomaron su nombre por la semejanza que tienen con el tiro de un horno; en estas construcciones se concentran varias generaciones de entierros, junto con los cuerpos, también se colocaba cerámica, alimentos, figuras de barro cocido, herramientas de obsidiana, joyas, braseros, caracoles marinos, entre otras cosas.

 

El arte de los banquetes en el Occidente

 “ La antropóloga Kristi Butterwick comenta que Occidente comunicó sus creencias  a través del arte, a diferencia de otras culturas prehispánicas cuya historia, poesía, genealogías, se  escribieron en libros, se pintaron sobre vasijas o se esculpieron en piedra. Ella examinó un grupo extraordinario de esculturas cuyo contenido temático es el de los banquetes funerarios de occidente, y comenta: Al colocar estos objetos de barro cocido en las tumbas de tiro, junto con los muertos, se les confirió gran importancia a sus representaciones de banquetes. Además, las imágenes de consumo que abundan en el gran corpus de arte en Nayarit, Colima y Jalisco sugieren que los banquetes fueron una costumbre arraigada en toda la región.

“Los artistas antiguos del Occidente representaron los banquetes principalmente en tres formas de cerámica: grandes figuras antropomorfas con vasijas; escenas en pequeña escala de grupos de figurillas representadas con comida y recipientes, y representaciones de comida para el banquete. Las dos formas que incluyen seres humanos pueden decirnos mucho sobre los rituales de consumo en el Occidente, así como ayudarnos a comprender las dimensiones familiares sociales de estos importantes eventos.

Comida y recipentes

“En las representaciones de arte cerámico de varias figuras humanas grandes, podemos reconocer a los personajes inmediatamente como consumidores de comida y bebida, porque cada uno sostiene en la mano un pequeño recipiente en forma de cuenco o de taza. En muchos cuencos o tazas persisten vestigios de la pintura con la que fueron pintados. Estas vasijas pequeñas sirvieron para muchos propósitos, ya sea que se trate de guajes o de objetos de barro cocido. Los guajes se usaron con mucha frecuencia en toda Mesoamérica como recipientes, algunos de ellos pintados  como las vasijas  de cerámica decorada.

“Las personas de occidente también tuvieron sus banquetes en honor de sus antepasados, y quedaron registrados en figuras de barro y cerámica desde hace más de dos mil años. Probablemente la celebración del día de muertos encuentra sus raíces hace mil años en los banquetes funerarios, en donde vivos y muertos comparten y consumen alimentos. Los banquetes rituales para los muertos sirven como ocasiones honrar a los ancestros, y dan oportunidad de balancear los intereses económicos, las deudas y las alianzas de los difuntos con los vivos.

Cantos y juegos en los banquetes

En las obras escultóricas también podemos apreciar a personajes tocando instrumentos, cantando, ejecutando juegos malabares, platicando, y hasta luchadores y escenas eróticas.

Bebidas etílicas

  Una del las zonas  más pobladas en esa é poca, y con más éxito económico, fue el entorno al volcán de tequila, en este lugar los pobladores tuvieron acceso a la muy delimitada planta nativa Agave Tequilana Weber, de la que hoy se cultiva solamente la variedad azul en la zona. Esta planta aportó riqueza porque obtenían textiles y bebidas con contenido alcohólico, producto de la fermentación del agave. Algunas figurillas sugieren que fermentaban el maíz para obtener una bebida alcohólica, considero que fue uno del los motivos por el cual estas tierras circundantes al volcán de tequila fueron tan apreciadas por los caciques” Hasta aquí la conferencia dictada por Darío Negrelos.

Después de escuchar esta docta. exposición, acerca de un aspecto muy poco conocido de la Cultura de Occidente de México , hizo uso de la palabra Gabriel Scheufler, directivo de la empresa Wine Mex (que se distingue por importar vinos ---de excelente calidad--- de diferentes países: Argentina, Chile, España, Francia e Italia, entre varios otros), para describir el origen de esta firma que comercializa en el mercado mexicano vinos de magnifica relación calidad precio.

Dos de los vinos de esta empresa: Carisma Torrontés, cosecha 2006, de la bodega vitivinícola Valle de la Puerta, de Famantina, en La Rioja, Argentina; y el Casa Rivas Carmenere, cosecha 2007, de la bodega Casa Rivas, en el Valle de Maipo, en Chile, fueron degustados esa noche,. Varios miembros del Grupo Enológico Mexicano formularon comentarios, en extremo encomiásticos, respecto a estos caldos, cuando se hzo la descripción organoléptica de dichos caldos..

A continuación fue servida una exquisita cena preparada por los chefs del restaurante “Bistro 235 ---la sede de estas hedonísticas reuniones---, Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongu. La entrada. fue Croquetas de jamón serrano, chile poblano y elote, y chistorra hojaldrada. Luego sirvieron Rollo de ossobuco de ternera en salsa de hongos y aceitunas negras. El postre consistió en Peras al vino tinto con helado de vainilla.


 
 
 

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LOS VINOS ARGENTINOS DE MAURICIO LORCA

Bonum vinum lactificat cor hominis

(El buen vino regocija el corazón del hombre)

Locución latina

 

 

En la página oficial de la Organización Internacional de la Viña y el Vino leo que ésta es una organización intergubernamental, es decir, compuesta por Estados Miembros. Al 29 de julio de 2008 estaba compuesta por 44 Estados Miembros, a los cuales se agregan en calidad de Estados Observadores los antiguos miembros de la Oficina Internacional de la Viña y el Vino. De los cuarenta y cuatro Estados Miembros de la O.I.V. treinta y tres son del continente europeo. Seis son de América (Argentina, Brasil, Chile, México, Perú y Uruguay). Tres están en el continente africano: Algeria, Marruecos y Sudáfrica, y dos más en Oceanía: Australia y Nueva Zelandia.

A finales de junio de 2009 tuvo lugar en la ciudad de Zagreb ---la capital de Croacia---

el trigésimo segundo congreso de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, y allí fueron presentadas las estadísticas de 2008, lo que permitió constatar una disminución de los intercambios comerciales en volumen de vinos, y una baja considerable del nivel de consumo mundial de vino.

 

En esas estadísticas queda asentado que en 2008 se registró una disminución de la superficie del viñedo mundial de diecisiete milloneas de hectáreas, en comparación con la del año anterior. En razón del tema de este artículo mencionaré únicamente cifras concernientes a Argentina, y la comparación con el país que ocupe el primer lugar en ese rubro. El viñedo argentino corresponde al 2.9% del total del orbe, en tanto que el de España equivale al 15.0% del total mundial.

 

Por lo que respecta a la producción mundial de vino el año pasado, ésta fue de veintiséis mil millones de litros, y Argentina produjo mil 243 millones, equivalente al 5% del total del orbe. La producción de Italia fue del orden del 18.1%

 

El consumo de vino sufrió una reducción en todo el mundo, quedando Argentina con el 4.4% del total, mientras que Francia se ubicó en el primer lugar con el 13,0 %.

 

La exportación de vinos argentinos fue del orden del 4.7% mundial, en tanto que a Italia correspondió el 19.3%

 

Abundando en esta información es conveniente mencionar que, de acuerdo a información obtenida en internet, el consumo de vino en Argentina, en el año 1980, era de setenta y seis litros per capita anualmente,. Veintidós años mas tarde, en 2002, descendió a treinta y seis litros per capita.

 

En la página www.vinosdeargentina.com leo que , de acuerdo al Instituto Nacional de Vitivinicultura (I.N.V.), “el consumo anual per capita, de vino en Argentina, en el año 2007, fue de casi treinta litros. El de Brasil, de casi dos litros, mientras que el de México alcanzó los tres litros, per capita anualmente”. Estas últimas cifras podrían ---de ser certeras--- llenar de felicidad tanto a los productores de vinos en México, como a los importadores de tan dionisíaca bebida.

La cata “ciega” mensual número 176 del Grupo Enológico Mexicano (correspondiente a Julio de 2009) tuvo lugar en un salón del restaurante “Bistro 235”, en Polanco. Para esa degustación analítica fueron seleccionados ocho vinos de Bodegas y Viñedos Mauricio Lorca, de Mendoza, Argentina.

 

Mauricio Lorca es un enólogo argentino cuya brillante trayectoria profesional le ha granjeado numerosos reconocimientos. Su tarea durante doce años como winemaker en algunas de las principales bodegas vitivinícolas de ese país, como Luigi Bosca, Finca La Celia y Foster, ha sido en extremo meritoria, y ello le permitió establecer su propia empresa productora de vinos, Bodegas y Viñedos Mauricio Lorca, animado por el deseo de elaborar vinos de “gran personalidad y distinción”.Esta bodega está ubicada en el Distrito de Perdriel, en Luján de Cuyo, en la provincia de Mendoza, Argentina. Los viñedos se localizan en Vista Flores, en el Departamento de Tunuyán, en la zona de Valle de Uco, a una altitud de l.05 metros de altitud. El viñedo de Mauricio Lorca .está diseñado para contener 6.850 plantas por hectárea, con la finalidad de obtener la mejor materia prima para que sus vinos tengan alta concentración y señalada complejidad aromática y gustativa. Se puede aseverar que cada planta permite elaborar de una a dos botellas de vino, y al respecto asienta este enólogo que “como consecuencia se logra la mayor concentración de aromas, color, taninos muy suaves y vinos de gran expresión varietal”.

 

Los vinos elaborados por Mauricio Lorca son de tres categorías: la línea Fantasía, la línea Öpalo y la clase premium Lorca Poético. Estos vinos son exportados a una veintena de países, en Europa y América.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Alejandra Vergara de Del Valle, José del Valle, Darío Negrelos, Alejandro Guzmán Galán, Gabriel Iguiniz, Philippe Seguin, Roberto Quaas, Luis Juan de Paz, Mauricio Romero Gatica y Miguel Guzmán Peredo.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Los resultados fueron los siguientes:

 

Vinos blancos:

 

1.- Lorca Fantasía Torrontés, cosecha 2007. 13.50% Alc. Vol. Monovarietal 10% Torrontés riojano. Guarda de seis meses en tanques de acero inoxidable. Calificación: 85.88 puntos. Precio: $ 195.00

 

2.- Lorca Poético Viognier, cosecha 2007. 14.40% Alc. Vol. Monovarietal 100% Viognier

(producción ultra limitada: una botella por planta). Calificación: 84.00 puntos. Precio: 285.00

3.- Ópalo Sauvignon Blanc, cosecha 2007. 13.10% Alc. Vol. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc Calificación: 82.13 puntos. Precio: $ 275.

 

Vinos tintos:

 

1.- Gran Lorca Poético Blend, cosecha 2006. 14.90% Alc. Vol. Coupage de 70% Malbec, 20% Syrah y 10% Petit Verdot. Guarda de 12 meses en barricas nuevas, el 90% francesas y el 10% americanas, (producción ultra limitada: una botella por planta). Calificación: 92.25

puntos. Precio: $ 750.00

 

2.- Lorca Poético Cabernet Sauvignon, cosecha 2006. 14.80% Alc. Vol. Coupage 95% Cabernet Sauvignon y 5% Malbec. 12 meses de guarda en barricas de roble: 90% francesas y 10% de americanas. (producción ultra limitada: una botella por planta).. Calificación: 86.75 puntos. Precio: $ 350.00

 

3.- Gran Ópalo Blend, cosecha 2007. 14.50% Alc. Vol. Coupage de 30% Malbec, 30% Cabernet Sauvignon, 30% Syrah y 10% Petit Verdot. Vino premium sin crianza en madera. Producción de 1.300 botellas. Calificación: 86.00 puntos. Precio: $ 480.00

 

4.- Ópalo Syrah, cosecha 2006. 14.50% Alc. Vol. Monovarietal 100% Syrah (producción ultra limitada: una botella por planta). Calificación: 85.13 puntos. Precio: $ 315.00

 

5.- Lorca Lírico Malbec, cosecha 2008. 13.90% Alc. Vol, Monovarietal 100% Malbec. Guarda muy corta en piletas de hormigón. Calificación: 79.63 puntos. Precio: $ 195.00.

 

Los integrantes de La Mesa de Catadores eligieron “mejor etiqueta” la del vino Gran Ópalo Blend.

 

Salta a la vista la extraordinaria calidad de los vinos de Mauricio Lorca, degustados en esta ocasión, ya que de los ocho vinos cinco superaron los 85 puntos, y de acuerdo a los parámetros del Grupo Enológico Mexicano quedaron ubicados en la categoría de “muy buenos”.

 

Al concluir la degustación fue servida una exquisita cena, preparada por Mauricio Romero y Héctor Dongu, los dos chefs del restaurante “Bistro 235”. El primer tiempo fue Carpaccio de res con alcachofas y arúgula. El manjar principal fue Esmedregal en entomatado con almendras. El postre consistió en Tiramisu con helado de plátano. Estos platillos fueron acompañados con los tres siguientes vinos: Lorca Poético Viognier, cosecha 2007: Gran Ópalo Blend, cosecha 2007 y Gran Lorca Poético Blend, cosecha 2006


 
 
 

LOS VINOS DE PROLONGADA GUARDA EN BOTELLA

Hay cuatro cosas viejas que son buenas:

Viejos amigos para conversar,

leña vieja para calentarse,

viejos vinos para beber y

viejos libros para leer.

Emile Fauret

 

Iniciadas las catas « ciegas » mensuales del Grupo Enológico Mexicano en enero de 1995, existe la costumbre de realizar, una vez al año, una cata con vinos tintos de prolongado reposo en botella, que estuvieron en la cava en óptimas condiciones de guarda. por lo menos de quince a veinte años.La finalidad es la de evaluar hedonísticamemnte los visbles cambios ---en el color, en el aroma y en el sabor--- que se producen en esos caldos al paso de los años. La degustación de esta clase de vinos suele resultar sorprendente, en cuanto a que hay vinos que «se resisten a envejecer», y manifiestan, transcurridos tres o cuatro lustros, gran vitalidad y una «juventud prolongada» que a los catadores no deja de parecer en extremo interesante, a más de que saborear esos vinos de cierta « ancianidad » (como alguna vez expresó Don Quijote de la Mancha) resulta muy deleitable al paladar, como experiencia gustativa poco frecuente.

 

Este tipo especial de degustaciones ---del Grupo Enológico Mexicano--- comenzó en 2005, y hasta 2008 han sido catados treinta y siete de estos vinos, que bien pueden ser llamados provectos por su dilatada guarda en botella. Me parece conveniente recordar que en la cata mensual número 167, correspondiente a noviembre de 2008, fueron evaluados organolépticamente diez vinos de las siguientes añadas 1983, 1987, 1988, 1989, 1991, 1992, 1995 y tres de la vendimia 1998. El vino más “joven” fue elaborado con uvas de una cosecha de diez años atrás, en tanto que el más antiguo lo era de una recolección hecha veinticinco años atrás.. Cabe agregar, como detalle de curiosidad, que en la cata del año 2006, de vinos de prolongado añejamiento en botella, catamos un vino francés (un “chateau”) que en la etiqueta señalaba que era de la cosecha 1948. La puntuación de este caldo, degustado casi cuarenta y siete años después de haber sido elaborado, fue de 74 puntos, ya que aún conservaba muchas de las cualidades que debió haber tenido originalmente, digamos a los cinco o diez años de haber sido producido..

 

A finales del mes de noviembre del año 2007 publiqué un extenso reportaje ---en varios medios de comunicación, tanto impresos como electrónicos--- acerca de los vinos sometidos a prolongado envejecimiento en botella. Por ello no voy ahora volver a este tema (con la amplitud del texto anterior), sino simplemente mencionar algunos pormenores respecto a la forma como evolucionan los vinos después de haber estado guardados varios años ---algunos lustros, en ocasiones--- en la botella. En el libro titulado El Vino (una extraordinaria obra de consulta, de 928 páginas en gran formato, de la cual es compilador André Domine) aparece el capítulo “Los Vinos Añejos”, de su autoría, del cual transcribo los dos primeros párrafos, alusivos al asunto que abordo en este ensayo. ““La denominación de “vino añejo” no está claramente definida ni química ni organolépticamente. No hay ningún criterio para definir el tiempo mínimo que una botella de vino debe madurar en la bodega. De igual modo hay pocas indicaciones acerca de cómo debe oler y saber un vino añejo .

 

“Cada vino tiene un potencial de envejecimiento distinto, que depende fundamentalmente del tipo de uva y de la cuvée , y en menor medida de la cosecha, del método de elaboración, de los factores alcohol, azúcar y acidez y, finalmente, del almacenamiento una vez embotellado. Los sedimentos de la botella son fundamentales para determinar el estado de los vinos tintos en proceso de maduración, considerando también el tipo de cerpa y la cosecha. Los sedimentos rojizos y marrones están compuestos de fenoles polimerizados, es decir, de tanino y sustancias colorantes. Estos producen enlaces tan fuertes que no pueden mantenerse diluidos en el líquido. Cuanto más poso se forme y más claro se vuelva el color del vino, más suave será éste. Un Cabernet Sauvignon rico en tanino y en sustancias colorantes durante su juventud, formará considerablemente más heces que un sedoso Pinot Noir”.

 

Otra cita a mi juicio muy conveniente de traer a colación es la siguiente. En el libro Larousse de los Vinos leo, en el capítulo “El color del vino cambia con la edad”, que “Los vinos tintos se aclaran. Los vinos blancos tienen tendencia a adoptar un color más oscuro. El tono de los vinos tintos puede ir desde el púrpura oscuro a toda una variedad de rojos, hasta adquirir una coloración teja con ciertos reflejos anaranjados”. En la misma obra, en el capítulo titulado “La Crianza en Botella” queda asentado lo siguiente: “¿Cómo explicar las mutaciones que sufre un vino?. Las reacciones químicas que se desencadenan en el interior de una botella son complejas y poco conocidas. No obstante, algunas investigaciones han permitido explicar los cambios de color y aroma. Los taninos y los demás componentes aromáticos, que provienen esencialmente de los hollejos, y la madera de las barricas, se transforman. El vino de color rojo púrpura pasa a rojo rubí, y se aclara a continuación hasta adquirir un tono rojo ladrillo. La acidez astringente del fruto verde se suaviza. La agresividad del vino joven desaparece, para dar lugar a una redondez aterciopelada, que se manifiesta a través de aromas complejos”.

 

La cata “ciega” mensual número 177 del Grupo Enológico Mexicano tuvo lugar el 18 de agosto en un salón privado del restaurante “Bistro 235”. En esta ocasión fueron evaluados ocho vinos, tres blancos y cinco tintos (cinco de los ocho vinos fueron elaborados en Chile, uno en México, uno en Portugal y el restante en Italia). De los blancos, uno era de la cosecha 1998, otro, 2000 y el más “joven” de 2002. De los cinco tintos las añadas eran 1987, 1995, 2000, 2003 y 2006. Este último vino, producido por la bodega Vides y Vinos Californianos, de Ensenada, fue puesto en la degustación como “testigo”, para evaluar los colores de los vinos más antiguos.. .

 

Los cinco vinos tintos degustados en esta cata no presentaban posos o sedimentos. El color de los blancos oscilaba entre amarillo dorado oro líquido y ambarino, en virtud de la evolución que experimenta el vino en su envase de vidrio. El vino tinto Amarone della Valpolicella mostraba un color rojo granate con halo teja. El vino Syrah Ventisquero Grey era de color rojo rubí con halo violáceo .El vino portugués Romeira Palmela se apreciaba de color rojo granate con ribete aladrillado. El tinto Cabernet Sauvignon Cabo de Hornos mostraba un sorprendente (para su edad) color rojo rubí intenso, de capa alta, y se mostraba reacio a envejecer. El vino Cabernet Sauvignon Roganto Reserva Especial hizo honor a su cosecha (2005). Ya que su color era rojo rubí acentuado, de capa alta.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Alejandra Vergara, José del Valle Rivas, Mauricio Romero, Joaquín López Negrete, Rafael Fernández, Philippe Seguin, Roberto Quaas, Darío Negrelos y Miguel Guzmán Peredo.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

Cabe enfatizar que en esta ocasión no se consignan los precios de cada uno de los vinos, porque se trata de añadas que no se encuentran en el mercado.

 

Los resultados de esta cata “ciega” de ocho vinos de prolongado añejamiento en botella fueron los siguientes::

 

Vinos Blancos:

 

1.- Chardonnay Don Ángel, Reserva Especial, cosecha 1998. 12.5 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Chardonnay. Valle de Casablanca. Viña Canepa. Santiago, Chile. Calificación: 84.43 puntos.

 

2.- Chardonnay Canepa, Reserva, cosecha 2000. 13.0 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Chardonnay. Viña Canepa. Valle del Maipo, Chile. Calificación: 82.57 puntos

 

3.- Chardonnay Ramirana, Reserva, cosecha 2002. 14.0 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Chardonnay. Viña Ventisquero. Valle de Casablanca, Chile. Ca lificación: 82.29 puntos.

 

Vinos Tintos:

 

1.- Cabernet Sauvignon Roganto Reserva Especial, cosecha 2006. 15.5 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Vides y Vinos Californianos, S.A. Ensenada, Baja California. México, Calificación: 87.29 puntos.

 

2.- Cabernet Sauvignon Cabo de Hornos, cosecha 1987. 13.0 % Alc Vol. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Viña San Pedro. Valle de Lontué, Chile. Calificación: 86.00 puntos.

 

3.-Syrah Ventisquero Grey, cosecha 2003. 14.5 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Syrah. Viña Ventisquero. Denominación de Origen Maipo. Chile. Calificación: 84.43 puntos

 

4.-Romeira Palmela cosecha 2000. 13.0 % Alc Vol. D. O. C. Caves Velhas. Portugal. Calificación: 80.43 puntos.

 

5.- Amarone della Valpolicella Campagnola Classico, cosecha 1995. 14.5 % Alc. Vol. Coupage de Corvina, Molinara y Rondinella Giuseppe Campagnola. Valgatara di Valpolicella. Veneto, Italia. Calificación: 80.00 puntos.

 

En un párrafo anterior mencioné que hay algunos vinos que “se niegan a envejecer”. Esta afirmación es del todo válida para el vino Cabernet Sauvignon Cabo de Hornos, cosecha 1987, cuya tonalidad cromática ---según lo pudimos apreciar en esta degustación “a ciegas”--- no corresponde a un tinto envejecido, ya que los catadores coincidieron en que su color era rojo rubí intenso, capa alta, con magnífico escurrimiento de glicerol, y con cualidades aromáticas muy encomiables. A la boca se presentó como un vino “en su punto”, aterciopelado y equilibrado en su tríada de estipticidad, vinosidad y acidez.

 

Igualmente fue una cierta sorpresa que el vino Amarone della Valpolicella, cosecha 1995. mostrase características que le permitieron alcanzar, a su “edad”, una calificación de 80.00 puntos.

 

Los catadores eligieron “mejor etiqueta” la del vino Chardonnay Ramirana, en el caso de los blancos, y la del Cabernet Sauvignon Roganto Reserva Especial, en el caso de los tintos.

 

Al concluir esta singular cata “ciega”, en la cual fueron analizados ocho vinos de prolongada guarda en botella, fue servida una exquisita cena, preparada por los chefs del restaurante “Bistro 235”, Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongu. De entrada gustamos una Sopa de Pescado Donostiarra, cocinada a la manera antigua. El guiso principal fue Medallones de res en salsa de quesos españoles. El postre consistió en Tarta de manzana.

 

El maridaje de los guisos lo hicimos con el vino blanco Chardonnay Errazuriz Gran Reserva, cosecha 1996, de la Viña Errazuriz de Chile, y con el vino tinto Finis Terrae, cosecha 1998, de Viña Cousiño-Macul, también de Chile. El prolongado reposo en botella de ambos vinos permitió saborear dos espléndidos caldos.

 

 


 
 
 


LOS VINOS LICOROSOS

 

Sánitas est ánimae et corpori sobrius potust

(Beber vino, en forma moderada,

es saludable para el cuerpo y para el alma)

ECLESIASTÉS

 

Una primera clasificación de los vinos permite ubicarlos en las siguientes cuatro grandes categorías: tranquilos o naturales (que comprende los vinos blancos, rosados y tintos); espumosos (de los cuales el Champagne y el Cava son los dos principales exponentes); generosos o fortificados (también llamados “encabezados”, cuya potencia etílica se halla comprendida entre los dieciocho y los veinticuatro grados), como el Oporto y el Madeira, de Portugal; el Jerez, el Málaga y el Montilla-Moriles, de España; y el Marsala, de Italia); y aromáticos, como el Vermouth.

 

Es prudente señalar que los vinos aromáticos son el resultado de combinar un vino tranquilo, blanco o tinto (cuyo grado etílico oscila entre los diez y los catorce), con hierbas, flores o frutos. Y los licores son producto de la mezcla de un destilado con hierbas, flores y frutos, teniendo un grado alcohólico entre los veintiocho y los cuarenta grados. Los llamados vinos licorosos son aquellos en los que el porcentaje de alcohol es mayor, sin haber sido mezclados con ninguna otra sustancia, ni aromática ni etílica.

 

Acerca del Oporto cabe mencionar lo siguiente: se trata de un vino que está catalogado dentro de la clase de vinos que llevan cualquiera de las tres siguientes designaciones: generosos, fortificados y encabezados, en virtud de que en algún momento del proceso de la fermentación, antes de que la acción de las levaduras haya transformado por completo el azúcar del mosto en alcohol, ese jugo, que aún no es vino, es depositado en barricas que contienen brandy, usualmente es una proporción que puede ir del veinte al veinticinco por ciento de aguardiente, por setenta y cinco u ochenta por ciento de ese mosto en proceso de convertirse en vino, lo que de inmediato detiene la fermentación. De esta manera ese vino ---llamado “generoso” por el porcentaje etílico que tiene--- alcanzará un grado alcohólico de veinte a veinticuatro, a diferencia de los doce o catorce grados de un vino “tranquilo”, como es el caso de un blanco, un rosado o un tinto.

 

En la clasificación de líneas arriba, dentro de la categoría de vinos tranquilos o naturales, pueden ser incluidos los vinos llamados “licorosos” (que pueden ser blancos o tintos), cuyo grado de azúcar residual es como mínimo de 50 gramos/litro. Estos vinos son llamados, igualmente, Vinos de Postre: dessertwines, pudding wines, dessertwein, cosecha tardía y late harvest.

 

En el mundo del vino existen, en el capítulo de los vinos blancos dulces, varias ambrosías etílicas, entre las cuales figuran los vinos de Sauternes y de Barzac, de la región de Burdeos, en Francia, y el Tokaj Aszú, del área denominada Tokaj, en Hungría. En Alemania y en Austria estos vinos dulces llevan el nombre de Beerenauslese y Trockenbeerenauslese, ambos elaborados con uvas botritizadas. Otros de estos vinos llevan por nombre Vin de Paille (Vino de Paja) y el Vin Jaune (Vino Amarillo), propios de la región del Jura, en Francia. El vino llamado Eiswein (Vino de Hielo) lo es de Franconia y Rheinhessen, en Alemania, y de las regiones de Neusiedlersee y de Burgenland, en Austria, mientras que el Icewine (Vino de Hielo) lo es de Columbia Británica y de Ontario, en Canadá. Esta clase de vino es llamado en Francia Vin de Glace, y en Italia Vino di Ghiaccio. En fecha reciente en España (en Valladolid y en el Penedés) se ha comenzado a producir un vino de esta clase, que lleva el nombre de Vino de Hielo.. Estas ambrosías son ideales para acompañar el foie gras, los quesos azules y ciertos postres, constituyendo uno de los maridajes entre guisos y vinos más sorprendente que existe en la gastronomía. En México hay ---desde hace varios años--- esta clase de vinos, y son llamados vinos de cosecha tardía. Entre otras bodegas vitivinícolas productoras de estas exquisiteces báquicas etílicas figuran Monte Xanic, Domecq, L.A.Cetto y Vides y Vinos Californianos

 

Entre los vinos licorosos más afamados en el mundo entero se halla el Chateau D'Yquem, mítico vino de postre de prestigio mundial, cuyo precio estratosférico y extraordinaria calidad son distintivos de este néctar, el único vino blanco que en la clasificación de Burdeos, de 1855, figuró como Premier Cru al lado de cuatro vinos tintos, hoy en día clasificados entre los mejores del orbe por su excepcional calidad.

 

Considero interesante recordar que cuando iba a tener lugar la Exposición Internacional, en 1855, en la ciudad de Paris, la Cámara de Comercio de Burdeos recibió el encargo de los organizadores de esa magna feria (destinada a mostrar las múltiples excelencias de Francia

–el país anfitrión---, así como también el poderío industrial y la honda raigambre cultural de esta nación europea) de presentar los mejores vinos de esa afamada región. De esta manera tocó en suerte al Sindicato de Corredores de Vinos de Burdeos establecer una clasificación, por categorías, de los vinos elaborados en las principales áreas de Burdeos, quienes dictaminaron que el honor de aparecer como Premier Cru Classé correspondía a los siguientes cuatro vinos tintos (los cuatro del área de Medoc): Chateau Margaux, Chateau Haut.-Brion, Chateau Lafite-Rothschild y Chateau Latour. Del área denominada Giranda, en la zona de Sauternes, fue incluido solamente un vino: Chateau d'Yquem, un excepcional vino blanco dulce, que fue calificado Premier Cru Superieu r. .

 

Pero, ¿qué hace tan especial al vino Chateau D'Yquem, que se cotiza regularmente a precios sorprendentemente altos?. La respuesta bien puede ser la siguiente: las uvas con las que están elaborados esos vinos tienen alta concentración de azúcar, y el vino resultante se caracteriza por poseer aromas y sabores en verdad únicos, producto de esa sobremaduración. Esa sobremaduración de uvas de las cepas Sauvignon Blanc y Semillon (o bien de la variedad llamada muscadelle) está dada por un hongo, llamado Botrytis cinerea, causante de la llamada “podredumbre noble”. El vino de la zona de Sauternes, en Burdeos, es la consecuencia del clima húmedo propio de algunos otoños, y entonces se demoran las cosechas, con la finalidad de permitir el desarrollo del hongo (se instala en la piel de las uvas, deseca el grano y concentra la cantidad de azúcares, aportándole un sabor exquisito e inconfundible). Es muy compleja la función de la Botrytis cinerea, ya que “ sólo en ciertos años prospera magníficamente en climas con cierta humedad, propia de la influencia marítima”.

 

Chateau D'Yquem es el nombre de un vino licoroso (incomparable cuando es degustado acompañando foie gras o queso roquefort) considerado por Edmund Penning Rowsell, uno de los más respetados escritores acerca de vinos y autor del libro Los Vinos de Burdeos , “el más grande de la zona de Sauternes, y de acuerdo a la famosa clasificación de 1855, de toda la región de Burdeos. Es dulce, dorado y aparentemente casi inmortal”.

 

El vino Chateau D'Yquem está elaborado en la propiedad agrícola en donde hay un castillo, cuyas partes más antiguas se remontan al siglo XV. La extensión del viñedo es de sólo sesenta hectáreas, sembradas en un ochenta por ciento con uvas de la variedad Semillon, y en el restante veinte por ciento con la cepa Sauvignon Blanc. La producción es de únicamente sesenta y seis mil botellas, cantidad prácticamente muy pequeña, tomando en cuenta la gran demanda que hay de este prestigiado vino. Cuando es el tiempo de la vendimia, los operarios recogen solamente las uvas afectadas por la Botrytis cinerea, realizando normalmente seis “pasadas” por el viñedo (esta operación de recolección de las uvas más apropiadas es muy minuciosa, lenta y, por ende, costosa). Una vez llevadas las uvas al lagar, allí son prensadas tres veces, y luego de haber tenido lugar la fermentación del mosto se deja reposar el vino durante tres años, en barricas nuevas de roble.

 

Esta es la explicación por la cual el vino blanco Chateau D'Yquem, mítica gema enológica, es tan costoso. Saborear unas gotas, o un sorbo, de este delicioso néctar es una experiencia gustativa realmente única.

 

En el mundo de los vinos suelen ser frecuentes las subastas de botellas excepcionales (en extremo preciadas por ser de una cosecha sobresaliente, o bien de una marca en extremo reconocida; o bien por ambas razones), principalmente aquellas que realizan las empresas Sotheby's y Christie's, las cuales, por su seriedad, la rareza y el prestigio de los objetos que son puestos a remate, han adquirido bien ganado renombre. En estas subastas algunos de los vinos alcanzan precios punto menos que estratosféricos.

 

En una de estas almonedas organizada hace algunos años, en la ciudad de Nueva York, por la compañía Morrell, especializada en la comercialización de vinos, fue subastada una caja de doce botellas, cosecha 1967 (una vendimia relativamente reciente), del vino Chateau D'Yquem, en la cantidad de cinco mil doscientos dólares. Cada botella de tres cuartos de litro de este incomparable néctar báquico tuvo un costo de cuatrocientos treinta y tres dólares.

 

Otro de los grandes vinos blancos licorosos, que rivaliza con el Chateau D'Yquem es el Tokaj Aszú, de Hungría, del cual mencionaré lo siguiente:

 

Las veintidós regiones vitivinícolas de Hungría registran un considerable volumen de producción, y en ellas se elaboran vinos muy apreciados, lo mismo en el mercado nacional que allende las fronteras húngaras. De todas ellas, una de las que mayor fama y renombre ha alcanzado, dentro y fuera de Hungría, es Tokaj-Hegyalja, donde son elaborados vinos blancos, exclusivamente, de notable finura y delicado sabor. El vino más prestigiado, sin lugar a duda es el Tokaj-Aszú, cuyo nombre es el mismo que el de la ciudad más importante y de la región donde ésta ambrosía etílica es producida, siguiendo un procedimiento de vinificación en extremo cuidadoso. Cabe agregar que esta zona geográfica de Tokaj-Hegyalja se localiza al pie de la cordillera de los Cárpatos y está bañada por los ríos Tisza y Bodrog.

 

Ya desde los tiempos del esplendor de Roma, hace de ello poco más de veinte centurias, la vitivinicultura era practicada regularmente en lo que hoy es Hungría y entonces era denominada provincia romana de Panonia. Existen testimonios históricos que permiten conocer que ya desde el siglo XIII se ponderaba la categoría de los vinos de Tokaj (se pronuncia Tokai), que a la sazón no eran de las características que ahora los distinguen, especialmente el que lleva junto al nombre Tokaj la palabra Aszú, que designa un vino altamente licoroso, que a continuación describiré pormenorizadamente.

 

La historia se entrelaza con la leyenda, al igual que ha ocurrido con los orígentes del Champagne, el vino espumoso por antonomasia, al relatar los comienzos del Tokaj-Aszú. Hasta principios del siglo XVII el vino elaborado en esta región (cuyo centro neurálgico es la ciudad de Tokaj, y que comprende veintisiete poblaciones donde las viñas cubren una extensión de casi siete mil hectáreas, exactamente 6,600) era el resultado de la vinificación que usualmente se llevaba a cabo por doquier donde se produjese vino. Pero sucedió que debido a los conflictos bélicos, a la sazón frecuentes entre los húngaros y los turcos, en un año dado (lo mismo he encontrado, en diferentes fuentes de información, que ello tuvo lugar en 1610 que en 1630 o en 1650), cuando la región era propiedad de una aristócrata llamada Zsuzsanna Lorantfly, el monje que tenía a su cuidado la producción de vino (su nombre era Szepsi Laczko Maté) decretó, ante el temor de que se registrase un ataque de parte del ejército otomano, que la vendimia fuese retrasada hasta que pasara el peligro de una invasión armada.

 

Fue así como la recolección se llevó a cabo en el mes de noviembre, lo que propició que muchos de los racimos estuviesen afectados por el hongo Botritis cinerea (que ocasiona una enfermedad de las uvas, --actualmente para muchos vitivinicultores es una bendición la aparición de ese hongo--, que hace disminuir la cantidad de agua de las uvas, concentrando el azúcar de los granos), causante de la llamada “Podredumbre Noble”. Al advertir esa eventualidad el monje ordenó que las uvas afectadas fuesen recogidas separándolas de las uvas sanas, y que fuesen prensadas aparte de los racimos no dañados. Fue así como se originó la práctica, según narran añosas crónicas húngaras, de depositar en recipientes de madera (en lengua húngara su nombre es “puttonyo” y en castellano es cuévano, que designa a un cesto de madera, o de mimbre, más ancho en la parte superior que en la interior), cuya capacidad es de veinte a veinticinco kilogramos de uvas botritizadas, o Aszú. También se habla de que su capacidad, medida en litros, es de treinta.

 

En el enciclopédico libro The Oxford Companion to Wine (1994), de Jancis Robinson, leo que en 1641 se establecieron las leyes que reglamentan la zona de producción y la manera como deben ser elaborados los vinos de la región de Tokaj-Hegyalja, y que fue en 1660 cuando se decretó la forma de elaborar el vino utilizando uvas con “podredumbre noble”.

 

Cronológicamente hablando viene después la referencia que fue en el año 1712 cuando el príncipe húngaro Ferenc Rakoczi viajó a Paris y obsequió al monarca francés Luis XIV con varias botellas de Tokaj-Aszú. Fue tal el deleite del “Rey Sol” al degustar ese néctar etílico que, se dice, pronunció la frase que, al correr de los siglos, sería repetida como divisa distintiva de tan exquisito vino licoroso: “Le vin des rois; le roi des vins” (el vino de los reyes, el rey de los vinos). Igualmente se suele utilizar, al referirse a este delicioso vino licoroso, la traducción al latín de esa frase: “Vinum regum; rex vinorum”.

 

De acuerdo a las disposiciones vigentes para elaborar Tokaj-Aszú, éste debe ser el resultado de una vinificación muy especial, empleando cuatro cepas distintas de uvas blancas: Furmint, Harslevelú, Sarga Muskotaly y Oremus. Una vez que la vendimia ha tenido lugar, y han sido recolectadas las uvas afectadas por el hongo Botritis cinerea (éstas son las uvas llamadas Azsú, con la “podredumbre noble”, recogidas en los viñedos grano a grano, diariamente, durante varias semanas), son depositadas en “puttonyos” y ahí quedan en forma de pasta. Luego es agregada esa pulpa en el mosto obtenido previamente del prensado de las uvas de la variedad Furmint, que está contenido en barricas de ciento treinta y seis litros. Esta mezcla es sometida a una nueva fermentación como punto de partida de la elaboración del vino Tokaj-Aszú.

 

El número de esos recipientes, “puttonyos”, que son agregados a una barrica determina la concentración y calidad del vino. Se mide en una escala del 3 al 6. El vino Tokaj-Aszú de 3 puttonyos contiene 60 gramos de azúcar residual por litro; el de 4 puttonyos, noventa gramos; el de 5 puttonyos, 120 gramos y el de 6 puttonyos, 150 gramos de azúcar residual por litro. Por arriba del Tokaj-Aszú de 6 puttonyos existe otro vino (una verdadera ambrosía al paladar) llamado “Aszú Eszencia”, el más licoroso de todos, que únicamente es producido en años excepcionales.

 

Volviendo al momento en que determinado número de cuévanos o “puttonyos”, que contienen una pasta de uvas “Aszú” pasificadas, es agregado al vino de Furmint, se deja reposar durante 24 o 36 horas, para que macere. Luego tiene lugar un prensado ligero; más tarde hay una refermentación y ya luego se deja reposar, en un lento y prolongado envejecimiento en la barrica, de cuatro a ocho años, dependiendo del tipo de Tokaj-Aszú que se desea obtener, en las seculares y laberínticas cavas subterráneas (de paredes ennegrecidas, por estar recubiertas por un espeso musgo, de consistencia muy suave y delicada, producido por el hongo Cladosporium cellare ) de la región que lleva por nombre Tokaj-Hegyalja, que están situadas bajo las colinas que hace millones de años fueron volcanes activos.

 

En esta región vitivinícola de Hungría son elaborados, además del Tokaj-Aszú, otros vinos, como el varietal Furmint, hecho con la principal cepa regional. El vino que recibe el nombre de Szamorodni (puede ser seco -Száras- o dulce -Edes-) está hecho con uvas no botritizadas, recolectados los racimos completos, sin que haya habido ninguna selección, de allí su nombre, que procede de un vocablo polaco, Szamorodni, que significa “tal como viene”.

 

La enóloga británica Serena Sutcliffe menciona, en su libro Manual de los Vinos, lo

siguiente: “Mucha gente considera a los vinos dulces entre los grandes lujos del mundo...Son la esencia de lo que la uva puede dar cuando se la recoge en su máximo nivel de madurez. Uno de los problemas de estos vinos, debido a sus niveles de azúcar, es que son tan deliciosos cuando jóvenes que mucha gente sucumbe a la tentación de beberlos demasiado pronto. Los grandes vinos blancos de postre casi siempre se vuelven más finos cuando se les deja algún tiempo en la botella. La “podredumbre noble” es lo que diferencia a estos vinos de los simplemente dulces. En alemán se le llama “edelfäule”, y en francés “pourriture noble”. Es causada por un hongo, Botrytis cinerea , que ataca la piel de las uvas en otoño, cuando se combinan calor y algo de humedad. Al penetrar el hollejo de las uvas sanas hace que el agua se evapore y que aumente el contenido y la concentración de azúcar”.

 

Lo anterior tiene vigencia para los vinos de Sauternes, elaborados con uvas Sauvignon Blanc y Semillon. En el caso del Tokaj Aszú --elaborado con la uva Furmint, autóctona de Hungría-- el procedimiento de obtención de estos grandes vinos estriba en la adición de determinado número de “puttonyos” o cubas de madera conteniendo una pasta de aszú que se mezcla a cierta cantidad de vino. En el caso del Eiswein y del Icewine las uvas, principalmente de la variedad Riesling, han sido vendimiadas, uva por uva, cuando están congeladas después de haber soportado temperaturas que oscilan entre los siete y los trece grados centígrados bajo cero.

 

Jozsef Kosarka, quien fungiera, durante varios años, como Embajador de Hungría en México (y dejara en nuestro país un imborrable recuerdo de cálida amistad), escribió las siguientes frases acerca del Tokaj-Aszú: “”El célebre Tokaj-Aszú es dulce; en su color y sabor se reconoce, ante todo, la uva pasa y, al mismo tiempo, la miel, el pan, la almendra y las flores regionales. Se toma, por lo general, con todo tipo de postres, o se puede hacer un buen maridaje del vino con el Foie Gras y con quesos maduros. Pero su degustación sola también puede revelar delicadas sensaciones. Los diferentes vinos producidos durante siglos tienen una calidad muy equilibrada, y pueden ser conservados durante muchas décadas. Este es el caso de uno de los mayores éxitos recientes de un Tokaj-Aszú (el de 6 puttonyos, cosecha 1972, embotellado en 1994), que recibió el reconocimiento Platinum Medal Dessert Wine World Champion. Se dice que todavía sigue madurando, y puede conservarse durante más de cien años””.

 

Es oportuno asentar que en el Himno Nacional de Hungría se hace alusión a este vino, agradeciendo a Dios que “de la vid de Tokaj se ha destilado la esencia más pura”.

 

De todo lo anterior platicó Miguel Guzmán Peredo, Director General del Grupo Enológico Mexicano antes de que tuviera lugar la vigésima sexta cena de la serie “Gastrónomos y Epicúreos”, una de las varias presentaciones de esa agrupación de enófilos.

 

En seguida José Del Valle Rivas, Miembro de Número del Grupo Enológico Mexicano y Director General de la empresa La Selección del Sommelier, habló acerca de los vinos de la marca Peña del Bernal (que son elaborados por la bodega vitivinícola Freixenet de México, con la leyenda Vino artesanal mexicano en la etiqueta).

 

Como aperitivo degustamos, antes de pasar a la mesa (y también para acompañar el primer platillo) el vino blanco, cosecha 2008, que es un coupage de 60% Ugni Blan y 40% Macabeu, el cual fue descrito en sus características sensoriales por los miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano allí presentes. Igualmente fue evaluado el Vino Peña del Bernal Tinto, Crianza, cosecha 2007, resultado de un assemblage de 50% Cabernet Sauvignon y 50% Malbec. Ambos vinos fueron comentados en forma encomiástica por los comensales, quienes manifestaron que se trata de magníficos vinos mexicanos.

 

En la cena saboreamos tres deliciosos guisos. Como primer platillo sirvieron Flor de calabaza rellena de queso, y empanizada con amaranto y salsa de huitlacoche, que maridó muy bien con el vino blanco Peña del Bernal. A continuación trajeron Medallones de atún al pastor, y la armonización resultó magnífica con el vino tinto Peña del Bernal-

 

.El postre, Strudel de manzana, lo acompañamos con un sorprendente vino:licoroso: Roganto Cosecha Tardía 33, elaborado por la bodega de Ensenada, Baja California, Vides y Vinos Californianos. Es un monovarietal 100% Cabernet Sauvignon, que alcanza un grado etílico de 18.5 % gracias a la utilización de una levadura especial, que hace innecesaria la adición de algún destilado.


 
 
 

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LA COCINA LACUSTRE EN MÉXICO

  La dieta cotidiana de un determinado grupo de seres humanos se basa, primordialmente, en los recursos alimenticios de los cuales dispone en su entorno cercano. No es lo mismo la comida de quienes habitan regiones áridas o semiáridas, donde es posible cazar los huidizos animales silvestres propios de ésos inhóspitos lugares, que la de aquellos que se encuentran asentados en las proximidades de áreas en las cuales hay abundancia de agua, como lagos (recintos lacustres), lagunas, ríos (cauces fluviales) y mares (principalmente en las áreas costeras). El aprovechamiento de los recursos alimenticios de los cuales es posible disponer en los espacios lacustres, dado principalmente por las aves migratorias acuáticas, batracios, peces, tortugas de agua dulce, insectos de diversa índole, y la gran abundancia de productos que brindan las chinampas, permitió a los primitivos pobladores de estas regiones de México (lo mismo que acontece hoy en día) servirse de infinidad de productos de gran valor nutritivo. De esos sitios leo en el libro La comida en el medio lacustre (cuyo texto es obra de Ana Graciela Bedolla y Juan E.Vanegas) lo siguiente:: “El Valle de México se ubica en una gran cuenca cerrada, sin una salida natural para las aguas provenientes de los ríos y manantiales existentes en la región. Toda esta agua se acumulaba en el centro del valle, formando diversos lagos: al norte Zumpango y Xaltocan; al centro, el gran lago de Texcoco. Al sur se encontraba otro gran lago, conocido como Chalco-Xochimilco” Estos sitios de gran abundancia hídrica eran favorables --con la notoria abundancia de recursos cárnicos de muy diferentes especies--- a los primeros pobladores de las áreas lacustres próximas a la capital del imperio mexica, para que no careciesen de los productos que constituían su cotidiana alimentación. Lo mismo puede decirse de las chinampas, en las cuales eran cultivados los vegetales imprescindibles para los diversos grupos étnicos pobladores de tan promisorios parajes. Ya en ocasión anterior he señalado que Bernardo Ortiz de Montellano, un especialista en la etnobotánica y la etnomedicina de la cultura azteca, publicó en 1990 su libro Medicina, Salud y Nutrición Aztecas. En este valioso volumen el autor señala, en la sección referente a la alimentación de los aztecas, que ese grupo étnico “tenía una dieta amplia, nutritiva y bien balanceada, gracias a sus técnicas agrícolas sumamente productivas e intensivas en mano de obra, y a algunos alimentos especialmente eficientes y nutritivos”. En el capítulo IV de su documentada obra menciona que, además de la dieta básica de Mesoamérica: maíz, frijol y calabaza, complementada con chiles y tomates, los aztecas eran omnívoros, ya que comían prácticamente todo lo que caminaba, nadaba, volaba o se arrastraba, incluidos armadillos, tuzas, comadrejas, ratones e iguanas, así como pavos y perros domésticos. Comían, también, una gran variedad de peces, ranas, salamandras acuáticas (axólotl: ajolote), huevos de peces, escarabajos, corixídeos de agua (axayacatl) y sus huevecillos (ahuauhtli), entre muchos otros”. Por su parte, Jacques Soustelle, antropólogo francés autor de cinco libros acerca del grandioso pasado de México, asienta en su obra La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista las siguientes frases: “La habilidad de los cocineros aztecas se manifestaba en una gran variedad de platos: ranas con salsa de chile; pescado blanco (iztac michi) con chile y tomate; axolotl, especie de renacuajo de México, que era considerado como un manjar especialmente delicado, sazonado con chile amarillo; pescado servido con una salsa de pepitas de calabaza molidas; hormigas aladas; gusanos de maguey (meocuilin); atole de maíz y de huauhtl i, salado o azucarado, con chile o con miel; raíces de diversas especies como el camotli . ...Por otra parte, y ello constituye, sin duda, una supervivencia de los tiempos difíciles en los cuales la tribu lograba subsistir, con grandes trabajos, en los pantanos, los mexicanos consumían una gran variedad de alimentos acuáticos: ranas, renacuajos, camarones de agua dulce, moscas acuáticas, larvas acuáticas, gusanos blancos y aún los huevos que una mosca acuática (axayacatl ) depositaba en cantidades enormes sobre las aguas, y que servía como una especie de caviar, el ahuautli . Los pobres y los campesinos de las orillas de la laguna recogían del agua, incluso, una substancia flotante conocida como tecuitlatl (“excremento de piedra”) ---la espirulina, agrego yo, de muy alto valor nutritivo---, un poco parecida al queso, que prensaban para hacer con ella panes, y consumían también los nidos esponjosos que hacían las larvas de las moscas acuáticas”. Los primeros cronistas españoles que reseñaron la vida en Tenochtitlan, antes de la llegada, en el siglo XVI, de los conquistadores españoles, dejaron constancia de los hábitos alimenticios de nuestros ancestros. En sus crónicas refirieron la amplia gama de alimentos que utilizaban los pueblos mesoamericanos, así como el amplio consumo que hacían de la alga Spirulina (Spirulina geitlerii y Spirulina maxima), que posee un setenta por ciento de proteínas, frente al 19.3% de la carne de res, y al 20% del pescado (macarela); del amaranto (huautli: Amaranthus sp), cuyo grano contiene dieciocho por ciento de proteínas, “frente al catorce por ciento del trigo”, y de los charales, que contienen, según Ortiz de Montellano, un sesenta y dos por ciento de proteínas. Otros alimentos hiperprotéicos de la cocina prehispánica eran los siguientes (entre paréntesis menciono el valor proteico de algunos de ellos): jumiles, igualmente llamados “chinches de monte”, de la familia de los pentatómidos, (70%); chapulines, de la familia de los acrídicos; chinches de agua, de la familia de los coríxidos; avispas, de la familia de los véspidos; ajolotes, de la familia de los ambistómidos; ranas, de la familia de los ránidos; renacuajos (larva de la rana); iguanas, de la familia de los iguánidos; víbora de cascabel, de la familia de los crotálidos; ardillas, de la familia de los sciúridos; escamoles, la hueva de una especie de hormigas, de la familia de los fomícidos (67%), gusanos rojos de maguey: chinicuiles (71%) y gusanos blancos del maguey: meocuiles (62%). A continuación transcribo un párrafo alusivo a estos asuntos, de un artículo que publiqué hace ya más de una década: “La gran variedad de productos con los cuales los pueblos prehispánicos cocinaban exquisitos manjares, procedían de ríos, mares y lagunas, así como de la tierra y del aire. Y para quien considere que el hecho de comer insectos, chichicuilotes, serpientes de cascabel, hueva de hormiga, gusanos de maguey, ajolotes, ranas, tuzas, ardillas, perros, tortugas, iguanas y armadillos (para sólo citar ahora unos cuantos animales, incluidos dentro de la categoría de raros o exóticos) puede ser repugnante, o muy poco apetitoso en el mejor de los casos, conviene recordar las palabras del gastrónomo español Julio Camba, autor del libro La Casa de Lúculo o El Arte de Comer: ”El primer hombre que comió un caracol no era, ciertamente, un epicúreo sino un hambriento. Sólo el hambre, en efecto, pudo hacerle llevarse a la boca ese gasterópodo de aspecto inmundo, y hoy los caracoles de Borgoña tienen en la cocina francesa un tratamiento de excelencia. Y quien habla del gasterópodo habla del batracio. Las ranas no le ofrecían al hombre una apariencia mucho más apetitosa que los caracoles, pero algún músculo debían de tener cuando daban unos saltos tan largos”. Antaño y hogaño se ha practicado en nuestro país, de manera bastante frecuente, la entomofagia, (palabra que significa alimentación a base de insectos, bien sea regularmente o bien de manera ocasional, como un patrón de conducta alimenticia. La palabra entomofagia proviene de los vocablos griegos entomos = insecto, y fagos = comer, y se asegura que existen registradas 1.462 especies de insectos edibles, pero seguramente el número es mucho mayor. La palabra edible proviene del término latín edilis, que se traduce como “perteneciente a la comida”, y del subfijo “ble”, que significa “susceptible de”. Esto es, lo que es susceptible de ser comido, de convertirse en comida, o, más brevemente, comible. Idolina Velázquez Soto, investigadora en e ntomofagia y florifagia en México, escribió lo que a continuación transcribo: “ La entomofagia habitual de México llamó poderosamente la atención de los primeros cronistas de la conquista y colonización. Por ejemplo Fray Bernardino de Sahagún relata el consumo de insectos, gusanos y flores: "comían unas hormigas aludas con chiltécpitl. Comían también unas langostas que se llaman chapolin chichiahua; quiere decir "cazuela de unas langostas", y es muy sabrosa comida. Comían también unos gusanos que se llaman meocuilti chitecpin mollo; quiere decir "gusanos que son de maguey y con chiltecpinmolli". Aparte menciona otros gusanos: de maíz cinocuili y algunos acuáticos como el ocuiliztac, el atelepitz, el atopinan y el ahuihuilla. .
”Entre los insectos más conocidos en Mesoamérica, los naturales comían el ezcahuhitli, huevecillos de una mosca; Los escamoles, huevecillos de hormigas; las hormigas llamadas chicatanas; las chinches acuáticas llamadas axayácatl y de estas chinches se comen sus huevecillos que dicen saben a caviar; los famosos ahuahutles. La chinche xamue que siervía de condimento. En algunas regiones de Oaxaca hay una chinche grande a la que se le chupa el abdomen para extraerle una especie de miel y se le deja viva para que llene de nuevo el abdomen de ese líquido dulce. Los chapulines; los meocuili o gusanos blancos que se criaban en el maguey, y los tecaoli, de color rojo. Otros gusanos de tierra llamados chilamuiles. Los jumiles, insectos pequeños que se comen vivos condimentándolos con sal y limón. Los acociles y el mosco llamado axayacatl, eran el tributo de los lagos hoy desecados, entre ellos el de Texcoco. Los huevecillos del axayacatl llamados ahuahutle, se comían en tortas. Este sabroso platillo, los españoles acostumbraron a comerlo en los días viernes, cuando las carnes rojas no estaban permitidas. A su dieta de las libélulas, moscas, mosquitos, hormigas y gusanos, agregaron mariposas, orugas, pulgones y piojos. “Los insectos son elementos vivos y vitales en torno a la cocina, siempre presentes por su gran adaptabilidad ambiental y su desmedido poder de reproducción. Holt señaló que los insectos comestibles son herbívoros y más limpios que los caracoles, mejillones, ostiones, camarones y otros bocados altamente apreciados por los gourmets de diferentes razas. Este tipo de alimentación es muy abundante por la cantidad de huevos que tanto hormigas, abejas, termitas, moscas y mosquitos ponen por minuto. Las termitas ponen hasta 36 mil huevecillos por día, o sea 25 por minuto. Las hormigas pueden poner 1400 huevecillos al día, o sea un huevo por minuto. Los pulgones, durante los 45 días de vida promedio, se reproducen de 5 a 7 individuos por día..
”Ahora se sabe que cada 100 gramos de mosco seco, tienen 54 gramos de proteína y 6 de grasa, más de 11 miligramos de ácido nicotínico, 48 de hierro y cantidades muy importantes de todos los aminoácidos esenciales y de las vitaminas del grupo B. El valor dietético más importante del mosco, se encuentra en su extraordinaria riqueza de riboflovina, y con sólo 100 gramos de este alimento se cubre el requerimiento normal de esa vitamina, tan escasa en la mayor parte de los alimentos ordinarios, especialmente cuando los regímenes de alimentación carecen de leche, como sucedía en la cocina
prehispánica”. Hasta aquí la cita al texto de Idolina Velázquez Soto.. Otro alimento muy frecuente en la dieta de los antiguos mexicanos, moradores de las zonas lacustres eran los acociles. De estos crustáceos escribió Clara Leyva lo siguiente: Uno de los platillos típicos de Texcoco son los acociles, pero pocos los conocen y son contados quienes se atreven a probarlos, porque tienen un aspecto poco común, o al menos no se hace agua la boca al verlos. El acocil es un crustáceo de agua dulce parecido a un camarón. Durante la época precolombina fue considerado un platillo delicioso y, aunque ahora se consume menos, no ha dejado de serlo. Este marisco se puede reproducir en pozos, lagos y lagunas de agua dulce, así como en algunas presas, por ejemplo puede encontrarse en la Presa Guadalupe Victoria en el Estado de México. Este animal se alimenta de plantas y animales muertos que encuentra en su hábitat. Como alimento fue considerado una importante fuente nutricional para nuestros antepasados, quienes nos legaron esta tradición pero que se ha perdido conforme avanzan las generaciones de texcocanos. Su sabor es semejante al del camarón y al cocerse enrojece. Quienes lo comen acostumbran a hacerlo en tacos, ya sea solo o acompañado con salsas y verduras”. Párrafos arriba mencioné el consumo que los antiguos moradores del Anáhuac hacían del ajolote. Ahora me parece conveniente transcribir un par de párrafos de Wikipedia donde hace alusión a este anfibio: “En la mitología azteca , el ajolote (del náhuatl : atl , "agua" y xolotl , "monstruo"; monstruo acuático), es la advocación acuática del dios Xólotl , de donde provino su nombre. Hermano de Quetzalcóatl y monstruoso a causa del nacimiento gemelar, Xólotl se encuentra asociado a la idea del movimiento y de la vida, de acuerdo con la leyenda del quinto sol. La dualidad se manifiesta en las transformaciones a las que recurre para evitar el sacrificio. Bernardino de Sahagún cuenta que Xólotl rehusaba la muerte, huyendo cuando vio llegar al verdugo y ocultándose en las milpas, se convirtió en una planta de maíz de dos cañas o ajolote (xolotl); al ser descubierto echó a correr otra vez y se escondió en un magueyal, donde tomó la forma de una penca doble o mejolote (de metl , maguey y xolotl). Una vez más lo halló el verdugo y escapó de nuevo introduciéndose al agua, donde se transformó en un pez llamado axolotl . Ésta es su última metamorfosis. Finalmente, el verdugo lo atrapó y le dio muerte. Xólotl es un dios que le tiene miedo a la muerte, que no la acepta y quiere escapar de ella mediante sus poderes de transformación. En México se acostumbra comerlos en caldo para fortalecer las defensas. En la medicina tradicional mexicana se pueden encontrar jarabes de ajolote para tratar principalmente enfermedades respiratorias. Por esta razón es indispensable que los acuaristas que cuenten con una pareja de estos animales, los reproduzcan en cautiverio . Son bonitos y graciosos y por eso los compran y cazan sin pensar que se pueden extinguir”. Otro de los animales de extenso consumo en la ciudad de México, en la década de los años cincuenta, eran los chichicuilotes. Yo recuerdo que, siendo adolescente, en la casa de mis padres esas avecillas eran un manjar en extremo apetitoso.. Quien peine canas podrá evocar los pregones de los vendedores ambulantes, que anunciaban con sonoras voces: “¡mercarán chichiicuilotitos, niña!. Y así iban por las calles ofreciendo tan insólita mercancía. Otras vendedoras, mujeres ellas, solían pregonar “¡mercarán chichicuilotitos vivos!”. Estas aves (actualmente están extinguidas), de color gris, de cuerpo redondeado, y de pico largo, eran de pequeño tamaño ---median quizá unos diez o quince centímetros de alzada---, y tenían su habitat a la orilla de los lagos del Valle de México. Su nombre original era atzitzicuilotl, y su denominación en lengua castellana deriva de los vocablos en lengua náhatl atl = agua, y tzitzicuilitl, que significa “cosa flaca” La vigésima comida de la serie “Tertulias Gastronómicas”, del Grupo Enológico Mexicano se llevó a cabo en días pasados, en el restaurante “Monte Cervino”, del Colegio Superior de Gastronomía. . Inicialmente saboreamos a manera de aperitivo una copa del vino blanco Chardonnay Clásico Casa Rivas, cosecha 2007, acompañando una chilapa con ensalada de nopal, anca de rana y polvo de charal (que vino a ser el sápido anticipo de una exquisita manducatoria con ingredientes propios de las áreas lacustres y fluviales. Al pasar a la bien dispuesta mesa no se hicieron esperar los comentarios acerca del tema central de esta comida ---en la cual participaron dieciséis comensales---, ya que se hizo pormenorizada referencia a los muy variados aspectos (pasados, de los tiempos prehispánicos, y presentes, de los alimentos que actualmente son propios de las zonas próximas a los lagos y ríos cercanos a la capital mexicana) alimentarios que distinguen tan curiosos y deliciosos guisos, de una forma de cocina que, lamentablemente, no es frecuente encontrar hoy en día. Para esta comida fueron seleccionados dos vinos, uno blanco y uno tinto, elaborados por la bodega vitivinícola chilena Casa Rivas. Gabriel Scheufler, director de ventas de la empresa importadora mexicana Wine Mex, comentó que la Casa Rivas fue fundada en 1992 en la localidad de María Pinto, en el Valle del Maipo, en Chile. Sus viñedos ---que cubren una superficie de más de doscientas hectáreas--- .están situados al pie de la Cordillera de la Costa, a cincuenta kilómetros del Océano Pacífico. El portafolio de vinos de esta bodega de Chile es muy amplio y au importancia comercial es grande, ya que figura --por su volumen de producción y de exportación--- entre las principales de esa nación sudamericana. Los miembros del Grupo Enológico Mexicano allí presentes hicieron la descripción de las características organolépticas del vino Chardonnay Clásico Casa Rivas, y del vino tinto Carmenere Clásico Casa Rivas, cosecha 2007. Se trata de dos excelentes vinos (entre otras cualidades cabe destacar su magnífica relación calidad precio, pues aúna a su exquisito sabor, y notoria finura ---en ambos vinos--- un precio más que asequible para muchos bolsillos). Gabriel Iguiniz, chef ejecutivo del Colegio Superior de Gastronomía, designó al chef Miguel Ángel Flores para que preparase esta insólita comida. El primer manjar fue Brocheta de cocodrilo marinada en aceite de charal, de sorprendente sabrositud. El maridaje, tanto con el vino blanco Chardonnay Clásico Casa Rivas como con el vino tinto Carmenere Clásico Casa Rivas fue motivo de conversación, por la perfecta armonización alcanzada entre manjar y vino. A continuación fue servido un Sorbete de alga spirulina (los pueblos prehispánicos hacían amplio consumo de este producto de gran valor nutritivo por su elevado porcentaje de proteínas) con ciruela roja. Luego llegó a la mesa un Magret de pato con quintoniles (los quintoniles, como es sabido, es una de las tantas hierbas silvestres comestibles de México, cuyo nombre genérico es quelites). El postre, una creación del chef, llevó por nombre Trajinera Miguel Ángel, muy sabroso. Como es ya costumbre en estas reuniones, la conversación se prolongó por largo tiempo, saboreando un aromático café..

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LOS VINOS DE LOS FAMOSOS

 

Un buen vino es como una buena película:

dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria.

Es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con

las películas, nace y renace en cada saboreador.

 

FEDERICO FELLINI

 

 

El vino, dionisiaca bebida de la cual la humanidad disfruta desde hace milenios, encierra un señalado deleite para quienes gustan acompañar sus alimentos con tan saludable néctar etílico.

 

La gran mayoría de quienes gustan del vino reconocen que los enólogos son verdaderos artistas que saben transformar un racimo de uvas en una exquisita poción, que puede ser de varios colores: rojo, cual un rubí, el vino tinto; de tonalidades doradas,. el vino blanco; o bien de tintes asalmonados, el vino rosado. Una cuarta clase de vinos, atendiendo a la presencia de burbujas, estaría dada por los vinos espumosos (de los cuales el Champagne y el Cava son los grandes señores), que tienen la característica de dejar en la cavidad bucal una gratísima sensación de efervescencia, por el gas carbónico que contienen disuelto en el líquido.

 

Ahora bien, el placer de degustar exquisitos vinos llega, en el caso de los “famosos” (los favorecidos por los dioses del Olimpo, la celestial mansión donde Zeus se deleitaba con los vinos que le escanciaba el copero Ganímedes), a desear tener vinos cuya marca está dada por sus propios nombres, y que en las etiquetas aparezcan sus imágenes. Algunos de ellos, los más refinados y acaudalados, recrean su espíritu en la contemplación de extensos viñedos de su propiedad.

 

Cabe decir que antaño el status económico, la riqueza de las “celebridades”, léase artistas cinematográficos, deportistas, cantantes, músicos, inclusive personajes vinculados a la moda y a la industria de la perfumería, solía calibrarse en razón del tamaño de sus yates, de sus aviones a reacción y de la extensión de sus residencias. Ahora se advierte un notorio cambio en esta forma de mostrar su pujanza monetaria, ya que “las estrellas” se inclinan a invertir (en ocasiones cuantiosas cantidades, por hacerse de la propiedad de “pagos” vitícolas de excepción) en viñedos, que se hallan a cargo de prestigiados enólogos, quienes tendrán a su cargo la elaboración de vinos que llevarán como marca el nombre y la fotografía de esos nuevos y sofisticados Cresos.

 

La nómina de estas personalidades (que bien podría yo designar como “super estrellas del mundo del espectáculo”) comienza con Gerard Depardieu, celebridad francesa del cinematógrafo, quien hace más de treinta años incursionó en el mundo del vino como bodeguero vitivinicultor. Primeramente adquirió una propiedad en Borgoña, y luego, en 1989, compró el Chateau Tigné, en Anjou, en el Valle del Loira. Posteriormente adquirió el Chateau Gadet, en Burdeos, para luego seguir sumando viñas y bodegas en Languedoc-Roussillon, todas en Francia. No contento con lo anterior volvió sus ojos hacia la Denominación de Origen Toro, en Zamora, para hacerse de una bodega en esta región de tanto futuro en España. Gerard Depardieu (quien se llama a sí mismo viticultor) es propietario, igualmente, de otras bodegas en Argelia y en Marruecos..

 

Otro gran personaje de la cinematografía convertido en vitivinicultor es Francis Ford Coppola, quien en 1975 adquirió una antigua finca ---fundada en 1879, en Rutherford, California--- que llevaba el nombre de Domaine Niebaum. Hoy en día la razón social de esta bodega es Niebaum-Coppola Estate Winery, que elabora, entre varios otros vinos, uno cuya marca es “Rubicón”, en honor a Julio César. En esta hermosa propiedad del multipremiado director de cine hay un museo iconográfico, donde es posible contemplar los cinco premios Oscar con que ha sido distinguido, así como diversos objetos de las películas por él dirigidas.

 

La célebre cantante Madonna, cuyo verdadero nombre es Louise Verónica Ciccone, ha aparecido desde el año 2005 en las etiquetas de varios vinos. En 2006 tuvo lugar el lanzamiento de la línea de vinos “Madonna”, de la serie denominada “Confessions”, elaborados por la bodega californiana Celebrity Cellars (Bodega de las Celebridades). Se trata, dijo en su momento Patricia Tubella (en el periódico La Vanguardia, de España) de una “ edición limitada:, una serie de botellas de vinos tintos y blancos, en cuya etiqueta aparece la fotografía de la cantante.

 

El éxito de la remesa inicial, básicamente destinada a los coleccionistas y fans de la estrella del pop, determinará la ampliación del negocio, fruto de un acuerdo de Madonna con la compañía californiana Celebrity Cellars, propiedad del empresario hollywoodense Marty Erlichman, quien en el pasado ya utilizó la imagen de Frank Sinatra, Barbra Streissand y Neil Diamond para promocionar sus bodegas. Los expertos del sector no han tardado en poner el grito en el cielo por el sobreprecio de este tipo de productos (entre los 25 y los 40 dólares por el vino de Madonna), pero Erlichman asegura que en su negocio "el consumidor no paga por el contenido de la botella, sino por su envase. Embarcada en el nuevo proyecto, la ex Material Girl se apunta un tanto publicitario al identificar el nombre de sus vinos con el título de su último álbum, Confessions on a dance floor (Confesiones en la pista de baile).”.

 

La presencia de Madonna en el mundo del vino, debería yo decir en el negocio del vino, continuó en el año 2008 cuando en Mendoza, Argentina, lanzaron al mercado el vino cuya marca era “Evita”, en cuya etiqueta aparecía su imagen, haciendo franca referencia al filme musical del mismo nombre, rodado en 1996, en el cual la cantante hizo el papel estelar de Eva Perón.

 

El actor José Antonio Domínguez Bandera, mejor conocido como Antonio Banderas (quien en el pasado ha promovido perfumes, relojes y pañuelos con su nombre), es propietario, desde marzo de 2009, del cincuenta por ciento de una bodega en España, cuyos vinos salen al mercado amparados con la prestigiada Denominación de Origen Ribera del Duero. La empresa vitivinícola que en su momento fue Anta Bodegas ---cuyo funcionamiento comenzó en 1999--- lleva ahora la razón social de Anta Banderas. Hoy en día tiene una producción de medio millón de botellas, y se espera que en pocos años alcance un tiraje de un millón y medio de botellas, destinadas principalmente a los consumidores en Estados Unidos de América y Japón. .

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La ex actriz del cine porno Savanna Samson (en realidad llamada Natalie Ontiveros) es propietaria de un viñedo en el Valle Wilmette, en Oregon, Estados Unidos de América, donde sus enólogos elaboran para ella el vino “Sogno Uno” (Primer Sueño”), resultado de un coupage ---mezcla, combinación--- de las variedades italianas Cesanese, Sangiovese y Montepulciano (en cuya selección participó la actriz, según la nota que en su momento leí). El renombrado crítico de vinos Robert Parker le otorgó a este vino una calificación de 91 puntos sobre un máximo de cien, lo que habla claramente de la finura de ese caldo báquico.

 

De otros famosos existen en el marcado vinos con sus nombres y/o sus fotografías. En esa extensa lista figuran, igualmente como dueños de viñedos, la cantante de música pop Olivia Newton-John, quien en Australia posee su propia empresa, elaboradora de los vinos de la marca “Koala Blue”, y el popular presentador Don Francisco, cuyo nombre es Marco Kreutzberger, quien es propietario de viñedos en Chile y en Argentina. Otro cantante, Sting, posee viñedos en el área de Chianti, en Toscana, Italia,

 

Otras celebridades han realizado tratos, y contratos, para que diversas bodegas vitivinícolas elaboren vinos con sus respectivos nombre, utilizándolos como poderoso argumento de venta, a más de que en las etiquetas aparezcan las fotografías de cada uno de ellos. No puedo yo asegurar que la enofilia ---palabra que bien puede designar el gusto, inclinación o propensión hacia esta báquica bebida---- de esos “famosos” sea mayor que la egolatría que los distingue, además que “business are business”, y ello constituye, a mi parecer, el argumento más poderoso para incursionar e este rico filón comercial.

 

Entre otros, aparecen en este espacio los siguientes: Diego Armando Maradona, cuyos vinos con su nombre son producidos en la Bodega Raíces Agrelo, de Mendoza, Argentina. Luis Miguel cuenta, desde 2003, con el vino Único Luis Miguel, elaborado por el enólogo Aurelio Montes Jr, en Viña Ventisquero, de Chile. A Ricardo Arjona le produce la enóloga Susana Balbó un vino con su nombre en Mendoza, Argentina.

 

Joan Manuel Serrat es propietario de una bodega en Cataluña, que lleva por nombre Mas Perinet, fundada en 1998. El enólogo Josep Sierra elabora allí el vino que lleva la marca de Perinet, resultado de un coupage poco frecuente, de las variedades de uvas Cariñena, Garnacha, Merlot, Cabernet Sauvignon y Syrah.

 

En la revista Hola, de junio de 2008, apareció la noticia de que “l a lista de “celebrities” ligadas de un modo u otro al vino no deja de crecer y crecer. Ayer, sin ir más lejos, conocíamos que unas bodegas de la pequeña localidad francesa de Miraval han dedicado uno de sus vinos a los actores Angelina Jolie y Brad Pitt. Se trata de una cosecha de 2004 en cuya etiqueta aparece la famosa pareja. Pero al margen de anécdotas como esta última, lo cierto es que cada día son más los vinos de calidad firmados por alguna personalidad. Son “los vinos de estrellas”. Aunque, vista la excelencia de estas botellas, cabe preguntarse si la estrella es el autor o el propio vino. Nada mejor que catarlos para salir de dudas”

 

En esa misma nota periodística se alude a Lluis Llach y Miguel Bosé, como figuras que poseen viñedos y vinos con sus respectivos nombres. “Y hablando de la moda, también tenemos en este sector una importante representación de maestros de la aguja “picados” por el gusanillo de la viticultura: desde el gallego Roberto Verino (creador de los vinos Terra do Gargalo, nacidos en el valle de Monterrei, en la localidad orensana de Verín) hasta el internacional Roberto Cavalli, quien junto a su hijo Tommaso, ha lanzado recientemente sus vinos Cavalli Selection y Cavalli Collection elaborados en la región de la Toscana. Hoy, incluso el gran Bob Dylan puede enorgullecerse de tener su propio vino. Y bastante bueno, por cierto: el italiano Planet Waves”

 


 
 
 

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LA COCINA DE VERACRUZ

 

¿Quieres conocer la felicidad?

Escucha “La Bamba” en Mandinga.

Baila en Pánuco un huapango,

y en el puerto jarocho un danzón.

Y en los tres casos degusta

un ambarino ron Mocambo,

certero símbolo de festividad.

 

M.G.P.

 

El 22 de abril de 1519, fecha en la cual de acuerdo al santoral cristiano se conmemoraba el Viernes Santo, desembarcaron los conquistadores españoles en los médanos arenosos de Chalchicueyecan ---en otras fuentes de información este nombre aparece escrito así: Chalchihuecan--- , frente al islote denominado de San Juan de Ulúa. El día anterior, Jueves Santo, los once navíos, salidos de Santiago de Cuba el 10 de febrero, habían atracado en dicho islote de piedra múcar de origen madrepórico, donde recibieron a los embajadores de Moctezuma II, Xocoyotzin, enviados por el Tlatoani mexica, quien se hallaba temeroso de que el caudillo de los recién llegados (“hombres blancos y barbados”, según había sido informado) fuese Quetzalcóatl, quien retornaba a Tenochtitlan, conforme lo habían vaticinado las antiguas profecías.

 

Hernán Cortés, nacido en Medellín, Extremadura,..fundó ese día, en dicho sitio, la Villa Rica de la Vera Cruz, dándole ese nombre por la áurea riqueza que advirtieron en los enviados de Moctezuma, y porque ese día celebraban ---como fieles creyentes que se consideraban--- la crucifixión de Jesucristo. Esa fue la primera población fundada por los españoles en tierra continental de América. Antes de tres meses más tarde, el 10 de julio, allí quedaría establecido el primer Ayuntamiento de la América continental.

 

En el año 1524 cambió de asentamiento la Villa Rica de la Vera Cruz, y fue trasladada a donde hoy en día se halla la población denominada La Antigua. En 1599, por un decreto de Felipe II volvió a su emplazamiento original.

 

Veracruz es hoy en día el nombre de tres entidades geográficas distintas :una ciudad, un municipio y un estado de México. Veracruz es el nombre de la ciudad más grande y más importante de esa entidad, y también el puerto marítimo comercial de mayor importancia de México. Lleva el apelativo de .Veracruz de Ignacio de la Llave en honor a un prócer nacido en la ciudad de Orizaba, quien fue un ameritado militar en la lucha contra la intervención estadounidense, primero, y después contra la intervención francesa. En 1863 fue declarado Benemérito del Estado.

 

La ciudad de Veracruz es llamada “cuatro veces heroica”, en virtud de que en cuatro ocasiones ha sufrido el asedio bélico de ejércitos invasores. En 1824 fue atacada por el ejército español, desde el Fuerte de San Juan de Ulúa, a pesar de que dos años antes el último virrey de la Nueva España, Juan de O'Donojú , había firmado con Agustín de Iturbide los Tratados de Córdoba, mediante los cuales España reconocía la independencia de México, Después vinieron tres ataques extranjeros apoyados en la fuerza de las armas. El primero del ejército francés (1838) y los dos siguientes estadounidenses (1847 y 1914).

 

A los originarios del puerto de Veracruz se les ha dado el nombre de “jarochos” En una página de internet encontré la siguiente información a este particular: “ Existen diferentes versiones del nacimiento de la palabra jarocho; una de ellas establece que Jarocho proviene de una voz musulmana empleada en España que viene de jaro, puerco montés y el despectivo cho, por lo que, para los españoles de la época colonial, era una manera de decirles puercos a los pardos. Otras versiones agregan que jarocho viene de jara, vegetal cuyo tallo se empleaba para llamar así a los pastores que cuidaban a estos animales. Para otros, entre ellos Leonardo Pasquel, jarocho viene de la voz árabe xara, que significa excremento, y la interjección ¡so!. Agrega Pasquel que la voz jaro era aplicada por los españoles de Andalucía, a lo largo del virreinato, a los puercos, marranos o cochinos, y jarocho al porquerizo o cuidador de aquellos.

La versión más probable, la que también suscribe el antropólogo Fernando Winfield, refiere que jarocho viene de jara, en el sentido de saeta, flecha o lanza , llamándose antiguamente "jarocha" a la vara o garrocha con que los arrieros puyaban a los animales, y jarochos a los que usaban este instrumento. Esta misma designación recibían los milicianos negros integrados en los cuerpos o compañías de lanceros que custodiaban las costas. Estos lanceros negros formaron la milicias que definieron el régimen español durante la guerra de Independencia.

 

Es muy probable que jarocho sirviera originalmente para designar a los negros que usaban la jarocha o lanza, y fueran arrieros o milicianos. la voz se aplicó después a todas las persona de rasgos negroides y finalmente sirvió para designar a los habitantes de la costa sotaventina”. Hasta aquí esa cita..

 

En ocasión de la décimo tercera comida de la serie “Tertulias Gastronómicas”--- celebrada en el restaurante “Monte Cervino”, del Colegio Superior de Gastronomía, el 23 de enero de 2008---, cuyo tema fue La herencia pluricultural de la cocina mexicana, escribí un ensayo del cual extraigo los siguientes párrafos: “ En su momento de máximo apogeo, cuando el imperio azteca se enseñoreaba por doquier, llegaron los conquistadores españoles, encabezados por Hernán Cortés. Tuvo lugar entonces lo que ha sido llamado “el encuentro del caldero de fierro con la olla de barro”, pues no hay olvidar que los españoles traían cañones y escopetas, espadas de acero y armaduras metálicas, mientras que los aborígenes de estas tierras oponían a aquellas armas sus macanas de madera y obsidiana, arcos y flechas y rodelas de madera. Así de violenta y desequilibrada fue aquella conquista, que vino a propiciar un mestizaje pluricultural..

 

Al ser derrotados por el ejército invasor --conformado no únicamente por los propios europeos sino por los miles de indígenas que los reforzaban-- dio comienzo una nueva etapa en la vida de los habitantes de estas regiones mesoamericanas. Uno de los principales renglones estuvo dado por la alimentación, que muy pronto comenzó a fundir los elementos propios de la cocina del pueblo (cabe decir, de los pueblos) sojuzgado, y aquellos incorporados por los vencedores, naciendo así una cocina mestiza, que vino a aglutinar productos y técnicas culinarias de unos y de otros.

Conviene tener presente, también, la acentuada influencia arábiga en la gastronomía española durante más de siete siglos, resultado de la dominación ejercida por ese pueblo en la península ibérica. Los llamados “moros”, berberiscos mezclados con árabes, desembarcaron en el año 709 en Algeciras, y apenas dos años después, en 711, derrotaron a las tropas del rey Rodrigo, lo que les permitió al cabo de algunos años diseminarse casi por toda España, llegando en poco tiempo hasta los Pirineos.

 

De manera tangencial esas influencias se hicieron presentes en la cocina mexicana a través de la española, a partir del siglo XVI. De allí que sean numerosas las palabras de origen árabe que utilizamos frecuentemente en México al ocuparnos de asuntos gastronómicos. Entre muchas otras menciono las siguientes: albóndiga, albahaca, alcachofa, alcaparra, alcaravea, alfalfa, almendra, almíbar, almidón y almuerzo.

 

Otra influencia culinaria presente en la gastronomía de México procede de África, llamada atinadamente la “tercera raíz”. Los esclavos negros comenzaron a llegar a las Antillas (inicialmente a la isla llamada Española, hoy en día República Dominicana y Haití), para incrementar la fuerza de trabajo, ya que los grupos indígenas, aborígenes de esas islas recientemente conquistadas por el imperio español, no eran suficientes para las faenas agrícolas que sus nuevos amos deseaban realizar. De las ínsulas del Mar Caribe se propagó la corriente migratoria de los esclavos negros hacia las áreas más occidentales, y pasando por Cuba llegaron al oriente de la entonces Nueva España, y por Veracruz comenzó a hacerse presente, a partir de 1524, una nueva manifestación culinaria, aquella cuyas raíces tenían sus orígenes en suelo africano.

 

Conviene tener presente, en esta sucinta relación acerca de los orígenes de la gastronomía en el estado de Veracruz, que en el año de 1609 ---dos siglos antes del “Grito de Dolores, de Miguel Hidalgo y Costilla---, tuvo lugar un levantamiento de independencia, para abolir el dominio de la corona española, encabezado por el esclavo negro Yanga (hijo del rey de la tribu africana de Yang Bara, quien fue traído a la Nueva España procedente de Costa de Marfil o de Ghana). De igual manera, recuerdo que José María Morelos y Pavón, figura señera de la historia de México, y Vicente Guerrero (el primer presidente negro de nuestro país) fueron afromestizos.

 

Otra influencia cultural en la cocina mexicana tiene sus orígenes en el continente asiático. Conviene recordar que en el descubrimiento y la colonización de las islas Filipinas (así denominadas en honor del rey de España Felipe II) el mérito corresponde a los marinos novohispanos, quienes desde Acapulco navegaron a través del Océano Pacífico hasta aquel lejano archipiélago, propiciando el comercio con diversos países de Asia. El escritor mexicano Marco A. Almazán consigna en su texto El Galeón de Manila lo siguiente: Durante más de doscientos cincuenta años las legendarias “Naos de la China” o “Galeones de Manila” mantuvieron un trafico ininterrumpido entre las Filipinas y Acapulco, y si bien navegaban bajo el pabellón español, y sus capitanes y alta oficialidad eran peninsulares, sus tripulaciones y las mercancías que transportaban eran mexicanas y filipinas. El Galeón de Manila, o Nao de la China, como popularmente se le llamaba, aunque no era china ni tocaba puertos del Celeste Imperio, empleaba de tres a siete meses en hacer el recorrido”. Es indudable que debió haber existido una considerable corriente migratoria, en ambos sentidos, y con la llegada a la Nueva España de chinos, filipinos y de gente de otras naciones asiáticas fueron incorporándose (¿qué duda cabe?) otras manifestaciones culinarias al arte coquinario nacional”. Hasta aquí la transcripción de varios párrafos de mi escrito anterior.

 

Si consideramos que el extenso territorio ocupado actualmente por el estado de Veracruz, frontero al Golfo de México, fue poblado en los tiempos prehispánicos por tres grupos étnicos: los huastecos, al norte; los totonacos, en la parte central; y los olmecas, en la parte meridional, es fácil suponer que, a pesar de los vínculos culturales que existían entre ellos, las influencias foráneas ---de diversa índole--- actuaron en forma diferente según su ubicación geográfica y la procedencia de aquellas. Esta presencia autóctona en la cocina veracruzana fue la primera en fundirse con las influencias venidas del exterior, primeramente españolas y arábigas, y posteriormente africanas y asiáticas, dando como resultado una sápida “mélange” que hoy en día está presente en la cocina del estado de Veracruz, de tanta diversidad y sabrositud en infinidad de platillos.

Al respecto señaló un autor lo siguiente: “ Quizá ese origen, en que se cruzaron distintas culturas, le ha dado a la cocina de Veracruz la riqueza gastronómica que tiene. Porque éste es uno de los estados mexicano con mayor tradición culinaria, y cada una de las regiones que lo integran tiene su toque especial que le distinguen. La cocina veracruzana está llena de posibilidades. Es famosa por sus platillos provenientes del mar, como pescado en escabeche, los pulpos en su tinta, el arroz blanco, las empanadas de camarón, los pescaditos fritos, el chilpachole y el afamado Huachinango a la veracruzana”.

En otras regiones de esta entidad las especialidades son diferentes, como en Xico, famosa por sus exquisitos moles. En Perote la fama está dada por los embutidos, muy a la usanza española. En Martínez de la Torre los manjares acusan una señalada influencia francesa, por la vecindad con San Rafael, una población en la cual, a finales del siglo XIX, se estableció una colonia de franceses, en las cercanías del río Bobos. En Minatitlán son comunes los tamales de coyol y los guisados a base de carne de tortuga, en tanto que en la Costa Esmeralda, en poblaciones como Nautla, Tecolutla, Palma Sola y Casitas, los guisos son más bien a base de pescados y mariscos, por la proximidad al mar..De Xalapa, la capital de esta entidad, son clásicos los pambazos, los chiles jalapeños en escabeche y los jamoncillos de pepita de calabaza, y de Catemaco el arroz a la tumbada.

Muchos son los platillos típicos que la persona afecta a practicar el gastronomadismo (neologismo acuñado por el gastrónomo francés Maurice Edmond Sailland, ampliamente conocido en su país natal por su seudónimo de Curnosnky, para designar a la persona que gusta viajar y disfrutar de los platillos propios del lugar visitado) puede degustar en un recorrido por el estado de Veracruz, que fuera la sede del Primer Ayuntamiento de América, y que tan preponderante papel ha jugado en la historia de México.

La vigésima primera comida de la serie denominada “Tertulias Gastronómicas“ ---una cautivante serie de hedonísticas manducatorias,. organizadas conjuntamente por el Grupo Enológico Mexicano y el Colegio Superior de Gastronomía---, que tuvo verificativo en días pasados, reunió en el restaurante “Monte Cervino”, de esa prestigiada institución académica), a veinte personas. Esos golosos comensales degustaron inicialmente el vino blanco Mateus, de Portugal, que posee delicada aguja (podría decirse que es ligeramente “pétillant” (burbujeante, a semejanza del Champagne) y exquisito sabor, lo que lo hace un vino idóneo como aperitivo. Al pasar a la bien dispuesta mesa la rectora del Colegio Superior de Gastronomía, Esmeralda Chalita Kaim, dio la bienvenida a todos los asistentes, y en seguida se formularon diversos comentarios acerca de la ciudad y puerto de Veracruz, y del destacado lugar que ha jugado en la historia de México, así como de la gastronomía propia de esta entidad, una de las más apetecibles y variadas de este país.

Mauricio Islas Lara, asistente de la Dirección de Mercadotecnia de Exclusivas Benet, la empresa que comercializa en México los dos vinos que fueron degustados en este ágape, hizo amplia referencia a las bodegas vitivinícolas Valdubón, de España, y Sogrape, de Portugal, productoras de dichos vinos, de magnífica calidad. De la primera, ubicada en la población de Milagros, mencionó que fue fundada en el año de 1997, y que se halla acogida a la renombrada Denominación de Origen Ribera del Duero, La segunda, Sogrape, fundada en 1942 por Fernando van Zeller Guedes, es la bodega productora de vinos más grande de Portugal. Se halla establecida en Vila Nova de Gaia, no lejos de la ciudad de Porto. Cabe mencionar que los vinos de la marca Mateus están presentes en más de ciento treinta países, en el mundo entero, y que el vino Mateus Rosé es el rosado de mayor venta en el orbe, desde hace varias décadas. “Esta compañía hace de las variedades de uvas autóctonas, cuyo potencial es cada vez más reconocido, una cuestión de honor nacional”.

 

La aseveración anterior entraña certeza porque el vino blanco Mateus es elaborado con las siguientes variedades originarias del país lusitano: Donzelinho, Codega, Rabigato, Folgazao y Malvasía. Este es un vino (que en la etiqueta luce la fotografía de la fachada del Palacio Mateus, construido en el siglo XVIII, considerado la “casa señorial más importante de Portugal, en el municipio de Mateus, en la población de Vila Real) envasado en una botella cuyo nombre en lengua castellana es Caramañola, y en alemán recibe el nombre de Bocksbeutel, cuyo diseño se inspiró en las cantimploras de los soldados germanos, de la Primera Guerra Mundial.

 

En la etiqueta del vino Mateus Blanco aparece la leyenda Denominación de Origen Vinho Regional Beiras, que hace referencia a una zona vitivinícola del norte de Portugal.. De acuerdo a la clasificación de los vinos lusitanos la D.O. de Vino Regional permite encasillar en esa categoría aquellos los vinos elaborados con variedades de uvas que no corresponden a los registros de una Denominación de Origen Controlada.

 

(Como pormenor interesante respecto al envase del vino Mateus Blanco diré que los vinos, en todo el mundo, suelen ser envasados en cinco tipos principales tipos de botellas: la bordalesa, la borgoñona, la alsaciana, la de Champagne y la caramañola (bocksbeutel), inicialmente utilizada en la región de Franken (Franconia, en lengua castellana). En España esa forma de botella para vino es llamada Caramañola, mientras que en Chile y Argentina recibe el nombre de Caramayola, designación del envase de aluminio, en forma de cantimplora,. en el cual los soldados llevan el agua para su consumo personal).

A continuación los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano allí presentes describieron las características organolépticas del Mateus Blanco ---sin añada--- y del tinto Vega Riaza, cosecha 2007, elaborado por la Bodega Valdubón, ubicada en la población de Milagros (en la Provincia de Burgos, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en España), no lejos de la ciudad de Aranda del Duero. Este vino, un monovarietal 100% Tinta del País (Tempranillo), está comprendido en la Denominación de Origen Ribera del Duero.

Del primer vino los comentarios giraron en torno a la presencia de una sutil “aguja”, por lo que este vino es considerado “petillant” (burbujeante), a sus manifiestos aromas cítricos, de manzanas verdes, levemente herbáceo y delicioso sabor, con un ataque en verdad muy equilibrado. Acerca del vino tinto Vega Riaza las opiniones fueron en referencia a su coloir rojo rubí, aromas de frutos rojos no maduros, barrica y cuero, y un grato sabor al paladar.

El chef Martín Enrique Castillo Mejía fue elegido por Gabriel Iguiniz, chef ejecutivo del Colegio Superior de Gastronomía, para confeccionar la comida de este día El buen yantar comenzó con una entrada denominada “ El dúo de picaditas” (nombre éste de un bocadillo en extremo popular en la cocina veracruzana). Se trata de una picadita salada, de masa de

maíz con manteca de cerdo y frijoles negros, servidos con salsa verde y queso Chiapas. La

picadita dulce fue una reducción de piloncillo y anís estrella..

 

Luego sirvieron atún en escabeche. Una cocción al alto vacío, con verduras encurtidas y paja de tortilla frita, que armonizó muy bien con el vino blaco Mateus. A continuación la sopa madrileña, una fusión de la cocina española y la cocina de Veracruz, una con sus callos madrileña y la otra con su mondongo, con jamón serrano, chorizo, pimentón , tomate frito y panza de res. Este guiso maridó muy bien –al igual que el siguiente— con el vino tinto Vega Riaza. El lomito de huachinango a la veracruzana, una típica receta con pimientos tricolor, jitomate, aceitunas negras y verdes, servido con arroz blanco y chile güero caramelizado. El postre fue llamado Los sabores de Veracruz. Una esfera de mousse de vainilla (en vaina), café, pompa de torito y una alegría de chocolate,

 

En resumen, fue un auténtico deleite manducatorio el menú diseñado por el chef Martín Enrique Castillo Mejía para la vigésima primera comida de la serie denominada “Tertulias Gastronómicas”.


 
 
 


LOS VINOS DE LA CASA DOMECQ, DE MÉXICO, Y BODEGA GRAFFIGNA, DE ARGENTINA

Al hacer mención a la historia contemporánea del vino en México es punto menos que imprescindible referirse a la Casa Pedro Domecq, la cual tuvo sus orígenes a mediados del siglo pasado, en la época por mí llamada del Renacimiento del vino en nuestro país, cuando dos visionarios hombres de empresa, Pedro Domecq y Antonio Ariza, vislumbraron el gran potencial del Valle de Guadalupe, en Baja California, para la elaboración de vinos mexicanos de gran calidad.

 

Ya he señalado previamente que en aquellos años era frecuente que en los medios de comunicación se hiciera alusión a la expresión “la franja del vino”, esa amplia zona ubicada en los dos hemisferios, entre los 30 y los 50 grados de latitud norte y sur, que es la más apropiada --por diversos factores climatológicos— para cultivar la vid y elaborar vinos de calidad, utilizando para ello las cepas denominadas “finas”.

 

Es a aquellos años, ya un poco distantes, que se remonta la encomiable tarea vitivinícola de la Casa Pedro Domecq, la cual en el Valle de Guadalupe (el área de sus viñedos fue llamada, en forma por demás poética, Valle de Calafia, haciendo alusión a la mítica reina amazona que, de acuerdo a los relatos de hace cinco o seis siglos, habitaba en una tierra denominada California) inició el auge de la vitivinicultura mexicana, que hoy en día marca el apogeo alcanzado por numerosas compañías vitivinícolas nacionales.

 

La Casa Pedro Domecq tiene presencia en México desde 1948, y en estricto apego a la verdad puedo señalar que la transformación registrada por esta empresa nacional es sorprendente. A partir de hace unos pocos años los vinos nacionales de la marca Domecq han empezado a incursionar, con éxito, en los concursos enológicos internacionales de mayor prestigio. Tampoco es fortuito el hecho de que la Societé Genérale de Surveillance (la mayor organización del mundo en el campo de la inspección y la calidad) le haya concedido el Certificado ISO 9901 a la planta vinícola asentada en el Valle de Calafia (localizado, como ya quedo asentado líneas arriba, en el Valle de Guadalupe), en el estado de Baja California. Este es un reconocimiento antes nunca otorgado a ninguna otra compañía vitivinícola en nuestro país.

 

En el feraz Valle de Calafia la empresa Casa Pedro Domecq tiene sus viñedos, sembrados con variedades como Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Zinfandel, Chardonnay, Riesling, Chenin Blanc y Sauvignon Blanc, entre otras. El enólogo de esta empresa es Sebastián Suárez, ingeniero agrónomo y Maestro en Viticultura y Enología, graduado en Montpellier, Francia, quien actualmente está desarrollando nuevos proyectos tendientes a crear vinos con personalidad definida y excelente calidad.

El Valle de Calafia custodia sus barricas y sus vinos con guarda en botella en una hermosa cava subterránea: “La Cava de las Misiones”, la cual tiene una capacidad de almacenamiento para 150,000 botellas. Cuenta con una temperatura fresca y constante la cual es requerida para los vinos de crianza (entre 12 y 14°C). Se encuentra alumbrada con una tenue luz amarilla la cual no afecta el proceso de vinificación. El sistema de ventilado permite la constante renovación del aire, evitando así, la acumulación de olores inadecuados.

En un boletín informativo de la Casa Pedro Domecq leo que “Los viñedos de Ensenada, Baja California, se encuentran en el área sur de la línea fronteriza que se extiende desde Mexicali hasta Ensenada, en una posición perpendicular al océano Pacífico, por lo que tienen un buen grado de influencia marina debido a un permanente ir y venir de los vientos. Esta zona templada situada entre los 30 y 50 grados de latitud norte es conocida como la franja del vino. Sus propiedades climáticas con inviernos húmedos y veranos secos y templados se conocen como clima mediterráneo, motivo por el cual se logran cosechas de máxima calidad”.

 

Los vinos de la marca Domecq han sido premiados en numerosos concursos internacionales. En el Concours Mondial de Bruxelles (Concurso Mundial de Bruselas) de 2004, realizado en la ciudad de Lieja, el vino tinto Chateau Domecq, cosecha 2001, fue galardonado con Medalla de Oro. En el certamen correspondiente a 2005 el vino tinto Chateau Domecq, cosecha 2002, fue premiado con Medalla de Oro, y el tinto Calafia, cosecha 2003, recibió Medalla de Plata. Los vinos blancos Chateau Domecq y Calafia, el primero de la cosecha 2004 y el segundo de la cosecha 2003, fueron galardonados, respectivamente, con Medalla de Oro y Medalla de Plata. En la décima segunda edición de este certamen enológico (cuyo nombre es, como ya quedo señalado líneas arriba, Concurso Mundial de Bruselas), celebrado en 2006 en la ciudad de Lisboa, el vino tinto Chateau Domecq, cosecha 2002, fue distinguido con Medalla de Plata. El vino Reserva Magna cosecha 2003 fue galardonado con Medalla de Oro en el Concurso Mundial de Bruselas 2007, y el vino tinto Chateau Domecq, cosecha 2005 resultó ganador de Medalla de Plata, en el Concurso Mundial de Bruselas 2008. Además de obtener los escalafones más altos en el concurso internacional “ Ensenada Tierra del Vino”, el pasado Agosto.

Hoy en día la Casa Pedro Domecq pertenece al Grupo Pernod Ricard, que cuenta con bodegas en México, USA, Brasil, Argentina, Sudáfrica, India, España, Francia, Georgia, Australia y Nueva Zelanda. Pernod Ricard es líder en el mercado de vinos premium, siendo el número cuatro a nivel mundial y e primero en Europa.

Las actividades de Pernod Ricard en la categoría de vinos, están focalizadas en cinco países: Australia, Nueva Zelanda, España, Argentina y Francia, donde nuestras principales marcas son: Jacob's Creek, Champagne Mumm, Champagne Perrier Jouet, Campo Viejo, Montana y Graffigna.

En Argentina, el quinto país productor de vino en el mundo, la primera región vitivinícola es Mendoza. Le sigue San Juan, en la provincia del mismo nombre, cuya principal área vitivinícola es el Valle de Tulum, sito en la parte meridional de esa zona geográfica. Por lo que concierne a la Bodega Graffigna, ubicada en Argentina, en la Provincia de San Juan, cuento con la siguiente información: “ En 1865 un inmigrante italiano llamado Juan Graffigna se estableció en el giro vinícola, en el cual tenía experiencia en su país de origen. En 1870 su sobrino Santiago se unió a la bodega que lleva su apellido, la cual es la más antigua de San Juan y la segunda más antigua en todo el país. Bodegas y Viñedos Santiago Graffigna representa uno de los emblemas que enorgullece a la provincia de San Juan. Más de 100 años de trayectoria en el mercado de la producción de vinos finos hicieron que Graffigna se convierta en la bodega argentina que más premios recibió en el concurso de vinos de Bruselas en la edición 2005. Todo comenzó cuando Juan Carlos Graffigna, inmigrante italiano, comenzó una humilde actividad vitivinícola en 1869. La visión de este pionero fue continuada con dedicación por sus sucesores, quienes siempre desempeñaron la actividad en el Departamento de Pocito”.

La cata “ciega” mensual número 179 del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente a Octubre de 2009, se llevó a cabo en un salón privado del restaurante “Bistro 235”, la sede permanente de estas degustaciones analíticas. Para esa ocasión fueron seleccionados cinco vinos nacionales de la marca Domecq, dos de Argentina y uno de España. Estos últimos del portafolio de la firma Pernod Ricard, representada en México por la Casa Pedro Domecq.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

La Mesa de Catadores estuvo integrada día por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Joaquín López Negrete, José del Valle Rivas, Alejandro Guzmán Galán, Darío Negrelos, Roberto Quaas, Mauricio Romero y Miguel Guzmán Peredo.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

 

1.- Chateau Domecq Blanco, cosecha 2006. 13.8 % Alc. Vol. Coupage de Viognier y Chardonnay. Fermentación en barrica de roble francés y crianza de seis meses en las mismas barricas. Casa Pedro Domecq. Valle de Calafia. Ensenada, Baja California. Calificación: 85.50 puntos. Precio: $ 146.00

 

2.- Graffigna Centenario, cosecha 2006. 13.0 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Pinot Grigio. Bodega Graffigna, San Juan, Argentina. Calificación: 83.83 puntos. Precio: $ 140.00

 

3.- XA Blanc de Blancs, cosecha 2006. 13.6 % Alc. Vol. Coupage de Chenin Blanc, Sauvignon Blanc y Chardonnay. Casa Pedro Domecq. Valle de Calafia. Ensenada, Baja California. Calificación: 82.33 puntos. Precio: $ 72.00

 

4.- Diamante, cosecha 2004. 12.0 % Alc. Vol. Coupage de Viura y Malvasía. Denominación de Origen Rioja Calificada. Bodegas Franco-Españolas. Logroño, España. Calificación: 81.50 puntos. Precio: $ 178.00

 

Vinos tintos:

1.- Reserva Magna, cosecha 2005.. 14.1% Alc. Vol. Coupage de Nebbiolo, Cabernet Sauvignon y Petite Syrah. Crianza de dieciocho meses en barrica nueva de roble francés. Casa Pedro Domecq. Valle de Calafia. Ensenada, Baja California. Calificación: 88.83 puntos. Precio: $ 545.00

 

2.- Santiago Graffigna, cosecha 2006. 14.5 % Alc. Vol. Coupage de Cabernet Sauvignon, Malbec y Syrah. Bodega Graffigna. San Juan, Argentina. Crianza de catorce meses en barricas de roble francesas y americanas... Calificación: 86.17 puntos. Precio: $ 545.00

 

3- Chateau Domecq Tinto, cosecha 2005. 13.8 % Alc. Vol. Coupage de Cabernet Sauvignon, Merlot y Nebbiolo. Crianza de doce meses en barricas de roble francés. Casa Pedro Domecq. Valle de Calafia. Ensenada, Baja California. Calificación: 85.83 puntos. Precio $ 220.00

4.- Reserva Real, cosecha 2006. 14.1 % Alc. Vol. Coupage de Barbera y Ruby Cabernet. Crianza en barricas de roble francés. Casa Pedro Domecq. Valle de Calafia. Ensenada, Baja California. Calificación: 83.67 puntos. Precio: $ 180.00

 

Cabe señalar que de los ocho vinos degustados cuatro superaron los 85 puntos, colocándose en la categoría de “muy buenos”. Por ese hecho, habrán de figurar en la relación que aparecerá publicadas en diversos medios de comunicación, en el mes de noviembre, cuyo título será Los mejores vinos en México en 2009, según el Grupo Enológico Mexicano

 

Los catadores eligieron “mejor etiqueta” la del vino Graffigna Centenario Reserva, en el caso de los blancos, y la del vino Reserva Magna, en el renglón tintos.

 

Al finalizar esta degustación analítica los integrantes de La Mesa de Catadores saborearon una exquisita cena, preparada por los dos chefs del “Bistrop 235”, Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongú. El primer tiempo consistió en Tarta “Tatin” de tomate y queso de cabra, en tanto que el platillo principal consistió en Blanquete de ternera.

 

El postre fue Arroz de leche con aroma de cardamomo.

 

Acompañamos estos platillos, en una magnífica armonización, con los siguientes vinos: Chateau Domecq Blanco, cosecha 2006, Chateau Domecq Tinto, cosecha 2005, y Reserva Magna, cosecha 2005.


 


LOS MEZCALES TRADICIONALES DE MÉXICO

 

Para todo mal, mezcal.

Para todo bien, también.

Locución popular

En el continente americano existen trescientas diez especies de agave, de las cuales en México hay doscientas setenta y dos especies diferentes. La planta denominada agave recibió el nombre, en los tiempos prehispánicos, de Metl, y más tarde sería conocida como maguey por los conquistadores españoles. La palabra maguey proviene de la lengua Aruaca, o quizá de la taína, que se hablaba en las islas del Mar de las Antillas, donde los españoles contemplaron por primera vez esa planta, a finales del siglo XV y comienzos del XVI. El maguey pertenece al orden botánico de las amarilidáceas (antaño incluidas en la familia de las agaváceas), género agave. De este género existen en nuestro país aproximadamente doscientas setenta y dos especies, como ya quedó señalado, de las cuales tienen importancia industrial aquellas de las cuales se obtienen fibras (henequén y lechuguilla), o bien de las que se obtienen líquidos azucarados, que constituyen la materia prima para elaborar diversas bebidas alcohólicas, como el pulque, el tequila y el mezcal. Es interesante mencionar que el célebre naturalista sueco Karl Linneo fue quien le dio el nombre científico de agave a esta planta, utilizando el vocablo griego agavus , que significa “admirable”.

 

El cronista José de Acosta, en su libro Historia Natural y Moral de las Indias , llama al agave el “árbol de las maravillas”, por la amplia utilización que los naturales de las regiones mesoamericanas, en los tiempos prehispánicos, hacían de dicha planta.

 

Francisco Hernández, protomédico del monarca hispano Felipe II, recorrió una vasta región de la Nueva España investigando los efectos terapéuticos de infinidad de plantas. En su monumental obra, que lleva por título Historia Natural de Nueva España, describió catorce especies diferentes de maguey con las cuales se podía elaborar pulque. Hoy en día se tiene conocimiento que existen treinta y ocho variedades de agaves pulqueros. El maguey pulquero más grande lleva por nombre científico Agave atrovirens. Las pencas suelen medir de uno a dos metros de largo y de veinte a cuarenta centímetros de ancho. La madurez de esta especie de maguey llega a los doce años. El maguey tequilero lleva el nombre científico de Agave tequilana Weber. Existen numerosas especies de maguey mezcalero, entre otros el Agave angustifolia Haw (“Espadín”), el más extensamente cultivado en el estado de Oaxaca; el Agave rhodacantha Trel (“Mexicano”); y el Agave potatorum Zucc (“Tobalá”). El otro maguey --o agave— de importancia comercial es el Agave sisalana, cuya explotación favoreció el apogeo económico, en el siglo XIX, de la “casta divina”, la oligarquía de Yucatán, merced a la explotación del henequén.

 

En el libro Oaxaca; tierra de maguey y mezcal, un documentado volumen escrito por Alberto Sánchez López, queda asentado que “del total aproximado de 288 especies para la familia agavaceae , 277, tres cuartas partes se encuentran en México, por ello se considera a nuestro país como centro del origen del género. La diversidad de climas de Oaxaca ha permitido que se hayan desarrollado cerca de treinta especies del género Agave”.

 

Cabe agregar que, de la misma manera como la Norma Oficial Mexicana ---en el caso del tequila--- autoriza una “adulteración legal” (ya que permite que haya dos categorías de ese destilado: el tequila 100% de agave, y otro con 51% de agave y 49% de otras mieles), así ocurre con los mezcales, que pueden estar elaborados con un 100% de agave mezcalero, o bien con un 80% de agave y un 20% de azúcares de otras procedencias,. Refiriéndome en concreto al tequila, mencionaré que en 1970 entró en vigor la tercera Norma Oficial Mexicana (NOM) que permitía a los industriales producir un aguardiente llamado Tequila empleando 51% de Agave tequilana Weber azul y el 49% restante de otros azúcares, como mascabado y piloncillo. Esta maniobra es, como atinadamente lo señala Rogelio Luna Zamora –un distinguido estudioso de las diferentes materias inherentes a este gustado destilado-, una “adulteración legalizada”.

 

En la vigésima séptima cena de la serie Gastrónomos y Epicúreos participó como expositor del tema Los mezcales tradicionales de México Cornelio Pérez (director de la Logia de los Mézcólatras), un apasionado promotor de los mezcales de todo México, quien ---entre muchas otras presentaciones .de tan elogiado destilado--- fungió como coordinador de la “Primera Saboreada de Mezcales Tradicionales”, una insólita degustación de treinta y dos mezcales diferentes, todos ellos incluidos dentro de la categoría de “tradicionales”, por la forma artesanal de su elaboración, y por cumplir fielmente con los requisitos establecidos para esta selecta clase de mezcales (lo mismo oaxaqueños que de otras entidades donde es producida este deliciosa bebida etílica). En aquella ocasión, noviembre de 2007, teniendo como sede la ciudad de Oaxaca, fueron cuatro los grupos en los que quedaron clasificados los mezcales motivo de tan insólita cata: el primero fue por estados productores. El segundo por tipos --especies— de agaves utilizados en la elaboración del mezcal. La tercera fue por los distritos de Oaxaca en los cuales se producen diversos mezcales. Y el cuarto fue por tipos de destilador en los que es elaborado este néctar alcohólico.

 

Cabe agregar que el grado alcohólico de los treinta y dos mezcales degustados (en dicha “Saboreada”) osciló entre los 46.3 y los 59. Es conveniente enfatizar que a pesar del elevado grado etílico de estos mezcales saboreados, la percepción olfativa y gustativa fue en extremo agradable, lo que motivó comentarios unánimes acerca de su magnífico sabor y delicioso retrogusto. Se trata de mezcales cuya producción es por demás reducida (lo que torna muy difícil su comercialización masiva), pero lo más encomiable, a mi parecer, fue el entusiasmo --puedo hablar, en estricto apego a la verdad, de una verdadera entrega y pasión--- por continuar produciendo esta clase de mezcales, siguiendo los cánones que los ancestros de los actuales productores les inculcaron. A mi parecer lo más importante es que se trata de destilados de excelente calidad y delicioso sabor, no obstante su alto grado etílico.

 

En su amena plática Cornelio Pérez señaló que, de acuerdo a la tradición vigente de los pueblos mezcaleros, los mezcales tradicionales deben cumplir los siguientes requisitos:

  1. Estar elaborados exclusivamente de maguey, ya sea silvestre o cultivado.
  2. 2.- En su elaboración se emplean únicamente magueyes maduros.
  3. 3.- Sus procesos de elaboración son estrictamente naturales. Es decir, sin utilizar ningún producto químico que acelere su proceso natural, particularmente durante la fermentación, pues esto altera sus sabores y olores.
  4. Su elaboración se apega estrictamente al proceso cultural, tecnológico y al gusto histórico que cada región, comunidad y población ha construido a través de su historia.
  5. Se destila exclusivamente en aparatos de destilación discontinua, que pueden estar fabricados o incluir componentes de los siguientes materiales: barro, cobre, maguey, carrizo, madero e incluso piedra, entre otros.
  6. Se consumo en graduaciones como mínimo de 45 grados, o más, según el gusto histórico de cada región y población. Son ellas las que han establecido los rangos de graduación en los que es aceptable consumir su mezcal, pero nunca menor a 45 grados.
  7. Una forma de evaluar su calidad es la perla, concha o burbuja que se genera al vaciar el destilado en un recipiente, que puede ser una jícara o un cuerno, entre otros de gran tradición. Esto prueba el grado alcohólico y hace presentes los aromas y los sabores que un maestro mezcalillero sabe “leer” para su valoración. Otra prueba de calidad es frotar mezcal entre las manos hasta que se seque, para percibir el aroma, su consistencia, el grado alcohólico y el proceso de destilación.

 

Esta disertación de Cornelio Pérez, un reconocido especialista en el tema de los mezcales tradicionales de México despertó gran interés, y motivo muchas preguntas y comentarios entre los allí congregados.

 

Después de escuchar la disertación de Cornelio Pérez hizo uso de la palabra Pedro Antonio García Álvarez, gerente de mercadotecnia de la empresa González Byass en México, empresa fundada en la ciudad de Jerez, en el año 1835, por Manuel M. González, Esta bodega jerezana es, seguramente, la más importante por su prestigio y el volumen de producción de sus vinos, en especial el Fino de la marca “Tío Pepe” (el Fino más vendido en todo el mundo). Pedro Antonio García Álvarez mencionó, en su interesante descripción de los vinos de Jerez, que el “Tío Pepe” es un Jerez de la categoría de los Finos. Éste, en particular, tiene la característica de ser muy seco, y está elaborado con la variedad Palomino. Luego agregó que esos exquisitos caldos etílicos están comprendidos dentro de la Denominación de Origen que lleva el triple nombre de Sherry-Jerez-Xérez. Este vino es elaborado en las ciudades de Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María, en el sur de España, en Andalucía- “La zona de producción del vino abarca, además de las nombradas, a Chiclana de la Frontera , Chipiona , Puerto Real , Rota y Trebujena en dicha provincia y a Lebrija en la provincia de Sevilla . El conjunto geográfico formado por la zona de producción y la zona de crianza del jerez se conoce con el nombre de Marco de Jerez ”.

 

Ya desde el momento en que los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano se fueron reuniendo en un salón privado de restaurante “Bistro 235”, la sede de estas sibaríticas manducatorias, comenzaron a saborear, como idóneo aperitivo, el Fino “Tío Pepe”. Momentos más tarde, instalados ya en la mesa, se procedió a describir las características organolépticas de ese delicioso vino generoso, de 15% de alcohol por volumen, que tiene un proceso de envejecimiento en barrica durante cinco años, mediante el sistema de criaderas y soleras. Los comentarios giraron en torno a su bello color amarillo dorado, y sugestivos aromas de manzanas amarilla, frutos secos como nueces, almendras amargas, y un grato dejo de olores yodáceos. A la boca se trata de un vino por demás exquisito, muy apropiado para ser degustado como aperitivo, o bien para maridar en una comida a base de pescados y arroces..

 

Después de evaluar ese vino blanco probamos el tinto Beronia Crianza cosecha 2004, elaborado por la bodega Beronia, de la cual Pedro Antonio García Álvarez dijo que fue fundada en España, en el año 1973, en la ciudad de Ollauri, en la comarca de Haro, en la Rioja Alta. Este vino (resultado de un coupage de las cepas Tempranillo, Garnacha y Graciano) está inscrito en la categoría Denominación de Origen Calificada Rioja. De este vino se comentó que tiene un color rojo granate, con buen escurrimiento de glicerol, aromas de frutos rojos en vías de pasificación, barrica, tabaco y gratamente especiado. Su ataque es equilibrado y su retrogusto es largo.

La cena fue preparada por los chefs Mauricio Romero y Héctor Dongú. El primer guiso consistió en Copa verde de pescado y mariscos. Un delicioso ceviche preparado con esmedregal y callo de hacha y camarón “pacotilla”, aderezado con aceitunas, pimientos verde y rojo, aguacate y aceite de oliva. El maridaje resultó igualmente agradable con el Fino Tío Pepe que con el tinto Beronia.

 

A continuación degustamos Salmòn en salsa de pimienta verde y hongo Portobello, con guarnición de risotto. En este caso la armonización fue con el tinto Beronia.
 
El postre fue Mil hojas de crema de mamey y salsa de cajeta, y sorbete de mango.


CATA DE RONES PREMIUM DE AMERICA

 

En memoria de Roger Patrón Luján,

Miembro de Número del Grupo Enológico Mexicano

 

La palabra “Premium”, derivada del verbo latino “praemiare”, significa recompensar, premiar, galardonar, y puede ser traducida al castellano como galardón, premio, recompensa, concedida por algún mérito especial. Por lo que respecta a la palabra “Ultra Premium”, diré que está formada por dos vocablos de la lengua latina: el primero es Ultra, que significa “allá, o “más allá”, y el segundo es el término “Premium”, arriba anotado. “Ultra Premium” quiere decir, por lo tanto, “más allá de la recompensa”, “más allá del premio”.

 

Hace varios años dio comienzo en Chile la moda de designar a ciertos vinos, aquellos que por las características del viñedo de donde procedían las uvas, de un nivel que pudiera ser designado con el nombre de seleccionado, con el calificativo de “Premium”. Algún tiempo más tarde, esta estrategia de venta permitió que otros vinos fueron designados “Super Premium” y “Ultra Premium”, para ubicarlos, principalmente desde el punto de vista mercadológico, en un segmento muy alto de calidad, y cuyo precio al público, lógicamente, rebasaba los costos de los vinos de una clase que pudiéramos designar con la palabra “normal” para cualquier clase de estas bebidas etílicas. Agregaré que hace algún tiempo un enófilo chileno designó a estos vinos, de muy alto precio y de delicioso sabor, como “los vinos tintos de sangre azul de Chile”. Y César Fredes, especialista en vinos de ese país, externó su opinión acerca de estos vinos diciendo lo siguiente: “Está por demostrarse que vinos de esta clase son realmente de categoría mundial. Eso no lo pueden decir los productores. Lo tiene que decir la crítica internacional, los expertos, el mercado”.

 

Esta modalidad de categorizar con las palabra “premium” –y otras derivadas de ese término-- se ha extendido a diversas bebidas etílicas, principalmente destilados, para significar (mercadológicamente hablando) que se trata de productos de calidad sobresaliente. Por esa razón denominé Cata de rones premium de América la degustación que en fecha reciente tuvo lugar en el Colegio Superior de Gastronomía, plantel Lomas Verdes, organizada por el Grupo Enológico Mexicano, en la cual una nutrida concurrencia de aproximadamente ciento diez personas degustaron tres rones de calidad extraordinaria: Por orden alfabético del país de procedencia fueron de República Dominicana, México y Nicaragua.

 

La reunión dio comienzo con la degustación de una copa de vino blanco Vivante, de la bodega vitivinícola Freixenet de México, afincada en la población queretana de Ezequiel Montes, para que las células olfativas y las papilas gustativas de los participantes en tan singular degustación fuesen preparándose para recibir, posteriormente, el mensaje odorífero y palatal de los rones..

 

Inicialmente, Gabriel Iguiniz, chef ejecutivo del Colegio Superior de Gastronomía, en representación de la Rectora de esta prestigiada institución académica, la doctora Esmeralda Chalita, dio la bienvenida a los asistentes a esta cata, y a continuación Miguel Guzmán Peredo, director general del Grupo Enológico Mexicano, describió los principales aspectos del Ron, el aguardiente de mayor desenvolvimiento en los tiempos actuales. a nivel mundial-

 

Es conveniente señalar que la caña de azúcar (la materia prima para elaborar ese aguardiente) es una gramínea tropical originaria de Nueva Guinea. Su nombre científico es Saccharum officinarum, y agregó que el tallo de la caña es rico en sacarosa, y también en glucosa y fructuosa. De la isla de Nueva Guinea fue propagado su cultivo a Asia, y posteriormente a Europa, siendo sembrada ampliamente en las islas Canarias y en las islas Azores. Explicó, así mismo, que Cristóbal Colón, en su segundo viaje a América, en 1493, llevó cañas de azúcar de las islas Azores a la Española (la isla caribeña que actualmente comparten la República Dominicana y Haití), para difundir, posteriormente, esa siembra en diversos lugares del Mar de las Antillas. Este colosal grupo insular ha sido denominado, atinadamente, “El Archipiélago del Ron”, ya que el cultivo de la caña de azúcar propició la producción de cuantiosos volúmenes de ron en infinidad de islas. La primera noticia acerca de este destilado es de la isla de Barbados, en el año 1650, y en un relato esa bebida es llamada “Matadiablos”, y también Rumbullion . A partir de 1667 se la dio el nombre de Ron o Rum. Ese antiguo vocablo tenía el significado de “gran jolgorio”, y también el de “gran tumulto”, ya que los entendidos en lingüística afirman que pertenece a la misma familia semántica que rumble ‘retumbo, redoble, sonar, hacer ruidos' y rumbustious “bullicioso”, “ruidoso”.

 

El Ron es elaborado de la siguiente manera: la caña de azúcar es triturada en el trapiche, que es un molino que permite el prensado de diversos frutos. El líquido resultante es calentado hasta una temperatura próxima al punto de ebullición. Más tarde es enfriado, y luego son retirados los sedimentos. Nuevamente el jugo es sometido al calor, y de nueva cuenta es vuelto a enfriar. Resultado de estas operaciones es un jarabe espeso, de color oscuro, casi libre de impurezas. En seguida se procede a centrifugarlo, hasta separar los cristales de azúcar, empleados en la fabricación de edulcorantes. Los residuos, después de retirar los azúcares cristalizados, son llamados melazas. Con ellos, una vez fermentado el jugo y sometido a proceso de destilación, se elabora otra clase de ron, de menor calidad y finura. Las cañas que fueron prensadas y trituradas reciben el nombre de bagazos , y son utilizadas como combustible, después de haber sido secadas, para calentar los alambiques.

 

El jugo es fermentado, y posteriormente destilado, en alambiques de olla o de columna, y de este proceso es obtenido un destilado --aguardiente--, el cual puede ser añejado en barricas de roble durante algunos años, o bien ser comercializado sin envejecimiento, como “ron blanco”.

 

Hoy en día la producción de Ron es muy cuantiosa, ya que es elaborado en casi todas las islas del Mar Caribe: Cuba, Puerto Rico, Jamaica, República Dominicana, Haití, Barbados, Guyana, Martinica, Trinidad e Islas Vírgenes (tanto las británicas como las estadounidenses) entre otras ínsulas. También es producido en Brasil, Colombia, Nicaragua, Venezuela, Estados Unidos de América, Canadá, México, Australia, Filipinas y Tailandia.

 

Entre los rones más afamados figuran los siguientes (en sus versiones premium): Viejo de Caldas, de Colombia; Zacapa, de Guatemala; Santa Teresa de Venezuela; Barbancourt, de Haití; Mount Gay, de Barbados, Havana Club, de Cuba; Saint James, de Martinica; Appleton de Jamaica; Matusalem, de República Dominicana; Flor de Caña, de Nicaragua y Mocambo, de México.

 

Se sobreentiende que los rones de calidad premium han sido elaborados, por sus respectivos productores, para ser degustados como se saborea un cognac, un armagnac, o bien un whiskey de malta: sin mezcla alguna con alguna otra bebida no alcohólica. Para hacer mezclas están los rones llamados “blancos”, que no han tenido un periodo de tiempo en barrica (lo que les confiere los aromas y sabores que los caracterizan). Con ellos son preparados diversos cocteles, como el Daiquiri, la Cuba Libre, el Mojito y el Planter's Punch. Las distintas presentaciones del ron son: blanco, dorado, añejo y premium.

 

Los ocupantes del presidium fueron los siguientes miembros del Grupo Enológico Mexicano: Carlos Ruíz, Gabriel Iguiniz, Miguel Guzmán Peredo, Raymundo López Castro, y José Villanueva, director de Licores Veracruz, la empresa productora del ron Mocambo. Cada uno de ellos fue describiendo sus impresiones acerca de las características organolépticas (el mensaje odorífero y gustativo que a su parecer presentaba el ron que estaba siendo analizado y descrito a la audiencia)

 

La cata dirigida de rones premium de América dio comienzo con el ron Matusalem Gran Reserva , elaborado en la República Dominicana. La empresa productora fue establecida inicialmente en la ciudad de Santiago de Cuba, en el año 1872, pero luego fue trasladada a dicha nación caribeña por discrepancias de los propietarios con el gobierno castrista. Cabe señalar que este ron es elaborado con el sistema de criaderas y soleras, propio de la región de Jerez, en España, y que el tiempo de crianza que pasa ese destilado en barricas de roble es de quince años. Los productores le dieron el nombre de Matusalem, basándose en el antiguo proverbio español que dice ”más viejo que Matusalem”, haciendo alusión a un personaje de la Biblia que vivió novecientos noventa y nueve años. De este ron, de 40% de alcohol por volumen, comentaron los miembros del presidium que presentaba un bello color ambarino claro, con un hermoso cortinaje de glicerol, y que su mensaje odorífero manifestaba aromas de barrica, de vainilla, de frutos secos, a más de un dejo ahumano, y que a la boca era patente su delicioso sabor a cáscara de naranja, Hubo quien expresó que recordaba el aroma y el sabor del licor Grand Marnier.

 

En seguida vino la degustación del ron Flor de Caña Centenario , elaborado en la ciudad de Chichigalpa, en Nicaragua, por la Compañía Licorera de Nicaragua. La fundación de esta empresa se remonta al año 1890. De este ron que también tiene 40% de alcohol, por volumen, se dijo que mostraba un color cobrizo, igualmente como el anterior con franco cortinaje oleoso y grato aroma, en el que destacaban las percepciones a la barrica que lo había contenido, a hierbas silvestres, a lavanda, a frutos secos, vainilla, chocolate, y que su ataque a la cavidad bucal era muy agradable, sin dejar de sentir el poder etílico que lo caracteriza.

 

El tercer ron evaluado fue Mocambo 20 años . elaborado por la empresa Licores Veracruz, en la ciudad de Córdoba, en el estado de Veracruz. Los orígenes de esa bodega se remontan a los años finales del siglo XIX, y sus productos premium son los rones Mocambo 15 años y Mocambo 20 años, resultado de una elaboración en extremo especial, ya que se trata de destilados que han sido envejecidos (en este caso la palabra envejecido tiene el significado de maduración, para que alcance su punto idóneo de calidad, finura y delicado sabor) por largo tiempo en barricas de roble blanco. Este ron, al igual que los dos anteriores tiene un grado alcohólico de cuarenta, mostró a la vista un color caoba oscuro, que va de acuerdo con el tiempo de permanencia en la barrica de roble blanco. Así mismo era posible percibir. muy deliciosos aromas a frutos secos (nueces, almendras), a maple, vainilla, caramelo, y un delicioso dejo de tabaco. A la boca –a pesar de tener 40 grados de alcohol— se advierten sus sorprendentes cualidades gustativas.

 

Al concluir esta cata dirigida de rones premium de América el chef Gabriel Iguiniz expresó que, a su parecer, seria muy interesante (a más de constituir un acentuado deleite palatal) imaginar el maridaje de estos rones con diversos platillos. En base a su experiencia en los fogones dijo que le agradaría combinar el ron (Matusalem Gran Reserva con un Salmón en salsa de ron a la vainilla y compota de cítricos. Para el ron Flor de Caña Centenario 12 años sugirió una armonización con un platillo a base de Cordero con costra de almendras y cremoso al ron. Para acompañar el ron Mocambo 20 Años manifestó que, imaginaba acompañar ese ron con un Tibio de chocolate con teja de café y café de romero, lo que seguramente resultaría muy delicioso.

 

Al concluir esta insólita degustación los asistentes saborearon sabrosos bocadillos, preparados por el chef Saúl Aguilar, acompañados por el vino tinto Vivante Joven, elaborado por Freixenet de México, en el estado de Querétaro.

 


 
 
 


 

LOS VINOS DE LA BODEGA FAMILIA SCHROEDER

 

En el portal www.cronista.com , en un boletín emitido a fines del año pasado, quedó asentado que “ Argentina marcará el récord de producción de vino en el hemisferio sur en 2008, con unos 15,25 millones de hectolitros (equivalentes a mil quinientos veinticinco millones de litros) frente a los 15,046 millones de 2007, según las previsiones anunciadas por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), en París. Nuestro país ---agrega esa nota---, que se ha convertido en miembro permanente de la OIV, fue también el que más vino consumió en la región en 2007, con unos 11,166 millones de hectolitros, y el que más superficie de viñedo alcanzó en el mismo año, con 230 millones de hectáreas, indicó en rueda de prensa el presidente de la OIV, Federico Castellucci”.

Otra información de ese portal permite conocer que “las exportaciones argentinas de vino, que han aumentado un 12,4% en las dos últimas décadas, crecieron un 22,63% en 2007 con respecto a 2006, según el estudio de la OIV para Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Chile, Nueva Zelanda, Perú, Sudáfrica y Uruguay. Las exportaciones de vinos de los países del hemisferio sur, en alza constante desde los años 80, se situaron en 2007 en un 23,7% del volumen total de exportaciones mundiales, y sus principales mercados fueron Reino Unido, Estados Unidos y Alemania. Argentina fue el tercer máximo exportador de vino de esta región del planeta a su principal cliente, Reino Unido, país en el que Australia tiene la mayor cuota de mercado de los países estudiados, con más del 50%, seguida de Chile, que alcanzó el 19,09%, y de Argentina, que dominó el 4%” Hasta aquí esa cita.

En Argentina las regiones vitivinícolas se extienden en una franja paralela al colosal sistema orográfico llamado Cordillera de los Andes, en una extensión de más de 2.400 kilómetros, entre los 22 y los 42 grados de latitud sur. La más austral de dichas regiones se ubica sobre el paralelo 39, al oeste de la Provincia de Río Negro. Por la importancia de su producción de vino las siete regiones vitivinícolas son las siguientes: Mendoza (existen allí mil doscientas veintiún bodegas, y la producción es el 80% del total nacional, alcanzado un volumen anual aproximado de mil millones de litros de vino), San Juan, La Rioja, Río Negro, Salta, Catamarca y Neuquen.

 

En la parte meridional de Argentina se ubica la Región Patagónica ---también llamada Patagonia Argentina---, que fue establecida oficialmente mediante un tratado firmado el 26 de junio de 1996 Dicha región está integrada por las siguientes Provincias: " La Pampa , Neuquén, Río Negro , Chubut , Santa Cruz y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico.

 

San Patricio del Chañar es una localidad del Departamento de Añelo, en la Provincia de Neuquen, a 50 kilómetros al norte de la capital provincial, que lleva el nombre de Neuquen. En ese sitio comenzó la construcción de la Bodega de la Familia Schroeder, inaugurada en el año 2002. Durante los trabajos de edificación de tan funcional bodega vinícola fueron localizados los restos ó seos de un megadinosaurio herbívoro de la familia de los Titanosaurios, que vivió en esos parajes hace 75 millones de años De allí el nombre de Saurus a varias líneas de vinos de esta importante empresa, que cuenta con ciento veinte hectáreas de viñedos, sembrados con las variedades siguientes: Malbec, Merlot, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc y Chardonnay

 

Los vinos de la Bodega Familia Schroeder, a pesar de tener poca antigüedad, han sido muy premiados en importantes concursos internacionales. Entre varios otros puedo ahora enlistar los siguientes: El vino Saurus Patagonia Select Pinot Noir, cosecha 2005 fue premiado con medalla de plata en el Concours Mondial Pinot Noir, del año 2007, en tanto que uno de la cosecha 2003 lo fue en el Concours Mondial de Bruxelles, en el año 2006..

 

El vino espumoso Deseado obtuvo medalla de oro en el certamen Les Citadelles du Vin 2006, y en el Concours Mondial de Bruxelles 2007 fue galardonado también con una áurea medalla..

 

Otro vino espumoso de la Bodega Familia Schroeder, el vino Saurus Extra Brut fue galardonado en el Concours Mondial de Bruxelles de 2008 con medalla de plata, y en el certamen Effervescents du Monde, celebrado en 2007 recibió la distinción de una medalla de plata

 

El vino tinto Familia Schroeder, la gema de la empresa, de la cosecha 2004, fue distinguido con la Grande Medaille d'Or en el Concours Mondial du Pinot Noir, en el año 2008. En el Concours Mondial de Bruxelles de 2007 recibió medalla plata, y en el Mondial du Pinot Noir del año 2007 le otorgaron medalla de plata

El vino blanco Saurus Patagonia Select Chardonnay, cosecha 2006, recibió en el Concours Mondial de Bruxelles, en 2007, medalla de plata. Y el vino Sauruis Patagonia Select Sauvignon Blanc, cosecha 2006, obtuvo medalla de oro en el mismo concurso, en la edición 2007.

 

La cata “ciega” mensual número 180 del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente a Noviembre de 2009, se llevó a cabo en un salón privado del restaurante “Bistro 235”, la sede permanente de estas degustaciones analíticas. Para ella fueron seleccionados ocho vinos de la Bodega Familia Schroeder, cuyos vinos han venido alcanzando señalado reconocimiento a nivel internacional.

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada día por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara, José Del Valle Rivas, Mauricio Romero, Luis Juan de Paz, Roberto Quaas Weppen, Dario Negrelos, Gabriel Iguiniz, y Miguel Guzmán Peredo.

 

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

 

1.- Deseado. Vino espumoso. Cosecha 2008. 9.8% Alc. Vol. Monovarietal 100% Torrontés. Método Charmat. C alificación: 89.43 puntos. Precio: $ 195.00

 

2.- Saurus Patagonia Select Sauvignon Blanc, cosecha 2006. 13.0% Alc. Vol. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. Crianza durante cuatro meses del 40% del vino, en barricas nuevas francesas y americanas. El restante 60% permaneció en tanques de acero inoxidable. Calificación: 87.29 puntos. Precio: $ 290.00

 

3..- Saurus Extra Brut. Vino espumoso. Cosecha 2007. 12.0% Alc. Vol. Coupage de 60% Chardonnay y 40% Pinot Noir. Método Charmat. Calificación: 86.14 puntos. Precio:

$ 195.00.

 

4.- Saurus Patagonia Select Chardonnay, cosecha 2006. 13.5% Alc, Vol. Monovarietal 100% Chardonnay. Crianza durante cinco meses del 40% del vino, en barricas nuevas francesas y americanas. El restante 60% permaneció en tanques de acero inoxidable. Calificación: 85.71 puntos. Precio: $ 290.00

 

Vinos tintos:

 

1.- Familia Schroeder Pinot Noir/Malbec, cosecha 2004. 14.5% Alc. Vol. Coupage de 54% Pinor Noir y 46% Malbec. Crianza del 100% del vino en barricas nuevas francesas, durante dieciocho meses. Calificación 92.71 puntos. Precio: $ 850.00

 

2.- Saurus Patagonia Select Merlot, cosecha 2005. 14.0 % Alc. Vol (La ficha técnica señala 14.5%). Monovarietal 100% Merlot. Crianza durante doce meses del 40% del vino, en barricas nuevas francesas y americanas. El restante 60% permaneció en tanques de acero inoxidable. Calificación: 86.86 puntos. Precio: $ 290.00

 

3.- Saurus Patagonia Select Pinot Noir, cosecha 2006. 14.0% Alc. Vol (La ficha técnica señala 14.3%). Monovarietal 100% Pinot Noir.. Crianza durante doce meses del 40% del vino, en barricas nuevas francesas y americanas. El restante 60% permaneció en tanques de acero inoxidable. Calificación; 83.43 puntos. Precio: $ 290.00

 

4.- Saurus Pinot Noir, cosecha 2007 14.3% Alc. Vol. Monovarietal 100% Pinot Noir.. Crianza durante tres meses del 40% del vino, en barricas nuevas francesas y americanas. El restante 60% permaneció en tanques de acero inoxidable. Calificación: 82.29 puntos. Precio: $ 195.00

 

Al concluir esta cata los integrantes de La Mesa de Catadores saborearon una exquisita cena, preparada por los dos chefs del “Bistro 235”, Mauricio Romero Gaticva y Héctor Dongú. Antes de comenzar tan apetitoso menú degustamos una copa de espumoso Saurus Extra Brut. Posteriormente, el primer tiempo consistió en Ensalada de endivias, uvas empanizadas, jitomate, nuez caramelizada y aderezo roquefort. En seguida sirvieron un delicioso Filete Mignon en salsa de hongo shitake deshidratado, con guarnición de pasta al vino tinto. Con estos platillos el maridaje fue con los vinos Saurus Patagonia Select Chardonnay, cosecha 2006, y Familia Schroeder Pinot Noir/Malbec, cosecha 2004.

El postre fue Pastel de fresas y tres leches, que acompañamos con el exquisito vino espumoso Deseado, cosecha 2008.


 
 
 


CATA “VERTICAL” DEL VINO ROGANTO, EN EL PARQUE NACIONAL IZTACCIHUATL—POPOCATEPETL

 

El vino es poesía embotellada.

ROBERT LOUIS STEVENSON

 

El Grupo Enológico Mexicano ha realizado, desde enero de 1995 hasta el domingo 22 de noviembre de 2009, ciento ochenta y una degustaciones analíticas “ciegas” de vinos, de las cuales ciento sesenta y cinco han sido realizadas en un salón privado de un restaurante en el Distrito Federal, Otras catorce han tenido lugar en diversos parajes de la alta montaña de México, en altitudes superiores a los 4.000 metros. Una más a bordo de una trajinera, en el Parque Ecológico Xochimilco. La cata restante se levó a cabo a bordo de un globo aerostático, a una altitud de 800 metros sobre el nivel del suelo, en Tequisquiapan, Querétaro. En estas catas organolépticas han sido degustados casi mil cuatro cientos vinos de diecinueve países.

 

De las mencionadas catorce evaluaciones, en las cuales las catas han tenido por escenario hermosos parajes montañosos, en doce de ellas han sido catados vinos, y en las otras dos las degustaciones han sido de brandies de España (la primera de destilados de la marca “Torres”, de Cataluña, y la segunda de brandies Solera Reserva, de Jerez). Seis de esas catas han tenido lugar en diversos parajes del Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl, a una altitud aproximada de cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Otras seis en el volcán Nevado de Toluca, en las orillas del Lago del Sol (4.209 metros sobre el nivel del mar) y del Lago de la Luna (4.216 mts). Y las dos restantes en la cumbre del volcán Sierra Negra (donde se localiza el Gran Telescopio Milimétrico), a una altitud de 4.583 metros,. y a una profundidad de 4 metros bajo tierra, en un amplio salón que sirve de sala de reunión para los astrónomos encargados de llevar a cabo investigaciones del espacio sideral. Cabe agregar que no existe en nuestro país un paraje a una altitud superior a los 4.583 metros al cual sea posible llegar en un vehículo motorizado rodante.

 

La idea de efectuar estas catas en parajes elevados de la alta montaña mexicana se fundamenta en el hecho de que a esa altitud existe únicamente un sexto de la presión atmosférica que priva a nivel del mar. Debido a ello los vinos presentan un mensaje odorífero más acentuado que cuando son evaluados ---por ejemplo--- en la ciudad de México, lo que hace que la percepción aromática de cada vino, que los catadores evalúan, sea más intensa y, por ende, más agradable a la olfacción.

 

La primera cata “vertical” realizada en la alta montaña de México, tuvo lugar el domingo 4 de mayo de 2008, en un hermoso sitio alpino del Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl. Fue la cata mensual número 160 del Grupo Enológico Mexicano, y en ella degustamos cinco añadas ---de la 2000 a la 2005--- del vino Cabernet Sauvignon Monte Xanic. Esta evaluación significó una interesante experiencia gustativa, por el hecho de advertir, organolépticamente hablando, los cambios registrados en la evolución de varias cosechas de un mismo vino.

 

La cata “ciega” número 181 del Grupo Enológico Mexicano se llevó a cabo el domingo 22 de noviembre, en un hermoso paraje del Parque Nacional Iztaccíhuatl—Popocatépetl, próximo a “Paso de Cortés”, a una altitud de 4.000 metros. Para esa degustación fueron seleccionadas seis añadas sucesivas, de 2001 a 2006, del vino Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial ---se trata de un monovarietal 100% Cabernet Sauvignon--- , elaborado por la bodega Vides y Vinos Californianos, establecida en 1997 por dos enóflos de Ensenada, Baja California, Rogelio Sánchez del Palacio y Antonio Luis Escalante Domínguez . La bodega Vides y Vinos Californianos consigna en su información oficial que en el año de 2001 se vinificó la primera cosecha con fines comerciales, y posteriormente fueron adquiridas barricas nuevas de roble francés y se emprendió una nueva etapa en la elaboración del vino.

Para ello compraron el necesario equipo de fermentación, y las cosechas 2001, 2002 y 2003 fueron vinificadas en Bodegas Valmar, en tanto que las añadas de 2004 y 2005 lo fueron en Bodegas San Rafael, en el Valle de Ojos Negros. En todos los casos la producción fue de vinos de calidad premium.

Para el año 2006 fue acondicionada una bodega propia, en las la zona sur de la ciudad de Ensenada, que cuenta con sala de fermentación, laboratorio, área de filtrado y embotellado, sala de barricas y sala de producto terminado, a más de una sala de degustación. A partir de entonces han sido vinificados cuatro tipos de varietales, Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Chardonnay y Sauvignon Blanc. 

 

Acerca de la gran calidad del vino Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial, es conveniente asentar que en el mes de enero de 2004 el Grupo Enológico Mexicano organizó una cata de vinos tintos premium de México (fue la degustación mensual número 101).. En ella dieciséis jueces evaluaron una docena de vinos de alta categoría, elaborados en nuestro país. El primer lugar, con una calificación de 88.90 puntos, fue para el vino Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial, cosecha 2002, cuyo precio en ese momento, en el comercio capitalino era de $ 690.00

 

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

 

La Mesa de Catadores estuvo integrada día por los siguientes enófilos, Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano: Patricia Amtmann, Roberto Quaas Weppen, Raymundo López Castro, Philippe Seguin, Joaquín López Negrete, Rafael Fernández, Gabriel Iguiniz, y Miguel Guzmán Peredo. Testigo de esta degustación ---y así mismo catador— fue también Antonio Escalante, el creador de los vinos de la prestigiada marca Roganto.

 

En un paraje alpino de gran belleza, en el sitio denominado Altzomoni (cuya altitud es de 4.000 metros sobre el nivel del mar) desde donde contemplábamos la magnificencia del entorno montañoso (a un lado la Iztaccíhuatl ---“Mujer blanca”, de 5.286 metros---, y el Popocatépetl ---“Cerro que humea”, de 5.452 metros) dio comienzo la degustación al filo de las 12 del día. Los registros efectuados nos permitieron conocer que la temperatura ambiental a las 11:30 horas era de 13.2 grados centígrados.

 

Allí fueron montadas dos mesas cubiertas con blancos manteles, y los catadores se dispusieron a registrar sus impresiones de las características organolépticas de cada uno de los seis vinos analizados. La diafanidad de la atmósfera propició que el color y la brillantez de los vinos fuese apreciada cabalmente. La temperatura interior en las copas vacías era de 12 grados centígrados, y con el vino ascendió a 14.6 grados centígrados. En el momento de evaluar los dos últimos vinos la temperatura ambiental era más alta (16 grados, aproximadamente), y la del vino en la copa era de 18.5 grados centígrados.

 

Aspecto interesente digno de ser mencionado, es que delante de cada bolsa de tela (con el logo del Grupo Enológico Mexicano, que llevaba el número del orden de degustación) fueron colocados los tapones de corcho de cada botella, y los catadores anotaron en las respectivas hojas de cata la posible añada de cada vino, basándose en el aspecto del corcho y el color del vino.

 

El orden de degustación de las diferentes añadas fue establecido de manera aleatoria.

 

Los resultados fueron los siguientes:

Primer lugar: Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial, cosecha 2002 13.0% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés durante 17 meses. Calificación: 89.11 puntos

 

Segundo lugar: Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial, cosecha 2005 14.2% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés durante 24 meses. Calificación: 89.00 puntos

 

Tercer lugar: Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial, cosecha 2003 14.0% Alc.. Vol. Crianza en barrica de roble francés durante 18 meses. Calificación: 87.44 puntos.

Cuarto lugar: Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial, cosecha 2004. 14.0% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés durante 24 meses. Calificación: 86.88 puntos

 

Quinto lugar: Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial, cosecha 2001.13.0% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés durante 18 meses Calificación: 86.22 puntos

 

Sexto lugar: Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial, cosecha 2006 15.5% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés durante 30 meses. Calificación: 86.00 puntos


 
 
 


LOS VINOS DE PROLONGADA GUARDA EN BOTELLA  

El oxígeno es el que hace al vino.

El vino envejece por su influencia,

que modifica los principios desagradables

del vino nuevo, y hace desaparecer el mal gusto

propio de ese vino recién elaborado

 

LOUIS PASTEUR

 

Iniciadas las catas “ciegas” del Grupo Enológico Mexicano en enero de 1995, al cumplirse una década de estas degustaciones ---en las cuales se evaluaban, y se sigue haciendo esta deleitable práctica gustativa, vinos de reciente lanzamiento en el mercado, digamos de cosechas de tres o cuatro años anteriores a la fecha de su apreciación sensorial---, en noviembre de 2005, se adoptó la costumbre de realizar, una vez al año, una cata con vinos tintos de prolongada guarda en botella, que hubieran estado en óptimas condiciones de conservación en una cava, durante un lapso de unos tres a cuatro lustros.

 

Cabe en este momento citar lo que en otras ocasiones he expresado, a propósito de este tipo de catas: “ La finalidad es la de evaluar los visibles cambios ---en el color, en el aroma y en el sabor--- que tienen lugar en esos caldos al paso de los años. La degustación de esta clase de vinos suele resultar sorprendente, en cuanto a que hay vinos que «se resisten a envejecer», y manifiestan, transcurridos tres o cuatro lustros, gran vitalidad y una «juventud prolongada» que a los catadores no deja de parecer en extremo interesante, a más de que saborear esos vinos de cierta « ancianidad » (como alguna vez expresó Don Quijote de la Mancha) resulta muy deleitable al paladar, como experiencia gustativa poco frecuente.

 

La actual es, por lo tanto, la quinta ocasión en que los catadores del Grupo Enológico Mexicano degustan esta categoría de vinos “añosos” (de ninguna manera podría yo decir que fuesen decrépitos, y sin ningún interés desde el punto de vista de la apreciación de sus características organolépticas), que han resultado, las más de las veces, sorprendentes, por las cualidades que presentan esos caldos, aún encomiables al paso de los a