LOS VINOS MEXICANOS “PREMIUM”

Malinchismo es un término cuyo significado es muy conocido, y lo peor, a mi juicio, es que es puesto en práctica frecuentemente por un amplio sector de la población nacional. Es crecido el número de mexicanos que piensan, erróneamente en muchas ocasiones, que los productos extranjeros son mejores que los nacionales, por el solo hecho de proceder de allende nuestras fronteras. En una gran diversidad de artículos y materiales esa preferencia tiene bases sólidas y bien cimentadas, pero en otros casos simplemente es equivocada, ya que la calidad de los productos elaborados en México ha alcanzado, al presente, general reconocimiento lo mismo dentro que fuera de nuestro país.
Entre estos productos que ahora gozan de general simpatía y prestigio, de una manera muy señalada a nivel internacional, figuran los vinos elaborados en Baja California. Allí se localizan   --en el área geográfica denominada Valle de Guadalupe---  diversas empresas vitivinícolas cuyos caldos vinícos han alcanzado, en infinidad de concursos internacionales,   las preseas más codiciadas por los productores de los principales países del orbe. Este hecho irrefutable, de que los vinos mexicanos obtengan medallas de oro, plata y bronce, en certámenes de gran renombre mundial, es la mejor prueba de la certeza de la aseveración que líneas arriba dejé asentada.
Mas a pesar de ese reconocimiento a los vinos bajacalifornianos son muchos los mexicanos que piensan, y en ello están equivocados,  que por haber sido elaborados en nuestro país estos productos deben ser más baratos que los importados. La mejor explicación a la pregunta “¿por qué pagar más por un vino mexicano?” está dada por el texto que aparece en el boletín El Espíritu del Vino  (publicado por la empresa Monte Xanic, en el número 21, correspondiente al primer trimestre del año 2000). A la letra dice:: “La respuesta tiene dos partes. La primera es que el precio de un vino es principalmente el resultado de los costos de su elaboración. Actualmente, hay vinos mexicanos que tienen calidad similar o más alta que muchos de los importados, pues se utiliza la misma tecnología (a veces una mejor). Pero por razones históricas y culturales todavía creemos que los vinos franceses y españoles son mejores, y que si son más baratos que los mexicanos es porque éstos son demasiado caros. La segunda, es que comúnmente se cree que el vino nacional debe ser más barato porque los vinos de otros países pagan aranceles de importación. Sin embargo, gracias a los respectivos tratados de libre comercio con Chile y Estados Unidos, los chilenos no pagan arancel, y los estadounidenses pagan actualmente sólo ocho por ciento (de acuerdo al TLC, este porcentaje se reducirá dos por ciento cada año hasta llegar a cero. Los vinos de otros países pagan ahora un arancel de treinta por ciento””.
Es prudente agregar, a lo anterior, que “los productores mexicanos tienen que importar prácticamente todo lo que interviene en la elaboración del vino: botellas, corchos, barricas, máquinas de embotellamiento, tanques de fermentación, hasta las vides mismas. Los productores nacionales pagan aranceles de importación en todos estos insumos, y lógicamente el costo se refleja en el precio del vino. Sin embargo, los productores de la Unión Europea no pagan aranceles sobre estos insumos, lo que se traduce en costos de producción más bajos”.
He querido mencionar lo anterior para ocuparme en esta nota periodística de que a partir del día primero de marzo la empresa Aeroméxico ofrecerá a sus pasajeros de Clase Premier 
---durante los vuelos a Europa, Sudamérica y Estados Unidos---   vinos de la marca Monte Xanic, elaborados con las cepas Cabernet Sauvignon y Chardonnay. El crítico enófilo del periódico The Wall Street Journal describió los vinos de Monte Xanic como “los nuevos vinos premium de México”. De éstos dos vinos, que serán degustados en esos vuelos, diré que el vino Cabernet Sauvignon, en sus cosechas 1991 y 1997, ha alcanzado dos medallas de bronce (en concursos efectuados en Estados Unidos y en Canadá), mientras que el de la cosecha 1995 recibió medalla de oro y “El Gran Premio a la Excelencia”, en un certamen llevado a cabo en Francia. El vino Chardonnay ha sido galardonado en Francia, en 1994 (el de la cosecha 1990), con medalla de plata; en Estados Unidos, en 1997 (el vino de la cosecha 1995), con medalla de oro; y en Francia, en el año 2000 (el vino de la cosecha 1998), con medalla de bronce.
Por lo que concierne a Aeroméxico diré que los lectores de la revista Business Traveller International  seleccionaron (mediante la votación respectiva) a la Clase Premier de esa empresa nacional como una de las dos mejores “Cavas de Vino en Vuelo” (“Best Cellar in the Sky”). En la décimo segunda edición de este concurso, que anualmente organiza  la agrupación “Viajeros de Negocios Internacionales”,  Aeroméxico superó a treinta y siete de las más importantes aerolíneas del mundo, y así logró ubicarse en el segundo lugar, en cuanto al servicio de vinos a los pasajeros de las clases Ejecutiva y Primera.


 
 


LAS MARCAS DE TEQUILA

De acuerdo a la información proporcionada por la Cámara Nacional de la Industria Tequilera, la producción de este exquisito destilado  --el cual, junto con el Mezcal, tiene el honor de ser el aguardiente mexicano por excelencia--  ascendió, en el año 1990, a poco más de ochenta y siete millones de litros (87.900,00 exactamente). De esa crecida cantidad fueron exportados,  casi cincuenta y nueve millones de litros (58.900.000), mientras que el consumo nacional fue de veintinueve millones de litros. Diez años más tarde, en 2000, la producción llegó a poco más de ciento ochenta y un millones de litros (181.600.000), la exportación, a setenta y un países en todo el mundo,  fue de casi noventa y nueve millones de litros (98.800.000), y el consumo nacional se incrementó a casi ochenta y tres millones de litros (82.800.000). La misma fuente informativa registra que en la industria tequilera laboraban, en diciembre de 2000,  poco más de treinta y seis mil personas. Diez años antes, casi veinte mil personas estaban dedicadas a esta actividad agro-industrial.
Considerando la cifra arriba anotada de la producción nacional de Tequila, se estima que los tres municipios jaliscienses donde es más importante este cultivo son los siguientes: Tequila (con el 52.86% del total), Arandas (14.40%) y Amatitán (10.46%).
Otra fuente de información, oficial por lo que concierne al destilado que ahora me ocupa, es el Consejo Regulador del Tequila. En su página de internet veo que al día 28 de febrero del año 2002 existen registradas ochenta y seis empresas productoras, y que el total de marcas certificadas asciende a seiscientas cuarenta y ocho. En ese listado hay (o había, hasta hace algunos meses) marcas de tequila tan auténticamente mexicanas como Maxim’s de Paris, D’Castillon, Tikal, Barón D’Arignac, Tango, Sevilla la Villa, Six Guns y Flying Dog y Conde Luna. Otras marcas exhiben, de manera manifiesta, la desbordada creatividad y aguzado ingenio de quienes les dan nombre a esos productos, como los siguientes: El Mecapalero, La Migra, El Teporocho, La Ultima y nos Vamos, Gran Cuerno de Chivo, San Pascual Bailón y Los Kikirikis.
 El pasado viernes 8 de marzo la prensa nacional se ocupó del lanzamiento de un nuevo tequila “Añejo” (se trata de una categoría del aguardiente motivo de esta nota periodística,  que está determinada  por el tiempo de añejamiento, en barrica de roble, que es de por lo menos doce meses), cuyo nombre,  “Don José López Portillo”,  mueve literalmente a risa. Dicho  individuo,  prototipo del nepotismo más nefasto durante su gestión presidencial, ha demostrado, al paso de los años, cuando debía haber guardado una actitud prudente y decorosa,  su  decrepitud y su miseria física, económica  y espiritual.
De acuerdo a una nota de prensa, publicada ese día 8 del mes en curso, “la bebida “Don José López Portillo” estará en el mercado a partir del segundo trimestre de este año, y será elaborada por la empresa Tequilera Géminis II  ----fundada hace un año por López Portillo y Javier Martínez Salinas---,  tendrá una producción mensual de doce mil botellas de setecientos mililitros, con un costo al consumidor de novecientos cincuenta pesos”.  El ex presidente, quien durante su mandato sexenal fue depurado modelo de frivolidad, declaró en esa rueda de prensa (convocada para dar a conocer sus nuevos proyectos, con los cuales pretende paliar la “angustiosa situación económica que ahora lo aqueja”) lo siguiente: “”No he invertido nada, estamos consiguiendo créditos. No es más que mi nombre, mi actividad, y el prestigio que yo pudiera tener  (subrayado por mí). 
Para redactar este escrito consulté, en internet, tanto la página del Consejo Regulador del Tequila como la de la Cámara Nacional de la Industria Tequilera, y en ellas no existe la menor mención al tequila “Don José López Portillo”, ni tampoco a la empresa Tequilera Géminis II. Encontré, en cambio, que hay un tequila cuya marca es “Perrísimo”, y recordé que, en alguna ocasión, este sujeto manifestó que “defendería el peso como un perro”, expresión con la cual se ganó a pulso el mote de “La colina del perro”, para el sitio de su residencia. 
Acerca de la carencia de registro para la marca y para la empresa citaré nuevamente la nota periodística a la que he dado debido crédito. Allí se asienta que “”hasta ahora el tequila “Don José López Portillo” carece de registro oficial ante el Consejo Regulador del Tequila, y la Cámara Nacional de la Industria Tequilera tampoco conoce el proyecto””. Ante este hecho no me queda más que recordar el refrán que asegura “genio y figura hasta la sepultura”. Y otra cosa más, me gustaría saber (si acaso hubiese acontecido tal atrocidad) cuál hubiese sido la respuesta de los consumidores estadounidenses si alguna empresa productora de whiskey,  en Kentucky o en Tennessee,   hubiese tratado de comercializar un destilado con la marca  “Al Capone” o bien “ John Dillinger”, ambas notoriedades de baja estofa,  dignas de que una bebida etílica preservase su  infausta memoria. 




 

Primer Festival de Cocina de Autor

Precisamente el lunes 22 de abril, día que comienza la Expofest líneas arriba descrita, da principio el Primer Festival de Cocina de Autor . En el restaurante “Azulejos”,  del Camino Real,  tendrá lugar esta muestra culinaria, en la cual seis chefs de esa cadena hotelera presentarán algunas de sus más recientes creaciones coquinarias, para deleite palatal de los comensales que, del miércoles 22 al domingo 28, inclusive, visiten ese remozado feudo gastronómico.
Esos seis alquimistas de la cocina son los siguientes: Frederic Lejars, Erasto Pérez, Denis Garrido, Manuel Pérez, Antonio Hernández y Thierry Beuffe, y presentarán platillos tan novedosos como los que a continuación enlisto: tártara de salmón y callo de hacha, medallón de atún marinado con chile guajillo, lomo de cabrilla al vino tinto, rillete de cochinita pibil, camarones en salsa de mango, costilla de cordero con chile morita al caramelo de tamarindo y mousse de mango de Manila con coco y salsa de jamaica, entre varias otras suculencias.
Los anteriores manjares no están regularmente en las respectivas cartas de los restaurantes de esos hoteles Camino Real de Guadalajara, Acapulco, Cancún, Puebla y la ciudad de México, sino que fueron diseñados en exclusiva  --por cada uno de esos chefs—  para ser presentados como una primicia en este Primer Festival de Cocina de Autor.


 

Segundo Festival de Cocina de California

El pasado lunes, día 15 de abril, dio comienzo en el restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma, el Segundo Festival de Cocina Californiana Contemporánea. Por segunda ocasión viene a México, como chef invitado, Brian Mc Glynn, quien funge como chef ejecutivo de Wente Vineyards,  cargo en el cual ha recibido innumerables reconocimientos  por la excelencia de sus creaciones culinarias. 
Philippe Seguin, director de alimentos y bebidas del Marquis Reforma, ha desarrollado una magnífica tarea gastronómica,  al impulsar la realización de estas muestras gastronómicas 
--de diferentes tipos de cocina internacional--,  para las cuales ha encontrado un óptimo apoyo en los cuatro chefs de ese hotel: Ignacio Gutiérrez, Wilfrido Moreno, Margarito Vargas y David Ramos, quienes  han brindado a cada uno de los chefs invitados la colaboración que ellos requieren para el mejor éxito de cada festival.
En la carta especial de este festejo del  Biencomer y Bienbeber figuran numerosas apetitosidades, como las que a continuación enlisto: risotto de hongos silvestres, chamorro de cordero, atún aleta amarilla a la parrilla, filete de res con puré de papa y elote blanco, filete de robalo rostizado con alubias, pechuga de pollo con risotto y chicharos chinos. El renglón postres es, igualmente, muy sugestivo, ya que incluye cinco especialidades en extremo deliciosas. 
En la carta de vinos de este festival de cocina de Wente  aparecen,  lógicamente,  los caldos etílicos de esa prestigiada empresa vitivinícola californiana, al lado de los que de manera regular figuran en la lista de vinos de “La Jolla”, cuidadosamente elegidos por Víctor Córdova.
Durante poco más de tres semanas, del lunes 15 de abril al jueves 9 de mayo, tendrá vigencia esta muestra culinaria, en la cual los comensales tienen la oportunidad de saborear los guisos del chef Brian Mc Glynn.

 
 

COFRADÍA DE ENÓFILOS Y GOURMETS

El Capitulo XXXVI de la Cofradía de Enófilos y Gourmets, del Grupo Enológico Mexicano, se llevó a cabo hace unos días en el salón “El Vitral” del restaurante “Les Moustaches”. En esa ocasión, como en las treinta y cinco anteriores que han tenido lugar en ese mismo feudo gastronómico desde junio de 1995, fueron presentadas dos conferencias, una de corte culinario y la otra referente a un tema enológico. La primera de ellas fue titulada “La cocina contemporánea de la gran Tenochtitlan a partir de ingredientes indígenas”, y estuvo a cargo de dos jóvenes chefs mexicanos: Guadalupe García de León del Paso y Gerardo Vázquez Lugo (éste último director-chef del restaurante “Nicos”, un prestigiado salón comedor de Clavería), quienes describieron a los quince cofrades allí reunidos las suculencias a las que estaban habituados los antiguos mexicanos, en los tiempos previos a la conquista de la capital azteca.
En su plática hicieron énfasis en los diversos ingredientes de la cocina prehispánica, que estaba basada en el atinado aprovechamiento de las milpas y de las chinampas, así como de infinidad de animales de toda índole, especialmente de las zonas lacustres, áreas éstas que brindaban a nuestros ancestros una amplia gama de alimentos.
Quiero, en este momento, recordar a un antropólogo francés, Jacques Soustelle (autor de cinco libros acerca del grandioso pasado de México), quien en su obra La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista asienta las siguientes frases: “La habilidad de los cocineros aztecas se manifestaba en una gran variedad de platos......ranas con salsa de chile;  pescado blanco (iztac michi) con chile y tomate; axolotl, especie de renacuajo de México, que era considerado como un manjar especialmente delicado, sazonado con chile amarillo; pescado servido con una salsa de pepitas de calabaza molidas; hormigas aladas; gusanos de maguey (meocuilin); atole de maíz y de huauhtli, salado o azucarado, con chile o con miel; raíces de diversas especies como el camotli....Por otra parte, y ello constituye, sin duda, una supervivencia de los tiempos difíciles en los cuales la tribu lograba subsistir, con grandes trabajos, en los pantanos, los mexicanos consumían una gran variedad de alimentos acuáticos: ranas, renacuajos, camarones de agua dulce, moscas acuáticas, larvas acuáticas, gusanos blancos y aún los huevos que una mosca acuática (axayacatl) depositaba en cantidades enormes sobre las aguas, y que servía como una especie de caviar, el ahuautli. Los pobres y los campesinos de las orillas de la laguna recogían del agua, incluso,  una substancia flotante conocida como tecuitlatl  (“excremento de piedra”)  ---la espirulina, agrego yo, de muy alto valor nutritivo---,   un poco parecida al queso, que prensaban para hacer con ella panes, y consumían también los nidos esponjosos que hacían las larvas de las moscas acuáticas”.
La disertación acerca de un aspecto determinado de la enología estuvo a cargo del ingeniero Alfonso Cárdenas, gerente de producción de la empresa Casa Madero, quien hizo pormenorizada referencia a los vinos elaborados en dicha empresa, ubicada en el Valle de Parras, en el estado de Coahuila. Un aspecto en el cual hizo especial hincapié concierne a la acertada aplicación de la más avanzada tecnología de punta (cuidadoso manejo de los viñedos, empleo de clones seleccionados, portainjertos de la mejor calidad y control de las plagas vitícolas propias de cualquier viñedo, vinificación mediante los métodos más modernos y empleo de barricas para obtener una excelente maduración de los vinos), lo que  ha dado por resultado que los vinos de Casa Madero sean exportados hoy en día a treinta y siete países del mundo, y que en numerosos concursos vinícolas (en los cuales un grupo de catadores analiza la calidad de los vinos de los principales países, y después de minuciosas deliberaciones  premia a los que alcanzan las calificaciones más altas). Hayan sido galardonados con casi cincuenta medallas, de oro, plata y bronce.
Una vez que los asistentes escucharon estas dos pláticas se procedió a la degustación de cinco vinos de la marca Casa Madero: dos fueron blancos: Chardonnay Casa Madero y Chardonnay Casa Grande, y los tres restantes fueron tintos: Merlot Casa Madero, Cabernet Sauvignon Casa Madero y Cabernet Sauvignon Casa Grande. Los cofrades allí reunidos comentaron las características visuales, olfativas y gustativas de estos vinos, y coincidieron en que se trataba de productos de gran calidad y excelente sabor.
Más tarde los chefs Guadalupe García de León del Paso y Gerardo Vázquez Lugo sirvieron tres  deliciosos platillos. La entrada consistió en un “napoleón” de ancas de rana, con emulsiones de tomate y jitomate. Como guiso principal sirvieron pato en salsa de pipián. El postre consistió en xoconostles rellenos. Estos tres manjares resultaron muy exquisitos.

 
 

“VINO Y GASTRONOMIA”

“Vino y Gastronomía” es el nombre de una hermosa publicación española consagrada a los placeres de la buena mesa. De aparición mensual,  ya cuenta con diecinueve años de existencia, constituyendo su ameno contenido una excelente fuente de información de todo lo concerniente a la comida y a la bebida (al biencomer y al bienbeber, pues), lo mismo de España que de otros países.
En la edición correspondiente al mes de marzo del 2002, el número 185 de esta revista de muy bella presentación tipográfica, aparecen tres reportajes relativos a nuestro país. El primero, de trece páginas, con infinidad de fotografías, lleva por título “México, D.F.: una ciudad, mil mundos”, que es, a mi parecer, una atinada presentación para que cualquier lector español  tenga una caleidoscópica visión de algunos de los aspectos más sobresalientes de la vida en la ciudad de México.. El segundo, de ocho páginas de extensión, versa acerca de algunos aspectos interesantes de la cocina mexicana., enfatizando en las suculencias de tres platillos: la crema de cilantro, las quesadillas de cuitlacoche y el solomillo de cerdo al mole, que fueron armonizados con seis vinos españoles, obteniéndose una deliciosa gama de aromas y sabores de ese maridaje.
El tercer reportaje, de nueve páginas, hace alusión al tequila, mostrándolo como una bebida destilada detrás de la cual “hay una cultura rica y antigua, e incluso una Denominación de Origen que vela por su autenticidad y pureza”, según escribe el autor de ese artículo periodístico.
Con el objeto de presentar la revista “Vino y Gastronomía” en los círculos enológicos capitalinos vinieron a México tres directivos de esa lujosa publicación: Luis Magaña, el Editor: Sofía Magaña,  la Asistente del Editor;  y Víctor Rodríguez,  el Director de la revista. En el hotel Camino Real se llevó a cabo,  previamente,  una interesante cata dirigida de doce vinos de España, que fue conducida con todo acierto por Víctor Rodríguez.
Los doce vinos degustados fueron de cuatro Denominaciones de Origen: Rioja,  Ribera del Duero,  Penedés y  Costers del Segre,  de tres regiones vitivinícolas españolas: La Rioja, Castilla-León  y  Cataluña.. A continuación enlisto los nombres de esos vinos, presentes todos ellos en el comercio capitalino de México, según lo indicó el conductor de la degustación.
1. Barón de Chirel, Reserva, cosecha 1994. ( excelente). Bodega: Vinos de los Herederos del Marqués del Riscal. Denominación de Origen Calificada Rioja.
2. Gonzalo de Berceo, Reserva, cosecha 1996. ( muy buena). Bodegas Berceo. Denominación de Origen Calificada Rioja.
3. Gaudium, cosecha 1994.( excelente). Unión Viti-Vinícola. (Bodegas Marqués de Cáceres). Denominación de Origen Calificada Rioja.
4. Marqués de Murrieta, Reserva, cosecha 1997.( buena). Bodegas Marqués de Murrieta. Denominación de Origen Calificada Rioja.
5. Beronia, Gran Reserva, cosecha 1992.( buena). Bodegas Beronia. Denominación de Origen Calificada Rioja.
6. Marqués de Vargas, Reserva, cosecha 1997. ( buena). Bodegas Marqués de Vargas. Denominación de Origen Calificada Rioja.
7. Mayor de Ondarre, Reserva, cosecha 1992 (buena). Bodegas Olarra. Denominación de Origen Calificada Rioja. 
(Entre comillas y en negrilla aparece la evaluación de las añadas, de acuerdo al juicio del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja)
Los tres vinos degustados de la Denominación de Origen Ribera del Duero fueron los siguientes:
1. Vega Sicilia Único, cosecha 1987. Bodegas Vega Sicilia.
2. Duratón, cosecha 1998. Bodegas y Viñedos de Ribera del Duero.
      3..  Torremilanos, Gran Reserva, cosecha 1994. Bodegas Torremilanos.
Dos fueron los vinos de Cataluña:
1. Mas la Plana, Gran Reserva, cosecha 1995. Bodegas Miguel A. Torres. Denominación de Origen Penedés.
2. Raimat Tempranillo (el único vino monovarietal catado esa noche, ya que los once restantes fueron resultado de un coupage  --mezcla—  de  vinos obtenidos de varias cepas diferentes), cosecha 1997. Bodegas Raimat. Denominación de Origen Costers del Segre.
Considero muy interesante comentar que esa noche fue degustado, lo que de ninguna manera es frecuente en este tipo de catas dirigidas,  el vino Vega Sicilia  Ünico,  cosecha 1987, para el cual los calificativos de “mítico”, “excepcional”, “el más caro de España”, y algunos otros de la misma índole,  son utilizados frecuentemente por quienes lo suelen paladear. Se trata de un vino de producción muy limitada  ---lo que,  en parte, explica su elevado precio---  elaborado en Valbuena del Duero, en la provincia de Valladolid, del cual  se ha comentado repetidamente que era el  preferido de Winston Churchill.. Es un vino de extraordinaria calidad (resultado de una vinificación en extremo cuidadosa,  y cuyo costo es muy alto,   mismo caso del  Chateau Petrus, de la francesa región de Pomerol y del Pingus, de la Ribera del Duero, calificado como “el tinto más codiciado y cotizado de España, en la actualidad”). No es insólito que llegue a ocurrir que el catador que degusta este excepcional vino,  en alguna ocasión que prueba analíticamente otros vinos,  se lleve la agradable sorpresa de advertir que otro vino, de precio más bajo y menor renombre, le parece de cualidades enológicas más sobresalientes. Así me ocurrió  a mí con el vino Gaudium, de La Rioja, cuyas características organolépticas  fueron, a mi juicio, extraordinarias. Momentos más tarde hice una mini encuesta entre algunos amigos presentes esa noche, y esas cuatro o cinco personas me dijeron que su opinión coincidía con  mi apreciación sensorial.
He tenido la oportunidad de leer los tres números más recientes de la revista “Vino y Gastronomía” ---los correspondientes a los meses de Febrero, Marzo y Abril de 2002--- y puedo asegurar que su contenido editorial  es de muy alta calidad, lo que la hace una publicación de gran interés para aquellos que gustan de estar enterados de diversos asuntos gastronómicos y enológicos. Para suscribirse a ella pueden enviar un correo electrónico a la siguiente dirección: suscripciones@vinoygastronomia.net 
También pueden escribir al domicilio social, en  la calle de Amador y Fernando, 6. Madrid  28040,  España, solicitando información al respecto. 

 
 

LOS VINOS DE CALIFORNIA 

En anterior columna, la del 17 de mayo pasado, hice alusión a la señalada importancia que han  adquirido  los vinos de California, cuya presencia a nivel mundial es a todas luces muy grande. Esa entidad de la Unión Americana produce más del noventa por ciento del total de los vinos elaborados en dicho país, volumen que en  el año de 2001 ascendió a casi un mil setecientos millones de litros. En el renglón exportación California comercializa, igualmente,  el noventa por ciento de los envíos al extranjero, a ciento setenta y cuatro países del orbe, siendo la cifra  global  de trescientos tres millones de litros de vino.
El principal mercado exterior para los vinos de California es Gran Bretaña, que adquirió noventa millones de litros de vino. Canadá ocupó el segundo lugar, con una compra de casi cincuenta y tres millones de litros. Los países que ocuparon los lugares siguientes fueron Holanda, Japón, Bélgica, Alemania, Irlanda, Francia (cuya importación de vino de California fue de cinco millones de litros), Suecia y Dinamarca. 
México ocupó el lugar décimo quinto, al haber importado poco más de tres millones de litros. Como punto de comparación diré que en el año 2000 nuestro país adquirió casi cuatro y medio millones de litros de vino de California.
Hace dos semanas tuvo verificativo una cata de vinos de californianos elaborados con la variedad Merlot.  La Oficina de Comercio e Inversión del Estado de California invitó en esta ocasión  a Luis Cárdenas Barona para que hiciera la exposición respectiva de esos vinos en una cata dirigida. Su presentación  fue  amplia y atinada, enfatizando en la  importancia de la industria vitivinícola en dicha entidad estadounidense. A continuación explicó las características organolépticas de cinco vinos, de las siguientes marcas: Ironstone, Wente, Saint Supéry, Kendall-Jackson y De Loach, de encomiable calidad y excelente sabor.
Por otro lado, en el hotel Four Seasons de la ciudad de México se llevó a cabo la presentación de los productos vínicos  de once empresas vitivinícolas de California (son las siguientes, enlistadas por orden alfabético: Barefoot Cellars, Firestone Vineyard/Curtis Winery, Foppiano, J. Lohr Winery, Joseph Phelps, P. Mondavi, Ridgewood Vineyards, Robert Mondavi Winery, Saint Supery, Villa Mount Eden y Wente Vineyards), quienes vinieron a nuestro país integrando una misión comercial, con la finalidad de mostrar la excelencia de sus vinos.
Esa noche, al concluir la presentación abierta al público interesado en los nuevos vinos californianos, fue servida una cena cuya preparación corrió a cargo de los chefs Regis Lacom, del hotel  Four Seasons; y Robert Sturm, quien vino expresamente de Sonoma, California, para esta ocasión. Fue una auténtica “cena-maridaje”, ya que con los deliciosos platillos servidos: Foie Gras con flan de espárragos, costalitos de queso de cabra con aceite de chilpotle y ensalada fresca de frutas tropicales, salmi de ave de caza con verduras y filete de res servido sobre crepas dauphinoise con echalotes, los comensales degustaron siete vinos de magnífica calidad, advirtiendo la apetitosa armonización establecida entre los diferentes guisos  y cada uno de los vinos.  Quiero enfatizar mi comentario señalando  que entre esos siete vinos,  tres de ellos, a mi parecer,  tienen una extraordinaria calidad y exquisito sabor: el blanco Chardonnay Robert Mondavi Private Selection, cosecha 2000,  y los tintos Pinot Noir Foppiano, cosecha 1999, y Joseph Phelps Insignia, cosecha 1998. Estos  vinos son de una calidad enológica muy ostensible. 

 
 

DEGUSTACIÓN DE VINOS DE LA RIBERA DEL DUERO

Ribera del Duero es el nombre de una prestigiada Denominación de Origen de España, cuyos vinos tintos  han adquirido, en los cinco años más recientes, acrecentada fama, y  ya comienza a dejarse sentir  en la península ibérica una notoria competencia  entre esos vinos y los de  La Rioja, que tradicionalmente han sido los de mayor renombre en España.
Con el objeto de presentar los vinos de la marca Prado Rey, de Ribera del Duero, elaborados por la empresa Real Sitio de Ventosilla, estuvieron en la ciudad de México Angela García Alvarez, directora de exportación, y Angel Margüello, el director 
técnico-enólogo de la casa, quien hizo la explicación respectiva a los distintos vinos allí producidos. Cabe agregar que estos vinos ha sido multipremiados en varios concursos, tanto nacionales (en España) como internacionales, lo que pone de manifiesto su notoria calidad enológica.
Los vinos degustados ese día fueron los siguientes: Salgüero rosado, cosecha 1999; el tinto Prado Rey crianza, cosecha 1997, y el tinto Prado Rey reserva, cosecha 1998, de excelentes atributos en cuanto al aroma y al sabor. 

 
 

LOS 45 AÑOS DEL “NICOS”

Hace aproximadamente quince años escribí una nota periodística, refiriéndome a un excelente establecimiento de restauración, en la cual, entre varios otros comentarios, expresé lo siguiente:  “”Para mi gusto,  el restaurante “Nicos”  --sito en la avenida Cuitláhuac 3102, a un par de calles de la glorieta de Camarones---  es el que mejor calificación alcanza en la Delegación de Azcapotzalco. De lunes a sábado es el agradable sitio donde una numerosa y repetitiva clientela se da cita para degustar los exquisitos guisos que Raymundo Vázquez Estévez confecciona, para el  cotidiano deleite palatal de los comensales. Con cierta regularidad suelo comer en ese lugar, ya que allí se conjugan varios factores sumamente positivos, que a continuación enlisto: la atmósfera que se respira en ese feudo gastronómico es estupenda. Los precios son bastante razonables. El personal de servicio  posee la requerida experiencia para brindar un trato cálido,  expedito,  y eficiente. Y acerca de la calidad de la cocina de “Nicos” debo enfatizar que su carta incluye diversos platillos, que al ser llevados a la mesa del cliente permiten advertir que su presentación  es sumamente atractiva  ---no se trata de raciones microscópicas, como en ocasiones ocurre en otros restaurantes de mayor prosapia---,   y que su exquisito sabor permite confirmar la plausible  categoría de tan recomendable salón comedor, que substituye el lujo en sus instalaciones por la excelencia en su cocina ””.
Los párrafos anteriores tienen plena vigencia hoy en día, casi tres lustros después, ya que el tiempo transcurrido ha cimentado el indudable prestigio coquinario del “Nicos” en esa populosa zona del Distrito Federal, en la cual, juzgada a priori, se podría suponer  que no existe un restaurante de esta clase, el cual  esta semana cumple cuarenta y cinco años de ininterrumpido funcionamiento. En efecto, el día 5 de Junio del año 1957 abrió sus puertas “Nicos”, y desde entonces se ha caracterizado por presentar lo más delicioso  y tradicional de la cocina mexicana. Raymundo Vázquez y su esposa María Elena Lugo han sido incansables promotores de la buena mesa en Azcapotzalco, y entre varias otras acciones dignas de encomio promovieron,  al lado de otros seis dinámicos restauranteros de esa zona capitalina, lo que en su tiempo  ---en la década de los años ochentas---  fue sin duda la mejor presentación acerca de las galas de la cocina nacional: la Muestra Gastronómica de Azcapotzalco de la Cocina Mexicana.  En la cuarta edición de esa festividad culinaria, realizada en 1984, participaron como comensales poco más de dos mil personas, en la cual aquellos siete promotores de la buena cocina nacional,  presentaron cien platillos de señalada sabrositud. Cabe agregar que los restauranteros involucrados en esa muestra del buencomer cedieron (los ocho o nueve años que estos festejos tuvieron lugar) todas sus ganancias a diversas obras de beneficio social, obsequiando a escuelas y asilos de esa Delegación del Distrito Federal  los materiales (pupitres, camas, colchones, etc)  requeridos para su funcionamiento.
Otro gran mérito de Raymundo Vázquez Estévez fue haber iniciado, en el año 1967 (cuando casi nadie, en la capital mexicana, se preocupaba por promover una verdadera cultura gastronómica y enológica, sustentada en el placer que está dado por el hecho de acompañar las comidas con vino), los  festivales  ---que aún tienen lugar---  denominados “Agosto: el mes del vino, en “Nicos”, en los cuales los comensales obtenían considerables descuentos al ordenar los mejores vinos del mercado nacional. Para dar una muestra del impacto de esas promociones enológicas diré que en 1985 este restaurante desplazaba mensualmente de noventa a cien cajas de vino (mil doscientas botellas), y durante ese mes de agosto las ventas sumaban más de ciento treinta cajas, lo que equivale a poco más de  mil quinientas botellas. Muy pocos establecimientos de restauración podrían, en esos días, hace casi diecisiete años, equipararse, en este sentido,  al restaurante “Nicos”. 
A más de lo anterior,  es conveniente mencionar que ahora que Gerardo Vázquez Lugo se ha hecho cargo de la cocina y de la dirección de este feudo culinario (desde hace aproximadamente tres o cuatro años),  se han multiplicado las ya de por sí nutridas presentaciones que, por años,  han caracterizado al “Nicos”, como las muestras de cocina de Cuaresma, de “Muertos”, y varias otras igualmente exitosas.
Para concluir, diré que el sábado pasado tuvo lugar la inauguración de una muestra gastronómica, para conmemorar los cuarenta y cinco años del “Nicos”, en la cual Gerardo Vázquez presentó numerosos platillos de ostensible suculencia, como los que a continuación enlisto   (entre muchos otros del menú especial  por el cuadragésimo quinto aniversario de existencia): sopa de mejillones al chilpotle, pechuga en pepián estilo Jalisco, conejo adobado y huachinanguito empapelado. En el renglón postres figuran delicias tales como el pastel de chocolate y nuez con frutos del bosque, las panetelas de almendra con leche de coco y piña caramelizada, y el sorbete de pétalos de rosa en caldillo de cítricos y frutos rojos.
Hoy, viernes 7, y mañana, sábado 8 de Junio, todavía es posible saborear esos exquisitos platillos, en el restaurante “Nicos”, de Azcapotzalco, un espacio donde se rinde culto a la buena cocina mexicana.

 
 

EL CHAMPAGNE MOET CHANDON

El vino que se halla íntimamente ligado al  regocijo, la celebración y la alegría es el Champagne, elaborado en la región homónima de Francia, en la parte nororiental de ese país europeo.
 Mucha tinta ha corrido en torno a que fue el monje benedictino Pierre Perignon 
 (a quien sus compañeros de monasterio  ---en la Abadía de Hautvillers, en la cual fungía como ecónomo---  le daban el respetuoso trato de Dom)  el inventor, o el “descubridor”, de esta deliciosa bebida efervescente, que actualmente goza de tanto prestigio en el mundo entero.
 No faltan quienes aseguran, con documentos plenamente comprobatorios de sus aseveraciones, que años antes de que Dom Perignon incursionara en la vinicultura ya se bebía un vino espumoso en Inglaterra. Lo cierto es que  la leyenda ha calado más hondo que la propia historia, en el pensamiento de quienes se interesan por el devenir secular de dicho néctar etílico. De allí que casi todo parece arrancar con las actividades vitivinícolas que Pierre Perignon realizaba en la ciudad de Epernay, en el corazón de la región de Champagne, y existe una hermosa frase, atribuida a ese monje, la cual fue pronunciada, se dice,  cuando iba a saborear una copa de ese vino espumoso, que años después recibiría el nombre de Champagne: ¡Venid, venid, hermanos, que estoy bebiendo estrellas!
La región de Champagne cubre una extensión aproximada de treinta mil hectáreas, de las cuales el sesenta por ciento está cubierto de viñas. Allí hay doscientas sesenta mil parcelas,
cuyos propietarios son dieciséis mil viñadores, quienes siembran las  tres variedades de uvas autorizadas para la elaboración de este delicado vino burbujeante: Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Maunier en áreas clasificadas como Grands Crus, las más importantes  por la clase de las uvas que allí son vendimiadas,   y Premiers Crus,  las que ocupan el segundo lugar en la categoría de terrenos más apropiados para el cultivo de las cepas  apropiadas  para elaborar  el Champagne. (Dicho sea de paso, el vino espumoso es “el” Champagne: y la región de donde procede tan reputado vino espumoso es “la” Champagne). 
Una de las marcas de Champagne más importantes y renombradas del mundo es
 Moet & Chandon, empresa cuyos seculares orígenes se remontan al año 1716, cuando Claudio Moet se inició en el negocio de los vinos. Más tarde, en 1743,  año en que son acreditados los primeros embarques de Champagne, fue fundada la empresa que hoy en día lleva la razón social de Moet & Chandon, Cabe agregar que la producción global anual de Champagne asciende a poco más de doscientos cincuenta millones de botellas , y que el diez por ciento de esa cifra  ---más de veinticinco millones de botellas---  son elaboradas por dicha casa cuya sede es la preciosa ciudad de Epernay. La exportación del Champagne Moet & Chandon  se estima en  veinte millones de botellas, aproximadamente.
Hace unos días estuvo en México el ingeniero Philippe Coulon, director enólogo de
 Moet & Chandon, para dirigir una degustación de tres de los Champagnes más representativos de esa marca: el Brut imperial, el Brut imperial Rosé y el Néctar Imperial (éste último de reciente lanzamiento mundial). En su presentación  ---ante un centenar de enófilos, interesados en estos báquicos asuntos---    hizo referencia a la historia de esa afamada casa productora, y señaló que la línea denominada “Imperial” (nombre que lleva una amplia gama de estos vinos espumosos como homenaje a Napoleón Bonaparte, quien fue amigo de los directivos de esa compañía) comprende, a más de los tres anteriores, el Reserva imperial, el White Star y el Dry Imperial, todos de extraordinaria calidad y delicado sabor.
Mención especial merece el Champagne ”Esprit du Siecle”, producido especialmente para conmemorar el comienzo del nuevo siglo.  Se trata de un vino espumoso de producción muy limitada, para el cual los calificativos de  “único”y  “excepcional” son quizá los más acertados. Es el resultado de un coupage de diez añadas diferentes, resultado de las vendimias obtenidas en un siglo, cada una de las cuales fue catalogada, en su momento,  como “millesimé”, por su finura y calidad. Este Champagne (a diferencia de todos los demás,  los cuales son el resultado de dos fermentaciones, la segunda de las cuales se lleva a cabo en la botella en la cual es puesta a la venta) tuvo tres fermentaciones, lo que lo hace una verdadera obra de arte de la enología.
Al día siguiente de esta interesante degustación los directivos de la casa Moet & Chandon en México (Jerome Seignon, Maria Isabel Coalla, Marie Ouzan y Gabriela Rodríguez) organizaron una  espléndida cena en el restaurante “Ciboulette”, del chef Olivier Lombard. Fue una agradable reunión en  la cual participaron, como comensales, doscientas personas, quienes degustaron el Champagne Moet & Chandon Brut Imperial Rosé de principio a fin de la velada.
Los guisos servidos esa noche fueron los siguientes: Tournedos de atún al ajonjolí; pechuga de pato marinada con especias de la india y salsa de higos frescos. Y como postre Arlette de frutas rojas con crema inglesa a la pimienta de Sechouan y vainilla. Estos tres platillos armonizaron de manera  perfecta con dicho Champagne rosado, elaborado con predominio de la cepa Pinot Noir, lo que le confiere un delicado aroma y sabor a frutas rojas.
A manera de colofón a esta nota gastronómica y enológica, citaré dos frases alusivas al  elíxir etílico que es orgullo de Francia.  La primera es del escritor inglés Charles Dickens: “”El Champagne es uno de los extras elegantes de la vida”.
La segunda fue pronunciada por Napoleón Bonaparte: “En la victoria mereces beber Champagne. En la derrota la necesitas”.
 
 
 
 

LA GASTRONOMIA DE COREA

La República de Corea es, junto con Japón, país anfitrión de la Copa Mundial 2002 de futbol, y su capital Seúl, fue en 1988 sede de los vigésimo cuartos Juegos Olímpicos. En aquella ocasión las autoridades sudcoreanas, temiendo una mala imagen de parte de los medios de comunicación, quienes se hallaban en Corea del Sur cubriendo la información de esa justa deportiva,   prohibieron que en los restaurantes se sirviese a los comensales 
 --- principalmente los propios habitantes de la capital, quienes eran,  y son, muy adictos a los platillos preparados con carne de perro---  los manjares que desde más de dos mil años son tradicionales en la cocina de aquella nación asiática. Esa decisión gubernamental provocó general descontento en la población, ya que en  las costumbres culinarias de aquel país la ingesta de esa carne es motivo de acentuado placer palatal  (quienes la comen frecuentemente aseguran que es en extremo deliciosa, y además la consideran altamente afrodisíaca, lo que juega un papel muy importante en su amplio consumo), y por ese motivo los habitantes de Seúl  se manifestaron profundamente disgustados con la decisión del gobierno. Apenas concluyeron aquellos juegos   ----y una vez que Corea del Sur, y principalmente su ciudad capital,  ya no se encontraba bajo la atención mundial---, el gobierno volvió a autorizar el amplio consumo de carne de perro, de manera especial la sopa de carne canina llamada poshintang,  que hoy en día es tan popular entre el pueblo de Corea del Sur. 
De acuerdo a las investigaciones arqueológicas más recientes,  los coreanos han comido carne de perro durante miles de años. Y no se trata únicamente de una esporádica alimentación en tiempos de crisis o de carencias nutricionales (como ha ocurrido en infinidad de países del mundo  (entre muchos otros Francia, especialmente en la guerra franco-prusiana de 1870), en los cuales, en períodos de hambruna colectiva, se ha recurrido a la ingesta de carne canina para satisfacer el hambre apremiante, que la mayoría de los habitantes de una población determinada experimentan en un momento dado.
En 1999, cuando ya estaba decidido que diversas ciudades coreanas y japonesas serían sede de numerosos juegos de la Copa Mundial 2002 de futbol, se registró un inicial movimiento tendiente a desautorizar el consumo de carne de perro en Corea del Sur, que no prosperó debido a la tenaz oposición de muchos fanáticos a ese tipo de carne. En el mes de noviembre de 2001, muy próximas ya las competencias deportivas asiáticas,  Brigitte Bardot, ardiente defensora de los derechos de los animales, instó al gobierno de Corea del Sur, en una entrevista realizada en la radio de Seúl,  a escuchar las opiniones de los extranjeros acerca de la ingesta de carne de perro. La respuesta de Corea del Sur, emitida por varios miembros del Parlamento, fue inmediata. Le dijeron a esa actriz francesa, quien se ha distinguido por su ferviente actividad en pro de muchas especies de animales, que antes de preocuparse por los perros coreanos manifestase su interés (lo que ha hecho en repetidas ocasiones en su patria) por los caballos y los caracoles,  que tanto gustan en toda Francia desde hace muchísimos años. Hoy en día el gobierno de Corea del Sur se ha pronunciado abiertamente por la libre ingesta de la carne de perro, a pesar de la opinión de quienes juzgan que debería decretarse una prohibición total del perro en la alimentación humana.
Es prudente mencionar que el Parlamento de Taiwán aprobó una ley que prohibe terminantemente el consumo de carne  de gato y de perro. Quienes violan esta ley se hacen acreedores a una multa de trescientos dólares.
Acerca de este asunto, el consumo de parte de los humanos de carnes de diferentes orígenes, es conveniente transcribir un párrafo del libro Bueno para Comer, del antropólogo  Marvin Harris: “”Comemos y digerimos  --los seres humanos somos omnívoros, que comemos alimentos de origen animal y vegetal--    toda clase de cosas, desde secreciones rancias de glándulas mamarias a hongos o rocas, o si se prefieren los eufemismos, queso, champiñones y sal. En la definición de lo que es apto para consumo humano interviene algo más que la pura fisiología de la digestión. Ese algo más son las tradiciones gastronómicas de cada pueblo. Las personas nacidas y educadas en los Estados Unidos aprenden a disfrutar las carnes de vacuno y de porcino, pero no de las de cabra o de caballo, o de las de larvas y saltamontes. Y con absoluta certeza no serán aficionadas al estofado de rata. Sin embargo, la carne de caballo les gusta a los franceses y a los 
belgas.... Los occidentales se abstienen de comer perros fundamentalmente porque constituyen una fuente de carne ineficaz, y porque disponen de toda una variedad de fuentes alternativas de alimentos de origen animal. En China, por ejemplo, donde la escasez perenne de carne ha dado lugar a una pauta bien arraigada de vegetarianismo involuntario, el consumo de carne canina es la norma, no la excepción””.
Entre los pueblos prehispánicos de Mesoamérica estaba muy arraigado el consumo de carne de perro xoloiztcuintle. Estos pequeños canes,  casi totalmente desprovistos de pelo, eran considerados la  representación del dios Xólotl. Se les castraba y engordaba,  para luego ser saboreados por los gastrónomos aztecas. Heriberto García Rivas señala que había tres géneros de estos canes: el ya mencionado Xoloiztcuintle , a quien se le confería la misión de guiar las almas de los muertos a su eterno descanso en el inframundo (lo que recuerda en la mitología helénica al Cancerbero, un perro de tres cabezas,  y al barquero Caronte, en la laguna Estigia, cruzando ese espacio acuático llevando las almas de los muertos a los infiernos);  el Itzcuintepozoli , provisto de una pequeña joroba, y el Tepeitzcuinte.
Estos animalitos, llamados comúnmente perro pelón mexicano, eran cocinados de la misma manera como los guajolotes, los venados y los conejos. Se comenta que son de carne muy suave y delicada. 

DELEITES GASTRONOMICOS

El escritor Waverley Root, un experto en todo lo concerniente a la historia de los alimentos, menciona que existen evidencias de que hace once mil años diversos pueblos del Medio Oriente  ---especialmente Irak---  habían domesticado al cordero, animal que constituía uno de sus principales nutrientes cárnicos, que era sacrificado antes de cumplir el primer año de vida. Otra opinión acerca de la acentuada preferencia que en muchas culturas ha existido por la carne de cordero, es la de la británica Isabella Vetón, quien afirmó que “de todos los animales, salvajes o domésticos, el más útil al hombre es, sin excepción,  el cordero”. Cabe señalar que los pueblos árabes del Medio Oriente, con sus notorias influencias culinarias en el norte de Africa y a la parte sudoriental de Europa, son los que más inclinaciones alimentarias presentan hacia ese animal. Y lo mismo que los árabes otros pueblos, como los chinos, los hindúes, los franceses, los españoles  ---quienes aseguran que “de la mar el mero y del monte el cordero--- y, por supuesto, los británicos han gustado, al paso de los siglos, de la tierna y apetitosa  carne del animal que es hijo o hija de la oveja, y que no pasa de un año de edad. (El borrego es el animal  de más de un año de edad). 
Lo anterior viene a colación en virtud de que el hotel JW Marriot presentará del lunes17 al viernes 28 de Junio una muestra gastronómica cuyo título es “Copas y Platos de Excelencia”, que tiene como fundamento la deliciosa armonización de diversos platillos cocinados a base de cordero y los magníficos vinos nacionales de las marcas Santo Tomás y Chateau Camou.
Este festival coquinario es el felíz resultado de la participación de tres empresas. Por un lado participa la US Meat Export Federation (organización no lucrativa, que se encarga de promover el consumo en México de diversas carnes rojas estadounidenses). Por otro está “Con Vino”, firma que distribuye en México varias marcas de vinos elaborados en nuestro país. Y como establecimiento sede el restaurante “Grill” del hotel Marriot, de Polanco.
El día de la inauguración de esta muestra culinaria los chefs Enzo Fornito y Ralph Romano presentaron un menú con las siguientes suculencias: carpaccio de cordero con comino y piñón; ensalada de lechuga rellena de cordero y queso de cabra; gratin de gnocchi en boloñesa de cordero; chambarete de cordero relleno y cous cous siciliano. Como postre, un exquisito parfait helado de finas hierbas con coulis de frutos rojos y cardamomo. Los vinos que acompañaron esos guisos fueron, por una parte,  Cabernet/Zinfandel, Gran Vino Tinto y Gran Divino, de Chateau Camou; y por la otra  Merlot y Unico, de Santo Tomas.
GASTRONOMIA Y VINOS DE CLUB DEL GOURMET 
El Club del Gourmet presentó en días pasados una  degustación de varios vinos de las bodegas  Alvear y Enate,  de España, cuya cata dirigida fue realizada por Rafael Rodríguez y Carlos Núñez, directivos de ambas empresas quienes vinieron a México a presentar sus respectivos vinos.
Inicialmente fueron catados cuatro vinos de la casa Enate, adherida a la Denominación de Origen Somontano (de Aragón, España), dando comienzo la sesión con el vino blanco Chardonnay Barrica 2000. En seguida el vino Rosado, cosecha 2001. Después el tinto Reserva Especial, cosecha 1998; y concluyó con el tinto Reserva Especial cosecha 1996. 
A continuación, sirvieron como aperitivo el vino generoso Capataz, de la casa Alvear, de Andalucía.  Luego,  acompañando una ensalada de jitomates secos, aceitunas y queso mozarella,  sirvieron el vino blanco Chardonnay 2.3.4 Enate. Y para un atinado maridaje con el plato principal, filete de res al vino tinto, fue escanciado el vino Enate Reserva, cosecha 1997. El postre, consistente en mousse de chocolate con teja de almendra, fue acompañado con el vino generoso Pedro Ximénez Solera 1910, de la Bodega Alvear. 
Los ocho vinos degustados en esa ocasión son de excelente calidad enológica y de delicioso sabor.
FESTIVAL GASTRONOMICO EN “LA JOLLA”
El pasado lunes 24 de Junio dio comienzo, en el restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma de esta ciudad, una muestra culinaria en la cual el chef Thierry Blouet 
---director propietario del  “Café des Artistes”---  presentará una selección de los platillos más gustados en ese renombrado restaurante de Puerto Vallarta. 
Una vez más Philippe Seguin, director de alimentos y bebidas del hotel sede, ha diseñado un interesante festejo del biencomer y bienbeber, y en esta ocasión ha invitado como chef huésped a Thierry Blouet,  quien, entre otros méritos, es miembro de la Academia Culinaria de Francia y Maitre Cuisinier de France (Maestro Cocinero de Francia). Compartiendo la responsabilidad de la finura y delicia de los manjares de este menú especial,  estarán los chefs Ignacio Gutiérrez y Wilfrido Moreno,  del Marquis Reforma.
Entre los numerosos platillos que serán presentados a la consideración de los comensales (durante este festival culinario, que concluye el viernes 12 de Julio),  figuran los siguientes: carpaccio de salmón y res; foie gras de pato, con arúgulas y pistaches; crema de langostinos y calabaza; gazpacho al achiote; pato rostizado laqueado con miel de agave; pichón con foie gras y salsa de Madeira; salmón asado con laca de frijol negro; chuletón de cerdo con champiñones y morillas. Los postres, creación del chef Franck Monnier, serán, así mismo, una delicia: torre de marfil con brocheta de mango y piña; parfait de caramelo y pera; Napoleón de chocolate con crema de limón; y crujiente de vainilla y compota de plátano al ron añejo, entre varios otros melindres. 
En todos estos guisos se advierte la creatividad de ambos chefs, cuyas especialidades coquinarias encierran delicados aromas y exquisitos sabores, que tanto agradan a quienes los degustan.

 
 

EL CAVIAR: LUJO GASTRONOMICO

Alejandro Kuri es un joven chef mexicano,  cuyo talento coquinario se ha puesto de manifiesto en las múltiples presentaciones gastronómicas que ha venido realizando en  los años más recientes. A más de haber cursado los estudios de licenciatura en el arte culinario, la experiencia  que ha desarrollado en la práctica  ha sido muy amplia, y ello le ha permitido descollar en el ámbito de las nuevas generaciones de cocineros nacionales. Su encomiable tarea lo ha llevado a incursionar, con magníficos resultados, en las diversas facetas inherentes a esta apasionante actividad, y es por ello que pese a su juventud figura hoy en día como un excelente chef, cuya trayectoria profesional se ha venido cimentando al paso de los años.
Un aspecto digno de ser enfatizado, en la plural actividad culinaria de Alejandro Kuri,  está dado por las repetidas muestras gastronómicas que suele presentar ante diversos grupos de comensales, quienes teniendo conocimiento de los exquisitos platillos que él prepara,  le confían la confección de comidas y cenas privadas. Pero no solamente incursiona este chef en lo que pudiera ser llamada la alta cocina mexicana  (entendiéndose con esta designación los guisos nacionales de prosapia y suculencia, pilar fundamental de la cocina tradicional de nuestro país), sino que de un tiempo a la fecha se ha dedicado a realizar comidas y cenas en las que el caviar es el ingrediente principal de los apetitosos y sofisticados manjares que prepara. Cabe señalar que no son muchos los chefs que en México sirvan frecuentemente tales excelencias palatales, bien por el elevado precio que alcanzan los diferentes tipos de caviar, bien porque se requiere una cierta preparación (que Alejandro Kuri obtuvo durante una estancia en Nueva York, especializándose en estos platillos, considerados por muchos una verdadera lascivia palatal), que únicamente se obtiene con paciente y repetitivo trabajo culinario.
Tomando en consideración lo anterior,  el Grupo Enológico Mexicano invitó al chef Alejandro Kuri a presentar, en ocasión del Capítulo XXXVII de la Cofradía de Enófilos y Gourmets, una plática en torno al caviar. En el hermoso salón “El Vitral”, del restaurante “Les Moustaches” (el renombrado feudo gastronómico de Luis Gálvez), se reunieron
----por trigésimo séptima ocasión---   catorce cofrades a escuchar esta disertación acerca de la hueva del esturión  (que ha sido llamada, poéticamente, “Perla del Mar Caspio”),  la cual  incluyó una documentada exposición de los diferentes tipos de caviar: Osetra, Beluga, Sebruga, Golden Osetra e Imperial Black.
A continuación,  el enófilo Gerardo de Landa se refirió, de  manera amena y muy documentada, a la historia de los vinos de la marca Monte Xanic, aludiendo a las peculiaridades del suelo y del clima que imperan en el Valle de Guadalupe, en el estado de Baja California, factores éstos que han sido propicios para la elaboración de vinos de gran clase. En su charla, Gerardo de Landa mencionó los diferentes y complejos  procesos 
----que comienzan con las vendimias manuales de los mejores racimos de uvas, que se hallan  en su momento idóneo de madurez---,    los cuales  tienen lugar antes de que el vino sea embotellado y esté listo para ser degustado.
Momentos más tarde el mismo enófilo llevó a cabo la cata dirigida de cuatro de los vinos de la casa Monte Xanic. Para esta reunión fueron seleccionados dos vinos blancos y dos tintos. Los dos primeros fueron Calixa Chardonnay, cosecha 2000, y Chardonnay, cosecha 1998. Los dos tintos fueron Calixa Cabernet Sauvignon, cosecha 2000, y Cabernet Sauvignon, cosecha 1997. Los vinos Monte Xanic de la línea Calixa son vinos jóvenes, fáciles de ser degustados por quienes se están adentrando en el fascinante mundo de la apreciación sensorial  de los vinos. Son vinos muy agradables, elaborados para su consumo inmediato, más que para su guarda en una cava y posterior degustación, pasados algunos años. Además, tienen otra importante ventaja: en razón de que su elaboración es menos compleja, tecnológica y enológicamente hablando, su precio es más reducido que la línea de los varietales que han sido sometidos a un lento proceso de crianza, que tiene por finalidad la perfecta maduración de esos vinos.
Una palabra más acerca de los vinos de la línea Calixa de Monte Xanic. Recientemente se llevó a cabo en la queretana población de Tequisquiapan el Primer Concurso Enológico “Vintequis 2002”, organizado por la Asociación Mexicana de Sommeliers. En ese certamen el jurado, integrado por catorce jueces, evaluó sesenta y cinco vinos mexicanos (cifra que corresponde al ochenta por ciento de la producción nacional) y concedió diecinueve medallas (siete de oro, seis de plata y seis de bronce) y una Mención Honorífica, a los vinos cuyas calificaciones fueron las más altas. El vino Calixa Chardonnay, cosecha 2000 fue premiado con medalla de oro. El vino Calixa Cabernet Sauvignon, cosecha 2000 obtuvo medalla de plata. Y el vino Cabernet Sauvignon,  cosecha 1997 obtuvo medalla de oro.
 Este Capítulo XXXVII de la Cofradía de Enófilos y Gourmets concluyó con la degustación de tres platillos a base de caviar, que el chef Alejandro Kuri preparó para esta ocasión: el primero fue una rosa de salmón ahumado con caviar Sebruga. El segundo,  una tártara de camarón con caviar Osetra. El tercero consistió en un exquisito sachimi de atún al aceite de romero, con caviar Beluga “OOO” (triple cero), quizá el tipo de caviar más delicioso y el más apreciado por quienes gustan de saborear esta excelencia palatal y, por ende, el que alcanza el precio más alto. 

LOS VINOS DE CASTILLA-LA MANCHA

Mientras que unos historiadores del vino señalan que fueron los griegos quienes introdujeron en la península ibérica, en el segundo milenio antes de Cristo, el cultivo de la vid y la consecuente elaboración de esa bebida considerada “el legado de Dionisios”, otros consideran que los primeros viñedos fueron plantados por los fenicios, en el año 1100 A.C., en las costas meridionales próximas a Jerez y a Málaga. Más tarde llegaron los celtas, los jonios y los cartagineses, pero habrían de ser los romanos quienes, en el año 197 antes de la era cristiana, darían forma definitiva a la elaboración de vinos en esas tierras llamadas Hispania.
La superficie cubierta de viñedos en España es estimada en casi un millón y medio de hectáreas (exactamente 1.445,834 ha), que corresponde al ocho por ciento del área agrícola del país. Las viñas españolas son el diecisiete por ciento de la superficie total vitícola del mundo, y el veintidós por ciento del viñedo europeo. En España existen cincuenta y tres Denominaciones de Origen  oficialmente registradas, siete de las cuales están ubicadas en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, que se localiza en la zona central de este país. Los nombres de esas D. de O. son los siguientes: La Mancha, Valdepeñas, Jumilla, Almansa, Mondéjar,  Méntrida y Manchuela.
Los viñedos de Castilla-La Mancha cubren una superficie de unas seiscientas mil hectáreas, que equivalen al cincuenta y uno por ciento del total de las viñas españolas. En esta región vitivinícola predomina el sistema de cooperativas  ---existen treinta de ellas---,  y el número estimado de viticultores asciende a treinta y cuatro mil. La producción promedio anual de vino se calcula en mil ochocientos millones de litros, pero hay que señalar que la producción en el año 2001 ascendió a dos mil cien millones de litros. De esta crecidísima cantidad aproximadamente el sesenta y siete por ciento son blancos; el veinticinco por ciento son tintos; y el restante ocho por ciento son rosados. El viñedo de la Denominación de Origen La Mancha produce anualmente cien millones de litros de vino, el cual, antaño,  tenía una mala imagen dentro del país, porque se consideraba, injustamente, por cierto,  que los vinos allí elaborados eran simplemente regulares, pero ahora, merced al cuantioso volumen de exportaciones de esos caldos etílicos,  comienzan a ser mejor apreciados tanto en España como  en los mercados del extranjero. El área cubierta de viñas es de unas ciento noventa mil hectáreas (188.682 ha.,  exactamente), mientras que la de Valdepeñas es de ciento quince mil hectáreas. Conviene agregar que la Denominación de Origen Valdepeñas adquirió notoriedad porque los vinos allí producidos eran guardados en colosales tinajas de barro, en forma de ánfora, cuya capacidad oscilaba entre los diez mil y los quince mil litros.
Las variedades de uvas más utilizadas en las zonas productoras de vinos de Castilla-La Mancha son las siguientes: en las uvas blancas la principal es la Airén, seguida de la Viura, también llamada Macabeo, en Cataluña. En las uvas  tintas la más importante es la Cencibel, llamada Tempranillo, en La Rioja, Tinta del País, en la Ribera del Duero y Ull de Llebre, en Cataluña. Cabe agregar que de un tiempo a la fecha han comenzado,  en Castilla-La Mancha,   a elaborar vinos con las variedades clásicas francesas: Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay.
En días pasados tuvo lugar,  en la Oficina Comercial de la Embajada de España en México, una presentación de alimentos y bebidas de Castilla-La Mancha, en la cual predominaron los vinos elaborados en esa Comunidad Autónoma, así como los quesos manchegos, los aceites de oliva y los melindres regionales. Entre los vinos allí presentados tuve la oportunidad de degustar los vinos de la marca “Videva”, de la Denominación de Origen Valdepeñas, especialmente el Crianza cosecha 1996 y el Reserva cosecha 1995, de magnífica calidad. De la misma manera, me agradó el varietal Tempranillo, cosecha 1999, de esa empresa.
Otra casa productora presente en esta muestra fue Bodegas Arúspide, igualmente de Valdepeñas, cuyos vinos de la marca “Agora”, especialmente el delicioso “Agora Genuino”, son de excelente clase enológica.

LOS VINOS DE ARGENTINA

La vitivinicultura argentina se remonta a mediados del siglo XVI, ya que, se asegura,  las primeras vides fueron  plantadas en ese país sudamericano en el año 1554, en la región de Santiago del Estero, y procedían de los  viñedos que, en 1524, habían comenzado a ser cultivados  la Nueva España, por órdenes de Hernán Cortés.  Del entonces virreinato novohispano, hoy México,  fueron llevadas las vides  a otros dominios americanos de la metrópoli hispana, como  Perú,  Chile y Argentina, donde habrían de encontrar terreno propicio para su desarrollo. 
La enóloga Serena Sutcliffe señala  que “Históricamente, las variedades de uva más comunes son las rosadas de Criolla Grande y su clon Cereza”. Y Ed McCarthy menciona que “la producción argentina se centra en la uva Criolla, una versión de cáscara rosada de la variedad País de Chile, y en otra uva rosada llamada Cereza. Entre las dos suman la mitad de las plantaciones del país. La mayor parte del vino hecho con estas uvas es una bebida sencilla para el mercado interno”.
Ya luego habrían de venir  otras cepas, introducidas por los inmigrantes italianos, en el transcurso del siglo XIX, como Lambrusco, Sangiovese y Barbera. Más tarde comenzarían a ser elaborados vinos con las variedades llamadas “finas”, como Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Chardonnay, Merlot,  Malbec, Chenin Blanc y  Syrah. En la obra El libro del vino y las bebidas argentinas   (1994) leo lo siguiente: “Con estas cepas se posibilitó el desarrollo de varietales y assemblages finos. La jerarquización del consumo determinó que los vinos comunes de  uva Criolla fueron reduciendo su participación en el total del mercado interno, y aumentaran correlativamente las opciones de cepajes finos. En este lento, largo y gradual paso del vino de damajuana a los delicados assemblages de aroma sutil y paladar complejo está toda la historia de la viticultura nacional”. 
En numerosos libros referentes al vino he encontrado la información de que Argentina es el cuarto o quinto productor en el mundo. En la obra mencionada líneas arriba, en la página 9, queda asentado que “los vinos argentinos son oriundos del quinto país en el ranking mundial de productores”. Y en la página 13 aparece que “Argentina ocupa el cuarto lugar en el ranking mundial de productores y el quinto en cuanto al consumo”. La Oficina Internacional de la Viña y el Vino  --organismo que afilia a una cuarentena de países vitivinicultores—  dio a conocer en 1994 las cifras oficiales de la producción de vino en el mundo, correspondientes a 1993. En ese documento se enlistan los diez países más importantes por el volumen de vino elaborado: Italia (6.270 millones de litros), Francia (5.800 millones), España (3.300 millones), la CIS  --que agrupa a varias naciones de la ex URSS—   (1.780 millones), Estados Unidos de América (1.540 millones), Argentina (1.390 millones), Alemania (1.340 millones), Sudáfrica (998 millones), Portugal (735 millones) y Rumania (545 millones de litros).  De acuerdo a esas cifras, Argentina ocupaba el sexto lugar por su producción de vino y Chile el décimo sexto. El porcentaje de exportación de vino de Argentina correspondía al tres punto tres de su producción total, mientras que la comercialización de vino chileno en el extranjero era del veintisiete punto cinco de su producción.
Hoy en día se han registrado grandes cambios en lo concerniente a los principales países productores de vino. Los tres primeros siguen siendo Italia, Francia y España, seguidos de Estados Unidos de América. Se comenta que si California fuese una nación independiente ocuparía el lugar número cuatro en el orbe, ya que en el año 2001 fueron elaborados en esa entidad estadounidense más de mil cuatrocientos millones de litros de vino. Es muy probable que Argentina esté ubicada en el lugar cinco o seis de la clasificación mundial, pero es indudable que hoy en día ---a diferencia de lo que ocurrió durante varios años---   los vitivinicultores  de esa nación sudamericana han manifestado encomiable interés por elaborar vinos de notoria calidad y finura. Ha quedado atrás la producción de vino ordinario, que suele ser llamado “de pasto”, que si bien no es desagradable al paladar de quien lo degusta es el resultado de una vinificación menos compleja que la que se requiere para producir vinos de gran clase.
Hace unos días estuvo en México el enólogo Roberto de la Mota, director de la Bodega Terrazas de los Andes, para presentar los vinos de esta empresa ubicada en la región de Mendoza,  la zona vitivinícola más importante de Argentina, que se localiza al pie de la Cordillera de los Andes.  En esa ocasión fueron degustados varios vinos de esa marca, que por sus diferentes procedimientos de vinificación y crianza están ubicados en tres categorías: Alto, Reserva y Finca Selecta. De la categoría intermedia, tuve oportunidad de probar ese día el Chardonnay Reserva, el Malbec Reserva y el Cabernet Sauvignon Reserva, que me parecieron de señalados atributos enológicos. A continuación degusté las dos gemas de esa empresa, Gran Malbec y Gran Cabernet Sauvignon (su crianza en barrica se prolonga, en ambos vinos,  por dieciocho meses, y luego permanecen en botella otros doce meses, antes de salir al mercado),  que me parecieron dos vinos de extraordinaria calidad,  por su delicioso bouquet y exquisito sabor. 
Estos vinos argentinos ya se encuentran en el comercio capitalino, y su degustación permitirá el placer de saborear muy buenos vinos de mesa. 
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VIERNES 26 DE JULIO

 
EL CERDITO VIAJERO

Hace dos años fue inaugurado en México un hermoso restaurante, la primera sucursal hasta entonces del célebre bistro parisino Au Pied de Cochon, ubicado en el populoso barrio de Les Halles. Con tal motivo,  escribí una nota periodística alusiva a esa apertura,  y me referí a ese local cuyo emblema es un cerdito, diciendo que había llegado a la capital mexicana el “cerdito viajero”. 
En Paris, la fascinante capital francesa,  abrió sus puertas este restaurante el día 6 de diciembre de 1946  ---en el número 8 de la Rue Coquilliere, frente a la iglesia de San Eustaquio, y a dos pasos del Centro Georges Pompidou---    y desde entonces ha estado en funcionamiento durante  las 24 horas del día (y a toda hora se encuentra muy concurrido),  ofreciendo como especialidades tradicionales la exquisita sopa de cebolla gratinada, los caracoles a la bourguignone,  los pescados, los  mariscos y las patas de cerdo, entre muchas otras suculencias dignas de sápida degustación.
Fue un verdadero acierto de Carlo Bicaci, gerente general del hotel Presidente-Intercontinental, haber pensado, hace unos años,  en que dentro de este elegante feudo turístico funcionase una sucursal del original Au Pied de Cochon, donde, en cualquier momento del día o de la noche,  los comensales pudiesen  acudir a saborear los apetitosos guisos propios de la gastronomía francesa.
Recuerdo que el día que abrió sus puertas Au Pied de Cochon de la ciudad de México,  los directivos del hotel arriba mencionado prepararon una espléndida fiesta, que hizo pensar a más de uno que se encontraba en Paris, en un barrio típico de la Ciudad Luz, ya que un conjunto musical, ataviados sus integrantes muy a la “francesa”,  interpretaba las melodías populares  más conocidas de ese país. Un experto escenógrafo montó un amplio espacio de manera tal que hacía suponer que paseaba por Paris, solazándose con ese delicioso ambiente citadino.
Ahora, transcurridos dos años de exitoso funcionamiento de este bistro (resultado lógico de una esmerada combinación de factores:  la excelencia culinaria del chef Guy Santoro, la decoración del local, en extremo agradable, y un cálido y eficiente  personal de  servicio),  los directivos del hotel Presidente-Intercontinental planearon otra fiesta por el segundo aniversario, y fue así como presentaron un concurridísimo festejo, en el que intervinieron bailarinas de can-can, malabaristas y músicos, que hicieron las delicias  de los ochocientos invitados allí presentes. 
En este festejo estuvieron presentes, junto con Carlo Bicaci y Marta Serrano, directora de Relaciones Públicas del Presidente-Intercontinental,   dos directivos del restaurante matriz de Paris: Jean-Pierre Chedal, director general de los restaurantes Les Freres Blanc, y Jean Francois Lecerf, maitre D’hotel de Au Pied de Cochon.

“Los Amigos de Fierro”
José Hernández fue un escritor argentino, nacido en 1834 y fallecido en 1886, quien escribió un libro clásico en la literatura de ese país sudamericano.
 Martín Fierro es el nombre de ese poema gauchesco en verso, que a los pocos años de haber visto la luz  (la primera edición fue en 1872)  había sido publicado repetidamente, al grado que en sólo cuatro años el tiraje  alcanzó la increíble cantidad, para esa época, de cincuenta mil ejemplares.
El autor exalta la amistad, con la peculiar manera de expresarse de los gauchos, enfatizando que es uno de los mejores sentimientos que pueden tener los hombres. Esto me hizo recordar, cuando hace unos días  volví a releer el  libro de José Hernández,  a Marco Tulio Cicerón, en su obra De la vejez, de la amistad, parábolas . Lo mismo el argentino que el romano ponderan las cualidades de una acendrada amistad, y enfatizan la simpatía y el afecto cordial que se establece entre los amigos. Así habla Martín Fierro: “Al que es amigo, jamás/ lo dejen en la estacada;/ pero no le pidan nada/ ni lo aguarden todo de él; / siempre el amigo más fiel/ es de una conducta honrada”.
Los párrafos anteriores constituyen, a mi entender, un adecuado preámbulo para referirme a la inauguración de un restaurante argentino, que lleva por nombre “Los Amigos de Fierro”, sito en Vito Alessio Robles 24, no lejos del monumento a Álvaro Obregón. La idea de abrir un “boliche” (un pequeño establecimiento de restauración, equivalente a un bistro francés, o a una trattoría italiana, en el cual se pueden saborear platillos sencillos pero deliciosos, a un precio nada oneroso) fue de dos amigos que gustan de la buena mesa, y para ello escogieron el sugestivo nombre que lleva este hermoso salón comedor,  bellamente decorado con motivos gauchos. Así dicen los dos socios: “El nombre Los Amigos de Fierro lleva una doble connotación: la primera se relaciona con una forma muy nuestra de expresar la amistad, sincera y fraternal, pues cuando decimos “ese es un amigo de fierro”, sabemos que es amigo a toda prueba y para toda la vida. La segunda, es que para nosotros la máxima expresión del gauchaje argentino es Martín Fierro, considerado un clásico de la literatura argentina”.
Este restaurante tiene como principales especialidades diferentes tipos de pastas: spaguettis, tallarines, ravioles, lasagna, canelones, ñoquis. Así mismo las tradicionales empanadas argentinas, de carne o elote con queso, la chistorra, la pascualina y el bife de chorizo argentino importado, entre muchos otros guisos. 


VIERNES 2 DE AGOSTO

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LA CEPA CARMENERE, DE CHILE

Los especialistas en viticultura afirman que en el periodo terciario, hace de ello unos sesenta y seis millones de años, apareció la vid, planta que se extendió por Asia, Asia Menor y Europa. Gracias a la información proporcionada por la paleobotánica (la rama de la ciencia que estudia las plantas fósiles) tenemos conocimiento de la existencia de hojas de vid y de racimos fósiles, que se remontan a los tiempos del pleistoceno, un millón de años antes de nuestra era. Durante la Edad del Bronce, hace aproximadamente unos cuatro mil o cinco mil años, la viticultura era practicada extensamente en el Medio Oriente.
El género botánico Vitis incluye dos subgrupos: la euvitis o vid verdadera, y la muscadenia. Existen unas sesenta especies conocidas de vitis, una de las cuales, la de mayor importancia para la elaboración del vino, es la Vitis vinífera, de la cual se cuentan más de ocho mil variedades diferentes. Las palabras variedades, cepas o vidueños, tratándose de la Vitis   vinífera,  son sinónimas, y se les utiliza indistintamente. Las cepas blancas más ampliamente empleadas en todo el mundo son las siguientes: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Semillon, Gewurztraminer, Rieling, Albariño, Silvaner, Trebbiano y Malvasía. Las variedades de uvas tintas que son más extensamente utilizadas por los enólogos, para elaborar vino, son las que a continuación enlisto: Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Merlot, Malbec, Sangiovese, Pinot Noir, Garnacha, Nebbiolo, Cabernet Franc, Cariñena, Syrah, Barbera y Pinot Meunier. Cabe agregar, para dar una idea más amplia de lo relacionado con las uvas, que existen cuatro grupos: para mesa  ---para ser comidas como fruta, y de las cuales hay unas veinte variedades diferentes---,  para producir jugo, para pasificar y para elaborar vino. 
Una de las cepas, variedades o vidueños de uvas que está motivando un gran interés en el mundo del vino es la Carménere, de Chile, la cual se suponía había desaparecido  por completo de los viñedos del planeta, ya que, inclusive, su nombre quedó prácticamente olvidado, cuando a raíz de la epidemia de filoxera, que asoló las viñas de Europa a mediados del siglo XIX, quedaron arrasadas miles y miles de hectáreas en varios países europeos. 
Pero aconteció que hacia 1850 los viticultores chilenos comenzaron a importar las primeras cepas consideradas finas, para mejorar la calidad de sus vinos, que hasta entonces estaban siendo elaborados con uvas País o Misión. En aquellos años no era frecuente que en los viñedos de Burdeos, los más renombrados de Francia, se hiciese una plena identificación de las cepas, por lo que coexistían diversas variedades en una misma viña, como asienta  Gérard Aubin, en su libro Bordeaux, vignoble millenaire. Es casi seguro que cuando fueron llevadas diversas cepas a Chile, llegaran vidueños de Carménere (también conocida con los nombres de Grand Vidure y Grand Carmenet) entre las plantas de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot, las más preciadas por los viticultores,  “algunos años antes de que aquella cepa desapareciera por completo de su Burdeos natal, debido al mencionado ataque de filoxera”.
De acuerdo a la noticia publicada en la revista “América Economía” (número 207, correspondiente al 3 de mayo de 2001) en el año 1994, en ocasión del 6º. Congreso Latinoamericano de Floricultores y Enólogos, celebrado en Chile, el enólogo francés Jean Michel Boursiquot, ampelógrafo de Montpellier, estableció que gran parte de los viñedos chilenos considerados de la cepa Merlot eran, en realidad, de la variedad Carménere, un vidueño casi totalmente desaparecido de Francia. La declaración del enólogo galo despertó marcada controversia entre los productores chilenos, ya que éstos consideraban que después de haber conseguido que sus vinos varietales elaborados con la cepa Merlot, podría suceder que, comercialmente hablando, se registrasen efectos negativos, tanto en el mercado interno como en el de exportación. 
Pero ocurrió prácticamente lo contrario, ya que, de acuerdo a la nota periodística aludida en el párrafo anterior, “el número de hectáreas sembradas con la variedad Carménere, en Chile, ha crecido de manera exponencial: en 1993 tres bodegas contaban con viñas sembradas de esta variedad, y había 300 hectáreas. Para 1997 ya  sumaban 330 hectáreas; en 1998, el número se había incrementado a 1.167. Para 1999 el total ascendía a 2.306, porque mucho de lo que antes se consideraba Merlot ha sido reclasificado como Carmenere, según afirma el enólogo Philippe Pszczólkowski, catedrático de la Universidad Católica de Chile”. En abril del año 2000 quince empresas estaban elaborando vinos monovarietales Carménere.
El nombre Carménere bien  puede derivar del término carmine, cuyo significado es carmíneo (el carmín es una sustancia colorante, de color rojo carmesí, usada en pastelería y cosmética. Es extraída de la hembra del coccus cacti, una especie de cochinilla,  ya que los vinos elaborados con esa variedad son de color rojo intenso, acerezado. 
La cepa Carménere es la variedad distintiva de Chile, y dentro de muy poco tiempo será emblemática como la Pinotage, de Sudáfrica; la Malbec, de Argentina; la Syrah, de Australia; o la Zinfandel, de California. 
En días pasados tuvo lugar una cata “ciega” (del Grupo Enológico Mexicano), en la cual fue degustado analíticamente un  vino chileno de la variedad Carménere, de la marca Canepa. Los catadores evaluaron este magnífico vino, de color rubí intenso, con tonalidades violáceas. Magnífica presencia de “piernas”, por el glicerol que contiene. Su aroma resultó muy complejo: frutos rojos aún no maduros, matices de tabaco, chocolate, canela, especias. Y su sabor mostró un cuerpo aterciopelado, redondo, propio de vino joven, con un retrogusto prolongado. En suma, un excelente vino, que en su juventud muestra cualidades que se habrán de incrementar con unos años de crianza en la botella.


 

VIERNES 9 DE AGOSTO

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LOS PLACERES DEL GUSTO

La palabra placer tiene varios sinónimos. Entre otros, puedo enlistar los siguientes: gusto, contento, alegría, regocijo.  El placer puede ser definido como “la sensación agradable que produce la satisfacción de un deseo material o inmaterial”. Es común afirmar que la delectación es efímera, que los goces son fugaces y que los deleites son pasajeros. De ahí la certeza del refrán que asegura “los placeres por onzas, los pesares por arrobas”.
Fueron los hedonistas quienes dieron origen a la Escuela Cirenaica, en el siglo V A.C.. Para ellos el placer tenía un acentuado contenido ético, ya que exaltaba los valores morales del individuo. A juicio de Epicúreo la felicidad se alcanza a través del uso racional del placer, considerando a éste como la armonía espiritual, como un bien, como un bienestar del cuerpo y del alma.
Refiriéndome al placer recuerdo uno de los aforismos de Jean-Anthelme Brillat Savarin (llamado por Félix Martí Ibáñez   “sublime Premio Nobel de la Gastronomía”),  incluído en  su libro Fisiología del Gusto: “El Creador, al obligar al hombre a comer para vivir, le incita a ello por el apetito y le recompensa por el placer”. Brillat Savarin (1755-1826) acuñó el vocablo gourmet, que tiene el significado  de “gastrónomo entendido en vinos y licores, y que conoce y aprecia la buena mesa”. El mismo autor francés consignó que la gourmandise es una predilección apasionante, razonada y habitual por todo aquello que halaga al paladar. La gourmandise es enemiga de cualquier exceso”. Y luego agrega: “la  gourmandise únicamente tiene nombre en francés; no puede ser traducida ni por el vocablo latino gula ni por el inglés gluttony, ni por el alemán lusternheit”.
En otro de los aforismos de Brillat-Savarin, del libro arriba mencionado,  cuyo subtítulo es: Meditaciones de gastronomía trascendente, ese autor expresa certeramente que “En los placeres de la mesa participan todas las edades, y las gentes de cualquier condición social, en todos los países y todos los días. El placer de la mesa es compatible con todos los demás, y nos es fiel hasta el último momento, para consuelo nuestro cuando ya hemos perdido los otros”  (subrayado por mí, para enfatizar la veracidad de esas palabras).
Harry Schraemli, autor del precioso libro (quizá un atinado calificativo para ese estudio sería “sabroso”, porque versa en torno al arte del biencomer y del bienbeber) que lleva por título Historia de la gastronomía, menciona que “Gourmand es aquel  que se deleita con las comidas o bebidas buenas; gourmet es el que conoce y prefiere los vinos más selectos. Pero aquel que es prudente e inteligente como un filósofo, discreto, entendido y refinado en ambas cosas, debe ser llamado gastrósofo”. 
A este particular agregaré que Octavio Paz, en su obra El ogro filantrópico, refiere que “Para Fourier, la gastrosofía no sólo era la ciencia de la combinación de los alimentos sino de los convivios. A la variedad de los manjares debería corresponder la de los participantes en la comida. Los vinos y los licores son el complemento de la comida y, así, tienen por objeto estimular las relaciones y las uniones que se anudan  en torno a una mesa”. 
Tanto Fourier como Schraemli, así como también los directivos del Grupo Enológico Mexicano, coinciden en que uno de los  más deleitables “Placeres del Gusto” que les es dado disfrutar a los gastrósofos, estriba en el privilegio palatal de saborear exquisitos manjares al tiempo mismo que una estimulante conversación anima el ambiente en el cual se encuentran inmersos unos cuantos comensales, durante una comida o una cena, rociada con buenos vinos.
Eso es, precisamente, lo que aconteció en la primera de una nueva serie de presentaciones, denominada genéricamente “Los Placeres del Gusto”, que tuvo lugar en el restaurante “Los Amigos de Martín Fierro”, sito en Vito Alessio Robles 24, en la colonia Florida. En ese espacioso salón comedor, de muy bella ornamentación gauchesca,  se dieron cita dieciséis personas (invitados conjuntamente por el Grupo Enológico Mexicano y por Raúl López Rodríguez, el director-propietario de ese feudo culinario), a disfrutar del biencomer y bienbeber.
Inicialmente Rafael de Orellana, director comercial de la empresa Cyrnos, disertó acerca de la bodega vitivinícola argentina “Luigi Bosca”, localizada en Luján de Cuyo, en la región de Mendoza. En forma por demás amena hizo referencia a los orígenes de esa compañía, de reconocido prestigio enológico por la excelencia y finura de sus vinos, lo que motivó interesantes comentarios de parte de los gastrósofos allí presentes. A continuación fueron degustados dos vinos de esa marca, los varietales  Chardonnay y Malbec, y su descripción organoléptica (la exposición verbal de sus principales características visuales, olfativas y gustativas) estuvo a cargo de dos socios del Grupo Enológico Mexicano. Esa relación fue atinadamente complementada con las opiniones y juicios de ambos vinos, que los restantes comensales hicieron.
En seguida vino una amena charla de Rafael López Rodríguez, quien se refirió, con toda propiedad a la cocina argentina, aquella que él conoció en su infancia en su país natal, enfatizando en que es muy amplia y deliciosa, y tiene infinidad de matices y sabores, por la diversidad de los ingredientes que le dan forma, dependiendo de las diferentes áreas geográficas de esa nación sudamericana.
Un aspecto en extremo deleitable de esta reunión gastrosófica consistió en la degustación de una suculenta cena, armonizada con los magníficos vinos de la casa “Luigi Bosca”. El primer platillo fue espagueti (elaborado en el propio restaurante “Los Amigos de Fierro”) a los cuatro quesos: manchego, philadelphia, gruyere y roquefort. El plato principal fue asado de tira y arrachera, muy apetitoso. Y el postre fue una especialidad de la repostería argentina: Pionono, que es un rollo de pan dulce combinado con dulce de leche quemada y helado de vainilla.
A manera de colofón quiero citar un aforismo de Brillat-Savarin, que hace alusión a los principios fundamentales de la gastrosofía: para que una reunión sea digna de ser recordada se requieren de cuatro factores: “alimentos por lo menos pasables; buen vino; compañía agradable y bastante tiempo”.
Todo lo anterior se cumplió en forma atinada,  lo que hizo de esta cena de la serie “Los Placeres del Gusto”,  en el restaurante “Los Amigos de Fierro”, ocasión propicia al deleite palatal.


 

VIERNES 16 DE AGOSTO

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LOS HONGOS SILVESTRES

En el calendario gastronómico mexicano existen platillos de “temporada”, de acuerdo a la época del año. Al comenzar enero tiene vigencia, por un día, la rosca de “reyes”. El 2 de febrero, día de la “Candelaria”, lo común es disfrutar de los tamales, de muy diferentes estilos y sabores. Durante la Semana Santa la costumbre culinaria establece el consumo de platillos a base de pescados y mariscos. Meses después, durante las festividades septembrinas, los guisos tradicionales más degustados son la  birria, el pozole, el menudo, etc., con las naturales influencias propias de cada estado o región de nuestro país. Al llegar los primeros días de noviembre ya está listo el “Altar de Muertos”, y los dulces típicos, como la calabaza en tacha, la capirotada y otros melindres por el estilo, hacen las delicias de los comensales. Para diciembre, ese mes “platónico” por excelencia 
--- “platónico” por los numerosos platones de suculentos manjares que se acostumbra saborear---,  la costumbre impone los platillos a base de bacalao, de pavo  (es el mismo guajolote del resto del año, pero en la temporada navideña cambia su nombre, por el más elegante y refinado de “pavo”) y de cerdo, acompañadas esas apetitosidades con un buen vino espumoso.
Durante la temporada de lluvias, que por lo regular comienza después del 24 de junio, día de San Juan, las preferencias culinarias se manifiestan en sabrosos guisos preparados con hongos silvestres, que proliferan  principalmente en los bosques, ya que las condiciones de humedad y temperatura  propician su crecimiento. Los nombres que reciben los hongos silvestres en México son muy curiosos. Entre otros puedo enlistar los siguientes: lengua de gato, patas de borrego, hocico de puerco, clavitos, enchilados, señoritas, duraznillos, negritos, tejamaniles,  escobetillas (también llamados patas de pájaro y patas de pollo), gachupines, yemitas, cornetas, panzas o pancitas, escobetas, negritos y morillas.
Cabe señalar que durante muchísimos años los hongos estuvieron incluidos en el reino vegetal, porque brotando estas formaciones del suelo se suponía que debían pertenecer a ese grupo de los seres vivos. Pasado el tiempo fueron clasificados en un reino aparte, el de los fungi o micetos, de los cuales se piensa existen más de cien mil especies diferentes en todo el mundo. En México se estima que son conocidas tres mil especies de hongos. El nombre en latín de los hongos en fungi, mientras que en griego su denominación es mikes. Micología es la denominación de la rama de la ciencia que estudia a los hongos, y el vocablo micofagia hace referencia al hecho, deleitable en extremo, de comer hongos. 
Una vez más, como ha ocurrido en los cuatro o cinco años pasados, Philippe Seguin, director de alimentos y bebidas del hotel Marquis Reforma, ha diseñado un atractivo menú a base de hongos silvestres, que estará vigente en el restaurante “La Jolla” durante los meses de agosto y septiembre. En este tiempo los comensales podrán elegir, de la carta especial a base de setas, platillos  tan suculentos como el hojaldre crujiente de huitlacoche, el vol au vent de morillas, el portobello asado sobre salpicón de hongos silvestres y gratinado con queso Gorgonzola, el huitlacoche salteado sobre tallarines a la crema, el mero chileno con setas a la bordalesa y los camarones gigantes con hongos duraznillos. Todos los anteriores son apenas una deliciosa selección de esta carta de temporada, que muestra algunas de las apetitosidades que es posible degustar en el restaurante “La Jolla”,  a base de los hongos silvestres, propios del tiempo de lluvias. 

Festival de cocina en “Au Pied de Cochon”
El restaurante “Au Pied de Cochon”, ubicado en el centro gourmet del hotel Presidente Intercontinental, es un caso sui generis en la restaurantería capitalina, ya que es
el único  ---hasta donde yo tengo conocimiento de ello---   que abre sus puertas las veinticuatro horas de cada día, al igual que su homólogo en la capital francesa, en la fascinante ciudad de Paris.
En fecha reciente este elegante establecimiento de restauración celebró su segundo aniversario, en un concurrido festejo en el cual participaron casi mil personas. Y ahora, apenas transcurridos unos días de aquella multitudinaria reunión, en este feudo coquinario de reconocido prestigio gastronómico se está llevando a cabo una festividad culinaria cuyo título es Festival Rouge. El menú especial enlista delicias tan apetitosas como la fuente de mariscos, el bogavante de Maine, el abulón rojo de Baja California, el cangrejo de piedra bajacaliforniano, el atún de aleta azul, los ostiones gratinados con sabayon de langostinos de río, el gazpacho con langostinos australianos y la tradicional bouillabaisse provenzal.
En fecha reciente he tenido oportunidad de saborear algunos de estos guisos, y me he percatado de la señalada suculencia de dichos platillos, cocinados bajo la experta mirada de Guy Santoro, el chef del restaurante “Au Pied de Cochon”, del hotel Presidente Intercontinental.



 

VIERNES 23 DE AGOSTO

 
LOS VINOS PREMIUM Y ULTRA PREMIUM DE CHILE

A mediados del siglo XVI llegaron las primeras vides a Chile, llevadas por los colonizadores españoles, para quienes el consumo del vino, acompañando sus comidas,  era parte substancial de su ingesta cotidiana. 
De manera gradual comenzó la expansión del viñedo chileno, conforme fueron transcurriendo los siglos. Y a mediados del siglo XIX se registró una notoria expansión de la vitivinicultura, ya que los propietarios de las bodegas comenzaron a importar de Europa 
---de Francia, Italia y España,  principalmente---  las variedades de uvas consideradas “finas”, como la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Pinot Noir, la Riesling, entre varias otras,  con lo que la producción de vinos en Chile inició un señalado auge. Los dueños de esas empresas no dudaron en dar sus apellidos a sus respectivos negocios, por considerar que la vitivinicultura es “la reina de las artes agrarias”.  De esta manera, surgieron bodegas como Viña Macul, Viña Ochagavia, Viña Urmenta, Viña Concha y Toro y Viña Undurraga, entre muchas otras que en la razón social ostentan el apellido de los visionarios empresarios que iniciaron lo que, en unas cuantas décadas,  comenzaría a representar  la prosperidad de los viñedos de Chile. 
En el año 1965 la exportación de vino chileno ascendía a poco más de cuatro millones de litros de vino, comercializados en veinticuatro países. Conforme fueron pasando los años la producción incrementó notoriamente, al grado de que a mediados de la década de los años ochentas el volumen de ventas en el extranjero rebasó la cifra de los diez millones de litros, momento en el cual eran ochenta las naciones del orbe que importaban esos deliciosos caldos etílicos. Por esos mismos años se registró el primer gran triunfo de la vitivinicultura chilena, ya que en 1987 el vino tinto Cabernet Sauvignon “Medalla Real”, cosecha 1984, de Viña Santa Rita, fue galardonado con el primer lugar en la Olimpiada Gault et Millau del Vino, celebrada en Francia. El enólogo responsable de haber creado este exquisito vino, Ignacio Recabarren, manifestó que “al haber cambiado las antiguas cubas de Raulí 
 ---una madera autóctona con la que eran hechas las barricas para envejecer y mejorar el vino---  por barricas nuevas de roble francés, revolucionamos la manera de elaborar los vinos tintos en Chile”.
Otro vino chileno, Novísimo, cosecha 1993, de la bodega Viña Canepa, fue objeto de una señalada distinción, ya que en una cata “ciega” realizada en la televisión de Gran Bretaña obtuvo mejor puntuación que un vino Chateau Latour, de Burdeos, Francia.
Los vinos de Chile, cuya producción en el año 2000 fue de más de seiscientos cuarenta y dos millones de litros (la exportación ascendió a más de doscientos sesenta y siete millones de litros: exactamente 267.511.811 litros), han alcanzado una envidiable presencia mundial, ya que en la actualidad son exportados a ciento cinco países. Condiciones fiscales muy favorables han permitido que a todo el mundo lleguen estos vinos, de precio razonable y de magnífica calidad, con lo que al presente Chile ocupa el quinto lugar como país exportador, atrás de Francia, Italia, España y Australia. 
Marcelo Soto,  comentarista enológico de esa nación sudamericana, ha manifestado recientemente que en los albores del nuevo milenio comienza a dejarse atrás la imagen de Chile como la de un país que produce buenos vinos, bonitos y baratos. Y es que ahora surge avasalladora la imagen de los que han sido llamados “los vinos tintos de sangre azul”, aquellos vinos calificados como Premium y Ultra Premium, resultado de una tecnología enológica en extremo desarrollada, en los cuales se conjuntan varios factores: uvas seleccionadas,  vendimiadas en “pagos” de reducida extensión, un cuidadoso proceso de vinificación, un prolongado período de crianza en barrica y en botella, a más de la requerida campaña mercadológica para ubicar estos vinos en un nicho de mercado internacional similar al que ocupan los vinos franceses de Burdeos y de Borgoña. 
Marcela Espildora, perodista chilena, escribió que” Muchas viñas nacionales están apostando, en estos tiempos, por elaborar vinos de gran calidad y alto precio, que son los conocidos como Premium  que tienen toda la intención de competir con los grandes vinos del mundo. Son vinos producidos en un  terroir (un viñedo específico, con un microclima determinado). Son viñedos de baja producción. Y el precio del vino oscila entre los veinticinco y los ochenta dólares”.

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VIERNES 30 DE AGOSTO

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LA COCINA DEL NORTE DE MÉXICO

Paul Kirchhoff, etnohistoriador alemán nacionalizado mexicano, acuñó el término Mesoamérica, aplicado a una “superárea cultural”, que comprende una vasta, dilatada región que se extiende de la parte centro septentrional de México   ---desde Zacatecas hacia el sur---   hasta Costa Rica. En esta extensa zona geográfica florecieron,  en el pasado, diversas culturas como la olmeca, la maya y  la azteca, para sólo nombrar aquellos grupos étnicos que dejaron luminosa huella de su tránsito por el mundo,  en infinidad de construcciones, que  hoy en día podemos admirar en nuestro país,  lo mismo que en Guatemala, Belice,  Honduras y El Salvador.
Aquel investigador creó también el vocablo “Norteamérica Arida”, entre 1943 y 1944, y en 1954 cambió ese nombre por el más breve de “Aridoamérica”, para designar a la dilatada extensión situada en la parte más septentrional de México, que alguna vez estuvo habitada por diversos grupos de aborígenes, designados genéricamente con el nombre de “Chichimecas”, quienes  se caracterizaron por ser recolectores-cazadores, errabundos nómadas, que casi no dejaron testimonios pétreos (pirámides, grandes edificios o suntuosos palacios),  como lo hicieron otros grupos étnicos que habitaron áreas más meridionales en América.
La cocina de los indígenas chichimecas, como ha acontecido con muchos otros pueblos de la antigüedad en nuestro continente, ha dependido fundamentalmente de los recursos vegetales y animales de los que han podido disponer. La agricultura en esas áridas zonas del septentrión de México ha sido, por lo general, bastante exigua. Debieron haber recorrido extensas distancias para estar en condiciones de recolectar semillas, frutos, vegetales y demás plantas silvestres, con las cuales preparar sus alimentos. Lo mismo ha de haber ocurrido con los animales de ese entorno, que mientras que no los hubiesen podido domesticar debió haber sido bastante precario el suministro de ese nutriente proteínico, tan necesario para una adecuada nutrición humana. 
En fecha reciente se llevó a cabo en el restaurante “Nicos” una presentación de Slow Food  (organización internacional cuyo capítulo mexicano está dirigido por Jorge De’Angeli) titulada “La Cocina del Norte de México”, atinado resultado de las investigaciones culinarias que un grupo de cocineros y cocineras  han venido realizando, para recrear las delicias gastronómicas propias de nuestro país. Contando con la asesoría coquinaria de Alicia Gironella de De’Angeli, los  chefs Margarita Carrillo de Salinas, Guadalupe García de León y Del Paso, Cristina Palacio y Gerardo Vázquez Lugo, director del restaurante “Nicos,   y Cristina Caravantes y Roberto Bucio, prepararon una deliciosa comida de nueve platillos diferentes, sin contar los diversos postres servidos en esa ocasión. 
Los responsables de este opíparo festín tuvieron el acierto de hacer servir todos y cada uno de los guisos en pequeñas cazuelitas de barro, llevadas a cada comensal a su mesa, con lo que se evitaron, entre varias otras, dos notorias incomodidades: la primera, que se congestionara el lugar donde estaban ubicadas  las cazuelas con los manjares;  y segunda, que los golosos asistentes a esta muestra se sirvieran abundantes raciones de guisos que, posteriormente (como suele ocurrir,  repetidamente,  en este tipo de comidas, cuando hay autoservicio de las viandas) dejarían en sus platos,  sin haberlos degustado en su 
totalidad. 
Como felíz resultado de esa investigación gastronómica de los hábitos manducatorios de los pueblos de “Aridoamérica”, los chefs participantes cocinaron y sirvieron las siguientes suculencias, enlistadas por orden alfabético: albondiguillas de venado, asado de boda, cabrito en chile colorado, caldillo de carne seca, carne con chile, chacales, chile pasado con queso, chorizo de calamar y conejo en salsa de chile pasilla. 
Estos apetitosos platillos, servidos, insisto, en pequeñas raciones  ---cuyo tamaño me pareció muy conveniente, para estar en condiciones de degustar tan crecido número de guisos---  fueron acompañados con dos vinos mexicanos: el blanco San Lorenzo y el tinto Cabernet Sauvignon, ambos de Casa Madero, que hicieron un excelente maridaje con los alimentos.
Los postres consistieron en cortadillo de membrillo, coyotas, y diferentes dulces de higo, nuez, coco, leche y durazno,  preparados en la ciudad de Parras, Coahuila,  por una anciana de casi 100 años, Doña Goyita, que goza merecida fama por la exquisita calidad de los melindres que elabora desde hace ya muchísimos años. 


 
 


VIERNES 6 DE SEPTIEMBRE

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LOS MOLOKANES EN EL VALLE DE GUADALUPE

Los mejores vinos mexicanos son elaborados, actualmente, en dos zonas geográficas: el Valle de Parras, la única que cuenta con la Denominación de Origen que otorga el gobierno de México, y la otra es el Valle de Guadalupe, en el estado de Baja California.
En el Valle de Guadalupe están ubicadas algunas empresas vitivinícolas de reconocido prestigio, tanto por la calidad de los vinos que producen como por el volumen de la producción.  Enlistadas por orden alfabético son las siguientes: Bodegas de Santo Tomas,  Chateau Camou, Domecq, L. A. Cetto y Monte Xanic. Otras más son de dimensiones físicas menores, así como de producción más reducida, pero en las cuales se elaboran vinos de notoria finura. Puedo enlistar en este grupo a Adobe Guadalupe, Alborada Guadalupe, Casa de Piedra, Cavas Valmar, Mogor Badan y Viña de Liceaga.
La producción de vino en esta privilegiada región vitivinícola de nuestro país se remonta, en el siglo XX,  a la primera década del siglo veinte, cuando se instala en el Valle de Guadalupe un grupo de doscientas personas de la secta molokana, llegados de Rusia. No olvido que aproximadamente unos setenta años aquí había estado la Misión de Guadalupe, fundada por los monjes dominicos, quienes, seguramente, continuaron con el cultivo de las viñas que habían iniciado los misioneros jesuitas en el área de Loreto  (la capital de ambas Californias: la Baja California y la Alta California), y que después de la expulsión de los discípulos de San Ignacio de Loyola habrían seguido los monjes franciscanos elaborando vino,  para estar en condiciones de celebrar cotidianamente la ceremonia de la misa cristiana. 
El gobierno de Porfirio Díaz autorizó en el año 1905 el ingreso a México de dicho grupo de molokanes, cuyo origen era el siguiente: en el siglo XVII estos cristianos manifestaron su rechazo a la iglesia ortodoxa rusa, ya que no estaban de acuerdo en aceptar la supuesta divinidad del zar, los fastos de esa iglesia y, lo más importante, eran enemigos de enrolarse en el ejército, ya que para ellos matar era un pecado muy grave. Fue en el año 1670 cuando se acuñó el nombre de “molokan” (esta palabra significa en Rusia “bebedor de leche”), ya que ese término hacía alusión a aquellos que ignoraban muchos de los doscientos días festivos de la iglesia ortodoxa rusa, en los cuales era habitual beber leche en las ceremonias religiosas. En aquel tiempo un ruso que no fuese ortodoxo en materia de religión era un sectario, herético y felón, que debía ser castigado de manera brutal. De las más de cien sectas que manifestaron su oposición al zar de Rusia los molokanes fueron los más numerosos. Para el siglo XIX el gobernante ruso dispuso que los sectarios fuesen enviados a lugares distantes de ese país, concentrándolos en el sur de Ucrania, en el Cáucaso y en Asia Central, sitios éstos donde aún habitan muchos de sus descendientes. 
En 1905 los molokanes recibieron la autorización del zar Nicolás II de abandonar su tierra natal y emigrar a un lugar lejano. Tres enviados de ese grupo religioso  --en cierto sentido semejante a los presbiterianos, a los cuáqueros y a los menonitas--   tuvieron conocimiento en la ciudad de Los Angeles que en Baja California, en el Valle de Guadalupe, podrían adquirir tierras para establecerse. Esos tres emisarios visitaron el lugar del cual les habían hablado, y lo encontraron apropiado para los fines que ellos perseguían, y así fue que en 1906 llegaron doscientos rusos: hombres, mujeres y niños al Valle de Guadalupe, donde aún viven sus descendientes.
En el Museo Comunitario del Valle de Guadalupe,  próximo al paraje donde se hallan  las  ruinas de lo que un día fue la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte,  contemplé una magnífica colección de fotografías, documentos y diversos artículos que permiten conocer un pedazo de la historia de esta región de México, alguna vez colonizada por una secta cristiana llegada de Rusia. De acuerdo a los informes del Instituto Cultural Raíces de México, de Santa Bárbara, California, en este villorrio habitan unas cien personas  --aproximadamente veinticinco familias--, descendientes de aquellos llegados en los albores del siglo XX, quienes fueron los primeros en sembrar vides y elaborar vino en el Valle de Guadalupe.
En el Museo de las Californias,  de Tijuana, encontré un texto (que me fue enviado amablemente por el investigador Luis Alberto Curiel Izquierdo) alusivo a la producción de vino de los molokanes, en el cual aparecen  los siguientes párrafos: “”Durante mucho tiempo los colonos rusos del Valle de Guadalupe elaboraban vino para consumo propio, aunque originalmente ellos no se dedicaban al vino sino a los cereales. Posteriormente el vino comenzó a ser comercializado entre los conocidos y los amigos.  En 1940 varias familias molokanas empezaron a emigrar a los Estados Unidos, debido a una revelación acerca de que cuando apareciera la primera planta de uva y el Valle se llenara de ella, no quedaría un solo ruso en él. Irónicamente las pocas familias rusas que se quedaron después de este movimiento alcanzaron un buen nivel de prosperidad y progreso”.
Una de las empresas vitivinícolas del Valle de Guadalupe es propiedad de David Bibayoff, descendiente de una de las familias rusas llegadas en 1906. Sus vinos, de la marca Bibayoff, empiezan a ser más solicitados, después de que en Ensenada y lugares aledaños son bien conocidos.


 
 
 


SABADO 14 DE SEPTIEMBRE

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“EL VINO Y OTRAS DELICIAS”

En el mes de Julio de 1999 apareció el primer número de la revista El Vino y Otras Delicias, consagrada a los plurales asuntos gastronómicos y enológicos. Su director, Mauricio Hammer, persona con amplia experiencia en la edición de revistas, ha mostrado, al paso de los meses y de los años, un gran tino al cuidar celosamente el contenido editorial de esta publicación, la única que existe en nuestro país dedicada cabalmente a estas deleitables materias.
En fecha reciente apareció un número especial de El Vino y Otras Delicias, cuyo título es 
México y sus Vinos, una edición de 56 páginas en la cual se recoge la historia de la vitivinicultura nacional, de las principales áreas donde se cultiva la vid y es elaborada la báquica bebida llamada vino, y de las principales bodegas productoras en varias entidades del país. Es el feliz resultado de un ambicioso proyecto tendiente a dar a conocer la realidad del vino mexicano, del cual existe menguada información. Estoy totalmente de acuerdo con Mauricio Hammer, quien en la presentación de este número monográfico afirma categórico: “Al planear esta edición, nos propusimos realizar un catálogo lo más completo posible de las bodegas de nuestro país, desde las más grandes hasta las más pequeñas, con una breve descripción de todos y cada uno de los vinos que producen, así como ofrecer un panorama de las regiones vitivinícolas comprendidas en nuestro territorio. De entrada pensamos que el proyecto no presentaría mayores complicaciones, pero hoy podemos decir que estábamos equivocados: si nuestra industria del vino es incipiente, la información que sobre ella existe tampoco abunda. Aunque algunas bodegas grandes y medianas mantienen una política de puertas abiertas y disponen de gente con quien tratar; folletería, sitios de internet, etc., otras son tan pequeñas, tan rudimentarias, tan “caseras”, que a veces ni siquiera resulta del todo claro saber si existen. Algunos propietarios de viñedos son muy cooperativos y están tremendamente interesados en difundir sus productos, y fomentar la cultura del vino, pero otros se muestran recelosos, reacios, incluso a la hora de proporcionar información, como si desconfiasen de medios que, como el nuestro, pretende sólo fomentar el gusto y el entendimiento del vino entre un público más amplio”. 
Numerosos son los aciertos de este número especial: México y sus Vinos, que ofrece a los lectores un perfectible documento acerca de las principales empresas productoras de vinos, así como de la nómina de casi (utilizo la palabra casi para dar a entender que es posible llegar a saber, en un futuro próximo, que algún vino nacional no fue incluido en la lista, y ello no fue un error de quienes redactaron los diferentes capítulos de esta monografía) todos los caldos etílicos elaborados en nuestro país. En las primeras páginas aparece un ensayo de Miguel Guzmán Peredo, titulado “Un camino largo y sinuoso”, en el cual consigna los principales aspectos de la vitivinicultura nacional, desde aquellos lejanos días de 1524 cuando Hernán Cortés expidió el decreto que obligada a los encomenderos a incrementar el número de viñas en la entonces Nueva España. 
En la sección dedicada al estado de Baja California aparecen diversos capítulos, donde se hace acertada mención a las empresas vitivinícolas de esa entidad, la más importante, por el volumen y calidad, en la producción de vinos nacionales. Los vinos de Domecq y de Viña de Liceaga son descritos por Ilana Marek. Los de Monte Xanic estuvieron a cargo de Gian Carlo Araiza. De los de la casa L.A. Cetto y de la bodega Chateau Camou se ocupa Juan Ignacio Torreblanca. Mientras que Rondi Frankel describe los de la Bodega de Santo Tomás y de Cavas Valmar, Paulina Vélez hace referencia a los vinos de Casa de Piedra y de Alborada Guadalupe. Otros vinos, como los de las marcas Jalá,  Acrata,  Adobe Guadalupe, Bibayoff  y Mogor Badan, son igualmente mencionados en esta relación de los néctares etílicos bajacalifornianos. 
En el Valle de Parras, en el estado de Coahuila (la única región vitivinícola mexicana que cuenta con la distinción de una Denominación de Origen para los vinos allí elaborados), se localiza Casa Madero. Una breve descripción de esta bodega, fue redactada por Miguel Guzmán Peredo. Y en el estado de Querétaro, otrora floreciente centro vitivinícola nacional, se localiza Freixenet de México. Los comentarios acerca de los vinos de esta firma estuvieron a cargo de Gian Carlo Araiza.
En el número especial México y sus Vinos aparecen también  referencias a los vinos de los estados de Zacatecas y Aguascalientes, cuya producción es bastante exigua. Igualmente son mencionadas otras bodegas “de las que casi no hay información”,  pero que, sin embargo, son enlistadas, como para saber, el día de mañana, un poco más de sus productos.
Esta edición es el plausible fruto de un encomiable esfuerzo, digna de ser  --como se menciona en sucesivas ediciones de libros--  “revisada, corregida y aumentada”, para reunir la información más actualizada y completa en torno a los vinos de México.
 


 
 
 


VIERNES 20 DE SEPTIEMBRE

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COMIDA CHATARRA EN OAXACA

Josephine Esther Mentzer,  cosmetóloga estadounidense, ha hecho famoso su seudónimo comercial  Estée Lauder en el mundo entero. Esta emprendedora mujer es la autora de un pensamiento que me parece en extremo acertado: “Saber vivir es un arte, no un monopolio de la gente rica”.
Esta atinada frase me permite formular una idea, en cierta forma parecida a la anterior: para comer bien no se necesita de mucho dinero, sino de imaginación, curiosidad y buen gusto, y no por el hecho de disponer de medios económicos se tiene acceso a una mejor alimentación. Esto viene a colación porque muchas personas ingieren comida chatarra, llamada comúnmente fast food, que es punto menos que bazofia, en nada lejana a la pordioseril escamocha. 
Ahora bien, como preámbulo a lo que trataré en esta colaboración periodística diré que José Fuentes Mares, renombrado historiador mexicano, escribió un precioso libro de tema gastronómico y enológico titulado Nueva Guía de Descarriados, en el cual el autor se muestra como crítico mordaz y satírico de los hábitos alimenticios de muchos estadounidenses. Manejando con sin igual tino la ironía, la befa y la causticidad se pitorrea alegremente de quienes le entran duro y macizo al quick  lunch y al fast drink, y así escribe las siguientes frases “Quien haya concurrido a un restaurante norteamericano  --o bajo influencia yanqui, que los hay en todo el mundo--, sabe que lo primero que el camarero lleva a la mesa es un vaso de agua, y con hielo para mayor escarnio. Muchas veces me he preguntado si la costumbre es sólo bárbara, o si esconde  una bien calculada maquinación para adormecer las papilas de la víctima, a fin de que pueda ingerir sin protesta cualquier bazofia...Una vez que usted se ha colocado entre pecho y espalda un vaso de agua con hielo en tales comederos, su paladar quedará debidamente tratado para que no distinga entre una hamburguesa con catchup y unas finas enchiladas”.
Al mencionar la palabra hamburguesas sale a colación el meollo del asunto: aplaudir y ponderar –y por supuesto manifestar mi adhesión--  la encomiable campaña que el notable pintor oaxaqueño Francisco Toledo viene llevando a cabo, al frente de un grupo de ciudadanos, tanto de nuestro país como del extranjero, tendiente a impedir que la compañía McDonald’s abra un local de cocina chatarra en pleno zócalo de la ciudad de Oaxaca, como lo ha hecho en infinidad de urbes en todo el mundo. No sólo es meritoria esa tarea del afamado artista (que tantas muestras ha dado de su profundo amor por su terruño natal, a través del Patronato Pro Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca) por preservar el paisaje urbanístico del centro histórico de la capital de la entidad, sino porque es un absurdo   ---así me parece----  que siendo tan rica, variada y exquisita la gastronomía de Oaxaca, un grupo de inversionistas pretenda abrir un figón  (“”local donde se guisan y sirven cosas ordinarias de comer””),  con muchas pretensiones en cuanto a sus instalaciones, pero figón al fin, en donde se rinde culto a la  anti-comida y a los alimentos chatarra, de nulo valor nutricional.
En esta misma Sección B de EXCELSIOR, el pasado día 13 de Septiembre, Bárbara Gironella publicó un artículo en el cual daba cabal cuenta  que el pintor Francisco Toledo había reunido siete mil firmas, de otras tantas personas que se oponen vigorosamente al citado proyecto de afear la imagen citadina de esa hermosa población, con el logo de ese restaurante (¿restaurante, pregunto yo?), que basa sus guisos en productos alimenticios de mínima calidad.
El propio artista, de prestigio mundial, escribió en el periódico “El Universal”  (lunes 16 de Septiembre), un lúcido ensayo alusivo a dicho despropósito. Allí señala con precisión, entre varios otros acertados conceptos,  lo siguiente: “”La palabra Oaxaca tiene un significado peculiar, quiere decir “en la punta o la nariz del huaje”. ¿Por qué situar justo en la nariz, en el perfil de nuestro estado, en el zócalo mismo, una verruga de carne molida  (subrayada por mí esta expresión, porque me parece una atinadísima metáfora de lo que es una hamburguesa, alimento éste que, en sí mismo no es despreciable, pero que elaborado por muchas de las cadenas trasnacionales que en el renglón han invadido México  --y en especial aquella a la que en este artículo he hecho referencia--  resulta punto menos que un bodrio, un comistrajo) como signo ominoso de nuestra pérdida de valores. Conmino a todos a que pensemos en Oaxaca como nuestro hábitat, es decir, como en nuestra propia casa; mantengamos entonces el patio central de nuestro hogar como un promotor de nuestros ideales más íntimos y sólidos””.



 

SABADO 28 DE SEPTIEMBRE

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LOS VINOS DE HUNGRIA

Hungría, fascinante país de Europa Oriental, constituye a mi parecer un sorprendente ejemplo en materia vitivinícola. Después de haber padecido una feroz dominación comunista, que entre varios otros aspectos en la vida de esta nación  ---hoy en día pujante y progresista en el concierto de las naciones de aquel continente, según pude advertirlo en un cautivante recorrido por sus principales ciudades---  afectó negativamente tanto el volumen de producción como la calidad de sus vinos, Hungría es, hoy en día,  encomiable muestra del progreso alcanzado, en diversos órdenes de la vida nacional. Y el vino húngaro que al presente elaboran infinidad de vitivinicultores,  es claro ejemplo de que la industria vitivinícola de ese país ha alcanzado,  de manera acelerada,  armónica y pujante, un señalado auge.
Es conveniente, para calibrar debidamente la importancia que tiene la elaboración del vino en Hungría, mencionar que Francia, el principal productor de vino en el mundo, tiene una extensión de casi quinientos cincuenta mil kilómetros cuadrados (exactamente 547.026 kms cuadrados, que viene a ser un poco menor que la superficie conjunta de Chihuahua, Sonora y Durango) , y que el viñedo cubre una superficie de novecientas treinta mil hectáreas. La producción de vino, a comienzos de la década de los años noventa, del siglo pasado, fue en promedio de seis mil quinientos millones de litros.  El volumen de exportación correspondió al diecisiete por ciento del total del vino producido. Hungría, por su parte, tiene una extensión territorial de poco más de noventa y tres mil kilómetros cuadrados (93.018 kms cuadrados, ligeramente superior a la superficie del estado de Oaxaca), y las viñas cubren una extensión de ciento setenta mil hectáreas. La producción de vino, en la última década del siglo XX, fue de quinientos millones de litros, y la exportación fue del veinte por ciento del total del vino elaborado. 
Una de las regiones vinícolas más renombradas es Tokaj (se pronuncia Tokai), la sede del celebérrimo vino Tokaj Aszú (calificado por el monarca francés Luis XIV “le vin des rois; le roi des vins”: el vino de los reyes; el rey de los vinos), un vino licoroso de excepcional finura y exquisito sabor. La ciudad de Tokaj es el eje neurálgico de esa región, en la cual las tribus magyares, encontraron, hace muchos siglos, una floreciente vitivinicultura. A esa preciosa urbe, ubicada en la parte noreste del país, no lejos de la frontera con Eslovaquia y con Ucrania, la UNESCO le otorgó el pasado 28 de Junio de 2002  el preciado nombramiento de “Patrimonio de la Humanidad”.
He querido mencionar lo anterior en virtud de que hace un par de semanas tuvo lugar en Budapest,  la capital de Hungría,  el XI Festival Internacional del Vino, el cual, según me comenta Jozsef Kosarka (ex embajador de Hungría en México y gran apasionado de la enofilia), resultó en extremo exitoso. Para que yo pudiera  percatarme, en forma más precisa,  de las múltiples actividades culturales que comprendió ese festejo  --que giró en torno al vino durante un par de semanas—   me envió la revista “Borunnep, 2002” (publicación bilingüe: en lengua húngara e inglés), en la cual aparecen los programas de infinidad de manifestaciones artísticas (presentaciones gastronómicas, muestras enológicas, conciertos orquestales, funciones de opereta, recitales de jazz, desfiles, música de cámara y danzas folcklóricas, entre otras) realizadas durante este Décimo Primer Festival Internacional del Vino en Budapest. 
En una de las primeras páginas de esta revista aparecen los vinos de Hungría premiados en el concurso “Challenge du Vin”, celebrado este año en la francesa ciudad de Burdeos. En dicho certamen los vinos húngaros obtuvieron quince medallas (tres más que en la ocasión anterior, en 2001): cuatro de oro, cuatro de plata y siete de bronce. Las de oro fueron otorgadas a tres vinos Tokaji Aszu y a un vino de Eger, la cuna de los famosos vinos Egri Bikaver.
Cabe agregar que dos meses antes de este multitudinario festejo enológico tuvo lugar un concurso (que se prolongó durante tres días), en el cual el jurado, integrado por diecisiete jueces, de siete países, entre los que se encontraba mi amigo Jozsef Kosarka, analizaron muchísimos vinos para elegir los “50 Mejores Vinos de Hungría”. 
Cuán deseable sería, a mi parecer, que en México se llevase a cabo un festival en torno al vino, tan bien organizado y tan plural, como el que en fecha reciente tuvo lugar en Budapest. Ahora que la calidad del vino mexicano ha alcanzado reconocimiento nacional e internacional, es el momento de organizar, a nivel nacional, un magno festival del vino en México. Será conveniente conocer la opinión de los productores nacionales, quienes son, a mi juicio, los más interesados en dar a conocer sus deliciosos caldos vínicos.


VIERNES 4 DE OCTUBRE

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CHATARRINA” Y FAST FOOD

En la Enciclopedia Británica leo que la obesidad constituye el trastorno nutricional más importante en Estados Unidos de América y Europa, y la mejor forma de corroborar esa verídica aseveración la tiene el viajero mexicano cuando visita Walt Disney World, en Florida, o Disneyland, en California. En esos dos multitudinarios parques de diversiones, verdaderos prodigios de la tecnología en materia de recreación colectiva, es posible contemplar algunos de los gordos más gordos de ese país, seres que son verdaderas montañas de grasa, quienes, con sin igual impudicia,  muestran, a diestra y siniestra,  sus colosales y fofas adiposidades, enfundados, hombres y mujeres   ---si bien tengo la impresión que el mayor número está dado por las féminas---,  en breves pantaloncillos (breves por la distancia de la cintura a las rodillas, pero auténticas tiendas de campaña por la circunferencia a la altura de las caderas) que permiten apreciar los estragos causados por la “chatarrina” que cotidianamente ingieren. Es conveniente agregar que, de acuerdo a las estadísticas más recientes, el sesenta por ciento de la población adulta en el vecino país del norte padece gordura. “Allá  --leo en un interesante reportaje de María Luisa Medellín--, uno de cada 80 hombres y una de cada doscientas mujeres carga sobre sus pies más de ciento treinta kilos de peso”. 
A esa clase de alimentos, a los que está tan habituada una gran parte de la población estadounidense, se les ha dado el nombre de chatarra. Es el “fast food” de quienes basan su alimentación en productos comestibles (comestibles, sí, pero de ninguna manera saludables y nutritivos) que, a juicio de los bromatólogos y de los nutriólogos, son punto menos que escorias ingeribles, las cuales no resultan nada baratas y que en cambio son pésimos nutrientes para el estómago de quien las acostumbran habitualmente. Hamburguesas, hot dogs, ice creams, frituras al por mayor,  refrescos supuestamente “dietéticos” y demás bazofias de este tipo traen como consecuencia la gordura, y ocasionan en el organismo humano acentuada obesidad, a la vez que serias carencias nutricionales. Esta palabra, obesidad,  significa la excesiva acumulación de grasa en el organismo, usualmente causada por el consumo de una mayor cantidad de calorías que las que el organismo requiere. Dicho exceso de calorías, ingeridas en “chatarrinas” de muy diversa índole, son almacenadas en el cuerpo humano como grasa o tejido adiposo, situación ésta que, al paso de los años  ---y como resultado, las más de las ocasiones,  de una vida sedentaria---,  se hace ostensible en los seres afectados de este desequilibrio metabólico, consecuencia lógica  de combinar una excesiva ingesta con una mínima actividad física. 
La obesidad puede resultar indeseable desde el punto de vista estético (aun cuando quiero hacer notar que he contemplado algunos programas de televisión, en los cuales las personas que muestran  severa adiposidad  --léase gordura—  afirman, en extremo sonrientes, que la gordura es punto menos que el estado ideal), sobre todo en los países en donde la esbeltez es la preferencia popular. Pero no se trata únicamente del aspecto meramente estético, de la imagen corporal de una persona, lo más importante es el hecho de que la gordura es un serio problema médico. Los obesos tienen, estadísticamente hablando,  una vida más corta que los delgados, y sufren, además, de numerosos trastornos degenerativos en el corazón, en las arterias, en los riñones. Estas personas se hallan propensas a presentar diabetes e hipertensión, más frecuentemente que las personas cuyo peso se encuentra dentro de límites normales. Al respecto escribió Gregorio Marañón (un famoso endocrinólogo español), en su libro “Gordos y Flacos”, las siguientes frases: “”En primer término las enfermedades de la nutrición, que empujan a la tumba a más de la mitad de la población de las ciudades, son enfermedades que prenden casi exclusivamente en los gordos....la longevidad está, en términos generales, en razón inversa del número de los kilogramos de peso: a  mayor peso, menor longevidad, y viceversa”.
En el artículo de la semana anterior, titulado “Comida chatarra en Oaxaca” (en el cual hice referencia a la tenaz resistencia mostrada por una parte de la población civil de la capital oaxaqueña, para evitar que sea abierta una sucursal de McDonald’s en el corazón  ---en plena plaza principal---  de esa bella urbe colonial), me ocupé de las chatarras y bazofias que son usualmente servidas en los establecimientos de esa cadena de comida rápida. Los alimentos (¿alimentos?) allí preparados no son, nutricionalmente hablando, de la  mejor calidad, y una atinada comprobación a esta aseveración está dada por un artículo periodístico aparecido en el “The New York Times” (y reproducido por el diario “El Universal” en su edición del día 23 del pasado mes de Septiembre), en el cual leo que “McDonald’s había reducido el nivel de ácidos grados y de grasas saturadas en el aceite que usa para freir sus productos. Sin embargo, quien ordene una Big Mac, papas extra grandes y cocacola consumirá más de mil seiscientas calorías. Para los niños, eso significa el requerimiento calórico total diario, y más.....El anuncio de McDonald’s desvía la atención del meollo del asunto: calorías. Nadie quiere hablar de las calorías, porque disminuir su consumo significa directamente consumir menor cantidad de comida, algo que no le suena bien a mucha gente”.
Para concluir, quiero agregar que alimentos como los que sirve esta cadena de comida rápida más que nutrir a quienes consumen sus productos, los está engordando. A la vez que engordan las ganancias de la empresa, lo cual es lo verdaderamente importante del asunto.

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VIERNES 11 DE OCTUBRE

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GASTRÓNOMOS Y EPICÚREOS

En los asuntos propios de la gastronomía suelen emplearse diversos términos para señalar la armonía que debe existir a la hora de acompañar diversos platillos con distintos vinos. Uno de esos vocablos es maridaje, palabra que el diccionario describe de la siguiente manera: “unión o enlace o afecto de los esposos”, y que también significa “unión o analogía de unas cosas con otras”. En efecto, a la hora de referirse al acompañamiento de un guiso con un vino se habla de que se estableció un buen maridaje entre plato y vino,  ya que los aromas y los sabores propios del manjar combinaron magníficamente con aquellos propios del vino. Otro vocablo ampliamente utilizado por los gastrófilos, en el momento de imaginar cuál vino casa bien con determinado manjar,  es concomitancia, que es “la acción, el efecto de concomitar”. Y concomitar significa “acompañar una cosa con otra”. Igualmente se emplea la palabra armonización  (palabra derivada del griego harmonia, que significa acuerdo),  para referirse al hecho de buscar el debido acompañamiento de un apetitoso platillo con un agradable vino, que permita apreciar la requerida conjunción de las cualidades olfativas y palatales de ambos alimentos.
Acerca de este placentero asunto existe un interesante libro titulado Manual del vino en la Gastronomía, escrito por Mauricio Wiesenthal y editado por la bodega vitivinícola Torres, de Cataluña, España. En ese pequeño volumen  ---pequeño por sus dimensiones, pero de innegable valía por su contenido---  el autor menciona que “Los vinos son la material carnal del recuerdo, la vendimia del tiempo perdido, el terciopelo de la memoria, la burbuja de las niñas en flor. Un buen vino es la “obertura” insustituible dela fiesta gastronómica, el estímulo de los sentidos, el mejor pretexto para la convivencia cordial de la buena mesa, y el más elegante adorno que puede lucir una mujer en sus manos. El vino es el rey de la mesa: el símbolo de la cultura más arraigada en nuestro legado histórico mediterráneo. Y, de la misma forma que saber comer es un exponente de buena educación, saber beber es una manifestación de buen gusto”.
Hace un par de semanas tuvo lugar una deliciosa cena-maridaje, organizada por Bodegas La Negrita,  para presentar a José Grau Ferrer, director comercial de la empresa Torres, de Cataluña, quien vino a México con la finalidad de mostrar a los numerosos enófilos capitalinos dos interesantes videos: uno acerca de la centenaria historia y el formidable desenvolvimiento comercial alcanzado por la casa Torres en todo el mundo, y  otro cuyo  asunto principal es “La armonía del comer y beber”, narrado atinada y explícitamente por Mauricio Wiesenthal, gourmet líneas arriba mencionado. Ambos videos fueron, a mi parecer, excelentes, y gustaron sobremanera a los comensales reunidos esa noche. Mientras eran proyectados esos dos interesantes documentales fue servido un magnífico vino espumoso chileno: Torres Brut Nature, de excelente frescura y delicioso sabor.
Más tarde fue servida una deliciosa cena-maridaje de seis tiempos, acompañados con otros tantos vinos. Primeramente, como canapé, tosta de pastrami de salmón con aceite de cebollín y camarón ahumado con salsa de hierbas, que acompañamos con el vino blanco Sauvignon Blanc Santa Digna, cosecha 1999. En seguida ofrecieron coca de escalibada con anchoas, y el vino para este tiempo fue Chardonnay Gran Viña Sol, cosecha 2000. Luego vino una esqueixada de callo de hacha con romescu y pimientos, que hizo buen maridaje con el vino tinto Atrium Merlot, cosecha 2000. A continuación los comensales saborearon una exquisita ración de pez espada con jugo de carne y verduras verdes, guiso que combinó estupendamente con el poderoso vino tinto Gran Coronas Cabernet Sauvignon Reserva, cosecha 1998. Finalmente, como plato principal, pecho de ternera con papatas, que armonizó muy bien con el vino Mas La Plana Gran Reserva, cosecha 1996, quizá la joya emblemática,  entre los tintos, de Bodegas Torres, de Vilafranca del Penedés, en Cataluña. Con el postre fue degustado el vino espumoso Torres Brut Nature, elaborado en Chile. Cabe agregar que José Grau Ferrer hizo la acertada descripción de las características organolépticas de cada uno de los vinos servidos, haciendo hincapié en los aspectos visuales, olfativos y gustativos de esos deliciosos vinos.


VIERNES 18 DE OCTUBRE

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FESTIVAL DE COCINA FRANCESA

El pasado lunes 7 de Octubre dio comienzo en el restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma, el Quinto Festival de la Cocina Francesa, una sápida muestra del arte culinario de Francia. Una vez más, el chef Pierre Ducroux vino a ese afamado feudo gastronómico a presentar algunas de las excelencias culinarias por él preparadas.
Durante tres semanas, del lunes 7 de Octubre al jueves 31 de Octubre, la brigada de cocina del Marquis Reforma, encabezada por los chefs Wilfrido Moreno, Ignacio Gutiérrez, Margarito Vargas y David Ramos, habrá de apoyar a Pierre Ducroux en esta nueva aventura gastronómica, diseñada por Philippe Seguin, director de alimentos y bebidas de ese prestigiado establecimiento turístico.
Nacido en Paris, en agosto de 1934, Pierre Ducroux vivió su infancia y primera juventud en Borgoña, en la ciudad de Chassagne-Montrachet,  la cuna de excelentes vinos blancos y tintos. A los veinte años de edad comenzó a trabajar como ayudante de cocina del renombrado hotel Plaza Athené, de Paris, y un año más tarde ingresó al  restaurante Fouquet’s, donde habría de culminar, pasados los años, una brillante carrera coquinaria, ya que durante quince años, de 1980 a 1994 fungió como Chef de Cuisine de ese prestigiado establecimiento parisiense. Como reconocimiento a toda una vida consagrada al arte culinario, en su más alta expresión, Pierre Ducroux fue nombrado miembro de número de la Academia Culinaria de Francia, quizá el más alto honor al que puede aspirar un chef en ese país.
Durante una suculenta comida Pierre Ducroux me comentó que para esta ocasión había incorporado en la carta, por primera vez, exquisiteces tan diversas como las que a continuación enlisto: la crema de castañas con tocino ahumado, la sopa de poro y papa, el paté de conejo con compota de cebollas confitadas, el gazpacho de langostinos con puntas de espárragos, los caracoles a la burguiñona y la rondalla de callos de hacha con miel, cítricos y espinacas. Todos estos guisos de acentuada sabrositud, reflejan la experiencia culinaria de este chef de luenga carrera profesional en su natal Francia.
Un aspecto en extremo interesante de este festejo del buen comer está dado por el hecho siguiente: cada día, de lunes a viernes, en la carta figura un platillo especial, considerado una verdadera especialidad de la cocina francesa:  Los lunes: blanquette de ternera a la antigua, con arroz Pilaf. Los martes: pechuga de pollo rellena al estragón. Los miércoles: coq au vin de Borgoña. Los jueves: la pechuga de pato  a la piña. Los viernes: tagliatelle con frutos de mar.
En días pasados tuve la oportunidad de saborear varios de los guisos de este menú. Se trató de una degustación (en pequeñas raciones, para estar en condiciones de probar mayor número de manjares) que incluyó diversas apetitosidades. Inicialmente, a manera de entrada, probé la  combinación de foie gras de pato y de ganso con cáscara de naranja confitada,  luego la cazuelita de caracoles al estilo de Borgoña, y finalmente los callos de hacha con miel y cítricos. En un segundo tiempo degusté el chocroute de pescado al vino blanco, y como plato principal  ---en realidad tres deliciosos guisos---  probé la pierna de pato confitado, el lomo de conejo con hongos duraznillos y el rack de cordero con romero y buñuelos de tomate. 
Los postres no han sido olvidados en el menú de este Quinto Festival de la Cocina Francesa, que viene siendo presentado actualmente en el restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma. Ese día seleccioné, entre los cinco melindres incluidos en la carta, dos minúsculas raciones de la marmita de queso fresco de cabra con frutas rojas, y el arroz a la normanda con manzana caramelizada al Calvados. El resultado fue una verdadera ambrosía al paladar.
El jueves 31 de Octubre concluye esta muestra gastronómica. Es tiempo todavía de saborear las numerosas delicias que enlista el menú especial de tan recomendable establecimiento de restauración.
 



 

VIERNES 25 DE OCTUBRE

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VODKA DE POLONIA Y VINOS DE CHILE

El vodka es un destilado originario de los países de Europa central. Rusia y Polonia disputan su origen, mas algunos cronistas de las bebidas espirituosas aseguran que este aguardiente tuvo su origen en Polonia, quizá en el siglo XII o XIII, una vez que el proceso de la destilación fue conocido en varios países europeos. En Rusia ese destilado recibió el nombre de Zhiznennia Voda, cuya traducción es “Agua de la Vida”. Conviene recordar que cuando se comenzó a destilar vino, allá por el siglo XII,  el aguardiente resultante fue llamado “Acqua Vitae” (Agua de la Vida), y que la expresión “Eau de Vie”,  en lengua francesa tiene idéntico significado, mientras que en lengua céltica Uisgebeatha, también se traduce como “Agua de la Vida”. La palabra rusa Vodka o Wodka significa “agüita”, y hace alusión a un destilado conocido en aquel país hace por lo menos ocho siglos. Una vez obtenido un líquido fermentado hecho con papas o cereales (cebada, trigo, centeno) era sometido a un proceso de destilación, y la bebida resultante, un aguardiente o espirituoso, fue llamado Vodka. Los polacos hicieron originalmente vodka mediante la destilación de un fermentado a base de cortezas de abedul, un arbusto característico de los países nórdicos, pero ya después se sirvieron del centeno, o de tubérculos como la papa, para obtener este destilado, de alto grado alcohólico. 
Mediante las sucesivas destilaciones y filtraciones a las que es sometido este destilado se obtiene una bebida espirituosa incolora como el agua  --se podría decir cristalina--, sin ningún aroma  --inodora—   y carente por completo de sabor: insípida. Esto hace del vodka la bebida alcohólica idónea para combinar con otros líquidos,  y es un alcohol  ampliamente utilizado en la coctelería en todo el mundo. Entre otros tenemos los cocteles “Bloody Mary”, hecho con vodka, jugo de tomate, sal, pimienta y salsa Worcestershire,  y  el “Black Russian”, preparado con vodka, crema de Kahlúa y granos de café.
En días pasados tuvo lugar la presentación de un  excelente vodka elaborado en Polonia, cuya marca es “Belvedere”, hecho con centeno de la región Mazovia. Se trata de un vodka cristalino, cuyo aroma recuerda los olores de las frutas cítricas y  la vainilla. Su sabor es, a pesar del grado etílico  --cuarenta por ciento de alcohol por volumen--,   suave y equilibrado. Resulta la bebida ideal para combinar con otros licores o jugos.
Como dicen los polacos al hacer un brindis ¡ Na Zdrowie! (¡Salud!) 
Los vinos chilenos de la Viña Santa Rita 
La vitivinicultura de México   ---país originalmente llamado Nueva España---  arranca
prácticamente en el primer tercio del siglo XVI, ya que fue en 1524 cuando Hernán Cortés, el conquistador  de Tenochtitlan, decretó que fuesen propagadas las viñas en las tierras donde hubiesen sido concedidas, a los encomenderos, tierras en “encomienda”. De la misma manera, en Chile, cuando el conquistador Pedro de Valdivia, en el segundo tercio de esa misma centuria, tomó posesión del territorio denominado Chile, comenzó a florecer la vitivinicultura en el país andino. 
Una de las bodegas chilenas más afamadas es Viña Santa Rita, fundada en 1880 por Domingo Fernández Concha, quien contando con la “asesoría de expertos enólogos franceses promocionó en 1880 la introducción de finas cepas francesas, e inició la producción de vinos con resultados muy superiores a los tradicionalmente obtenidos”. Esta empresa, Viña Santa Rita, tiene dos mil hectáreas en cuatro de los principales valles vitícolas de Chile: Maipo, Casa Blanca, Rapel y Maule, donde son vendimiadas uvas de calidad para elaborar vinos de mesa, de los cuales el más afamado es el varietal Cabernet Sauvignon “Casa Real”, producido con uvas  de una parcela donde hay parras de más de cuarenta años de antigüedad, lo que garantiza la producción de un vino ---madurado en   barrica de roble francés de primer uso, durante dieciocho meses, y posteriormente durante12 meses en botella---  de categoría  Ultra Premium. 
Viña Santa Rita cuenta con cinco líneas de vinos. El vino de mayor finura enológica, catalogado dentro de la clase Ultra Premium, es el Cabernet Sauvignon “Casa Real”. Un poco por atrás del anterior están ubicados dos vinos Super Premium, resultado uno de ellos  de un cuidadoso coupage (mezcla, combinación) de las cepas Merlot y Cabernet Sauvignon, mientras que el otro es un assamblage (mezcla) de los vidueños Syrah y Cabernet Sauvignon. El tercer nivel es denominado Medalla Real,  y en esta línea están ubicados tres monovarietales: Cabernet Sauvignon,  Chardonnay y Sauvignon Blanc. El cuarto nivel es el de los vinos denominados Reserva, que comprende  cinco vinos: tres tintos: Cabernet Sauvignon,  Merlot y Carmenere, y dos blancos: Chardonnay y Sauvignon Blanc. La línea “120” comprende cinco vinos: Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Rosé.
 Durante una reciente comida, organizada por Distribuidora Dolgo, importadora de estos deliciosos caldos etílicos chilenos, fueron degustados (en una cata dirigida por el enólogo Andrés Ilabarca, responsable de la calidad de estos vinos) los siguientes vinos: el blanco Sauvignon Blanc Reserva, y los  tintos Medalla Real Cabernet Sauvignon y Casa Real Cabernet Sauvignon, los tres de extraordinaria calidad.


VIERNES 1º NOVIEMBRE

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LA COMIDA DEL “DIA DE MUERTOS”

Desde tiempos inmemoriales, que se pierden en la negrura de la noche de los tiempos, los hombres han creído que al morir habrían de ir a otros mundos, ya que suponían que al dejar la envoltura carnal que durante su vida terrenal habían tenido, su espíritu se encaminaría a otros lugares donde disfrutarían de alguna forma de vida después de la muerte.
No deja de parecerme curioso  --por darle algún calificativo a este hecho—   que los pueblos helénicos imaginasen que los muertos serían guiados por Caronte, a quien acompañaba un can llamado Cerbero, al cruzar en una balsa la laguna Estigia para ir al lugar donde descansarían después de su fallecimiento. Los pueblos prehispánicos de Mesoamérica suponían que para llegar al inframundo (sitio que para ellos equivalía al cielo de los cristianos, y no el infierno, vocablo éste derivado del latín inferus, que significa región inferior) debían cruzar el río Chiconahuapan, lo que hacían auxiliados de un perro xoloitzcuintle.
En infinidad de parajes, en todo el mundo, han sido encontrados entierros en los cuales al lado de los restos óseos de quien allí fue inhumado, hay vasijas en los que alguna vez hubo alimentos para el postrer viaje de esa persona a las regiones ignotas del más allá.
Se tiene noticia que uno de los más antiguos entierros rituales es el que fue localizado  en las montañas de Zagrós, en Irak, donde fue descubierta una  tumba  de una edad aproximada de sesenta mil años. En efecto, en aquella lejana época algunos miembros de esa comunidad (cuyos integrantes  fueron considerados por los prehistoriadores como homo sapiens neandertaliensis) enterraron a uno de los suyos, y a su lado colocaron vasijas con alimentos y bebidas para su viaje a otros mundos. Estas creencias,  firmemente arraigadas en el ánimo de muchos de los pobladores del planeta Tierra, de una vida después de la muerte, lo mismo aparecen entre los egipcios, griegos, sumerios y babilonios, que entre los aztecas y los mayas. Los aztecas celebraban, durante el mes décimo, que comprendía  los últimos días de octubre y los primeros de noviembre, diversas ceremonias para evocar a los difuntos, a quienes imaginaban residiendo en el Mictlán, el lugar presidido por Mictlantecuhtli, el señor de los muertos.
Estas creencias y festejos a los muertos ya eran conocidas de los españoles, llegados al país ahora llamado México a raíz de la conquista de Tenochtitlan. En Cantabria y en Asturias, por sólo mencionar dos regiones hispanas, eran comunes esas festividades en memoria de los muertos. En la Nueva España, a partir del siglo XVI, los misioneros fueron los encargados de amalgamar esos hábitos y costumbres, los de Europa con los de América,  en un sincretismo cultural que aún hoy en día tiene cabal vigencia entre nosotros. La forma externa más común de recordar a los seres queridos que emprendieron el viaje al más allá es la ofrenda,  o “Altar de Muertos”,  que en infinidad de hogares y lugares es instalado siguiendo las centenarias tradiciones que privan en nuestro país. 
En el “Altar de Muertos” son colocados diversos alimentos y bebidas, ya que se piensa que el día 2 de noviembre vienen las almas a comer los guisos que eran de su agrado durante su vida terrenal. De ahí que no falte en esa ofrenda, presidida por la fotografía de la persona a recordar, y adornada por un ramo de aromáticas y polícromas flores amarillas de cempasúchil,  platillos como atole y tamales, chocolate y pan,  calabaza, mole salpicado de ajonjolí, frijoles,  y bebidas como pulque, cerveza y tequila, sin que falte una cajetilla de cigarros y una jarra de barro con agua. Igualmente,  es común colocar un incensario de barro negro vidriado que contiene copal, para que el aromático incienso prehispánico atraiga más fácilmente el espíritu del ser querido, a quien de esta manera están honrando sus deudos.
Este fin de semana, en el cual se recuerda  a “los muertos chiquitos”, el día 1º  de noviembre, y el 2 del mismo mes a los fieles difuntos,  es ocasión propicia para visitar el restaurante “Nicos” (sito en la avenida Clavería 3102) y admirar el hermoso “Altar de Muertos” que Raymundo Vázquez viene montando desde hace aproximadamente unos diez años. Esta ofrenda constituye un motivo de agrado para quien lo contempla, ya que a más de la complicada parafernalia de esa tradicional instalación  (que comprende un “árbol de la vida”,  críptico elemento decorativo presente no solamente en México sino también en varios otros países del viejo mundo),  hay una amplia variedad de postres y melindres, como calaveras de azúcar, calabaza en tacha, guayabas y tejocotes en almíbar, muéganos, pan de muertos, arroz de leche y varios otros dulces mexicanos, de los cuales los comensales se sirven  ad libitum al concluir su apetitosa manducatoria. 
En estos días de “muertos” el menú enlista, como especialidades de temporada,  suculencias tales como la sopa de verdolagas con carne de res, tres tipos de mole: poblano, queretano y negro de Oaxaca, los  chiles rellenos, el conejo al pulque y el chivo tapeado, manjares éstos de señalada sabrositud.


VIERNES 8 DE NOVIEMBRE

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LOS VINOS BLANCOS DULCES

En el mundo del vino existen, en el capítulo de los vinos blancos, varias ambrosías etílicas, entre las cuales figuran los vinos de Sauternes y de Barzac, de la región de Burdeos, en Francia; el Tokaj Aszú,  del área denominada Tokaj,  en Hungría; el Eiswein, de Franconia y Rheinhessen en Alemania, y de las regiones de Neusiedlersee y de Burgenland, en Austria; y el Icewine de Columbia Británica y de Ontario,  en Canadá.
Entre los primeros el más característico es el Chateau D’Yquem, mítico vino de postre de fama mundial, cuyo precio estratosférico y extraordinaria calidad son distintivos de este néctar, el único vino blanco que en la clasificación de Burdeos, de 1855, figuró como Premiur Cru   al lado de tres vinos tintos, hoy en día clasificados entre los mejores del orbe por su excepcional calidad.
  El Tokaj Aszú de 6 puttonyos y el Tokaj Esencia son otras dos gemas líquidas de la vitivinicultura húngara, por su incomparable finura. Los vinos Eiswein (literalmente “vino de hielo”), de Alemania y de Austria gozan, igualmente, desde hace cientos de años, de reconocido prestigio, al igual que acontece con el Icewine (“vino de hielo) de Canadá, que desde hace unos años figura entre los vinos de postre como verdadera delicia palatal.
La enóloga británica Serena Sutcliffe menciona  ---en su libro “Manual de los Vinos”---
Que “mucha gente considera a los vinos dulces entre los grandes lujos del mundo...son la esencia de lo que la uva puede dar cuando se la recoge en su máximo nivel de madurez. Uno de los problemas de estos vinos, debido a sus niveles de azúcar, es que son tan deliciosos cuando jóvenes que mucha gente sucumbe a la tentación de beberlos demasiado pronto. Los grandes vinos blancos de postre casi siempre se vuelven más finos cuando se les deja algún tiempo en la botella. La “podredumbre noble” es lo que diferencia a estos vinos de los simplemente dulces. En alemán se le llama “edelfäule”, y en francés “poirriture noble”. Es causada por un hongo, Botrytis cinerea, que ataca la piel de las uvas en otoño, cuando se combinan calor y algo de humedad. Al penetrar el hollejo de las uvas sanas hace que el agua se evapore y que aumente el contenido y la concentración de azúcar”.
 Lo anterior tiene vigencia para los vinos de Sauternes, elaborados con uvas Sauvignoin Blanc y Semillon.  En el caso del Tokaj Aszú  --elaborado con la uva Furmint, autóctona de Hungría--  el procedimiento de obtención de estos grandes vinos estriba en la adición de determinado número de “puttonyos” o cubas de madera conteniendo una pasta de aszú que se mezcla a cierta cantidad de vino. En el caso del Eiswein y del Icewine las uvas, principalmente de la variedad Riesling,  han sido vendimiadas, uva por uva,  cuando están congeladas después de haber soportado temperaturas hasta de diez grados centígrados bajo cero.
Estas ambrosías son ideales para acompañar el foie gras, los quesos azules y ciertos postres, constituyendo uno de los maridajes entre guisos y vinos más sorprendente que existe en  la gastronomía.
Hace unos días se llevó a cabo una presentación más del Club del Gourmet: Vinos de gran clase, organizada por Cristina Gaitán y Juan Ignacio Torreblanca, directores de esta agrupación dedicada a promover un atinado conocimiento de los vinos de todo el mundo y su estrecha vinculación con la degustación de exquisitos platillos. En esta reunión, fueron presentados varios vinos blancos dulces, dando comienzo con un vino blanco alemán como aperitivo. Se trató del vino de cosecha tardía, 1997, Papillon Spatlese, de la región de Rheinhessen,  catalogado como Qualitatswein mit praedikat.
La cena dio comienzo con la armonización entre platillos y vinos, y primeramente fue servido un plato de Foie Gras con judías verdes, pasas y piñones con reducción de Oporto. Para este manjar fue elegido el vino de Hungría Tokaj Aszú de 6 puttonyos, el de más alta calidad en estos vinos húngaros,  excepción hecha del Tokaj Esencia. A continuación sirvieron pato guisado al vino tinto con guarnición de cebollitas de Cambray y peras. Para un atinado maridaje con este guiso fue seleccionado el vino tinto francés Les Hautes de Laborit Blanche, cosecha 1999, de la Denominación de Origen Minervois Liviniere. El postre consistió en tres pequeñas porciones de mousse de mandarina, tarta de manzana y Feullantine de queso y limón, que fue acompañado con dos vinos dulces: el Rheinhessen Eiswein alemán (R.V. Mosel-Saar-Ruwer, cosecha 1999), y el Icewine canadiense Inniskillin Gold, de la región de Niágara. 
Esta presentación gastronómica constituyó una ocasión propicia para que los socios del Club del Gourmet se adentraran en el conocimiento de estos deliciosos vinos blancos dulces, los cuales, acertadamente combinados con los platillos que mejor armonizan, son verdaderas delicias palatales.



 

VIERNES 15 DE NOVIEMBRE

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CATA DE WHISKY DE ESCOCIA

Mediante un fax fechado el lunes 4 de Noviembre el aprendiz de catador recibe una carta de la Fundación Keep Walking  ---misiva que nadie firma---,  invitándolo a que asista, el jueves 7  (es decir, apenas tres días después de haber sido recibida esa invitación) a una sesión de cata de cinco tipos diferentes de whisky escocés. Una vez recibido ese mensaje se confirma la asistencia a ese “viaje virtual por Escocia”, según reza dicha carta, en el cual “nuestro anfitrión será un embajador escocés, quien nos guiará por las cuatro diferentes regiones en las cuales se elabora el whisky más reconocido del mundo”.
A pesar de haber confirmado la asistencia fueron recibidas tres llamadas telefónicas, antes de que esta presentación tuviese lugar,  preguntando si se pensaba asistir. En una de ellas dieron a conocer una clave (de dos letras y cuatro números, porque seguramente eran incontables las personas que iban a participar en esa degustación), misma que debía ser comunicada a la persona que estuviese recibiendo a los invitados. Al acudir al lugar indicado los asistentes fueron recibidos por dos bellas y atentas damas, cuyo atuendo haría palidecer de envidia a Morticia Adams. Estas damas  entregaban a cada uno de los que se registraban una pequeña tarjeta, solicitándoles que anotasen a tres “referidos”. Al inquirir que significaba “referidos”, aclaraban que era para que allí fuesen escritos los nombres de tres personas a las que, en fecha próxima, extenderían similar invitación. Una vez ingresado al salón, cuyo montaje fue tipo cocktail, se toma asiento y un atento (¡?) mesero se dirige a uno diciéndole “Amigo, que desea tomar, solamente tenemos refrescos”.
Pasan los minutos y mientras se reúne el auditorio esperado (había lugares para un máximo de cien personas) uno se “deleita”  con  estridente música, más propia de una discoteca (perdón, ahora se dice antro) que de un sitio formal donde tendrá verificativo una cata de whiskies. Tratándose de una bebida espirituosa de un país integrante del Reino Unido lo ideal, lo acertado, hubiera sido que se escuchara música de gaitas.  A las ocho treinta y ocho de la noche hizo su aparición el “embajador de Escocia”, un hombre joven quien, con voz engolada, gestos desinhibidos y ademanes teatrales, dijo llamarse Juan Carlos, quien sería el guía al mencionado viaje virtual por Escocia. Conviene mencionar que a pesar de su grandielocuente forma de expresarse  (en ocasiones recordaba a Enrique Rambal, en el monólogo “Bandera Negra”), o quizá precisamente por ello captó la atención de la concurrencia, su intervención resultó muy interesante al auditorio allí reunido. En una cata  de vinos, dirigida por una persona experta en la materia, la manera de comunicarse con el público es totalmente diferente del modo como condujo este “embajador de Escocia” esta sesión de degustación. 
Al  paso de los minutos era manifiesto que el expositor tenía a Lawrence Olivier, a Richard Burton y a Sean Connery, como sus modelos para expresarse ante el público. Su dicción fue elegante, su léxico muy atinado (si bien en algún momento del “viaje virtual”, al mencionar que el recorrido continuaba hacia el sur dijo “ahora estamos en el punto más septentrional de Escocia, ignorando que septentrional hace alusión al norte y que meridional se refiere al sur), y su actitud y manera de actuar le merecieron aplausos generales al concluir su disertación.
Por lo que respecta propiamente a la cata de cinco excelentes whiskies, de las marcas “Cameron Brig., “Cordhu”, “Talisker”, “Lagavulin” y “Johnnie Walker Black Label”, ésta se llevó a cabo en condiciones bastante precarias. Cuando se realiza una degustación (en la cual se hace franco énfasis en las características visuales, olfativas y gustativas de la bebida de la cual se hará amplia descripción) de bebidas fermentadas o destiladas, cada persona debe tener frente a sí un mantel blanco  ---o por lo menos una pequeña manteleta de papel blanco---  para estar en condiciones de apreciar el color, brillantez y transparencia de ese néctar etílico. Y por lo que respecta a las copas en las que será servida esa bebida, éstas deben ser de la forma y tamaño indicado, para que los asistentes puedan hacer movimientos rotatorios de la copa, con la finalidad de que sea factible apreciar cabalmente el aroma y el bouquet de un vino o de un destilado. Nada de esto se tuvo en la cata a la que ahora hago mención. El salón cuenta con alfombra de color rojo. El mantel que cubría la mesa era igualmente rojo,  y las paredes y los techos, de madera, son de color café oscuro. Por ello cuando el “embajador de Escocia” sugería que levantaran la copa (éstas eran pequeños recipientes de cristal, de forma cilíndrica, en las que apenas había un chorrito de aguardiente), para apreciar el color del whisky, era prácticamente imposible advertir sus indudables cualidades visuales. De la misma manera, para examinar las características olfativas de esos destilados, dado el minúsculo tamaño de ese recipiente, era casi imposible introducir la nariz en la copita  --o vasito, como quiera llamársele a ese receptáculo--  y captar sus aromas. El único examen organoléptico que pudo ser correctamente efectuado consistió en la degustación palatal, disfrutando del exquisito sabor de cada uno de estos cinco whiskies de Escocia.



SABADO 23 DE NOVIEMBRE
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VINOS DE CHILE Y DE ESPAÑA 

Hace ciento diecinueve años, en 1883, Melchor de Concha y Toro fundó en Chile, en el  Valle del Maipo, una bodega vitivinícola a la cual dio su apellido, como era la costumbre en ese tiempo entre los hacendados y terratenientes chilenos dedicados al cultivo de la vid. Al paso de los años los vinos de mesa elaborados en esa empresa fueron ganando renombre, primeramente en ese país sudamericano, y ya para la tercera década del siglo veinte 
---a partir del año 1933--- comenzaron a ser exportados a Europa esos deliciosos vinos. Desde entonces el crecimiento de la Viña Concha y Toro ha sido por demás impresionante. Actualmente la superficie cubierta de viñas es de casi cuatro mil hectáreas (3.872), plantadas en dieciséis viñedos a lo largo de los principales valles vitícolas de Chile: Casablanca, Maipo, Rapel, Curicó y Maule.
  Los vinos de Concha y Toro están clasificados en varias categorías. En la cima se encuentra el formidable “Don Melchor. Luego vienen “Amelia”, “Terrunyo”, “Marqués de Casa Concha”, “Trio”, “Casillero del Diablo” (quizá la línea de vinos más conocida de la compañía), “Sunrise” y “Frontera”. Los vinos de la marca “Almaviva”, producidos por Viña Concha y Toro son el resultado de la unión de esta empresa con la viña Barón Philippe de Rothschild, de Francia.  Se trata de un vino catalogado “Primer Orden”, que equivaldría a un Grand Cru Classé de Burdeos.
Viña Concha y Toro,  compañía que ocupa el primer lugar en Chile por el volumen de sus ventas al exterior,  fue calificada por la revista “Wine and Spirits” como “una de las cien mejores viñas del mundo”. Exportó en 2001 cinco millones cuatrocientas sesenta mil cajas, lo que equivale a  más de sesenta y cinco millones de botellas, a más de noventa países del orbe. En América Latina es comercializado el veintiocho por ciento del total de las ventas foráneas, mientras que a Europa se destina el treinta y cinco por ciento de las exportaciones. El treinta y cinco restante es enviado al resto de los países, en otros continentes. 
Por lo que respecta a México  ---el primer mercado en América Latina---, desde hace treinta y cinco años son ampliamente apreciados los vinos “Concha y Toro”. En 1996 nuestro país importó sesenta mil cajas (lo que hace un total de setecientas ochenta mil botellas), y cinco años más tarde, en 2001, la comercialización de esos vinos en México, de acuerdo a las cifras oficiales proporcionadas por la empresa,  ascendió a doscientas mil cajas (dos millones cuatrocientas mil botellas), lo que hace un océano de vino de un millón ochocientos mil litros.
En fecha reciente vinieron a México Alfonso Larraín Santa María, presidente de esta importante bodega chilena, y Enrique Tirado, el enólogo de Concha y Toro, creador del vino “Don Melchor” (en el viñedo de Puente Alto, donde hay parras de más de veinticinco años, y un microclima del todo favorable a la viña, es elaborado este vino), con la exclusiva finalidad de presentar a los enófilos nacionales una cata vertical de trece añadas distintas del vino “Don Melchor”, las correspondientes a los años comprendidos de 1987 a 1999, presentación que permitió poner de manifiesto la extraordinaria calidad de esa golosina etílica. En esa degustación fue posible advertir la evolución tan ostensible de tan exquisito caldo viníco, que ha recibido incontables distinciones de parte de los enólogos más calificados del orbe.
Los vinos de Ribera del Duero.
En España existen, desde el punto de vista vitivinícola,  poco más de cuarenta Denominaciones de Origen. Una de ellas, que viene adquiriendo prestigio y renombre en la actualidad, es Ribera del Duero. En esta región hay, de acuerdo al registro oficial, ciento sesenta bodegas productoras de magníficos vinos de mesa. Una de esas empresas lleva por nombre Bodegas Fuentespina, elaboradora de los vinos de la marca homónima, cuyos caldos vínicos fueron presentados en México hace unos días.  En esa ocasión se llevó a cabo una cata dirigida de cuatro tintos: el Cosecha 2000, el Crianza 1998, el Reserva 1998 y el Reserva 1996, Pagos Viejos, de muy grato sabor.  De estos cuatro vinos, el Crianza 1998 y el Reserva 1998 Pagos Viejos me parecieron de encomiables calidades enológicas. 



VIERNES 29 DE NOVIEMBRE
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VINOS DE ESPAÑA Y LIBRO DE COCINA MEXICANA

Los vinos españoles de la Denominación de Origen Ribera del Duero incrementan día a día su presencia en el comercio capitalino, significando  la más poderosa competencia para sus similares de la Denominación de Origen Calificada  Rioja, que por años se han visto privilegiados por  una envidiable  fama y señalado poder de penetración en los mercados mexicanos. Menciono lo anterior en virtud de que en fecha reciente han tenido lugar, en diversos ámbitos del Distrito Federal, degustaciones de vinos procedentes de aquella importante región vitivinícola de España, que al presente goza, por doquier, de manifiesto renombre, rivalizando con los vinos riojanos, tradicionalmente los más conocidos entre nosotros de los muchísimos vinos producidos en la península ibérica.
Hace unos días la empresa Bodegas La Negrita, distribuidora en México de los vinos de la marca Matarromera (empresa ubicada en pleno corazón de la Ribera del Duero, en la población de Valbuena del Duero), organizó en el lugar de moda,  “Tierra de Vinos”,  una degustación de esos afamados caldos vínicos, ganadores de numerosas medallas en diversos certámenes internacionales. En esa ocasión la cata dirigida  ---conducida atinadamente  por el sommelier Pedro Poncelis Brambila---   comprendió cuatro vinos: el primero fue Emina Crianza 1997 (elaborado con la uva Tinta del País, también llamada Tempranillo,  tradicional de Ribera del Duero) El siguiente fue el vino  Valdelosfrailes  (éste es un vino de la Denominación de Origen Cigales, producido con la misma variedad de uva), cosecha 1999. El tercer vino catado fue Terravid, elaborado en Chile, en los viñedos de Matarromera, con la cepa Carmenere, ahora tan de moda en ese país andino. El último vino degustado esa noche fue el emblemático de esa compañía vitivinícola: Matarromera Reserva  (bien logrado coupage de las variedades Tinta del País, Cabernet Sauvignon y Merlot),  de espléndidas cualidades organolépticas. 
Estos cuatro vinos poseen, cada uno en su particular estilo, magnífico aroma y delicioso sabor. Y quiero destacar, sin pretender compararlo con el extraordinario Matarromera, la encomiable clase del vino Valdelosfrailes, cuyo  delicado aroma y fino sabor me pareció muy agradable al olfato y al paladar.
Para concluir con este comentario enológico deseo hacer una sugerencia a los encargados de “Tierra de Vinos”. Me parece que un lugar como el que ahora menciono  ---de bella ornamentación cual si fuese una amplia cava---,  dedicado principalmente a la degustación analítica de los vinos,  debería contar con una mejor iluminación, para evaluar debidamente el color, la brillantez y la transparencia del vino. La luminosidad que he advertido, en varias catas en ese sitio, me parece insuficiente para un salón de primera categoría, dedicado principalmente al análisis sensorial del vino.
Cocina Mexicana para el Mundo
Este es el título de un hermoso libro, resultado de los amplios conocimientos  y acendrada sapiencia culinaria de Alicia Gironella De’Angeli y de la experiencia que en la materia gastronómica posee  Jorge De’Angeli, su esposo.  La edición de esta obra, de muy bello formato tipográfico,  estuvo a cargo de la Editorial Everest Mexicana, que en fecha reciente lanzó esta obra al mercado mundial. 
La presentación de Cocina Mexicana para el Mundo  ----cuyo subtítulo es “Saberes y Sabores de Alicia”---  se llevó a cabo durante un almuerzo en el restaurante “El Tajín”, y los acertados comentarios,  sobre diversos aspectos del libro y el cotidiano quehacer coquinario de sus autores,  fueron vertidos por Margarita Carrillo de Salinas, Luis Alberto Vargas, José Iturriaga y Federico Falkner, quienes coincidieron en los numerosos méritos que encierra este volumen (el sexto que la “pareja gastronómica de México” dan a la luz pública), que realza y enfatiza la importancia de la cocina mexicana, ubicándola en el lugar preciso que le corresponde como una manifestación de auténtica cultura nacional.
Este libro, de 351 páginas, es una valiosísima aportación bibliográfica al arte culinario de México. Su interesante contenido es un encendido  --y acertado—  elogio a la cocina tradicional, el auténtico, delicioso e inalterable fundamento de la coquinaria de nuestro país.



 
 
 
 

VIERNES 6 DE DICIEMBRE
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LOS VINOS DE VIÑA SAN PEDRO, DE CHILE

En el año 1865 los hermanos Bonifacio y José Gregorio Correa Albano fundaron la empresa vitivinícola Viña San Pedro, en el valle de Curicó, en Chile. Mas cabe hacer hincapié en que los viñedos en esa área habían sido plantados en 1701, en los comienzos del siglo XVIII, cuando la vitivinicultura chilena fue incrementándose notoriamente en los principales valles del aquel país sudamericano.
En 1940 se inició la exportación de los vinos de esa compañía, y los primeros mercados en el exterior fueron Estados Unidos de América, Canadá, Alemania y Japón. Medio siglo más tarde, en 1994, fue introducida la más moderna tecnología vinícola, y de acuerdo a las cifras oficiales actualmente la producción asciende a casi cincuenta y cinco millones de litros de vino. Una gran cantidad es exportada a más de sesenta países en los cinco continentes, lo que hace de Viña San Pedro la segunda empresa exportadora en Chile, y una de las más importantes, tanto por su producción como por su consumo interior y exterior. Cabe agregar que la exportación en 1991 fue superior a doce millones de botellas (exactamente 12.564.000), y en 2001 se registró un acentuado incremento, ya que el número de botellas comercializadas en el mercado foráneo (de tres cuartos de litro, es decir de 750 mililitros) fue de casi cincuenta y seis millones (exactamente 55.860.000). En otras palabras, Viña San Pedro registró una exportación de  casi cuarenta y dos millones de litros de vino.
El vino emblemático de esta compañía es “Cabo de Hornos, elaborado en el Valle de Lontué,  que ha recibido infinidad de preseas y galardones en numerosos concursos internacionales. Quiero destacar los siguientes: medalla de plata en el International Wine Challenge, de Londres, 2001. Idéntica distinción en ese certamen, en 2002. Igualmente medalla de plata en el International Wine Challenge, de Hong Kong, en 2001. Y en dos ocasiones ha recibido “Gran Mención” en el concurso italiano Vinitaly: en los años 1999 y 2001.
En días pasados tuvo lugar en la ciudad de México, en el agradable espacio de “Tierra de Vinos”,  la degustación de varios vinos de Viña San Pedro: 35 South, 1865 y Cabo de Hornos. La reacción de los asistentes a esa cata fue unánime, en el sentido de que se trataba de caldos vínicos de magnífica calidad. La presentación más importante que tuvieron en nuestro país dos directivos de esa bodega vitivinícola chilena (Irene Paiva, la subgerente de enología, y Francisco Vicuña, director de exportaciones), tuvo lugar   ---durante una comida---  en el restaurante “Alfredo di Roma”, del hotel Presidente Inter-Continental, donde un grupo de doce enófilos participaron en la cata “vertical” de seis añadas del excelente vino “Cabo de Hornos”, las correspondientes a las cosechas 1994, 1995, 1996, 1997, 1998 y 1999.
Jesús Mendívil, director de Vinex, la compañía importadora de estos vinos chilenos, organizó esta agradable reunión. En ella, previamente a la cata analítica, la enóloga Irene Pavía  dio a conocer las condiciones climatológicas imperantes en Lontué en cada uno de esos años, lo que influyó notoriamente en el desarrollo de las uvas y posteriormente en las características organolépticas del vino, en cada una de las vendimia, mencionando el juicio que le merecía cada vino en particular. Una vez formulados esos comentarios,  el sommelier Pedro Poncelis Brambila dio a conocer su apreciación referente a las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de esos vinos, y a continuación los allí reunidos externaron sus personales opiniones acerca de cada vino. Este intercambio de ideas, y de valoraciones respecto a un vino en particular,  puso de manifiesto que cada persona que gusta de estos néctares etílicos  encuentra que su preferido es uno de ellos, mientras que  para su vecino resultaba más delicioso otro, coincidiendo unos y otros en la excelente finura y señalada exquisitez de los vinos de la marca ”Cabo de Hornos”. 
Quiero abundar en este asunto, señalando que en esa insólita degustación de seis “añadas” distintas de un vino de la misma marca (el diccionario define el vocablo insólito como “no común, ni ordinario, desacostumbrado”; y yo agrego, poco frecuente y, por ende, excepcional) se hizo ostensible que en materia de vinos  ---como en otros muchos temas--- el gusto personal tiene interviene de manera muy acentuada. Hay quienes gustan de los vinos tintos jóvenes, de colores rubí violáceos, de aromas intensos y de sabores que recuerdan los frutos rojos en vías de maduración. Otros, por su parte,  prefieren los vinos de leves tonalidades teja, de un delicado bouquet y aterciopelado sabor. En ambos casos, tratándose de vinos en vías de alcanzar  la madurez, y de otros que ya llegaron a su momento de crianza idónea,  para unos y otros consumidores, los vinos constituyen un verdadero deleite palatal.
 



 
 

VIERNES 20 DE DICIEMBRE
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LA CALIDAD DE LOS VINOS DE MÉXICO

Gracias a la utilización de las mejores variedades de uvas, llamadas cepas finas, así como también a  la aplicación de la tecnología vinícola  más avanzada y al encomiable cuidado desplegado por los enólogos de las empresas nacionales,  desde hace aproximadamente unos diez años  --quizá quince-- es ostensible la calidad de los vinos de mesa elaborados en México.

 Antaño, quienes se preciaban de ser conocedores en esta deleitable materia, con frecuencia opinaban que estos caldos no mostraban  equilibrio y consistencia de un año a otro, lo que  constituía un  argumento de peso para,  en posteriores ocasiones,   mostrarse reacios a consumirlos,  prefiriendo los vinos de otros países, Francia, Italia y España principalmente.

Hoy en día la situación ha cambiado radicalmente. Puedo afirmar con certeza que se ha registrado un cambio de ciento ochenta grados en lo que a finura y sabor de los vinos producidos en México se refiere. Si bien la producción anual de vino mexicano aún se encuentra ubicada en cifras  menores a los veinte millones de litros, y el consumo per capita de esta ambrosía etílica de parte  de los enófilos mexicanos con dificultad rebasa los quinientos mililitros al año, es indudable que actualmente se ha incrementado el consumo de esta bebida, no solamente de los vinos importados   --chilenos, principalmente--  sino también de los producidos por las empresas nacionales.

Las bodegas vitivinícolas establecidas en México hace varios años  han aumentado considerablemente  sus volúmenes de producción, al tiempo mismo que sirviéndose de los procedimientos más modernos de vinificación (y aplicando, de la misma manera como ocurre en los países más avanzados, la técnica de hacer reposar esos vinos en barricas 
--de roble francés o americano—,    para que alcancen, al cabo de varios meses,  su cabal madurez, lo que recibe el nombre de “crianza”) ahora elaboran vinos de gran clase enológica. Lo anterior es fácil de comprobar,  puesto  que su aceptación es más amplia, en sectores cada vez más amplios de consumidores.  Por otro lado, ya  es  costumbre que no sorprende a los especialistas nacionales en esta materia,  que los vinos nacionales  reciban  incontables medallas, de oro, plata y bronce, en muchos certámenes internacionales, en los cuales son evaluados periódicamente cientos, o quizá miles, de los más renombrados vinos de todo el mundo. 

Otro aspecto digno de ser enfatizado es el siguiente. Hace unos diez años únicamente producía vinos una decena de empresas vitivinícolas, la mayor parte de ellas localizadas en las proximidades de la ciudad de Ensenada, en el estado de Baja California;  algunas  en el Valle de Parras (la única región productora que en México cuenta con la distinción de ostentar la  preciada “Denominación de Origen” para los vinos allí producidos),  en el estado de Coahuila, y otras en  los estados de Querétaro y Zacatecas.  Actualmente se ha 
incrementado ese número, ya que han comenzado, recientemente, a funcionar otras vinícolas en Baja California, atraídas por el indudable “boom” del vino mexicano. Este encomiable auge, que al presente se registra en la producción de vino nacional 
---cada día de mejor clase---,  traerá como consecuencia que esta bebida producida en México sea  debidamente  apreciada por quienes gustan acompañar sus comidas con vinos de indudable categoría.

Considero conveniente mencionar que son varias las empresas vitivinícolas nacionales cuyos productos han sido galardonados, repetidamente, en las principales exposiciones y concursos celebrados en todo el mundo. Estas distinciones hablan muy claramente de la finura y calidad ( reconocida internacionalmente por los enólogos de todo el orbe, quienes en degustaciones “ciegas”  ---sin conocer la marca de los vinos que están analizando---  los califican con puntuaciones muy altas, por su plausible clase enológica)  de los vinos producidos en nuestro país. 

 La que mayor número de preseas ha acumulado es la compañía  L.A.Cetto, que hasta hace unos cuantos meses había recibido noventa y dos medallas. A continuación se halla Casa Madero, ubicada en el Valle de Parras, que ha sido distinguida con treinta y cuatro medallas. Luego vienen Monte Xanic,  Bodegas de Santo Tomas y  Chateau Camou, compañías éstas de reconocido prestigio dentro de la vitivinicultura mexicana. 



 
 
 

VIERNES 28 DE DICIEMBRE
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LOS VINOS VARIETALES DE MONTE XANIC

En el año 1987 fue fundada en el Valle de Guadalupe, al norte de la ciudad de Ensenada, la empresa vitivinícola Monte Xanic. Un grupo de entusiastas y visionarios enófilos adquirió una extensa superficie que hasta ese momento pertenecía a Jimmy Bibayoff, un molokán  cuyos ancestros habían llegado, procedentes de Rusia,  en la primera década del siglo XX a esas tierras bajacalifornianas. El deseo de esos cinco enófilos era sembrar en esas tierras de clima mediterráneo   ---muy apropiadas por sus características de suelo e idóneas condiciones climatológicas para cultivar uvas de cepas nobles ---  las variedades de uvas consideradas finas, como la Chardonnay, la Chenin Blanc,  la Sauvignon Blanc, dentro de los vidueños blancos, y la Cabernet Sauvignon, la Merlot, y la Cabernet Franc, entre las cepas tintas, y elaborar con ellas buenos vinos de mesa. 
Fue así como nació Monte Xanic, una compañía dedicada a la elaboración de vinos de excelente calidad, implantando quizá la novedad de utilizar la más moderna tecnología vitivinícola, mediante una estricta selección de las uvas empleadas en la vinificación, y la crianza en barricas nuevas, con la finalidad de obtener magníficos vinos, de finura y calidad indiscutible. Es conveniente mencionar en este momento que la palabra Xanic es un vocablo utilizado por los indios coras, que habitan algunas regiones del estado de Nayarit, y  cuyo significado es “la flor que brota después de la primera lluvia”.
Al paso de los años Monte Xanic ha venido produciendo vinos de encomiable calidad y sabor, como los que son resultado de un coupage (coupage es un término de la lengua francesa que tiene el significado de mezcla, y cuyo sinónimo es assamblage, empleado para referirse al hecho de combinar el mosto obtenido del prensado de dos o más variedades de uvas con el fin de obtener un vino equilibrado y de sabor más complejo y delicioso). En esta categoría, entre los vinos blancos,  figuran dos, de plausibles características organolépticas:  Chenin Colombard, resultado de la atinada mixtura de los vidueños Chenin Blanc y   French Colombard, y Viña Kristel, que se obtiene del coupage de las variedades Sauvignon Blanc y Semillon. Entre los vinos tintos  --para mi gusto la expresión más refinada del arte enológico de Hans Backhoff, el responsable de la producción de Monte Xanic---  figura el vino Cabernet Sauvignon & Merlot, que combina los mostos de estas dos cepas. Entre los vinos que reciben el nombre de “Varietales” (en estricto apego a la verdad podrían ser denominados “monovarietales”, ya que únicamente se emplean uvas de una sola variedad) figuran los siguientes: Chardonnay, Cabernet Franc, Merlot y Cabernet Sauvignon.
En una primera etapa de producción aparecieron en el mercado, y cimentaron el prestigio de ser vinos de reconocida calidad y sabor, los vinos arriba enlistados. Más aún, en certámenes internacionales  --celebrados en Francia, Alemania, Canadá y Estados Unidos de América---,  donde concursan vinos de todo el mundo, los vinos de Monte Xanic han sido galardonados con numerosos premios. 
 Luego vinieron, trece años después de la fundación de la empresa Monte Xanic, dos vinos de la marca Calixa: los varietales Cabernet Sauvignon y Chardonnay, vinos más jóvenes, que son lo que en el argot vinícola se conoce con la designación de “segunda marca”, “segunda etiqueta”. Se trata de vinos de buena calidad, de precio más reducido (porque, enológicamente hablando, su elaboración no fue tan compleja y meticulosa como los vinos de la primera marca), que por tratarse de vinos jóvenes son más fácilmente aceptados por aquellas personas que no tienen las exigencias olfativas y palatales que son propias de quienes conocen más acerca de la degustación del  vino),  cuya aceptación en el mercado nacional ha sido muy amplia.
En una tercera etapa Monte Xanic ha creado  tres espléndidos vinos monovarietales que recientemente fueron presentados a un grupo de catadores. Se trata de los vinos Petit Verdot, Syrah y Malbec, los tres de la cosecha 2000, de sorprendentes características visuales, olfativas y gustativas. En esa presentación, conducida con todo acierto por Gerardo de Landa, pudimos advertir, y disfrutar, de las cualidades de color, aroma y delicado sabor de esos tres vinos, que en breve estarán en el comercio capitalino, para hacer las delicias de quienes gustan de estos néctares etílicos de extraordinaria calidad. Quiero agregar que, considerando que los tres vinos poseen señalados atributos de finura y sabor,     el Syrah me pareció, para mi particular percepción,  de características en verdad extraordinarias.
Al referirme a Monte Xanic es conveniente señalar que recientemente tuvo lugar, en la ciudad de Nueva York,  la novena edición anual del concurso internacional denominado “Beverage Packing”, donde premian la etiqueta y presentación de diversas bebidas espirituosas: vinos, licores y destilados producidos en todo el mundo. En la sección “Vinos” la etiqueta de “Gran Ricardo”  --el vino emblemático de Monte Xanic--, diseñada por Kevin Giles (de la empresa Rúbrika Inc) recibió medalla de plata. En ese certamen de diseño gráfico participaron vinos de los principales países: Francia, Italia, España, Sudáfrica, Australia, Estados Unidos de América, Chile y Argentina, entre muchos otros.