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EXCELSIOR 2003
El Diccionario define la palabra descrédito de la siguiente
manera: “disminución o pérdida de la reputación de
las personas o del valor y estima de las cosas”. Me parece que tal vocablo
describe cabalmente la circunstancia que, periódicamente, se viene
registrando en esta industria, cuando los políticos emplean sus
nombres o apellidos como marcas de tequilas.
Los refranes son considerados, con justa razón, “evangelios
chiquitos”, ya que en unas cuantas palabras, concisas y certeras, describen
situaciones del todo verídicas e irrefutables. Han sido valorados,
atinadamente, como el decantado saber popular, y su transmisión
oral los han mantenido, de manera permanente a través de los siglos,
en el habla cotidiana de la gente de todo el mundo. Por lo que respecta
al tema de la comida y la bebida, tan nutrido en el refranero mundial,
diré que es en extremo interesante, a la vez que pintoresco. En
esta colaboración periodística enlisto algunos de los muchísimos
refranes, de amplio y común uso en seis países.
He elegido ahora a Francia, Inglaterra, Israel, Turquía, Italia
y Holanda, por su rico acervo de refranes y proverbios en relación
con dos de las tres actividades más deleitables que existen: el
comer y el beber.
INGLATERRA
ISRAEL
TURQUIA 1. El buen vino y la mujer dulce son como dos venenos.
ITALIA
HOLANDA 1. Cuanto más bella la mujer, menos sabrosa su comida.
La vitivinicultura del continente americano comenzó en marzo de 1524 en el entonces virreinato de la Nueva España --hoy en día México--, merced al interés de Hernán Cortés por fomentar ese cultivo y obtener de manera más fácil vino de mesa, lo mismo para el consumo cotidiano de los colonizadores hispanos que para el empleo que los misioneros hacían de esa bebida en la ceremonia de la misa. Mientras que unos historiadores aseguran que de México fueron llevadas las viñas a Perú, otros afirman que las cepas viníferas fueron transportadas, en 1551, desde España a ese virreinato sudamericano, y cinco años más tarde, en 1556, fueron llevadas primeramente a Chile y después a Argentina. La enóloga Serena Sutcliffe señala que “históricamente, las variedades de uva más comunes son las rosadas de Criolla Grande y su clon Cereza. Ed McCarthy, por su parte, menciona que “la producción argentina se centra en la uva criolla, una versión de cáscara rosada de la variedad País, de Chile, y en otra uva rosada llamada Cereza. Entre las dos suman la mitad de las plantaciones del país. La mayor parte del vino hecho con estas uvas es una bebida sencilla, para el consumo interno”. En la enciclopédica obra titulada El Vino, compilada por André Dominé y publicado por la editorial alemana Konemann, el autor Anthony Rose asienta lo siguiente: “ El relativo bienestar alcanzado durante el régimen de Juan Domingo Perón, en el curso del cual el consumo de vino de mesa se convirtió en parte de la cultura argentina, llegó estrepitosamente a su fin a mediados de la década de 1950. Durante los treinta años siguientes, bajo el mandato de una serie de gobiernos militares corruptos, el éxito de la industria vinícola del país disminuyó de modo radical. En 1970, la cantidad de consumo de noventa litros por persona todavía constituía un valor muy elevado, pero se trataba en su mayoría de vino de baja calidad, elaborado con las omnipresentes variedades Criolla y Cereza”. De acuerdo a las estadísticas de la Oficina Internacional del Vino y la Viña, correspondientes a 1993, Argentina ocupó el sexto lugar mundial como productor de vino, al elaborar un mil trescientos millones de litros. El porcentaje de exportación correspondió, ese año, al tres punto tres de su producción total, a diferencia de la comercialización foránea de Chile, que era de veintisiete punto cinco por ciento de su producción. Un año más tarde, de acuerdo a lo asentado en la obra El libro del vino y las bebidas argentinas, “Argentina ocupa el cuarto lugar en el ranking mundial de productores, y el quinto en cuanto al consumo”. Actualmente la situación de la vitivinicultura argentina ha
cambiado drásticamente, y la calidad de los vinos se ha incrementado
notoriamente merced a la utilización de las variedades de uvas consideradas
finas, y al hecho de haber implantado la más moderna tecnología
en la vinificación. Son numerosas ya las empresas vitivinícolas
que han dejado atrás la elaboración de vino denominado “de
pasto”, el vino ordinario (envasado en ocasiones en las tradicionales “damajuanas”,
voluminosas vasijas de cristal forradas de paja), que si bien no
es desagradable al paladar de quien lo degusta, es el resultado de un procedimiento
vinícola que no permite obtener vinos de gran calidad y delicioso
sabor.
Algunos de estos vinos elaborados en Argentina, presentes en el comercio de la capital mexicana, serán analizados próximamente en una cata “ciega” (recibe este nombre la degustación en la cual los jueces ignoran la marca del vino que están juzgando) organizada por el Grupo Enológico Mexicano. Una veintena de enófilos, quienes cuentan con la debida experiencia para evaluar las características visuales, olfativas y gustativas de las bebidas espirituosas, habrá de calificar dieciséis vinos argentinos de gran clase. Los resultados de este análisis sensorial serán dados a conocer en esta misma sección el viernes 24 de este mes de enero. ![]() Desde hace varios años priva la tendencia, en las principales regiones vitivinícolas de los cinco continentes, de producir vinos de señalada calidad, a los cuales los enólogos responsables de esos néctares etílicos les han dado el nombre de “vinos de autor”, “vinos de pago” y “vinos boutique”. Con estas denominaciones se quiere establecer una clara diferencia entre lo que bien pudiera ser un vino de una categoría llamada ordinaria, sin que este vocablo tenga una connotación peyorativa, y aquellos vinos, de una clase superior, que son el resultado de uvas de viñedos de pequeña extensión, en sitios donde el microclima favorece el pleno desarrollo de esos frutos seleccionados, y que además han sido vendimiadas en forma muy especial, quizá manualmente racimo a racimo o bien uva a uva, para después elaborar un mosto del cual se habrá de obtener un vino de gran finura y exquisito sabor, el cual sometido a crianza en barrica desarrolla un notable potencial gustativo. Esta práctica es muy frecuente en los países llamados
del “Nuevo Mundo”
Argentina, que se había quedado adormilada en la competencia con Chile (ya que la producción de vino argentino era principalmente de vinos ordinarios, destinados al consumo interno más que al comercio exterior), ha entrado de lleno a la elaboración de vinos de calidad superior, resultado de la aplicación de la más moderna tecnología y del cuidadoso procedimiento de vinificación, tendiente a producir vinos de primera categoría. Estos vinos, calificados en Argentina como “Premium”, “Superpremium” y “Ultrapremium”(es conveniente señalar que ninguna de estas categorías existen, con carácter oficial, en la vinicultura argentina), están presentes en el comercio mexicano gracias a la actividad de una docena de empresas importadoras, las cuales buscan afanosas posicionar esos caldos en un nivel alto dentro de la preferencia de los consumidores nacionales. Con la finalidad de conocer cuáles de esos vinos son los de
la más alta calidad
Después de poco más de dos horas de cuidadoso análisis visual, olfativo y gustativo, los catadores (quienes utilizaron copas de la marca Riedel, las más apropiadas para detectar las características organolépticas de los vinos) otorgaron sus calificaciones a cada uno de los vinos evaluados. En seguida, merced a un complejo programa de cómputo, diseñado por el ingeniero Roberto Quaas Weppen, del Grupo Enológico Mexicano, a los pocos minutos de haber concluido la degustación todos y cada uno de los jueces tuvo en sus manos, impreso, los diversos resultados del certamen: puntuación, relación calidad/precio, calificación alcanzada por los jueces catadores, etc Los resultados fueron los siguientes:
De la cocina de Puebla, de la ciudad y del estado, se han formulado
diversos comentarios. Algunos tan irónicos como aquel que afirma
que “cuatro platillos come el poblano: cerdo, cochino, puerco y marrano”,
como si el arte culinario de esa entidad estuviera circunscrito únicamente
a la chacinería. Otras opiniones son más elogiosas, cuando
dan cuenta que la cocina de la angelópolis es barroca por excelencia,
refinada y compleja, exquisita y extraordinaria. Estos juicios están
fundamentados en dos de los platillos más representativos del arte
culinario nacional, que tuvieron su origen en la ciudad de Puebla: el mole
y los chiles en nogada. Del primero dijo Alfonso Reyes: “El mole de guajolote
es la pieza de resistencia en nuestra cocina, la piedra de toque del guisar
y el comer...solemne túmulo del pavo, envuelto en su salsa roja-oscura”.
Y de ambos manjares expresó Paco Ignacio Taibo I las siguientes
palabras: “El mole, junto con el chile en nogada, constituye la más
extraordinaria aportación mexicana a la gran cocina mundial”.
Durante muchísimos años, cientos de milenios podría
yo decir, los hombres del Pleistoceno cazaban los animales que les
servían de cotidiano sustento. Pasado el tiempo, ya en los comienzos
del Holoceno, el tiempo geológico que comprende desde hace
diez mil años hasta el presente, el hombre conoció
las ventajes de una “Revolución Cultural” (como denominan los hombres
de ciencia a esa feliz circunstancia histórica en la cual
los pobladores del planeta Tierra comenzaron a no depender, para
su alimentación, de los animales que cazaban ---y por ende
fueron abandonando sus hábitos depredatorios---,
En el continente americano existen trescientas diez especies de agave, de las cuales en México hay doscientas setenta y dos especies diferentes. La planta denominada agave recibió el nombre, en los tiempos prehispánicos, de Metl, y más tarde sería conocida como maguey por los conquistadores españoles. La palabra maguey proviene de la lengua Aruaca, o quizá de la taína, que se hablaba en las islas del Mar de las Antillas, donde los españoles contemplaron por primera vez esa planta, a finales del siglo XV y comienzos del XVI. El maguey pertenece al orden botánico de las amarilidáceas (antaño incluidas en la familia de las agaváceas), género agave. De este género existen en nuestro país aproximadamente doscientas setenta y dos especies, como ya quedó señalado, de las cuales tienen importancia industrial aquellas de las cuales se obtienen fibras (henequén y lechuguilla), o bien de las que se obtienen líquidos azucarados, que constituyen la materia prima para elaborar diversas bebidas alcohólicas, como el pulque, el tequila y el mezcal. Es interesante mencionar que el célebre naturalista sueco Karl Linneo fue quien le dio el nombre científico de agave a esta planta, utilizando el vocablo griego agavus, que significa “admirable”. Francisco Hernández, protomédico del monarca hispano Felipe II, recorrió una vasta región de la Nueva España investigando los efectos terapéuticos de infinidad de plantas. En su documentada obra Historia Natural de Nueva España describió catorce especies diferentes de maguey con las cuales se podía elaborar pulque. Hoy en día se tiene conocimiento que existen treinta y ocho variedades de agaves pulqueros. El maguey pulquero más grande lleva por nombre científico Agave atrovirens. Las pencas suelen medir de uno a dos metros de largo y de veinte a cuarenta centímetros de ancho. La madurez de esta especie de maguey llega a los doce años. El maguey tequilero lleva el nombre científico de Agave tequilana Weber. Hay varias especies de maguey mezcalero, como el Agave angustifolia (“Espadín”) y el Agave potatorun (Tobalá”). El otro maguey --o agave— de importancia comercial es el Agave sisalana, cuya explotación favoreció el apogeo económico, en el siglo XIX, de la “casta divina”, la oligarquía de Yucatán, merced a la explotación del henequén. Lo anterior viene a colación en virtud de un reportaje periodístico, publicado en el diario Reforma el pasado domingo 19 de enero, en el cual se menciona que en fecha próxima estará en el mercado nacional una bebida etílica elaborada con el agave peninsular, que hasta hace poco únicamente se aprovechaba para producir textiles. Cabe transcribir una parte de ese texto, que me parece muy ilustrativa: “La empresa Licores de Henequén, cien por ciento yucateca, lanzará al mercado --regional, nacional e internacional-- el primer licor de henequén, a principios de abril próximo, de acuerdo con un proyecto surgido hace más de dos años, a partir de un producto elaborado por investigadores del Centro de Investigaciones Científicas de Yucatán (CICY), creado ex profeso por el gobierno de estado para llevar a cabo nuevas exploraciones en torno a la utilidad del agave yucateco, ante la caída y casi desaparición de esa planta”. De este destilado comentó Luis Alberto Rendón Salcido, gerente de la empresa y un experto en la producción de tequila, lo siguiente: ”No será un mezcal o tequila de henequén, sino simplemente un licor de henequén, aunque su sabor tiene semejanza con el de esos productos, y su proceso de producción es similar”. Los productores de este aguardiente prevén elaborar mil litros diarios de esta bebida (en sus diversas presentaciones: blanco, abocado, reposado y añejo). Para finales de este mismo año, en la segunda etapa, los productores tienen planeado que la producción diaria se incrementará a cuatro mil litros diarios. De acuerdo a la información de ese reportaje se requieren
quince toneladas de “piña” de henequén (el corazón
del agave) para producir mil litros del destilado. Y está previsto
que los campesinos de la península yucateca vendan a la fábrica
dichas “piñas”, que les serán pagadas a dos pesos el kilo.
Aquí es donde aparece, a mi juicio, el principal problema
para obtener la materia prima requerida para este aguardiente. Hoy en día
quedan muy pocos productores de henequén en Yucatán, ya que,
desde hace muchos años, se ha venido registrando un considerable
descenso en este cultivo, que antaño fue, para unos cuantos,
El agave henequenero tarda ocho años en alcanzar su madurez, condición requerida para que la “piña” tenga los suficientes almidones (que posteriormente serán transformados en azúcares, y una vez obtenida la fermentación del mosto éste es sometido a una doble destilación en el alambique, lo que permite obtener un destilado), y esa planta sea rentable para ambas partes, el que la cultivó y el que desea utilizarla para elaborar un destilado. De allí las palabras de Luis Alberto Rendón Salcido a este respecto: “Estamos dispuestos a comprar toda la producción, siempre y cuando las plantas se ajusten a los estándares que requiere el licor”. Sin querer pecar de pesimista diré que, a mi parecer, el principal problema para elaborar este mezcal yucateco estará dado por el posible desabasto (los productores de tequila lo han sufrido, debido a la falta de Agave tequilana Weber, y eso que en el área registrada en la Denominación de Origen tequila no se ha registrado el abandono tan acentuado de este cultivo, lo que sí ha ocurrido en Yucatán) de la materia prima. Por otro lado, desde el punto de vista de la mercadoctecnia, no me parece acertado incluir, en la etiqueta de la botella de este destilado, la palabra “henequén”, que a mí me trae el recuerdo de una fibra (Sisal, que dio fama mundial a Yucatán). Pero, en fin, será cosa de probar el Licor de Henequén y juzgar su calidad y sabor.
Durante muchos años, el enólogo mexicano Hugo
D’Acosta tuvo a su cargo la elaboración de los vinos de la marca
“Bodegas de Santo Tomás” --- la vinícola de mayor
antigüedad en Baja California, ya que su historia se remonta al año
1888, en el Valle de Santo Tomás, al sur de la ciudad de Ensenada---,
y su experiencia y conocimiento hicieron de esos vinos de mesa nacionales
un producto en extremo prestigiado. Al paso del tiempo, Hugo D’Acosta abrió
su propia empresa vitivinícola denominada “Casa de Piedra, instalando
su bodega y viñedos en el Valle de San Antonio de las Minas, elaborando
allí, a partir de 1997, un vino blanco varietal Chardonnay, y uno
tinto, que es coupage de Cabernet Sauvignon y Tempranillo.
En España existen, desde el punto de vista de la vitivinicultura, cincuenta y cinco Denominaciones de Origen, las cuales, enlistadas por orden alfabético, van de la primera, la de Abona, a la número 55, la de Valdepeñas, pasando por muchas otras como la del Bierzo, La Mancha, Navarra, Penedés, Ribera del Duero, Ribera de Guadiana y Rioja. El actual número de las Denominaciones de Origen no es fijo, de ninguna manera, ya que otras regiones vitivinícolas hispanas actualmente buscan ingresar a ese selecto grupo de zonas productoras de vinos, con la mira puesta en una comercialización más dinámica de sus productos. Para la cata mensual número noventa y uno del Grupo Enológico Mexicano, celebrada hace unos días en un salón del restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma, fueron seleccionados ocho vinos, siete de ellos españoles y uno francés. En estas degustaciones analíticas, en las cuales los catadores ignoran la marca y la procedencia del vino que van a degustar ---motivo por el cual reciben la denominación de “ciegas”---, los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, cuales son sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y al sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico por los miembros de la Mesa de Catadores. Una vez que los jueces han analizado los ocho vinos, motivo de cada una de estas catas mensuales, y que se tiene inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos. Esa tarde la Mesa de Catadores estuvo integrada por las siguientes personas: Patricia Amtmann, Alejandro Guzmán, Juan Ignacio Torreblanca, Roberto Quaas, César Augusto Ruiz, Alejandro Kuri y por quien estas líneas redacta. Las calificaciones se basaron en los parámetros de costumbre.
Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 51 y los 60 puntos
son considerados “no recomendables”. De 61 a 70 puntos son juzgados “regulares”.
Entre 71 y 80 puntos se les considera “buenos”. Si su calificación
se halla entre 81 y 90 puntos, entonces son “excelentes”. Pero si
alcanzan entre los 91 y los 100 puntos, quedan ubicados en la categoría
de “extraordinarios”.
Vinos blancos:
Vinos tintos:
Muchos años antes de que Cristóbal Colón hiciera realidad su sueño de viajar al Oriente navegando hacia el occidente, y pudiera llegar a las Islas de la Especiería --tan preciadas para los europeos, porque significaban un valioso condimento para sazonar sus platillos--, los portugueses ya efectuaban navegaciones a lo largo de la costa occidental de África, y las carabelas lusitanas exploraban regiones más distantes. El príncipe Enrique El Navegante (1394-1460) patrocinó los viajes de descubrimiento de las islas Madeira, Azores y aquellos otros hacia los confines del continente africano. “”De sus viajes de descubrimiento hacia el Oriente, África y América los portugueses trajeron y divulgaron por toda Europa las especias (pimienta, jengibre, canela), así como los productos exóticos actualmente tan corrientes en nuestra mesa, como el té y el arroz, el tomate y la patata”. Durante muchos años Lisboa fue el importante centro comercial de diversos productos traídos de Africa, Indonesia, Malasia y Ceilán. Por ello afirmo que la cocina europea debe mucho a Portugal, porque gran cantidad de especias fueron difundidas desde tierras lusitanas al resto de Europa. Portugal, situado en el extremo sudoccidental de Europa, forma parte de la península ibérica (constituye el 16% de ella) junto a España. Su extensión territorial es de poco más de noventa mil kilómetros cuadrados (exactamente 92.389). Como punto de comparación diré que la superficie del estado de Sonora es dos veces la de Portugal, mientras que la de Oaxaca es ligeramente superior al de la nación europea que ahora me ocupa. Por su zona limítrofe hacia el sur y occidente, el litoral portugués es muy extenso, lo que ha propiciado la acentuada actividad pesquera desde hace muchas centurias. Por tal motivo, son muy comunes en la gastronomía de Portugal las deliciosas caldeiradas, elaboradas con distintos pescados. Igualmente son frecuentes los platillos a base de sardinas, almejas y mejillones. El plato nacional es el bacalao (bacalhau), que los pescadores lusitanos traían desde Terranova. En las guías culinarias de este país se habla de que existen mil y un recetas para cocinar este delicioso producto marino. Otros pescados frecuentes en la mesa nacional son la trucha, la lamprea y el sábalo. En días pasados degusté varias de las especialidades tradicionales de esta cocina en el restaurante “Casa Portuguesa”, ubicado en el área de Polanco, en la calle de Emilio Castelar 121. En ese agradable salón comedor, el único feudo gastronómico en el Distrito Federal dedicado a presentar las suculencias de la cocina portuguesa, la carta enlista una decena de entradas; varias ensaladas; cinco sopas; seis guisos a base de bacalao y otros tantos de pescados y mariscos; diez más a base de carnes rojas y aves; y varios postres. La simple lectura del sugestivo menú permite que los profanos de esta cocina ---que era poco conocida, hasta ahora, en nuestro país--- vayan imaginando el deleite palatal que alcanzarán al saborear esos guisos, deliciosamente cocinados por María Da Silva y su esposo Francisco Zamudio, los directores-propietarios del establecimiento. La “Casa Portuguesa” cuenta con otro mérito, a mi parecer, digno de ser mencionado: tienen una treintena de diferentes Oportos (de las marcas más renombradas, como Fonseca Guimaraens, Graham’s, Taylor’s, Dalva, Warrens Warrior, Ferreira y Dona Antonia), bebida que es común degustar, lo mismo en sus tipos Rubi que Tawny, como aperitivo. Para iniciar este festín manducatorio ordené una copa de Oporto Quinta de Porto Ferreira, de diez años. Después, como entrada probé las exquisitas croquetas de bacalao y sardinas frescas a la parrilla. Más tarde, para conocer la apetitosidad de dos manjares diferentes pedí media ración de lomo de bacalao a las brasas y una caldeirada de mariscos, preparada con camarones, almejas, mejillones y pescado. Los cuatro guisos degustados, de señalada sabrositud, fueron acompañados con el vino tinto portugués Quinta do Carmo, elaborado en la región vitivinícola de Alentejo. Al mencionar el vino degustado me viene a la mente que la carta de vinos de la “Casa Portuguesa” es, en verdad, sorprendente con gran variedad de caldos etílicos de Portugal, España, Francia, México, Chile y Argentina, cuyos precios son bastante razonables. La noche que yo visité este magnífico restaurante, como ocurre la mayoría de los viernes, tuve el agrado de escuchar un recital de música portuguesa, fados principalmente, magníficamente interpretados por Helena Pata, una formidable mezzosoprano, acompañada por Armando Solares y Ernesto González, músicos éstos quienes se sirven de la guitarra portuguesa para crear un ambiente musical de primera categoría, en el cual la cálida y sensual voz de la cantante envuelve mágicamente a los comensales.
Roque Barcia (1823-1885) fue un renombrado filólogo español, cuyo libro “Sinónimos Castellanos” --Editorial Sopena Argentina— es una valiosa relación de los diferentes vocablos que pueden ser utilizados, de manera eufónica y armónica para hablar o escribir galanamente. En el capítulo referente al placer ese erudito de la semántica dejó asentadas las siguientes frases, que a continuación transcribo: “”El nombre placer significa la idea general de todo aquello que produce sensaciones agradables, así en nuestro cuerpo como en nuestra alma. Tal es la razón por la cual empleamos esa palabra en todos los órdenes de nuestras facultades: placeres del mundo, placeres de la imaginación, placeres de la mesa. El hombre advirtió que cuando comía bien se impresionaba agradablemente, y dio a dio a esa impresión grata el nombre de placer. El hombre notó que la idea general de placer se verificaba de muchos modos, y alcanzó a comprender la existencia de muchas relaciones. Vió que había un placer físico, como el de la comida, el de la bebida, el de la procreación, y a este placer lo llamó gusto. El placer físico se llama gusto. El placer del sentimiento se llama alegría”. Hasta aquí la cita a las frases de Roque Barcia. Quiero agregar que existen, hablando en términos generales, cinco clases de esta sensación agradable que es producida por la satisfacción de un deseo material o inmaterial: placeres visuales, placeres auditivos, placeres olfativos, placeres táctiles y placeres gustativos (palatales). Y cabe agregar que la Enciclopedia Británica, en el Diccionario Merriam-Webster, consigna que el placer (piacere en italiano, plaisir en francés, pleasure en inglés y gefallen en alemán) “ es un estado de gratificación sensual”, dándole al vocablo sensual (palabra ésta que puede tener por sinónimo el término sensorial) el significado de todo aquello que se refiere a los órganos de los sentidos: vista, olfato, tacto, oído y gusto. Por otro lado, comentaré que desde hace muchos milenios las flores han constituido un delicioso alimento para el género humano. En Japón, el crisantemo ha sido el principal ingrediente para apetitosos platillos. En la Roma de los Césares, hace veinte centurias, las malvas entraban en la preparación de diversos guisos, los cuales eran altamente apreciados por los patricios romanos. Entre los pueblos prehispánicos eran, igualmente, muy apreciadas muchas de las flores que hoy en día sirven principalmente de ornato. Entre muchas otras flores comestibles ---cuya simple mención tornaría prolija esta relación---recordaré las siguientes: flor de calabaza, flor del colorín, la del árbol de la magnolia, (llamada en lengua náhuatl yoloxóchitl y en castellano flor del corazón), la flor de la jamaica, la de nochebuena, la del cempasúchil, la flor de la biznaga –el cabuche--, la flor del girasol y la del garambullo. Los párrafos anteriores constituyen, a mi parecer, el idóneo preámbulo para el comentario periodístico de este día, alusivo a la primera reunión gastronómica de la serie “Los Placeres del Gusto”, organizada conjuntamente por el Grupo Enológico Mexicano y el hotel Sheraton Centro Histórico. Con la finalidad de presentar en cada una de estas reuniones gastrosóficas (recuérdese que la gastrosofía en la ciencia de los placeres de la mesa) deliciosos platillos, acompañados por exquisitos vinos, disfrutando de la armonización del manjar con el caldo vínico, en días pasados se llevó a cabo, en el espacioso salón “Doña Sol”, de ese establecimiento turístico recientemente inaugurado frente a la Alameda Central, una placentera comida, titulada “Gastronomía Floral”. Gabriela Jones, la joven chef del Sheratron Centro Histórico preparó un suculento menú , por ella diseñado con la sugestiva denominación de “Las flores también se comen”. Inicialmente, como aperitivo, fue servido el vino blanco chileno Sauvignon Blanc Santa Rita, cosecha 2000. Al pasar a la mesa dio comienzo esa deleitable sesión manducatoria, que consistió de los siguientes tiempos: como entrada, los dieciocho comensales degustaron un entremés de ahuaucle y flor de crisantemos, en emulsión de jitomate deshidratado, cuyo maridaje con el vino blanco fue muy agradable. En seguida, sirvieron una crema de flor de durazno, de exquisito sabor. (Cabe mencionar en este momento que los allí congregados elogiaron no solamente la apetitosidad de los guisos y la sorprendente presentación de los mismos, sino también la elegancia y belleza de la vajilla utilizada en cada uno de los tiempos de esta comida. Estos tres aspectos, fundamentales en una opípara presentación coquinaria, motivaron cálidos comentarios de parte de los allí congregados). Con este platillo se hicieron interesantes propuestas, respecto a si combinaba mejor con el vino blanco servido al comenzar la comida, o resultaba más apropiado el formidable vino tinto Casa Real Cabernet Sauvignon Reserva Especial, cosecha 1999, igualmente de la Bodega Santa Rita, de Chile. El manjar principal consistió en pato a la laca de rosas con puré de papa y caramelo balsámico, cuya armonización con ese poderoso y equilibrado vino tinto fue sorprendente, por la feliz combinación de los sabores del guiso con el néctar etílico. El postre fue de espuma de bugambilia. Antes de concluir con esta breve reseña gastronómica considero prudente mencionar que el pan servido para acompañar la comida fue de dos clases: pan con gardenias y pan con mantequilla de coco y flor de plátano, ambos elaborados en la panadería del propio hotel Sheraton Centro Histórico. A manera de colofón quiero recordar un aforismo de Jean-Anthelme Brilla-Savarín, autor del libro “Fisiología del Gusto”: “ El Creador, al obligar al hombre a comer para vivir, le incita a ello por el apetito, y le recompensa con el placer”. Allá por el siglo XII o quizá el XIII los alquimistas
comenzaron a experimentar con el proceso de la destilación. Para
ello, sirviéndose del aparato denominado alambique destilaban vino,
una bebida obtenida mediante la fermentación del jugo fresco de
las uvas. Esos primeros destilados, llamados “acqua vitae” (agua de la
vida) y también “espíritu de vino”, eran bastante ásperos,
poco agradables al paladar. Los médicos de aquellos lejanos días,
quienes recomendaban su ingestión, en cantidades moderadas, por
considerarlos apropiados para el buen funcionamiento del corazón,
les dieron el nombre de “cordiales”, palabra ésta derivada del latín
cor, cordis, cuyo significado es precisamente corazón.
Con el objeto de presentar en el Distrito Federal los diversos tipos de un exquisito licor francés, de prestigio mundial, el Grand Marnier, vino a México Jean-Philippe Gerault, director adjunto internacional de esa empresa, fundada en el año 1827. Durante una comida en el restaurante “Le Bouchon”, de Polanco, se proyectó un documental que muestra los aspectos más sobresalientes de la centenaria casa fundada por Jean-Baptiste Lapostolle, y al concluir esa degustación los asistentes probaron las tres categorías de tan exquisito licor, elaborado con naranjas silvestres y una combinación de cognacs seleccionados. La más conocida de todas es Grand Marnier Cordon Rouge (Cordón Rojo). Un nivel superior está dado por la marca Grand Marnier Cuvée Louis Alexandre Marnier-Lapostolle, que es una mezcla de cognacs que han alcanzado dieciséis años de añejamiento. Otro es Grand Marnier Cuvée du Centenaire, preparado con cognacs hasta de veinticinco años de envejacimiento en barrica de roble. La gema de la empresa es el Grand Marnier Cuvée du Cent Cinquentenaire, elaborado en 1977 para conmemorar el aniversario ciento cincuenta de la empresa. Se trata de un licor de excepcional calidad y delicioso sabor, producido con una atinada combinación de naranjas amargas y cognacs de hasta cincuenta años de añejamiento. El resultado es una bebida de sorprendente finura. Club del Gourmet Vinos de Gran Clase
En “Les Moustaches”, el elegante feudo gastronómico de Luis Gálvez, tuvo lugar esa reunión, en la cual los comensales saborearon la deliciosa cena preparada por Rafael Bautista, el chef de ese renombrado restaurante. Inicialmente fue ofrecido, como aperitivo, un Kir Royal a base de vino espumoso húngaro. Una vez instalados en sus respectivas mesas, los noventa asistentes probaron, en ese magnífica cena-maridaje, sopa de pescado a la mediterránea, acompañada del vino blanco Chardonnay Michel Picard. En seguida, a manera de intervalo, vino un sorbete de limón, para continuar con filete a la pimienta verde, guiso que fue maridado con el vino French Kiss, un agradable tinto resultado de un coupage de tres variedades: Grenache, Carignan y Syrah, que ostenta la Denominación de Origen Corbiere, de la región de Languedoc-Rousillon. El postre consistió en creme brulée, de notoria exquisitez. Respecto al vino motivo principal de esa concurrida presentación, agregaré que se trata de un vino joven, cuyo paso en barrica (tiene un período de madurez, es decir de crianza, para afinar sus aromas y sabor, de tres meses) le otorga las características organolépticas necesarias para que sus cualidades a la nariz y a la boca resulten bastante gratas. Su color es rojo rubí; su aroma recuerda los frutos rojos, como la cirula, la grosella y la zarzamora; y a la boca se advierten taninos moderados, equilibrados y el resultado es un vino tinto fácil de beber. La gastronomía de la Cuaresma
En la carta de platillos de Cuaresma del “Nicos” aparecen enlistadas, entre numerosas otras apetitosidades, el pescado sierra en totomostle, la trucha salmonada al epazote, el pámpano empapelado en salsa de perejil, el chile relleno de mariscos, los pulpos a la antigua, los calamares rellenos de camarones y la trucha salmonada a la ceniza. Todos estos manjares, de notoria exquisitez, ponen de manifiesto la creatividad de Gerardo Vázquez y de María Elena Lugo de Vázquez al cocinar diversos guisos elaborados a base de pescados y mariscos, muy propios de esta temporada. La Denominación de Origen Calificada Rioja Los vinos españoles de la Denominación de Origen Calificada Rioja continúan ocupando un lugar en extremo importante en el mundo del vino. De acuerdo a las cifras oficiales la comercialización se ha incrementado en un cincuenta y seis por ciento en los dos últimos años. Las cifras siguientes son muy elocuentes, ya que permiten conocer el grado de penetración, tanto a nivel nacional --en España—como a nivel internacional. En el año 1992 la comercialización de los vinos de La Rioja ascendió a casi ciento cuarenta y nueve millones de litros (exactamente 148.841.285 litros). El mercado interior adquirió casi ciento quince millones de litros (114.478.913 ), en tanto que las ventas en el exterior ascendieron a poco más de treinta y cuatro millones de litros (34.362.372). Diez años más tarde, en 2002, el incremento ha sido muy significativo, ya que en el mercado español fueron comercializados poco más de ciento setenta y ocho millones de litros de los vinos de La Rioja (exactamente 178.115. 778), y en el exterior la venta fue de setenta y dos millones de litros (72.097.169). El balance final de la comercialización de los vinos de La Rioja en el año 2002 arroja cifras de ventas de más de doscientos cincuenta millones de litros. Se trata, pues, de un océano de vino de un total de 250. 212. 947 litros de tan excelentes vinos españoles. Los diez principales países importadores de los vinos de La Rioja son los siguientes, señalados por orden de la cuantía de sus adquisiciones: Reino Unido, Alemania, Suiza, Suecia, Estados Unidos de América, Dinamarca, Holanda, Noruega, Austria y México. En tanto que la importación que de esos caldos vínicos hizo el Reino Unido fue de casi veintiún millones de litros (20.793.462), la de nuestro país fue de poco más de un millón y medio de litros (1.647.332). Cabe agregar que cuatro años antes, en 1998, México registró importación de vino riojano por casi un millón de litros (973.818). Considero interesante mencionar que la comercialización de los vinos de La Rioja en el mercado interior, en el año 2002, que fue (como ya quedó señalado líneas arriba) de más de ciento setenta y ocho millones de litros, queda clasificada en tres tipos de vino, lo que habla claramente de las preferencias de los consumidores españoles: tintos: poco más de ciento cincuenta y ocho millones de litros; blancos: poco más de once millones de litros; y rosados, ocho y medio millones de litros. En el mercado exterior las diferencias son más acentuadas: tintos: casi sesenta y siete millones de litros; blancos: cuatro millones; y rosados: un poco más de un millón de litros. Vinexpo
Los vinos del Caribe
Ahora es probable que una nueva denominación de vinos comience
a ser utilizada: “Vinos del Caribe”. En efecto, después de que ha
comenzado la elaboración de vinos en la isla de Cuba (tuve
la oportunidad de degustar, a finales del mes de Octubre de 2002, varios
vinos tintos que en la etiqueta llevan la leyenda “hecho en Cuba”, y me
parecieron bastante agradables, ligeros y fáciles de beber), ahora
me entero que la empresa Uccoar, un grupo industrial formado por sociedades
cooperativas francesas de la región de
Boicot de Estados Unidos a los vinos de Francia
En el año 2000 la producción oficial de vino en Francia fue de más de cinco mil ochocientos millones de litros, motivo por el cual ese país ocupó el primer lugar mundial, como ha venido ocurriendo desde hace muchos años. En esos días se estimó en poco más de sesenta litros el consumo anual de vino per capita de los franceses, uno de los más altos en el orbe. En el libro Vinos y Espirituosos de Francia (editado por Sopexa, un organismo oficial del gobierno francés, encargado de promover los productos agroalimentarios de ese país europeo) leo que “Desde la creación, en 1935, del Instituto Nacional de las Denominaciones de Origen (INAO, por sus siglas en francés: Institute National des Appellations d’Origine) el código de las AOC o Appelations d’Origine Controlée rige la existencia de los grandes vinos franceses”. Cabe agregar que en Francia existen trece grandes zonas vitivinícolas, que a continuación enlisto por orden alfabético: Alsacia, Beaujolais, Borgoña, Burdeos, Córcega, Champagne, Jura, Languedoc-Rousillon, Loira, Provenza, Saboya, Sud-Ouest y Valle del Ródano. Se estima que hay casi ciento cincuenta Denominaciones de Origen Controladas, para clasificar a los vinos del país galo, que están dentro de 4 grandes categorías: la más alta es aquella que ostenta en la etiqueta la frase Appellation d’Origine Controlée (AOC), la segunda es aquella cuyas siglas son AO-VDQS (Appellation d’Origine Vin de Qualité Superieure). La siguiente en escala descendente es la de Vin de Pays (vino de país, como sinónimo de región determinada); en tanto que la inferior es la correspondiente a los Vins de Table (vinos de mesa). Borgoña es una importante región vitivinícola
de Francia, ubicada en la parte oriental, al norte del Valle del Ródano.
Sus principales zonas son Cote d’Or, Cote de Beaune, Cote de Nuits, Chablis,
Cote Chalonnaise y Maconnais. Es conveniente agregar que Chablis
es la cuna del vino blanco tranquilo ---la cuna del vino blanco espumoso
de mayor renombre es Champagne, por el vino homónimo--- más
famoso del mundo, el vino Chablis (del cual existen cuatro Denominaciones
de Origen: la de Grand Cru, la de Premier Cru, la de Chablis y la de Petit
Chablis), mientras que en Maconnais se elabora el gustado vino blanco Pouilly-Fuissé
(no confundir con el Pouilly Fumé, del área del Loira), de
gran prestigio. Por lo que respecta a los tintos, en la Cote d’Or hay seis
Grands Crus: La Romanée, La Romanée-Conti, La Romanée
St-Vivant, Richebourg, La Tache y La Grande Rue.
Para la cata “ciega” número noventa y dos, correspondiente al mes de Marzo de 2003 (que se llevó a cabo hace unos días en un salón del restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma) fueron seleccionados 7 vinos de Borgoña y uno del área de Beaujolais. Cuatro fueron vinos blancos y cuatro fueron tintos. La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Juan Ignacio Torreblanca, César Augusto Ruiz, Olivert Maldonado, Víctor Maya y por quien esta reseña escribe. Las calificaciones se basaron en los parámetros de costumbre.
Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 51 y los 60 puntos
son considerados “no recomendables”. De 61 a 70 puntos, son “regulares”.
Entre 71 y 80 puntos, son juzgados “buenos”. Si su puntuación se
encuentra entre 81 y 90, son considerados “excelentes”. Pero si alcanzan
una calificación entre los 91 y los 100 puntos, entonces se les
valora como “extraordinarios”.
Vinos blancos:
Animado por el deseo de visitar la provincia de Mendoza, el mayor centro vitivinícola de Argentina, que cuenta con más de quinientas bodegas dedicadas al cultivo de la vid y a la elaboración de tan báquica cuanto salutífera bebida, y cuya producción anual de vino representa entre el 70 y el 75 por ciento del total de ese país sudamericano ---que se estima que en su totalidad fue, en el año 2001, de casi un mil seiscientos millones de litros---, viajé recientemente al Cono Sur en un dilatado vuelo que a continuación relato con lujo de detalles. Antaño había vuelos directos desde la capital mexicana a Buenos Aires, utilizando los servicios de la compañía Aerolíneas Argentinas. Hogaño no existe esa posibilidad, y la mejor opción es viajar por la empresa Lan Chile, que efectúa vuelos diarios a Santiago, la capital chilena, siendo la duración de ese vuelo directo de casi ocho horas (siete horas treinta y siete minutos, exactamente). El avión despegó a las veintidós horas con 16 minutos del aeropuerto “Benito Juárez”, y a los pocos minutos ya se encontraba volando, a una altitud de más de diez mil metros y a una velocidad de novecientos treinta y tres kilómetros, sobre Acapulco. A diferencia de muchas otras compañías de aviación (en las cuales el servicio a bordo es punto menos que pésimo, ya que “la comida del aire” está, a mi parecer, por los suelos) en Lan Chile la cena que sirvieron a los pasajeros fue bastante apetritosa, por el sabor de los guisos: ensalada verde, pollo relleno de espinacas aderezada con una salsa de pipián, acompañada de puré de papa y de calabacitas horneadas. Debo hacer mención que la charola de los guisos traía cuchara y tenedor de metal y cuchillo de plástico, y que la atención brindada por las jóvenes sobrecargos fue, en todo momento, cálido y atinado. Para acompañar esos platillos ofrecieron diversas bebidas etílicas -–vinos blanco y tinto de Chile, cerveza, ron y whisky—, refrescos embotellados y jugos de frutas. Al concluir la cena ofrecieron el “bajativo”, expresión utilizada por la azafata para referirse al “digestivo”, que consistió en dos licores: Drambuie y Amaretto, Y luego una taza de aromático café. En algún momento del vuelo ---tras de dos horas cuarenta minutos de haber partido de México, el gigantesco avión, Boeing 767-300, sobrevoló el Archipiélago de las Galápagos, sobre la isla de Santa Cruz. Hasta ese punto la distancia recorrida era de dos mil trescientos cincuenta y dos kilómetros. A las seis horas de haber iniciado el viaje (las cuatro con dieciséis de la mañana del día siguiente) el jet volaba a una altitud superior a los once mil metros, y minutos más tarde sirvieron el desayuno, con dos opciones para elegir el guiso deseado. Una hora más tarde, a las 05:16, siete horas después de haber despegado del aeropuerto de la ciudad de México, la distancia recorrida era de seis mil doscientos cuarenta y tres kilómetros. A las siete horas con treinta minutos de haber iniciado este vuelo ---siendo la distancia recorrida de seis mil quinientos treinta y siete kilómetros--- comenzó el descenso hacia la ciudad de Santiago de Chile, teniendo lugar el aterrizaje en el aeródromo “Arturo Merino Benítez”, a las cinco de la mañana, con cincuenta y tres minutos (en este momento comentaron que la hora local era dos horas delante de la hora local de México), a las siete horas treinta y siete minutos de haber despegado. Tras unas horas de espera, como pasajero en tránsito, salí --a las 10 de la mañana con treinta y siete minutos--- en otro avión de la línea Lan Chile rumbo a Buenos Aires. La distancia entre ambas capitales sudamericanas es de un mil ciento cuarenta kilómetros, y comentan por los altoparlantes que el vuelo tendrá una duración de una hora con veinticinco minutos. El airbús 340 de Lan Chile aterrizó a las 13:02 del día (al llegar a Buenos Aires hay que adelantar otra hora el reloj, con respecto al horario de Chile) en el aeropuerto “Ministro Pistarini”, de Ezeiza. Allí mismo acudí a una oficina de cambio de moneda, recibiendo por cien dólares trescientos tres pesos argentinos. Hasta hace poco la paridad era de un dólar estadounidense por un peso argentino. Hoy, por cada dólar se reciben tres pesos y tres centavos. Un mexicano debe considerar que por cada tres pesos con cincuenta y cinco centavos mexicanos se recibe un peso argentino. Del mismo aeródromo bonaerense volé a la ciudad de Mendoza, la capital de la provincia homónima, ya que el motivo principal de mi viaje a Argentina consistía en visitar, en siete días, una decena de las principales bodegas vitivinícolas mendocinas. La distancia entre Buenos Aires y Mendoza es de un mil cuarenta y dos kilómetros, y el tiempo de vuelo es de una hora cuarenta minutos. Mendoza es una hermosa ciudad, fundada en 1561 por Pedro del Castillo. Ya desde aquellos lejanos años la vitivinicultura comenzó a significarse como uno de los principales cultivos. Las viñas fueron traídas desde Santiago del Estero, en la parte norte del país, donde dio principio el cultivo de la vid en Argentina. Al paso de las centurias las corrientes migratorias procedentes de Europa (españoles e italianos, principalmente, y en menor grado franceses, alemanes y suizos) se fueron integrando armónicamente, dando paso a la nacionalidad argentina en esta progresista provincia, que es el centro neurálgico nacional en lo referente a la producción de vino, asunto éste que abordaré en entregas posteriores. Auguste Escoffier (1847-1935) fue un célebre cocinero francés, autor de una decena de libros, entre los cuales destacan los 4 siguientes: “Le Guide Culinaire”, “Ma Cuisine”, “Le Carnet d’Epicure” y “Le Livre des Menus”. A juicio de Harry Schraemli, autor de la obra “Historia de la Gastronomía”, Escoffier “fue el primer cocinero que logró crear composiciones culinarias empleando exclusivamente materias comestibles. Su firme convicción de la misión ética del cocinero, un paladar privilegiado y su incorruptible ojo de artista, constituían el fundamento de una carrera profesional que le llevó, por así decirlo, de las profundidades del puchero a la más sublime corte de honor del país”. Entre muchas otras anécdotas acerca de este afamado personaje de la cocina francesa, se cuenta aquella de que en una ocasión el kaiser Guillermo II le expresó a Escoffier su sentir acerca del renombre que, por doquier, le precedía: “Bueno, los dos somos emperadores. Yo de los alemanes y usted de los cocineros”. Evocando a tan distinguido cocinero dio comienzo la charla dictada por el chef Alejandro Kuri, con motivo del Capítulo cuadragésimo primero de la Cofradía de Enófilos y Gourmets, del Grupo Enológico Mexicano, que tuvo verificativo en días pasados. En el salón “El Vitral”, del restaurante “Les Moustaches” (el elegante feudo gastronómico de Luis Gálvez), se dieron cita quince cofrades para escuchar la interesante plática “La Cocina de Ensamblaje”, a cargo de Alejandro Kuri, asesor culinario de Nestlé Food Services. En ella señaló que los fondos y las bases constituyen la piedra fundamental de la cocina clásica francesa, y que en sus primeras recetas y métodos de elaboración se puso de manifiesto que se trata de preparaciones en extremo complejas, que requieren de muchísimas horas de elaboración (recuerde el lector que en esos años se empleaba leña para calentar las estufas y los hornos), como, por ejemplo, la salsa que lleva el nombre de “demi glasse”, cuyo tiempo de confección, siguiendo los patrones clásicos, es de casi 24 horas. A continuación mencionó Alejandro Kuri que “Es por eso que hoy en día, dentro de la propia cocina contemporánea, hemos llegado a integrar “La Cocina de Ensamblaje” basada en la utilización de todos aquellos ingredientes que conllevan una pre-preparación, un corte, una adición de ciertos elementos, o incluso una salsa ya preparada, así como la utilización de distintos métodos de elaboración, congelación, surgelación, inducción, cocción al alto vacío, etc. De esta manera, y con desarrollo de productos elaborados por diversas compañías, como Nestlé, en su división Food Services, contamos actualmente con productos como los fondos de la cocina clásica: salsas base de pescado, crustáceos, res, ternera, cordero, y salsas ya terminadas y liofilizadas para ser hidratadas, y en unos cuantos minutos se puede tener una salsa a la pimienta, barbecue o incluso la clásica de vino blanco. La moderna tecnología bromatológica ha facilitado la compleja tarea del profesional de la cocina, poniendo a su alcance diversos productos alimenticios con los cuales condimentar los más deliciosos platillos. “La “Cuisine d’Assemblage” --terminó diciendo el chef Kuri-- permite reducir los tiempos y los movimientos en la preparación de numerosos guisos, el ahorro de energéticos, la higiénica manipulación de los ingredientes, lo que trae como resultado la confección de guisos y platillos más suculentos, en forma más atinada”. Al concluir la disertación de Alejandro Kuri dio comienzo
la plática de Francisco Domenech, director asociado de la empresa
Unión de Grandes Marcas, quien hizo amplia descripción del
tema “Los Vinos del Nuevo Mundo”, designación ésta muy empleada
por los productores europeos de vino, quienes de esa manera se refieren
a los vinos producidos en una decena de países, como Australia,
Sudáfrica, Chile, Argentina, México, Nueva Zelanda, Estados
Unidos de América, Canadá. A continuación tuvo lugar
la degustación analítica de cuatro vinos (presentes en el
comercio capitalino), de los cuales dos fueron blancos y dos fueron tintos.
De los primeros, uno era de Sudáfrica y el otro de California.
En el caso de los tintos, el primero fue también de California y
el segundo de Argentina.
Esta hedonista reunión concluyó con la degustación de dos platillos, preparados por el chef Alejandro Kuri (utilizando los productos que Nestlé Food Services envasa para facilitar las labores culinarias de los chefs). Como entrada fue servido un platillo de mejillones con salsa de crustáceos y fumé de pescado, al azafrán, acompañado con puré de papa. El guiso principal consistió en medallón de filete con una salsa demi glasse y otra de pimienta, acompañado de vegetales. Ambos manjares resultaron, de acuerdo a los calurosos elogios que recibió el chef, de parte de los comensales, de extraordinaria apetitosidad. A manera de colofón quiero recordar una frase de Augusto Escoffier, reproducida por doquier en el mundillo de la gastronomía: “La buena cocina es el fundamento de la verdadera felicidad”.
Annelies Pang, autora del capítulo referente a la gastronomía china, en la obra El Gran Libro de la Cocina de Todo el Mundo --Editorial Everest: León, España; 1986---, escribe de ese arte culinario los siguientes conceptos: “Un pueblo que en el día de Año Nuevo, como primer acto oficial, rinde honores al Dios de la Cocina, seguramente tiene un gusto muy acentuado por la buena comida. Eso queda expresado en el hecho de que cada familia presenta pequeñas ofrendas, a esa deidad, en forma de platos especialmente deliciosos, rogando que se hable en el cielo sobre el arte del ama de casa. Por lo tanto, no sorprende que la cocina china sea comparada con la francesa respecto a su calidad”. De este mismo asunto, delicioso en extremo, el escritor A. Matekalo señaló (El Mundo en la Mesa; Ediciones Castilla: Madrid, 1956) que “En el arte culinario de Asia, China tiene un lugar predominante, análogo al de Francia en Europa. La gastronomía es, según los chinos, una de las expresiones más importantes de la civilización. El conjunto de las tradiciones culinarias representa, en el que fue el Celeste Imperio, un tesoro inagotable para la elección de alimentos y las costumbres seguidas en la presentación de los manjares”. Cabe agregar que existen en China cuatro centros principales de arte culinario: Pekín, Nankin y Shangai, Setchuan y Cantón, y que las especialidades culinarias en cada uno de esos cuatro lugares son muy diferentes unas de otras, coincidiendo en la exquisitez y sabrositud de los manjares que las caracterizan. En días pasados el Club del Gourmet: Vinos de Gran Clase llevó a cabo otra presentación gastronómica titulada “La cocina asiática: un festín de aromas y sabores”, que tuvo lugar en el restaurante “O’Mei”, que ofrece a los comensales una amplia diversidad de los platillos de la cocina china (de las regiones de Cantón y Setchuan), así como también de Vietnam y Tailandia. Esa noche Juan Ignacio Torreblanca, presidente de ese grupo de gastrónomos, expresó que “Una despensa bien surtida es un buen punto de partida para iniciar la experiencia gastronómica. Una despensa sutil es la garantía del placer culinario. Asia puede presumir de una despensa repleta y variada, de gran calidad. Una paleta multiforme de productos gastronómicos, una cocina rica en sabores, aromas y texturas”. Momentos más tarde, en compañía de Cristina Gaitán, directora general del Club del Gourmet, recibió en el “O’Mei” (que ocupa el espacio donde otrora estuvo el restaurante “Les Celebrites”) a unos cien comensales, a quienes sugirió hacer el maridaje de las creaciones culinarias propias de ese lugar con cuatro vinos diferentes. Primeramente con el Cava Parxet, de Cataluña. Luego con el vino blanco Oppenheimer Krotenbrunen. En seguida con el vino rosado Enate, de la región hispana de Somontano, y después con el vino tinto francés Domaine Voarik, de Borgoña. Los allí reunidos saborearon la apetitosidad de sesenta tipos diferentes de bocadillos de las cocinas china, vietnamita y tailandesa. Entre muchos otros puedo enlistar los siguientes: pato asado, rollos de camarón, pan chino frito relleno de cerdo, tallarín salteado con germen de frijol, pollo vietnamita, pollo pekín, ensalada de surimi, pulpito en salsa curry, tacos vietnamitas, así como una amplia variedad de postres, muy atractivos a la vista y deliciosos al paladar. Auge de los vinos de La Rioja Acabo de recibir noticias del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja, referentes al incremento registrado en la comercialización de los vinos de La Rioja en el año 2002. El año pasado las ventas de vinos riojanos en España alcanzaron la cifra récord de ciento setenta y ocho millones de litros, lo que significa un aumento del doce por ciento sobre las cifras correspondientes al año 2001, que habían sido treinta y tres por ciento mayores que en el año 2000. Según un informe de la empresa ACNielsen, que controla las ventas a través de los canales de hostelería y alimentación, Rioja ha reforzado su liderazgo, ya que su cuota de participación en el mercado español es de 40.4%, seguida de Valdepeñas, con el 8.8%. Navarra tiene el 7%. Penedés el 5.9%. Ribera del Duero el 4.6%. La Mancha el 4% y Rueda el 3. 7% De la misma manera como en Francia dos de las principales regiones vitivinícolas son Burdeos y Borgoña, y en España figuran entre las más importantes La Rioja y Ribera del Duero. Y por lo que a Italia concierne esas dos área privilegiadas son Piamonte y Toscana. Al ocuparme de la vitivinicultura en Argentina de inmediato vienen a la memoria las zonas de Mendoza ---la de mayor preeminencia en el país andino— y San Juan. La primera de ellas es, por la extensión de su viñedo, por la cuantía de la producción de vino que en ella es elaborado, y por la extraordinaria calidad de los caldos vínicos que allí tienen su cuna, la que ocupa el primer lugar dentro de la industria vinícola de esta pujante nación sudamericana. Introducido en Argentina el cultivo de la vid a mediados del siglo XVI, el mayor auge vinícola ocurrió a mediados del siglo XIX. Fue entonces cuando Michel Aimé Pouget llevó a Mendoza numerosas cepas francesas, como la Cabernet Sauvignon, la Malbec, la Chardonnay y la Pinot Noir, entre otras, con las cuales comenzaron a producir vinos de una calidad superior a la que entonces era común. Hasta entonces el vidueño más empleado en las viñas mendocinas era la Criolla, llamada en Chile País, con la cual elaboraban vinos ordinarios, cuyo consumo cotidiano se prolongó en este país por muchísimos años. Al tener lugar, a partir de 1860, una acentuada corriente migratoria europea, constituida principalmente por españoles e italianos (muchos de los cuales habían estado ligados, de alguna manera, con la producción de vino en sus lugares de origen), se registró un acentuado interés por esta actividad agrícola-industrial, lo que se tradujo por un notable incremento en el volumen de vino producido en Mendoza. Es importante señalar que el viñedo argentino se concentra
en la franja oriental del país, desde el Valle de Cafayate hasta
la Patagonia. En esta extensa zona existe una superficie aproximada de
doscientas mil hectáreas cubiertas de viñas, y el número
de las empresas vitivinícolas se estima en mil doscientas. En Mendoza,
de donde procede el setenta por ciento de la producción nacional
de vino, hay ciento cincuenta mil hectáreas de viñedos, y
el número de bodegas vitivinícolas asciende a unas setecientas.
En el año 1987 la producción de vino en Argentina fue de
dos mil doscientos millones de litros, cifra ésta con la cual
la nación andina se colocó en el quinto lugar mundial en
esta materia, ocupando el primer lugar a nivel latinoamericano. Años
más tarde, cuando la tónica fue elaborar vinos de notoria
calidad ---olvidándose un poco de alcanzar cuantiosos volúmenes,
sin que la finura y clase de esta bebida fuese el principal objetivo de
su tarea---, la cantidad de vino producido ha disminuido de manera
sensible, pero su calidad se ha incrementado notoriamente, a la vez que
se han preocupado, muchos de los productores, por aumentar su presencia
en los mercados foráneos, a los cuales hoy en día llegan
estos vinos, de indudable categoría vínica, a dar prueba
fehaciente de la gran finura que caracteriza a los vinos elaborados en
la Provincia de Mendoza, el centro neurálgico por excelencia en
materia de vinos en Argentina.
Los nombres de las bodegas que recorrí detenidamente son los siguientes: Terrazas de los Andes, Luigi Bosca, Salentein, Séptima, Chandon, Zuccardi, Catena Zapata, Norton y Zuccardi. Todas ellas son representativas de la plausible revolución que en materia de vinos se registra actualmente en Mendoza. La tónica imperante en estas empresas es la de elaborar vinos de calidad extraordinaria. Ha quedado relegada la idea que privó hasta hace unos tres lustros, de producir grandes volúmenes de vino. Ahora la búsqueda incesante es la de embotellar vinos de relevantes atributos enológicos, que puedan competir airosamente con aquellos de otras latitudes en el mundo del vino. En todas estas bodegas de Mendoza tuvo lugar una minuciosa degustación de varios de sus vinos más representativos (cuyas marcas, existentes en el mercado mexicano, son precisamente las de las bodegas productoras), y por medio de esa cata organoléptica pude percatarme, una y otra vez, que los vinos de Mendoza han alcanzado sorprendente finura y encomiable calidad, lo que les confiere un nivel de extraordinaria categoría. Una visita a la preciosa ciudad de Mendoza, recorriendo sus principales áreas vitivinícolas, no sería completa sin una estancia de 24 horas en la finca “Los Chulengos”, al pie de la Cordillera de los Andes, en las proximidades del Nevado del Plata. Se trata de un pequeño albergue de montaña, que cuenta con cuatro habitaciones, atendido exquisitamente por sus propietarios: María y Fernando Palma, quienes han convertido ese paraje andino en un sitio de gran belleza escénica. Aquí es posible efectuar cabalgatas por los alrededores, caminar por las veredas cordilleranas próximas al Cerro Pedernal, o bien recorrer en jeep, acompañado por el patrón de la finca, las brechas existentes en este encantador sitio andino. Cualquiera de estas tres actividades resulta en extremo placentera para quien se llega hasta “Los Chulengos. Por cierto, me informaron que “chulengo” es el nombre que en esta zona se la da a las cría del guanaco. Contemplar el imponente paisaje del Valle de Uco desde los amplios jardines de esta casa, situada en las estribaciones de la Cordillera, y saborear las delicias de un abundante asado, regiamente bañado con exquisitos vinos de Mendoza, es un placer que calurosamente recomiendo a quien tenga la oportunidad de hacer un recorrido por las principales bodegas vitivinícolas de esa pujante provincia argentina.
En el mes de Enero de 1995 dieron comienzo, organizadas por el Grupo Enológico Mexicano, las degustaciones analíticas mensuales tendientes a dar a conocer las cualidades organolépticas de muchos de los vinos de mesa presentes en el comercio nacional. Desde esa fecha, hace ya cien meses, hasta la cata más reciente, la correspondiente al mes de abril, han sido sometidos a la evaluación sensorial de un grupo de experimentados catadores setecientos cuarenta vinos de diecisiete países diferentes. Todas estas cuidadosas degustaciones gustativas han tenido lugar, desde sus comienzos, en un salón del restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma. Mediante estas catas “ciegas” los miembros de la Mesa de Catadores expresan con toda claridad y veracidad sus impresiones cualitativas de esos néctares etílicos. Y cabe agregar que son denominadas de esta manera, “ciegas” ---también son llamadas “doble ciegas”--- porque los enófilos participantes en estas evaluaciones cuantitativas (salvo dos, quien tiene a su cargo la organización de la cata y quien aporta los vinos que van a ser calificados en cada ocasión) no tienen ningún conocimiento de la marca de los vinos, ni tampoco del país de origen de los mismos. De esta manera el análisis sensorial es más objetivo, y el juicio respecto a cada uno de los vinos es más imparcial y transparente. Para la cata número noventa y tres, la correspondiente al mes de Abril, fueron seleccionados ocho vinos de cinco países diferentes. Enlistados por orden alfabético de su procedencia son de Argentina, Chile, España, Francia y Portugal. Los dos vinos de Argentina, un blanco y un tinto, llevan la marca J & L Lurton, empresa fundada en 1988 por los hermanos Jacques y Francois Lurton, cuyos viñedos y bodega están ubicados en el Valle de Uco, al sur de la ciudad de Mendoza. Esta compañía vitivinícola argentina forma parte de un importante complejo de industrias vinícolas en seis países; Argentina, Australia, Chile, España, Francia y Uruguay. Quiero agregar que uno de los caldos etílicos elaborado en el país andino, el vino tinto Gran Lurton Gran Reserva, cosecha 1999, obtuvo el segundo lugar en el concurso “Los Mejores Vinos “Premiun” de Argentina en México”, organizado por el Grupo Enológico Mexicano el pasado mes de Enero de 2003. Fueron tres los vinos franceses degustados en esta cata de Abril. Dos de la marca Cordier: el vino blanco Labottiere Blanc y el vino tinto Chateau Meyney; ambos elaborados en la región de Burdeos. La empresa Cordier fue fundada en 1886, y hoy en día la razón social –al haberse fusionado dos compañías de más de cien años de tradición— es Cordier y Mestrezat Domaines, propietaria de seis castillos (“Chateaux”), ubicados en los distritos de Pauillac, Sauternes, Medoc y Saint-Estephe. Este emporio vitivinícola comercializa vinos de Burdeos a más de ochenta países en el mundo. Los tres vinos restantes en la cata a la que ahora hago referencia proceden de otros tres países de honda tradición enológica: Chile, España y Portugal. De Chile viene el vino tinto Le Dix de Los Vascos. Esta casa, Los Vascos, tiene sus orígenes en la Viña Los Vascos, establecida en el valle de Colchagua en el año 1750. En 1980 fue objeto de grandes transformaciones, tendientes a implementar allí la tecnología vitivinícola más avanzada, y para 1988 fue adquirida por el consorcio Les Domaines Barons de Rothschild (Lafite), propietaria de la empresa Chateau Lafite, de fama mundial. Los vinos de la marca Los Vascos están presentes en veinticinco países del orbe, México entre ellos. El vino procedente de España, Doña Raquel, pertenece
a la Denominación de Origen Rueda. Es un vino blanco elaborado con
la variedad de uva Verdejo, y la compañía productora es Bodega
Avelino Vegas. Finalmente, el vino restante, el tinto Quinta do Carmo,
fue elaborado en la región de Alentejo, en el sur de Portugal. Se
trata de otra bodega cuyo propietario, desde 1992, es el consorcio
francés Les Domaines Barons de Rothschild (Lafite), lo que permite
calibrar la calidad de los vinos de esa casa lusitana.
Las calificaciones se basaron en los parámetros de costumbre.
Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 51 y los 60 puntos,
son considerados “no recomendables”. De
Los resultados fueron los siguientes: Vinos blancos: 1.- Chardonnay Lurton, cosecha 2001 (Argentina). Calificación:
84.24 puntos. Precio al público por botella: $ 125.00
Vinos tintos: 1.- Le Dix de Los Vascos, cosecha 1999 (Chile). Calificación:
85.50 puntos.
En el documentado libro Delicias del Buen Comer, publicado por la Editorial Everest en León, España, en 1974, hay un capítulo dedicado a los pescados y mariscos, que constituyen ---por su excelentes nutrientes--- un magnífico alimento para los seres humanos. De ese capítulo, titulado “Los Frutos del Mar”, transcribo las siguientes frases: “De antiguo, el pescado ocupa un lugar importante en la alimentación de los pueblos que habitan las costas o las orillas de los ríos. El pescado abunda, por lo general, en todas las aguas, y, en principio, no implica otros gastos que los de su captura. Por añadidura, es un alimento muy nutritivo. Al tiempo mismo, su carne, menos grasa que la de los demás animales, es mucho más digestible. Por otra parte, es rica en fósforo, substancia que pocos alimentos contienen, al menos en cantidad tan elevada”. Al pasar revista a las actividades en torno a la pesca entre los diversos pueblos de la antigüedad, el autor hace referencia a los orígenes, en épocas inmemoriales, de cómo los hombres sirviéndose de redes (nasas) y de palizadas conseguían atrapar considerables cantidades de peces y mariscos, lo que significó una relevante importancia económica para aquellos hombres. Ya después, en tiempos más recientes, los pueblos que habitaban regiones ribereñas de mares y ríos, habrían de incrementar, con métodos más productivos, el volumen de captura de diferentes especies de pescados y de mariscos, lo que permitió no sólo un mayor consumo de tan nutritivos alimentos, sino la posibilidad de comercializar los excedentes entre otros grupos étnicos. Considero conveniente mencionar ---citando la misma fuente de información--- que, entre muchos otros pueblos, los cretenses del periodo minoico (2000-1500 a.d.J:C) eran muy aficionados a los moluscos, y especialmente a los calamares, a juzgar por los motivos decorativos de algunos vasos de cerámica. Por otro lado, la lectura de los Evangelios revela hasta qué punto era común el oficio de pescador entre los habitantes de Galilea. Algunos discípulos de Cristo ejercían esa actividad, y Jesús, quien utilizaba metáforas para hacerse entender, les llamaba “pescadores de hombres”. Lo mismo en los tiempos del apogeo de Roma, como cabeza de un formidable imperio, que durante los siglos posteriores, los pescados y mariscos (anguilas, sardinas, langostas, morenas, salmones, arenques, esturiones y muchos otros más) constituyeron el ingrediente principal de infinidad de platillos, ampliamente degustados por diversos sectores de la población. He querido señalar los párrafos anteriores como preámbulo del asunto que me ocupa en esta colaboración periodística, alusiva a un festival gastronómico cuyo título es “Las Delicias del Mar”, diseñado por Philippe Seguin, director de alimentos y bebidas del hotel Marquis Reforma. Siguiendo la costumbre de llevar a cabo una muestra culinaria cada cierto tiempo, ahora tiene lugar en el restaurante “La Jolla”, de ese establecimiento turístico, este festejo del biencomer, en el cual los chefs Ignacio Gutiérrez, Wilfrido Moreno, Margarito Vargas y David Ramos, tienen a su cuidado la confección de numerosos guisos a base de pescados y mariscos, utilizando como materia prima productos marinos seleccionados de Noruega, Chile y de México, como salmón, lenguado, robalo, huachinango, bacalao, dorado, atún, pez espada, mejillones, abulón y matarraya. El lunes 5 de Mayo dio comienzo esta muestra gastronómica, que se extenderá hasta el viernes 30 de este mes, y durante estas cuatro semanas los comensales pueden saborear treinta platillos diferentes --sin contar una docena de exquisitos postres---, entre los cuales puedo enlistar platillos tan exquisitos, dentro del renglón entradas frías y calientes, como el ceviche de salmón fresco chileno, los ostiones de acuacultura de Ensenada, las empanadas de jaiba, los sopes de atún, los mejillones a la marinera y la sopa de mejillones. En el inciso platos fuertes, en el menú figura una amplia variedad de manjares: el risotto de camarones y callos de hacha, el filete de pez espada salteado, el lomo de salmón fresco, la bouillabaisse estilo “Marsella” (espléndido platillo preparado con trozos de huachinango, robalo, mejillones y camarones, a más de verduras, azafrán, ajo y pimienta de Cayena), la mantarraya en salsa de mantequilla, el bacalao noruego y los camarones al tequila. El perfecto maridaje de estos guisos se consigue degustando dos tipos
de vinos: Casa Grande Chardonnay y Casa Grande Cabernet Sauvignon, ambos
de Casa Madero, que en este festival son ofrecidos a un precio especial.
Cabe mencionar que en la carta de vinos de este festival culinario aparece
la amplia gama de vinos de Casa Madero, entre los que figuran los varietales
Chardonnay, Merlot, Shiraz y los coupages San Lorenzo, todos ellos de excelente
calidad y delicioso sabor.
Buenos Aires, la fascinante capital de Argentina, es la ciudad más
europea de Sudamérica. Esta urbe posee un señalado encanto
urbanístico, así como una cautivante atmósfera cosmopolita
---sin olvidarme que es seductora y distinguida como ninguna otra en el
Cono Sur---, lo que hace de ella un destino turístico
de primera magnitud para los viajeros mexicanos, especialmente en los momentos
actuales, ya que el tipo de cambio resulta más favorable que
hace poco más de un año (cuando el peso argentino estaba
a la par del dólar estadounidense), lo que permite disfrutar allí,
entre muchos otros esparcimientos, de dos placenteras actividades: el biencomer
y el bienbeber, a un precio ya no solamente razonable sino en extremo reducido.
Y no paso por alto, para quienes gustan de ir de compras
Antes de referirme a mi reciente estancia en la ciudad porteña mencionaré que Argentina es un país cuya extensión es de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados (exactamente 3.700.000 kms cuadrados), y que el número de sus habitantes asciende a treinta y siete millones y medio, el noventa y cinco por ciento de los cuales son descendientes de los inmigrantes europeos ---italianos y españoles principalmente--, que llegaron a hacer “la América” en esta pujante nación durante el siglo XIX. La capital, Buenos Aires, tiene una superficie de doscientos dos kilómetros cuadrados, y cuenta con una población, en el área metropolitana, de doce millones de habitantes. El tiempo de vuelo a Buenos Aires desde la ciudad de México es de casi diez horas, con una escala en el aeropuerto de Santiago, la capital de Chile. Una vez llegado al aeropuerto de Ezeiza recordé (al realizar el cambio de moneda, dólares estadounidenses por pesos argentinos, recibiendo poco más de tres pesos por un dólar: exactamente 3.03) que la revista británica “The Economist”, especializada en finanzas, clasificó en fecha reciente a Buenos Aires como la quinta entre las ciudades más baratas del mundo. En el año 2001 la misma publicación la había catalogado como la que ocupaba el lugar veintiuno entre las urbes más caras del mundo. Buenos Aires cuenta con casi quinientos hoteles de todas las categorías. Yo me alojé en el Caesar Park, un precioso hotel en el barrio de La Recoleta, el espacio urbanístico más elegante y exclusivo de la capital bonaerense. Ese establecimiento turístico, que figura en el exclusivo grupo denominado “Leading Hotels of the World”, es uno de los hoteles más bellos, por su suntuosa arquitectura, y además está ubicado en un sitio estratégico en relación a los centros de negocios, comerciales, gastronómicos y de esparcimiento de la ciudad. Muy diversos son los atractivos que hacen de Buenos Aires (“Mi Buenos Aires querido”, como atinadamente señala el popular tango) un incomparable destino turístico. Sus museos, teatros, centros comerciales, espacios verdes citadinos, cafés y restaurantes constituyen (de acuerdo a las particulares afinidades de cada viajero) un atractivo muy poderoso. Por lo que a esta columna periodística concierne, diré que en Buenos Aires funcionan más de mil ochocientos establecimientos de comidas. Los hay de la más amplia diversidad de lo que hoy ha sido llamada “cocina étnica”. Hay restaurantes especializados en las gastronomías tradicionales de Armenia, Italia, China, España, Francia, Grecia, Japón, Vietnam, México y una docena más de países del mundo. A mi parecer, paseando por Buenos Aires conviene degustar las exquisiteces de la cocina típicamente porteña, en la cual el asado constituye la comida por antonomasia. Un gastrónomo argentino escribió que “En un buen asado son infaltables la tira de asado, el vacío, los chorizos, las morcillas, los chinchulines, los riñones, las mollejas, la tripa gorda y la entraña”, acompañados esos manjares cárnicos con una deliciosa ensalada y adecuadamente bañada esa suculenta comida con un espléndido vino argentino. Yo disfruté de una apetitosa comida en “El Portugués”,
en el área denominada “Las Cañitas”, próxima al Campo
de Polo y al Hipódromo. También en “La Cabaña de las
Lilas y en “La Caballeriza”, sitios ambos especializados en parrilladas
de gran sabrositud.
Otro lugar que, igualmente, juzgué excelente fue “Rodizio” (hay un restaurante de este nombre en la Costanera Norte, frontero al Río de la Plata, y otro en el elegante barrio de Puerto Madero). Ambos son extraordinarios, por la calidad de sus manjares y por la calidez del personal de servicio, y están especializado en el concepto denominado “Espeto Corrido”, que consiste en que al comensal los meseros le sirven exquisitos trozos de carnes que llevan en unas grandes espadas. Me pareció un espectáculo insólito observar la forma como el personal que atiende a los clientes les ofrece generosas raciones de los más variados cortes: asado de tira, bife de chorizo, colita de cuadril, cordero patagónico, vacío, y las clásicas achuras, que están dadas por las mollejas y los chinchulines. Estos manjares cárnicos casan muy bien con ensaladas y papas fritas, después de haber probado las infaltables empanadas criollas, las morcillas y los chorizos, y, por supuesto, con una botella de un magnífico vino de la provincia argentina de Mendoza. Andalucía es, desde el múltiple punto de vista histórico, geográfico, artístico y monumental, una fascinante región de España. Desde otro punto de vista, el político, es una Comunidad Autónoma --la cuarta que pasó a formar parte del panorama autonómico español-- integrada por varias provincias: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaen, Málaga y Sevilla, cuya población en conjunto, de acuerdo al censo del año 2000, asciende a casi siete y medio millones de habitantes. La extensión territorial de Andalucía es de casi noventa mil kilómetros cuadrados (exactamente 87.597), superficie un poco mayor que la del estado de Jalisco y un poco menor que la del estado de Oaxaca. Si bien turísticamente hablando Andalucía es muy importante (en el año 2000 recibió más de veinte millones de viajeros), por los numerosos atractivos que ofrecen al visitante ciudades como Sevilla, Granada, Córdova, Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y Cádiz, desde otro enfoque, el de su producción agroindustrial, vinos, aceite de oliva y chacinería principalmente, entraña notoria trascendencia económica, por el crecido volumen de exportación que estos productos tienen actualmente a infinidad de países del orbe. De acuerdo al Instituto Nacional de las Denominaciones de Origen
(INDO), del Ministerio de Agricultura de España, en este país
hay, vitivinícolamente hablando, poco más o menos sesenta
Denominaciones de Origen. De ese crecido número en Andalucía
existen cuatro: por orden alfabético la primera es Condado de Huelva;
la segunda tiene un nombre más largo (haciendo alusión en
ella a las tres formas diferentes con las que el vino jerezano ha
sido conocido desde hace muchos años; Jerez-Xéres-Sherry,
Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda; la tercera es Málaga y
Sierras de Málaga; y, finalmente, la cuarta es
En fecha reciente tuvo lugar, en la preciosa ciudad de Sevilla, una reunión organizada por la Agencia Andaluza de Promoción Exterior (Extenda), tendiente a dar a conocer a los importadores y prescriptores de opinión de catorce países las múltiples posibilidades de que ofrece la agroindustria en Andalucía. En este caso en particular la atención estuvo centrada principalmente en los vinos de mesa (inclusive en España se tiene escaso conocimiento del enorme potencial vinícola de esta pujante región) y en los destilados producidos en las diferentes zonas de Andalucía, de los cuales el Jerez es el vino más conocido dentro y fuera de España, pero se desconocen otros muchos vinos ---por mencionar un solo caso---, como los elaborados en el Condado de Huelva, que comienzan a despertar un señalado interés entre los enófilos hispanos, por su encomiable potencial gustativo. En esta ocasión fue presentada, al ser inaugurada la Misión Inversa de Importadores y Prescriptores de Opinión (designación oficial de esta muestra de bebidas etílicas) una exposición con los productos elaborados en numerosas bodegas de esas cuatro Denominaciones de Origen de Andalucía, y posteriormente tuvo lugar una cata dirigida de vinos de las mencionadas cinco Denominaciones, en la cual participaron como ponentes Andrés Proenza, escritor y periodista enológico, y Javier Hidalgo, director-propietario de Bodegas Hidalgo, de ancestral antigüedad. La presentación oficial estuvo a cargo de Julio Moreno Ventas, director general de Extenda, quien dio la bienvenida a los cincuenta participantes llegados de catorce países. Al día siguiente, el grupo fue recibido por los directores del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Condado de Huelva, realizándose un encuentro en la Casa del Vino de la población de Bollullos Par del Condado, donde fueron degustados varios vinos de esa zona. A continuación se llevó a cabo la visita a la empresa Toneles Martín, donde contemplamos la minuciosa tarea que hacen los toneleros para fabricar toneles con duelas de roble americano. En seguida fuimos llevados a otra parte de esta empresa, que es también la mayor productora de Vinagre, con Denominación de Origen Condado de Huelva. El recorrido prosiguió luego a la Bodega Privilegio del Condado, la mayor cooperativa andaluza del Condado de Huelva. Allí, después de haber advertido la cuidadosa elaboración de vinos blancos, degustamos varios de sus exquisitos caldos vinícos, como el blanco Mioro Privilegio del Condado, elaborado con uva Zalema, y el Gran Mioro Privilegio del Condado, producido con una mezcla de las variedades Zalema y Moscatel de Alejandría. En la siguiente nota periodística concluiré la relación
de esta interesante reunión enológica, realizada en Sevilla
y áreas aledañas de Andalucía, cuyo potencial en materia
de vinos viene incrementándose día a día en forma
muy señalada.
Al concluir la visita a la Bodega Privilegio del Condado --- en la ciudad de Bollullos Par del Condado, en Huelva---, productora de excelentes vinos de varios tipos: blancos, olorosos, finos y dulces (en cuya elaboración intervienen diferentes variedades de uvas, como la Zalema, la Pedro Ximénez, la Moscatel de Alejandría, la Listán de Huelva y la Garrido Fino, siguió el recorrido hacia la población de La Palma del Condado, para visitar la Bodega Rubio, fundada en 1946. Se trata de una empresa especializada en la elaboración de brandies de extraordinaria calidad. Aquí tuvo lugar una singular degustación de varios tipos de brandy, de la marca Luis Felipe, de gran prestigio en España. Se trata de destilados envejecidos en el tradicional sistema de Criaderas y Soleras, característico de muchos brandies de esta región de Andalucía. El primer aguardiente degustado fue el Gran Reserva Luis Felipe (del cual producen diez mil unidades embotelladas), cuya vejez es de sesenta años. Luego sirvieron otro de la misma marca, pero cuya guarda promedio en barricas de roble asciende a setenta y cinco años. Este brandy tiene una producción limitada a trescientas botellas. Vino luego el Gran Reserva Luis Felipe 100 Años, del cual elaboran únicamente setecientas ochenta y seis botellas cada año. Se trata de destilados de excepcional clase, por su finura y delicioso sabor, contenidos, especialmente los dos últimos, en botellas de cristal de muy bello diseño. El grupo salió de La Palma del Condado para ir a la Aldea del Rocío a visitar las marismas de esta zona, contigua a la Ermita de la Virgen del Rocío (a la cual acuden cientos de miles de romeros, en las anuales peregrinaciones a este recinto religioso de notoria fama, no sólo en España, sino también en otras partes de Europa). La comida, a base de especialidades andaluzas, como el gazpacho y jamón Jabugo entre varias otras sabrosuras, fue servida en el restaurante “Aires de Doñana”. A la mañana siguiente, muy temprano, el recorrido prosiguió
hacia Granada, con la finalidad de visitar la Bodega Señorío
de Nevada, ubicada en el Valle de Lecrín, a medio camino entre la
majestuosa Sierra Nevada y el Mar Mediterráneo. Esta empresa vitivinícola,
asentada en un hermoso paisaje granadino, es propiedad de José Pérez
Arco, quien, asistido por su esposa Verónica y su hijo José,
cuida tanto de los viñedos como de la producción en la bodega.
Sus vinos, uno blanco, el Viña Dauro Blanco, y dos tintos:
uno resultado de un coupage de las variedades Cabernet Sauvignon
y Merlot, y el otro es una combinación de las cepas Syrah,
Merlot y Tintilla de Granada (incluidos dentro de una reciente Denominación
de Origen: la de Vinos de la Tierra Granada Suroeste) son de magnífica
calidad y excelente sabor. Ese día la comida tuvo lugar en un precioso
restaurante: “Ruta del Veleta”, en tanto que la cena, servida a las diez
de una noche iluminada por la luna llena ---después
de una visita vespertina a la Alhambra----,
El grupo de importadores y prescriptores de opinión pernoctó esa noche en la ciudad de Granada, y a la mañana siguiente se desplazó hacia la ciudad de Montilla, y la visita fue a la Bodega Robles, fundada en el año 1927 por Antonio José Robles. Al presente, tres miembros de la tercera generación de vitivinicultores, Francisco, Marisa y Pilar, tienen a su cargo tanto los viñedos como la bodega de crianza de estos magníficos vinos, acogidos a la Denominación de Origen Montilla-Moriles. Los vinos de la marca Robles, elaborados con la uva Pedro Ximénez, clásica en Andalucía, han alcanzado numerosas preseas en concursos internacionales. En la actualidad han lanzado al mercado los vinos ecológicos “Piedra Lunga” (los primeros vinos de esta categoría en Andalucía), en sus diferentes variedades: Fino, Pedro Ximénez, Pale Cream, Blanco y Tinto. Entre las numerosas preseas que estos vinos de Bodegas Robles han obtenido al paso de los años recientes, tanto en concursos nacionales como internacionales, quiero señalar que en Abril de 2003 el vino Piedra Luenga Tinto obtuvo medalla de plata, y el Fino recibió medalla de Bronce en el 4º. Concurso Nacional de Vinos Orgánicos. Y en Mayo de 2003 el vino Pedro Ximénez Selección 1927 fue galardonado con el Gran Zarcillo de Oro, en el XI Concurso Nacional y III Internacional “Zarcillo”. En el certamen denominado “Challenge du Vin”, celebrado en Francia el mes de Mayo de este año de 2003, el vino Pedro Ximénez Pïedra Luenga fue distinguido con la medalla de oro, y el premio especial al “Mejor Vino del Concurso”. Un día más tarde la visita tuvo lugar a las Bodegas Hidalgo, en la ciudad costera de Sanlúcar de Barrameda, una de las empresas más antiguas en el marco de Jerez, ya que sus orígenes se remontan al año 1792. El grupo de visitantes fue recibido por Javier Hidalgo, el director general de esta compañía, productora de los diferentes vinos incluidos dentro del Marco de Jerez. Fino, Amontillado, Oloroso, Palo Cortado, Médium, Cream y Pedro Ximénez. El producto emblemático es la Manzanilla “La Gitana”, una de las más afamadas dentro y fuera de España. En esta centenaria casa contemplamos las barricas, de soleras y criaderas, cubiertas por el velo de la “flor”, que hace el mágico milagro de la transformación del vino en deliciosos “Olorosos”, Finos” y “Amontillados”, entre varios otros caldos vínicos de extraordinaria finura y exquisito sabor. La postrer visita fue a la empresa González Byass, fundada en 1835 en la ciudad de Jerez de la Frontera. Se trata de una compañía productora de excelentes vinos y destilados (el vino más conocido, de fama mundial, es el “Fino” de la marca “Tío Pepe”, mientras que el aguardiente más afamado es el brandy “Lepanto”), donde, un poco a la manera de las modernas bodegas de California, en Napa, Sonoma y Mendocino, acogen a los visitantes en un recorrido que concluye en una sala de degustación, donde son servidos varios de sus productos a los centenares de paseantes que día con día acuden a tan prestigiada casa vitivinícola. A manera de colofón transcribiré un pensamiento de Alexander Fleming, descubridor de la penicilina: “Si la penicilina puede curar a quienes están enfermos, el Jerez español puede resucitar a un muerto”. Si bien el corcho es empleado desde hace veinte o treinta siglos para obturar los recipientes que contienen vino, no fue sino cuando las botellas de vidrio se popularizaron como apropiados recipientes para envasar tan preciado líquido, proporcionándole un hermético sellado, que los tapones de ese material orgánico alcanzaron su máxima importancia. Recuérdese que el corcho es elaborado con la parte exterior de la corteza del alcornoque, un árbol cuyo nombre científico es Quercus suber, propio de los países ribereños del Mediterráneo. El primer productor de alcornoque es Portugal, seguido de cerca por España. Por atrás de estas dos naciones, vienen otras como Marruecos, Túnez y Argel, en la lista de los principales productores de alcornoque en el mundo. Es conveniente agregar que Mauricio Wiesenthal, escritor de temas enológicos, señala que “el corcho tiene una serie de cualidades que lo hacen idóneo para el taponado de las botellas: elasticidad, resistencia a la compresión, impermeabilidad, longevidad y estabilidad química”. Los corchos elaborados con corteza cocida, y aún aquellos elaborados con corteza estéril, pueden ser contaminados con esporas de moho, en cualquier momento de la fabricación de los tapones de corcho. Más todavía, se habla de que los corchos pueden recoger los olores emigrados de otros sitios, o como resultado de deficientes condiciones de higiene en las bodegas vinícolas. Este problema de “encorchado” (nombre que recibe el vino cuyo tapón de corcho de la botella muestra aromas en extremo desagradables) fue advertido, de modo más notorio, en la industria del vino en la década de los años ochentas del siglo veinte. Esta circunstancia motivo la búsqueda de otras soluciones para obturar los envase que contienen vino. Fue por ello que surgieron los tapones de material plástico, que se han tornado tan populares en muchos países del orbe, y hoy en día comienzan a adquirir cierta notoriedad las botellas con taparroscas, que antaño fueron --y han sido—tan populares en Francia, para los vinos de consumo inmediato. Esta forma de cerrar las botellas entraña muchas ventajas, la principal es la económica, pero debo señalar que para los vinos “de guarda” no existe mejor tapón que el corcho, que permite el gradual envejecimiento y madurez óptima del caldo contenido en ese envase de vidrio. Sirvan los párrafos anteriores como introducción para
ocuparme de la cata “ciega” número noventa y cuatro, del Grupo Enológico
Mexicano, la correspondiente al mes de Mayo, se llevó a cabo hace
unos días en un salón del restaurante “La Jolla”, del hotel
Marquis Reforma. Para esta degustación analítica de ocho
vinos, cuatro blancos y cuatro tintos, fueron seleccionados caldos vínicos
de seis países: Alemania, Argentina, España, Chile, Francia
e Italia. Cabe hacer notar que todos los vinos están presentes en
el comercio capitalino.
Las calificaciones se basaron en los parámetros acostumbrados en estas degustaciones organolépticas. Los vinos cuya calificación oscila entre los 51 y los 60 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre 61 y 70, son “regulares”. Entre 71 y 80 puntos de calificación, son “buenos”. Si ese puntaje oscila entre los 81 y los 90, entonces son juzgados “excelentes. En el caso que la calificación estuviese entre los 91 y los 100 puntos, alcanzan la categoría de “extraordinarios”. Los resultados fueron los siguientes: Vinos blancos:
Todos estos ocho vinos superaron ampliamente el nivel de los 71 puntos,
motivo por el cual quedaron dentro de la categoría de “buenos”.
Tres vinos, de estos ocho, rebasaron los 81 puntos, y por ello quedaron
dentro de la clase de “excelentes”. Además, conviene tener en cuenta
la magnífica relación calidad/precio de estos vinos, especialmente
los dos que ocuparon los primeros lugares en ambas categorías.
La chef Ana Benítez Muro es la autora de un interesante volumen titulado Nuestros Sabores, publicado en Octubre de 2001 por la Editorial Clío. En esa publicación, engalanada con hermosas imágenes, señala las siguientes frases: “”Profundamente abierta al mestizaje y a las influencias del mundo, la culinaria mexicana ha crecido como un árbol que, con injertos de variedades desconocidas, ha asimilado y recreado las aportaciones recibidas....La cocina mexicana se ha colocado por sí misma a la altura de las mejores del mundo; y sin temor a equivocarnos, o a que el amor propio nos ciegue, constatamos ahora que no sólo nosotros, sino también los visitantes extranjeros y el gusto de otros pueblos, con su aceptación la han colocado entre las más deliciosas de la gastronomía internacional””. Esta entusiasta investigadora del grandioso pasado precolombino de nuestro país, ha profundizado en la honda raigambre que caracteriza a la cocina mexicana, la cual, al fundirse en una deliciosa amalgama de colores, aromas y sabores con los ingredientes aportados por otras cocinas foráneas (la española, la arábiga, la china y la africana, las cuatro vertientes que se combinaron con la prehispánica), dio forma a una de las cocinas más creativas y exquisitas que existen. Ana Benítez Muro, directiva de la empresa “Tamalli”, especializada en la preparación de diferentes tipos de tamales de señalada sabrositud, tuvo a su cargo la plática gastronómica del Capítulo XLII de la Cofradía de Enófilos y Gourmets (del Grupo Enológico Mexicano), que se llevó a cabo hace unos días en el salón “El Vitral”, del restaurante “Les Moustaches”, el distinguido feudo coquinario de Luis Gálvez. El título de su intervención fue el siguiente: “Los tamales mexicanos: lujoso manjar, ritual y festivo”, y en su amena e documentada plática hizo una pormenorizada relación a la forma como en los tiempos prehispánicos “los tamales eran muy apreciados y populares, y estaban preparados de formas muy distintas, según el propósito de la festividad en la que eran servidos”. A juicio de Ana Benítez Muro “El tamal sigue siendo un alimento que, por sus características y sabor, aparece en nuestras festividades religiosas y paganas, y se ha convertido en uno de los alimentos populares, de consumo diario más extendido. Y si de comer bien se trata se organiza una buena tamalada, como decía nuestro gastrónomo favorito, Alfonso Reyes”. A continuación vino la plática de tema enológico, que estuvo a cargo de Miguel Guzmán Peredo. El tema de esta charla fue “Los vinos de Casa Madero”, y ella el expositor hizo referencia a la historia y desenvolvimiento de esa empresa, productora de vinos de mesa de extraordinaria calidad. Mencionó, entre otros varios asuntos acerca de esa compañía vitivinícola ubicada en Parras, Coahuila, que los vinos por ella elaborados habían alcanzado, hasta diciembre de 2002, sesenta y nueve medallas en numerosos concursos internacionales en todo el mundo, y que en el certamen denominado Concurso Mundial de Bruselas (en esta ocasión realizado, hace un par de meses, en la ciudad belga de Amberes) el vino Chardonnay Gran Reserva Casa Grande, cosecha 1999, fue galardonado con medalla de plata. En seguida se llevó a cabo la degustación organoléptica de cuatro vinos elaborados por Casa Madero: San Lorenzo Blanco, San Lorenzo Tinto, Chardonnay Gran Reserva Casa Grande, cosecha 1999, y el Cabernet Sauvignon Gran Reserva Casa Grande, cosecha 1999. Como es costumbre en estas sibaríticas reuniones, cada uno de estos cuatro vinos fue atinadamente descrito, en sus características visuales, olfativas y gustativas, por uno de los enófilos allí presentes, y posteriormente comentado, en forma por demás explícita, por los restantes comensales. De esta manera, cada vino fue analizado acertadamente por los quince restantes asistentes a la reunión, lo que enriquece la opinión que esos enófilos tuvieron respecto a cada uno de estos deliciosos caldos vínicos. El momento más placentero de esa velada gastronómica tuvo lugar cuando la chef Ana Benítez Muro sirvió una suculenta cena ---preparada ex profeso para esta ocasión, a base de exquisitos tamales, que bien podría yo denominar “Tamales Nouvelle Cuisine”---, consistente en tres tiempos. Inicialmente presentaró un Hojaldrado de chile cuaresmeño, queso y maíz cacahuazintle, con arcoiris de ensalada en salsa ravigoté. Más tarde sirvió, como platillo principal, una Cazuelita chiapaneca de masa colada, guarnecida con mole de Ocosingo. El postre, un delicado melindre, que al igual que los dos guisos anteriores sorprendió gratamente a los comensales no sólo por su apetitosidad sino también por su muy bella presentación, consistió en Trío de pequeños canarios (tres pequeños tamales de sabores diferentes) caramelizados con salsa de mango y zarzamora. Lo más interesante de esta singular degustación de platillos, confeccionados a base de productos del nuevo arte de la tamalería nacional, es que la armonización --el maridaje, la combinación entre platillo y vino--- de esos manjares con los vinos de Casa Madero arriba enlistados, fue admirable. Cada uno de los comensales mostró sus preferencias respecto a un determinado guiso con un vino determinado, pero donde los comentarios fueron unánimes, y en extremo elogiosos, fue en el caso del Hojaldrado de chile cuaresmeño con el vino blanco Chardonnay Gran Reserva Casa Grande, y posteriormente en el caso de la Cazuelita chiapaneca con el espléndido vino tinto Cabernet Sauvignon Gran Reserva Casa Grande. Para aquellos que aún consideran que los manjares de la cocina mexicana no armonizan convenientemente con los vinos, blancos o tintos, los invito a que prueben estas delicias de tamales “Nouvelle Cuisine” acompañándolos con esos vinos de la Casa Madero. El resultado palatal de esa degustación de productos mexicanos será, sin duda alguna, muy placentero Los historiadores de la gastronomía señalan que fue en el año 1765 ---casi cinco lustros antes de que diese comienzo la Revolución Francesa--- cuando en la ciudad de Paris un cocinero de apellido Boulanger (palabra que significa panadero en la lengua gala) abrió un establecimiento dedicado a servir comidas a quienes lo desearan. En la marquesina puso el siguiente rótulo “Venid a mí los estómagos fatigados, que yo os restauraré”. Del vocablo restaurar derivó, seguramente, la voz restaurante, de universal empleo. Cabe señalar que en forma elegante, y un tanto cuanto eufemística, a los restauranteros, encargados de atender este tipo de negocios, se les da el nombre de restauradores. He mencionado las frases anteriores para recordar que Hernán
Cortés, en sus Cartas de Relación al rey Carlos I de España
y V de Alemania, le refirió que en la ciudad de
Todo este asunto de restaurantes y demás sitios donde se cumple con el precepto de dar de comer al hambriento, he querido traerlo a colación ahora que voy a ocuparme de un excelente establecimiento de restauración que, merced a sus numerosos merecimientos, acaba de cumplir cuarenta y seis años de ininterrumpido funcionamiento. S e trata del “Nicos”, ubicado en la Avenida Cuitláhuac 3102, esquina con Avenida Clavería, el encomiable feudo gastronómico de la familia Vázquez: Raymundo, María Elena y Gerardo, quienes han hecho de ese concurrido salón comedor un lugar donde la repetitiva clientela, de la zona de Azcapotzalco y áreas circunvecinas, suele darse cotidiana cita para degustar deliciosos platillos de la cocina mexicana. El menú se basa en infinidad de apetitosos guisos de la excelente cocina nacional (en la mayoría de las ocasiones los manjares están confeccionados siguiendo antiquísimas recetas, de ancestral aplicación coquinaria), presentados en forma por demás elegante y novedosa, como lo mandan los cánones del arte culinario contemporáneo. Existen, entre muchos otros méritos de la familia Vázquez
al frente del restaurante “Nicos”,
El segundo acierto es el siguiente: si bien tanto Raymundo Vázquez como su esposa María Elena Lugo se preocuparon siempre por presentar, a lo largo del año, festividades culinarias de la índole más diversa, ahora que el hijo de ambos, Gerardo Vázquez Lugo, funge como chef de este excelente restaurante, esas muestras gastronómicas se han multiplicado, para beneplácito de quienes tienen el hábito de saborear las suculentas especialidades del “Nicos”. En efecto, con regular periodicidad tengo conocimiento de diversas muestras coquinarias, en las que se pone de manifiesto la creatividad de este joven chef, cuyos guisos motivan cálidos elogios de parte de los comensales. Quien esté medianamente enterado de los avatares que sufren
muchos restauranteros del Distrito Federal, un espacio capitalino donde
un día sí y otro también son inaugurados, por doquier,
infinidad de establecimientos de restauración (que a los pocos meses
o años son clausurados por sus dueños), podrá calibrar
con tino la importancia, hablando en términos culinarios, del “Nicos”,
que recientemente cumplió cuarenta y seis años de exitoso
funcionamiento.
Dentro de las numerosas Denominaciones de Origen de España figura como una de las de mayor importancia la de Ribera del Duero, cuyos vinos, de las diferentes marcas, vienen adquiriendo señalado renombre por doquier. La empresa que lleva por razón social Bodegas Matarromera, situada en el corazón de la zona geográfica llamada Ribera del Duero, ha obtenido un gran prestigio por la extraordinaria calidad de los vinos que elabora. La marca emblemática es, precisamente, Matarromera, en sus diferentes categorías: Gran Reserva, Reserva y Crianza, que han alcanzado, desde hace varios años, numerosas preseas y distinciones en diferentes certámenes internacionales de vinos en el mundo. Cabe agregar que Bodegas Matarromera ha crecido ostensiblemente, y de ella se han originado otras firmas comerciales, como Bodegas Valdelosfrailes, de la Denominación de Origen Cigales; Bodegas Vermilion, productora de vino de mesa de Castilla y León; Bodega Emina y Bodega Renacimiento, ambas de la Denominación de Origen Ribera del Duero; y Bodega Terravid, de la Denominación de Origen Valle del Maule, en Chile. Para presentar los diferentes productos vínicos de la empresa Grupo Matarromera, vino a México en fecha reciente Carlos Moro, el director general de esta casa. En una interesante cata dirigida (organizada por Bodegas La Negrita, representante en México de ese corporativo que tiene su sede en la ciudad de Valladolid, España) mostró las excelencias de cinco de los dieciocho vinos que ha lanzado al mercado hispano e internacional esta pujante compañía vitivinícola. Los vinos presentados esa noche fueron los siguientes: Terravid , Valdelosfrailes, y los tres tipos de Matarromera, elaborados con la variedad Tempranillo, llamada Tinta del País en la Ribera del Duero : Crianza, envejecido en barrica de roble durante doce meses; Reserva, que tiene un período de barrica de dieciséis meses; y Gran Reserva, un extraordinario vino que permanece durante veinticuatro meses en barrica de roble americano, y posteriormente treinta y seis meses en la botella ---con la finalidad de que su madurez sea la idónea--- antes de ser puesto a la venta. En su exposición, Carlos Moro enfatizó que la política de su compañía es elaborar grandes vinos, de reconocida calidad, sin la preocupación de embotellar un crecidísimo volumen de vino. Los vinos de Alemania
Las variedades de uvas más ampliamente utilizadas en Alemania son Riesling, Silvaner y Müller-Thurgau. Los vinos de la clase Auslese y Trokenbeerenauslese, de notoria finura y delicioso sabor, están elaborados con la cepa Riesling, considerada la variedad reina de los viñedos de Rheingau, Mosel-Saar-Ruhr, Rheinpfalz y Nahe. Me parece conveniente agregar que el número ochenta y cinco es considerado clave tratándose de los vinos alemanes. En efecto, si en la etiqueta de un vino determinado aparece el nombre de una variedad de uva, ello indica que está elaborado por lo menos con el ochenta y cinco por ciento de uvas de esa cepa. Si aparece un año en la etiqueta, ello indica que por lo menos el ochenta y cinco por ciento de las uvas con las que fue elaborado ese caldo, fueron vendimiadas en el año registrado en la etiqueta. La casa Sichel, la mayor exportadora de vinos blancos alemanes ---sus vinos están presentes en los mercados de más de ochenta países---- y productora del vino blanco Blue Nun (para evitar dificultad a los consumidores extranjeros, en la pronunciación de los distintos nombres de los vinos alemanes, le impuso este nombre, en extremo conocido en todo el mundo), llevó a cabo, en fecha reciente, un concurso internacional para premiar a aquella empresa distribuidora que hubiese alcanzado los mejores resultados en la comercialización de estos agradables caldos vínicos. Entre todas resultó triunfadora la casa Distribuidora Dolgo, de México, que recibió un precioso automóvil Porsche Boxster (de color azul, lógicamente) de manos del señor Helmut Siebert, quien vino a nuestro país a hacer entrega a los señores Díaz Goenaga de tan codiciado trofeo. Cabe agregar que el auge alcanzado, a nivel mundial, que vienen teniendo los diferentes vinos de la marca Blue Nun ( Merlot, Riesling, Eiswein, principalmente), basado indudablemente en la calidad de estos productos, ha sido extraordinario. Baste con señalar que las ventas mundiales, según los registros del año más reciente, del vino Blue Nun Riesling se incrementaron en un 249%, sobre las cifras del año anterior. Y por lo que respecta al vino tinto Blue Nun Merlot, aumentaron esas cifras en un 259%. LUNES 14 DE JULIO
SUBIR Los tres principales países en el mundo, por el volumen de su producción de vino, son Francia, Italia y España. En cada uno de ellos se elabora un verdadero océano de esta deleitable bebida etílica, ya que las cifras oscilan entre los cinco mil quinientos y los seis mil millones de litros cada año. Tomando en consideración la superficie del viñedo, es España el país del orbe que ocupa el primer lugar por la superficie cultivada de vides, que asciende a un millón cien mil hectáreas, algo menos del quince por ciento de la superficie mundial, que es calculada en casi ocho millones de hectáreas. En España existen, de acuerdo al Instituto Nacional
de las Denominaciones de Origen
La vitivinicultura en La Rioja se remonta a los tiempos de la dominación romana, hace de ello poco más de dos mil años, ya que existen testimonios fehacientes de la forma como a través del río Ebro las galeras romanas, cargadas de ánforas vinarias, llevaban al puerto de Ostia ---próximo a la desembocadura del Tíber--- esos enormes recipientes de terracota conteniendo los vinos riojanos, alabados en su momento por Plinio y Marcial, entre muchos otros intelectuales del imperio. El inagotable e interesante tema dado por los excelentes vinos de La Rioja ha sido motivo central de un bellísimo libro titulado El Vino de Rioja: calidad, originalidad y prestigio histórico, escrito por Javier Pascual y publicado hace apenas tres meses en la ciudad de Logroño, España. Se trata de un volumen, de gran acierto tipográfico, que constituye, a mi parecer, el documento más completo en torno a los vinos españoles que son (junto al Jerez y al Cava) los caldos vínicos más conocidos en el mundo entero, no solamente porque son los que mayor exportación alcanzan, sino que, también, porque merced a su cuidadosa elaboración, señalada finura y exquisito sabor, constituyen el mejor ejemplo de una tradición vitivinícola centenaria, que se conjuga con la modernidad tecnológica más avanzada que existe. El resultado de esta dualidad, conseguida al paso de los años gracias a la tesonera dedicación de los vitivinicultores riojanos, es hoy celebrada por doquier, ya que es ostensible la acrisolada fama y el universal prestigio de los vinos de La Rioja. En este hermoso libro, engalanado con las fotografías de Daniel Llano y las ilustraciones del pintor Eustaquio Uzqueda, Javier Pascual ha volcado su profundo conocimiento y acendrado amor por los vinos de La Rioja, asunto en el que ha venido profundizando por más de dos décadas. Esa sapiencia le permite adentrarse, como el mejor cicerone para quienes seguimos sus pasos a través de los capítulos de tan aleccionadora obra literaria, en el devenir histórico de una Denominación de Origen de rancio abolengo, que al presente muestra logros en verdad impresionantes, como los que a continuación menciono. Al comenzar el tercer milenio hay en La Rioja una superficie de más de sesenta mil hectáreas cubiertas de viñas. Esta cifra corresponde al seis por ciento de la superficie de España y al uno por ciento de la mundial, “”aunque si tomamos como referencia exclusivamente la superficie protegida por Denominaciones de Origen, el porcentaje se eleva al nueve por ciento en España, y al tres punto cinco por ciento del millón seiscientas mil hectáreas de los viñedos amparados en la Unión Europea. En relación a la media anual de producción de vino con Denominación de Origen en España, situada en doce millones de hectolitros (equivalentes a mil doscientos millones de litros), la producción en La Rioja significa del veinte al veinticinco por ciento. La comercialización de vinos españoles alcanza los veinticuatro millones de hectolitros (dos mil cuatrocientos millones de litros) anuales, la mitad de los cuales corresponden a vinos con Denominación de Origen. La comercialización de vinos de La Rioja en 2002 fue doscientos cincuenta millones de litros, cantidad que viene a representar, por lo tanto, el diez por ciento del total, cantidad que si tomamos en cuenta exclusivamente las ventas de vinos con Denominación de Origen se sitúa en el cuarenta por ciento en el mercado español””. Cifras igualmente impresionantes son las siguientes: en La Rioja existen hoy en día quinientas bodegas comercializadoras, con más de un millón de barricas, lo que permite disponer de más de trescientos millones de litros de vino de crianza en existencia. La comercialización del vino de La Rioja, en 1990, fue de ciento tres millones de litros, y se incrementó a doscientos cincuenta millones de litros en 2002. De esta cifra, ciento setenta y ocho millones de litros fueron para el mercado interior y los restantes setenta y dos millones de litros para el mercado de exportación. Me parece conveniente citar que de las cuatro categorías de vinos de La Rioja, las ventas en el año 2002 fueron las siguientes: de vino joven fueron comercializados casi ciento nueve millones de litros (48.3 %). De vino de crianza: casi ochenta y dos millones de litros (36.3%). De vinos reserva: poco más de veintinueve millones de litros ( 13%). Y de gran reserva: poco más de cinco millones de litros (2.3%). Los vinos de La Rioja son exportados a más de setenta países, y entre los diez primeros importadores figura México. Quede, pues, este breve comentario para ponderar la extraordinaria calidad literaria y tipográfica del libro El Vino de Rioja, publicado en fecha reciente por Javier Pascual, que constituye un hermoso documento acerca de la primera, y hasta ahora la única, Denominación de Origen “Calificada” que existe en España, y en donde esos deliciosos caldos etílicos recibieron, en fecha reciente, el acertado nombre de “vinos de alta expresión”, denominación que define su extraordinaria calidad. VIERNES 18 DE JULIO
SUBIR En numerosas ocasiones he leído, en la prensa escrita capitalina, las repetidas quejas de los usuarios por el pésimo servicio que prestan (realmente no cabe la palabra “prestan”, cuando de todos es sabido que los pobres servicios ofrecidos por los valet parking los cotizan muy caros) quienes, en las proximidades de los restaurantes, verdaderamente atracan a los comensales que acuden a esos establecimientos de restauración. Y conste que en este momento no me ocupo ni de las frecuentes “desapariciones” de los objetos olvidados por el propietario de ese automóvil, ni tampoco del maltrato que sufren los vehículos, dejados a fortiori ---porque no queda otra opción mejor--- en las manos de esos irresponsables, a quienes, de una u otra forma, auspician y toleran los propios propietarios o directores de los restaurantes. En días pasados comentaba lo anterior con Mauricio Hammer, director general de la excelente revista El Vino y otras Delicias, y él me entregó un ejemplar de otra publicación editada por su misma empresa, cuyo nombre es “Brújula Urbana”. En esta revista, de pequeño formato (tamaño de bolsillo), aparece un breve artículo firmado por él, donde narra las cotidianas peripecias de quienes acuden a los restaurantes capitalinos. Como me parece que ese texto entraña notorio interés para los lectores de esta columna gastronómica (ya que enfatiza en esta conflictiva circunstancia, la cual, me parece, no tiene pronta ni fácil solución), a continuación transcribo esos párrafos. “”Llegas tarde a tu cita en el restaurante. Estás que te lleva
la fregada porque tu (novia), (novio), (cliente) ya debe estar desesperado.
Le entregas el auto al valet del restaurante (establecimiento que, obviamente,
no tiene estacionamiento), y te sale el monito con aquello de “lo molesto
con 15, 20, ¡30! Pesos”. Y tú te preguntas:
Con estas reflexiones en mente te metes al restaurante y, mientras
buscas afanosamente a tu cita, te sale una hostess (aunque el sitio
sea de dos por dos) y te pregunta a quién buscas. Tú ya le
estás haciendo señas a la persona que buscas, pero ella insiste
en acompañarte hasta tu lugar. Entonces te sientas, y como estás
acalorado, buscas el agua que antes te regalaban, pero entonces te acuerdas
de que eso ya no existe. Así es que te resignas a pagar 15 pesos
por una botellita que vale 4.
Otra historia, de cierta manera semejante a la anterior, me fue descrita por una amistad, quien, inclusive, tuvo la gentileza de redactar sus desagradables impresiones con un “servicio” de valet parking. En su relato comenta lo siguiente: “El miércoles 18 de Junio tuvo lugar una presentación en el Alcázar del Castillo de Chapultepec. Cuando llegamos a este sitio nos encontramos que a la entrada estaban unos muchachos, quienes nos cobraron 40 pesos para permitirnos que entrásemos a bordo de nuestro automóvil. Pagamos dicha cantidad y nos entregaron dos boletos de 20 pesos, cada uno, y no uno de 40 pesos, por lo que supusimos que nos estaban tomando el pelo. Al avanzar 50 metros encontramos a un valet parking, quien amablemente se ofrecía a estacionar los vehículos, pero a cambio de darle 30 pesos, por anticipado, por conducir el automóvil escasos 20 metros. Yo intenté estacionarme sin la ayuda del valet, pero me impidieron hacerlo, diciéndome que únicamente ellos podían pasar a estacionar los automóviles, y nadie más. Por esta razón, al haber acudido como invitada a la presentación de un directorio turístico tuve que pagar 70 pesos para poder entrar en mi auto. Como esa noche llovía copiosamente, nadie quiso estacionarse del otro lado de Reforma y verse en la necesidad de cruzar corriendo esa avenida. Este hecho motivo el enojo generalizado, y el franco repudio, de numerosas personas con quienes me encontré en el interior del Castillo de Chapultepec”. Hasta aquí el relato que me hizo mi amiga. Yo, por mi parte, comento lo siguiente: es indudable que existe un oscuro contubernio --- tolerado por alguna persona, quien tiene a su cargo lo referente al ingreso al Alcázar del Castillo de Chapultepec y al “negocito” del valet parking--- entre quienes permiten el acceso y quienes estacionan los vehículos. Y pregunto: ¿hasta cuándo las autoridades ---¿quiénes son las involucradas en este asunto en particular--- seguirán permitiendo tantas anomalías? Es casi seguro que infinidad de personas han sufrido (y seguirán sufriendo, porque esta lamentable situación no tiene para cuando ser resuelta por las autoridades, quienes nada más le dan largas al asunto) en carne propia los excesivos cobros que, por concepto de valet parking, ocurren en multitud de restaurantes capitalinos. Basta con recorrer avenidas como Masarik e Insurgentes Sur, y zonas como Polanco y Condesa, para advertir la dimensión de este problema, ya que los restaurantes proliferan como hongos después de la lluvia, pero no ocurre lo mismo con los estacionamientos, y por ello miles y miles de personas se ven precisadas, muy a su pesar, a poner en manos de desaprensivos sujetos, eufemísticamente llamados “valet parking”, sus vehículos, cuando acuden a un restaurante. Para concluir quiero repetir las certeras palabras de Mauricio Hammer, quien afirma: “¿Por qué motivo si el restaurante no tiene estacionamiento, tú eres el que tiene que pagar por ello? |