LOS VINOS MEXICANOS “PREMIUM”

Malinchismo es un término cuyo significado es muy conocido, y lo peor, a mi juicio, es que es puesto en práctica frecuentemente por un amplio sector de la población nacional. Es crecido el número de mexicanos que piensan, erróneamente en muchas ocasiones, que los productos extranjeros son mejores que los nacionales, por el solo hecho de proceder de allende nuestras fronteras. En una gran diversidad de artículos y materiales esa preferencia tiene bases sólidas y bien cimentadas, pero en otros casos simplemente es equivocada, ya que la calidad de los productos elaborados en México ha alcanzado, al presente, general reconocimiento lo mismo dentro que fuera de nuestro país.
Entre estos productos que ahora gozan de general simpatía y prestigio, de una manera muy señalada a nivel internacional, figuran los vinos elaborados en Baja California. Allí se localizan   --en el área geográfica denominada Valle de Guadalupe---  diversas empresas vitivinícolas cuyos caldos vinícos han alcanzado, en infinidad de concursos internacionales,   las preseas más codiciadas por los productores de los principales países del orbe. Este hecho irrefutable, de que los vinos mexicanos obtengan medallas de oro, plata y bronce, en certámenes de gran renombre mundial, es la mejor prueba de la certeza de la aseveración que líneas arriba dejé asentada.
Mas a pesar de ese reconocimiento a los vinos bajacalifornianos son muchos los mexicanos que piensan, y en ello están equivocados,  que por haber sido elaborados en nuestro país estos productos deben ser más baratos que los importados. La mejor explicación a la pregunta “¿por qué pagar más por un vino mexicano?” está dada por el texto que aparece en el boletín El Espíritu del Vino  (publicado por la empresa Monte Xanic, en el número 21, correspondiente al primer trimestre del año 2000). A la letra dice:: “La respuesta tiene dos partes. La primera es que el precio de un vino es principalmente el resultado de los costos de su elaboración. Actualmente, hay vinos mexicanos que tienen calidad similar o más alta que muchos de los importados, pues se utiliza la misma tecnología (a veces una mejor). Pero por razones históricas y culturales todavía creemos que los vinos franceses y españoles son mejores, y que si son más baratos que los mexicanos es porque éstos son demasiado caros. La segunda, es que comúnmente se cree que el vino nacional debe ser más barato porque los vinos de otros países pagan aranceles de importación. Sin embargo, gracias a los respectivos tratados de libre comercio con Chile y Estados Unidos, los chilenos no pagan arancel, y los estadounidenses pagan actualmente sólo ocho por ciento (de acuerdo al TLC, este porcentaje se reducirá dos por ciento cada año hasta llegar a cero. Los vinos de otros países pagan ahora un arancel de treinta por ciento””.
Es prudente agregar, a lo anterior, que “los productores mexicanos tienen que importar prácticamente todo lo que interviene en la elaboración del vino: botellas, corchos, barricas, máquinas de embotellamiento, tanques de fermentación, hasta las vides mismas. Los productores nacionales pagan aranceles de importación en todos estos insumos, y lógicamente el costo se refleja en el precio del vino. Sin embargo, los productores de la Unión Europea no pagan aranceles sobre estos insumos, lo que se traduce en costos de producción más bajos”.
He querido mencionar lo anterior para ocuparme en esta nota periodística de que a partir del día primero de marzo la empresa Aeroméxico ofrecerá a sus pasajeros de Clase Premier 
---durante los vuelos a Europa, Sudamérica y Estados Unidos---   vinos de la marca Monte Xanic, elaborados con las cepas Cabernet Sauvignon y Chardonnay. El crítico enófilo del periódico The Wall Street Journal describió los vinos de Monte Xanic como “los nuevos vinos premium de México”. De éstos dos vinos, que serán degustados en esos vuelos, diré que el vino Cabernet Sauvignon, en sus cosechas 1991 y 1997, ha alcanzado dos medallas de bronce (en concursos efectuados en Estados Unidos y en Canadá), mientras que el de la cosecha 1995 recibió medalla de oro y “El Gran Premio a la Excelencia”, en un certamen llevado a cabo en Francia. El vino Chardonnay ha sido galardonado en Francia, en 1994 (el de la cosecha 1990), con medalla de plata; en Estados Unidos, en 1997 (el vino de la cosecha 1995), con medalla de oro; y en Francia, en el año 2000 (el vino de la cosecha 1998), con medalla de bronce.
Por lo que concierne a Aeroméxico diré que los lectores de la revista Business Traveller International  seleccionaron (mediante la votación respectiva) a la Clase Premier de esa empresa nacional como una de las dos mejores “Cavas de Vino en Vuelo” (“Best Cellar in the Sky”). En la décimo segunda edición de este concurso, que anualmente organiza  la agrupación “Viajeros de Negocios Internacionales”,  Aeroméxico superó a treinta y siete de las más importantes aerolíneas del mundo, y así logró ubicarse en el segundo lugar, en cuanto al servicio de vinos a los pasajeros de las clases Ejecutiva y Primera.


 
 


LAS MARCAS DE TEQUILA

De acuerdo a la información proporcionada por la Cámara Nacional de la Industria Tequilera, la producción de este exquisito destilado  --el cual, junto con el Mezcal, tiene el honor de ser el aguardiente mexicano por excelencia--  ascendió, en el año 1990, a poco más de ochenta y siete millones de litros (87.900,00 exactamente). De esa crecida cantidad fueron exportados,  casi cincuenta y nueve millones de litros (58.900.000), mientras que el consumo nacional fue de veintinueve millones de litros. Diez años más tarde, en 2000, la producción llegó a poco más de ciento ochenta y un millones de litros (181.600.000), la exportación, a setenta y un países en todo el mundo,  fue de casi noventa y nueve millones de litros (98.800.000), y el consumo nacional se incrementó a casi ochenta y tres millones de litros (82.800.000). La misma fuente informativa registra que en la industria tequilera laboraban, en diciembre de 2000,  poco más de treinta y seis mil personas. Diez años antes, casi veinte mil personas estaban dedicadas a esta actividad agro-industrial.
Considerando la cifra arriba anotada de la producción nacional de Tequila, se estima que los tres municipios jaliscienses donde es más importante este cultivo son los siguientes: Tequila (con el 52.86% del total), Arandas (14.40%) y Amatitán (10.46%).
Otra fuente de información, oficial por lo que concierne al destilado que ahora me ocupa, es el Consejo Regulador del Tequila. En su página de internet veo que al día 28 de febrero del año 2002 existen registradas ochenta y seis empresas productoras, y que el total de marcas certificadas asciende a seiscientas cuarenta y ocho. En ese listado hay (o había, hasta hace algunos meses) marcas de tequila tan auténticamente mexicanas como Maxim’s de Paris, D’Castillon, Tikal, Barón D’Arignac, Tango, Sevilla la Villa, Six Guns y Flying Dog y Conde Luna. Otras marcas exhiben, de manera manifiesta, la desbordada creatividad y aguzado ingenio de quienes les dan nombre a esos productos, como los siguientes: El Mecapalero, La Migra, El Teporocho, La Ultima y nos Vamos, Gran Cuerno de Chivo, San Pascual Bailón y Los Kikirikis.
 El pasado viernes 8 de marzo la prensa nacional se ocupó del lanzamiento de un nuevo tequila “Añejo” (se trata de una categoría del aguardiente motivo de esta nota periodística,  que está determinada  por el tiempo de añejamiento, en barrica de roble, que es de por lo menos doce meses), cuyo nombre,  “Don José López Portillo”,  mueve literalmente a risa. Dicho  individuo,  prototipo del nepotismo más nefasto durante su gestión presidencial, ha demostrado, al paso de los años, cuando debía haber guardado una actitud prudente y decorosa,  su  decrepitud y su miseria física, económica  y espiritual.
De acuerdo a una nota de prensa, publicada ese día 8 del mes en curso, “la bebida “Don José López Portillo” estará en el mercado a partir del segundo trimestre de este año, y será elaborada por la empresa Tequilera Géminis II  ----fundada hace un año por López Portillo y Javier Martínez Salinas---,  tendrá una producción mensual de doce mil botellas de setecientos mililitros, con un costo al consumidor de novecientos cincuenta pesos”.  El ex presidente, quien durante su mandato sexenal fue depurado modelo de frivolidad, declaró en esa rueda de prensa (convocada para dar a conocer sus nuevos proyectos, con los cuales pretende paliar la “angustiosa situación económica que ahora lo aqueja”) lo siguiente: “”No he invertido nada, estamos consiguiendo créditos. No es más que mi nombre, mi actividad, y el prestigio que yo pudiera tener  (subrayado por mí). 
Para redactar este escrito consulté, en internet, tanto la página del Consejo Regulador del Tequila como la de la Cámara Nacional de la Industria Tequilera, y en ellas no existe la menor mención al tequila “Don José López Portillo”, ni tampoco a la empresa Tequilera Géminis II. Encontré, en cambio, que hay un tequila cuya marca es “Perrísimo”, y recordé que, en alguna ocasión, este sujeto manifestó que “defendería el peso como un perro”, expresión con la cual se ganó a pulso el mote de “La colina del perro”, para el sitio de su residencia. 
Acerca de la carencia de registro para la marca y para la empresa citaré nuevamente la nota periodística a la que he dado debido crédito. Allí se asienta que “”hasta ahora el tequila “Don José López Portillo” carece de registro oficial ante el Consejo Regulador del Tequila, y la Cámara Nacional de la Industria Tequilera tampoco conoce el proyecto””. Ante este hecho no me queda más que recordar el refrán que asegura “genio y figura hasta la sepultura”. Y otra cosa más, me gustaría saber (si acaso hubiese acontecido tal atrocidad) cuál hubiese sido la respuesta de los consumidores estadounidenses si alguna empresa productora de whiskey,  en Kentucky o en Tennessee,   hubiese tratado de comercializar un destilado con la marca  “Al Capone” o bien “ John Dillinger”, ambas notoriedades de baja estofa,  dignas de que una bebida etílica preservase su  infausta memoria. 




 

Primer Festival de Cocina de Autor

Precisamente el lunes 22 de abril, día que comienza la Expofest líneas arriba descrita, da principio el Primer Festival de Cocina de Autor . En el restaurante “Azulejos”,  del Camino Real,  tendrá lugar esta muestra culinaria, en la cual seis chefs de esa cadena hotelera presentarán algunas de sus más recientes creaciones coquinarias, para deleite palatal de los comensales que, del miércoles 22 al domingo 28, inclusive, visiten ese remozado feudo gastronómico.
Esos seis alquimistas de la cocina son los siguientes: Frederic Lejars, Erasto Pérez, Denis Garrido, Manuel Pérez, Antonio Hernández y Thierry Beuffe, y presentarán platillos tan novedosos como los que a continuación enlisto: tártara de salmón y callo de hacha, medallón de atún marinado con chile guajillo, lomo de cabrilla al vino tinto, rillete de cochinita pibil, camarones en salsa de mango, costilla de cordero con chile morita al caramelo de tamarindo y mousse de mango de Manila con coco y salsa de jamaica, entre varias otras suculencias.
Los anteriores manjares no están regularmente en las respectivas cartas de los restaurantes de esos hoteles Camino Real de Guadalajara, Acapulco, Cancún, Puebla y la ciudad de México, sino que fueron diseñados en exclusiva  --por cada uno de esos chefs—  para ser presentados como una primicia en este Primer Festival de Cocina de Autor.


 

Segundo Festival de Cocina de California

El pasado lunes, día 15 de abril, dio comienzo en el restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma, el Segundo Festival de Cocina Californiana Contemporánea. Por segunda ocasión viene a México, como chef invitado, Brian Mc Glynn, quien funge como chef ejecutivo de Wente Vineyards,  cargo en el cual ha recibido innumerables reconocimientos  por la excelencia de sus creaciones culinarias. 
Philippe Seguin, director de alimentos y bebidas del Marquis Reforma, ha desarrollado una magnífica tarea gastronómica,  al impulsar la realización de estas muestras gastronómicas 
--de diferentes tipos de cocina internacional--,  para las cuales ha encontrado un óptimo apoyo en los cuatro chefs de ese hotel: Ignacio Gutiérrez, Wilfrido Moreno, Margarito Vargas y David Ramos, quienes  han brindado a cada uno de los chefs invitados la colaboración que ellos requieren para el mejor éxito de cada festival.
En la carta especial de este festejo del  Biencomer y Bienbeber figuran numerosas apetitosidades, como las que a continuación enlisto: risotto de hongos silvestres, chamorro de cordero, atún aleta amarilla a la parrilla, filete de res con puré de papa y elote blanco, filete de robalo rostizado con alubias, pechuga de pollo con risotto y chicharos chinos. El renglón postres es, igualmente, muy sugestivo, ya que incluye cinco especialidades en extremo deliciosas. 
En la carta de vinos de este festival de cocina de Wente  aparecen,  lógicamente,  los caldos etílicos de esa prestigiada empresa vitivinícola californiana, al lado de los que de manera regular figuran en la lista de vinos de “La Jolla”, cuidadosamente elegidos por Víctor Córdova.
Durante poco más de tres semanas, del lunes 15 de abril al jueves 9 de mayo, tendrá vigencia esta muestra culinaria, en la cual los comensales tienen la oportunidad de saborear los guisos del chef Brian Mc Glynn.

 
 

COFRADÍA DE ENÓFILOS Y GOURMETS

El Capitulo XXXVI de la Cofradía de Enófilos y Gourmets, del Grupo Enológico Mexicano, se llevó a cabo hace unos días en el salón “El Vitral” del restaurante “Les Moustaches”. En esa ocasión, como en las treinta y cinco anteriores que han tenido lugar en ese mismo feudo gastronómico desde junio de 1995, fueron presentadas dos conferencias, una de corte culinario y la otra referente a un tema enológico. La primera de ellas fue titulada “La cocina contemporánea de la gran Tenochtitlan a partir de ingredientes indígenas”, y estuvo a cargo de dos jóvenes chefs mexicanos: Guadalupe García de León del Paso y Gerardo Vázquez Lugo (éste último director-chef del restaurante “Nicos”, un prestigiado salón comedor de Clavería), quienes describieron a los quince cofrades allí reunidos las suculencias a las que estaban habituados los antiguos mexicanos, en los tiempos previos a la conquista de la capital azteca.
En su plática hicieron énfasis en los diversos ingredientes de la cocina prehispánica, que estaba basada en el atinado aprovechamiento de las milpas y de las chinampas, así como de infinidad de animales de toda índole, especialmente de las zonas lacustres, áreas éstas que brindaban a nuestros ancestros una amplia gama de alimentos.
Quiero, en este momento, recordar a un antropólogo francés, Jacques Soustelle (autor de cinco libros acerca del grandioso pasado de México), quien en su obra La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista asienta las siguientes frases: “La habilidad de los cocineros aztecas se manifestaba en una gran variedad de platos......ranas con salsa de chile;  pescado blanco (iztac michi) con chile y tomate; axolotl, especie de renacuajo de México, que era considerado como un manjar especialmente delicado, sazonado con chile amarillo; pescado servido con una salsa de pepitas de calabaza molidas; hormigas aladas; gusanos de maguey (meocuilin); atole de maíz y de huauhtli, salado o azucarado, con chile o con miel; raíces de diversas especies como el camotli....Por otra parte, y ello constituye, sin duda, una supervivencia de los tiempos difíciles en los cuales la tribu lograba subsistir, con grandes trabajos, en los pantanos, los mexicanos consumían una gran variedad de alimentos acuáticos: ranas, renacuajos, camarones de agua dulce, moscas acuáticas, larvas acuáticas, gusanos blancos y aún los huevos que una mosca acuática (axayacatl) depositaba en cantidades enormes sobre las aguas, y que servía como una especie de caviar, el ahuautli. Los pobres y los campesinos de las orillas de la laguna recogían del agua, incluso,  una substancia flotante conocida como tecuitlatl  (“excremento de piedra”)  ---la espirulina, agrego yo, de muy alto valor nutritivo---,   un poco parecida al queso, que prensaban para hacer con ella panes, y consumían también los nidos esponjosos que hacían las larvas de las moscas acuáticas”.
La disertación acerca de un aspecto determinado de la enología estuvo a cargo del ingeniero Alfonso Cárdenas, gerente de producción de la empresa Casa Madero, quien hizo pormenorizada referencia a los vinos elaborados en dicha empresa, ubicada en el Valle de Parras, en el estado de Coahuila. Un aspecto en el cual hizo especial hincapié concierne a la acertada aplicación de la más avanzada tecnología de punta (cuidadoso manejo de los viñedos, empleo de clones seleccionados, portainjertos de la mejor calidad y control de las plagas vitícolas propias de cualquier viñedo, vinificación mediante los métodos más modernos y empleo de barricas para obtener una excelente maduración de los vinos), lo que  ha dado por resultado que los vinos de Casa Madero sean exportados hoy en día a treinta y siete países del mundo, y que en numerosos concursos vinícolas (en los cuales un grupo de catadores analiza la calidad de los vinos de los principales países, y después de minuciosas deliberaciones  premia a los que alcanzan las calificaciones más altas). Hayan sido galardonados con casi cincuenta medallas, de oro, plata y bronce.
Una vez que los asistentes escucharon estas dos pláticas se procedió a la degustación de cinco vinos de la marca Casa Madero: dos fueron blancos: Chardonnay Casa Madero y Chardonnay Casa Grande, y los tres restantes fueron tintos: Merlot Casa Madero, Cabernet Sauvignon Casa Madero y Cabernet Sauvignon Casa Grande. Los cofrades allí reunidos comentaron las características visuales, olfativas y gustativas de estos vinos, y coincidieron en que se trataba de productos de gran calidad y excelente sabor.
Más tarde los chefs Guadalupe García de León del Paso y Gerardo Vázquez Lugo sirvieron tres  deliciosos platillos. La entrada consistió en un “napoleón” de ancas de rana, con emulsiones de tomate y jitomate. Como guiso principal sirvieron pato en salsa de pipián. El postre consistió en xoconostles rellenos. Estos tres manjares resultaron muy exquisitos.

 
 

“VINO Y GASTRONOMIA”

“Vino y Gastronomía” es el nombre de una hermosa publicación española consagrada a los placeres de la buena mesa. De aparición mensual,  ya cuenta con diecinueve años de existencia, constituyendo su ameno contenido una excelente fuente de información de todo lo concerniente a la comida y a la bebida (al biencomer y al bienbeber, pues), lo mismo de España que de otros países.
En la edición correspondiente al mes de marzo del 2002, el número 185 de esta revista de muy bella presentación tipográfica, aparecen tres reportajes relativos a nuestro país. El primero, de trece páginas, con infinidad de fotografías, lleva por título “México, D.F.: una ciudad, mil mundos”, que es, a mi parecer, una atinada presentación para que cualquier lector español  tenga una caleidoscópica visión de algunos de los aspectos más sobresalientes de la vida en la ciudad de México.. El segundo, de ocho páginas de extensión, versa acerca de algunos aspectos interesantes de la cocina mexicana., enfatizando en las suculencias de tres platillos: la crema de cilantro, las quesadillas de cuitlacoche y el solomillo de cerdo al mole, que fueron armonizados con seis vinos españoles, obteniéndose una deliciosa gama de aromas y sabores de ese maridaje.
El tercer reportaje, de nueve páginas, hace alusión al tequila, mostrándolo como una bebida destilada detrás de la cual “hay una cultura rica y antigua, e incluso una Denominación de Origen que vela por su autenticidad y pureza”, según escribe el autor de ese artículo periodístico.
Con el objeto de presentar la revista “Vino y Gastronomía” en los círculos enológicos capitalinos vinieron a México tres directivos de esa lujosa publicación: Luis Magaña, el Editor: Sofía Magaña,  la Asistente del Editor;  y Víctor Rodríguez,  el Director de la revista. En el hotel Camino Real se llevó a cabo,  previamente,  una interesante cata dirigida de doce vinos de España, que fue conducida con todo acierto por Víctor Rodríguez.
Los doce vinos degustados fueron de cuatro Denominaciones de Origen: Rioja,  Ribera del Duero,  Penedés y  Costers del Segre,  de tres regiones vitivinícolas españolas: La Rioja, Castilla-León  y  Cataluña.. A continuación enlisto los nombres de esos vinos, presentes todos ellos en el comercio capitalino de México, según lo indicó el conductor de la degustación.
1. Barón de Chirel, Reserva, cosecha 1994. ( excelente). Bodega: Vinos de los Herederos del Marqués del Riscal. Denominación de Origen Calificada Rioja.
2. Gonzalo de Berceo, Reserva, cosecha 1996. ( muy buena). Bodegas Berceo. Denominación de Origen Calificada Rioja.
3. Gaudium, cosecha 1994.( excelente). Unión Viti-Vinícola. (Bodegas Marqués de Cáceres). Denominación de Origen Calificada Rioja.
4. Marqués de Murrieta, Reserva, cosecha 1997.( buena). Bodegas Marqués de Murrieta. Denominación de Origen Calificada Rioja.
5. Beronia, Gran Reserva, cosecha 1992.( buena). Bodegas Beronia. Denominación de Origen Calificada Rioja.
6. Marqués de Vargas, Reserva, cosecha 1997. ( buena). Bodegas Marqués de Vargas. Denominación de Origen Calificada Rioja.
7. Mayor de Ondarre, Reserva, cosecha 1992 (buena). Bodegas Olarra. Denominación de Origen Calificada Rioja. 
(Entre comillas y en negrilla aparece la evaluación de las añadas, de acuerdo al juicio del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja)
Los tres vinos degustados de la Denominación de Origen Ribera del Duero fueron los siguientes:
1. Vega Sicilia Único, cosecha 1987. Bodegas Vega Sicilia.
2. Duratón, cosecha 1998. Bodegas y Viñedos de Ribera del Duero.
      3..  Torremilanos, Gran Reserva, cosecha 1994. Bodegas Torremilanos.
Dos fueron los vinos de Cataluña:
1. Mas la Plana, Gran Reserva, cosecha 1995. Bodegas Miguel A. Torres. Denominación de Origen Penedés.
2. Raimat Tempranillo (el único vino monovarietal catado esa noche, ya que los once restantes fueron resultado de un coupage  --mezcla—  de  vinos obtenidos de varias cepas diferentes), cosecha 1997. Bodegas Raimat. Denominación de Origen Costers del Segre.
Considero muy interesante comentar que esa noche fue degustado, lo que de ninguna manera es frecuente en este tipo de catas dirigidas,  el vino Vega Sicilia  Ünico,  cosecha 1987, para el cual los calificativos de “mítico”, “excepcional”, “el más caro de España”, y algunos otros de la misma índole,  son utilizados frecuentemente por quienes lo suelen paladear. Se trata de un vino de producción muy limitada  ---lo que,  en parte, explica su elevado precio---  elaborado en Valbuena del Duero, en la provincia de Valladolid, del cual  se ha comentado repetidamente que era el  preferido de Winston Churchill.. Es un vino de extraordinaria calidad (resultado de una vinificación en extremo cuidadosa,  y cuyo costo es muy alto,   mismo caso del  Chateau Petrus, de la francesa región de Pomerol y del Pingus, de la Ribera del Duero, calificado como “el tinto más codiciado y cotizado de España, en la actualidad”). No es insólito que llegue a ocurrir que el catador que degusta este excepcional vino,  en alguna ocasión que prueba analíticamente otros vinos,  se lleve la agradable sorpresa de advertir que otro vino, de precio más bajo y menor renombre, le parece de cualidades enológicas más sobresalientes. Así me ocurrió  a mí con el vino Gaudium, de La Rioja, cuyas características organolépticas  fueron, a mi juicio, extraordinarias. Momentos más tarde hice una mini encuesta entre algunos amigos presentes esa noche, y esas cuatro o cinco personas me dijeron que su opinión coincidía con  mi apreciación sensorial.
He tenido la oportunidad de leer los tres números más recientes de la revista “Vino y Gastronomía” ---los correspondientes a los meses de Febrero, Marzo y Abril de 2002--- y puedo asegurar que su contenido editorial  es de muy alta calidad, lo que la hace una publicación de gran interés para aquellos que gustan de estar enterados de diversos asuntos gastronómicos y enológicos. Para suscribirse a ella pueden enviar un correo electrónico a la siguiente dirección: suscripciones@vinoygastronomia.net 
También pueden escribir al domicilio social, en  la calle de Amador y Fernando, 6. Madrid  28040,  España, solicitando información al respecto. 

 
 

LOS VINOS DE CALIFORNIA 

En anterior columna, la del 17 de mayo pasado, hice alusión a la señalada importancia que han  adquirido  los vinos de California, cuya presencia a nivel mundial es a todas luces muy grande. Esa entidad de la Unión Americana produce más del noventa por ciento del total de los vinos elaborados en dicho país, volumen que en  el año de 2001 ascendió a casi un mil setecientos millones de litros. En el renglón exportación California comercializa, igualmente,  el noventa por ciento de los envíos al extranjero, a ciento setenta y cuatro países del orbe, siendo la cifra  global  de trescientos tres millones de litros de vino.
El principal mercado exterior para los vinos de California es Gran Bretaña, que adquirió noventa millones de litros de vino. Canadá ocupó el segundo lugar, con una compra de casi cincuenta y tres millones de litros. Los países que ocuparon los lugares siguientes fueron Holanda, Japón, Bélgica, Alemania, Irlanda, Francia (cuya importación de vino de California fue de cinco millones de litros), Suecia y Dinamarca. 
México ocupó el lugar décimo quinto, al haber importado poco más de tres millones de litros. Como punto de comparación diré que en el año 2000 nuestro país adquirió casi cuatro y medio millones de litros de vino de California.
Hace dos semanas tuvo verificativo una cata de vinos de californianos elaborados con la variedad Merlot.  La Oficina de Comercio e Inversión del Estado de California invitó en esta ocasión  a Luis Cárdenas Barona para que hiciera la exposición respectiva de esos vinos en una cata dirigida. Su presentación  fue  amplia y atinada, enfatizando en la  importancia de la industria vitivinícola en dicha entidad estadounidense. A continuación explicó las características organolépticas de cinco vinos, de las siguientes marcas: Ironstone, Wente, Saint Supéry, Kendall-Jackson y De Loach, de encomiable calidad y excelente sabor.
Por otro lado, en el hotel Four Seasons de la ciudad de México se llevó a cabo la presentación de los productos vínicos  de once empresas vitivinícolas de California (son las siguientes, enlistadas por orden alfabético: Barefoot Cellars, Firestone Vineyard/Curtis Winery, Foppiano, J. Lohr Winery, Joseph Phelps, P. Mondavi, Ridgewood Vineyards, Robert Mondavi Winery, Saint Supery, Villa Mount Eden y Wente Vineyards), quienes vinieron a nuestro país integrando una misión comercial, con la finalidad de mostrar la excelencia de sus vinos.
Esa noche, al concluir la presentación abierta al público interesado en los nuevos vinos californianos, fue servida una cena cuya preparación corrió a cargo de los chefs Regis Lacom, del hotel  Four Seasons; y Robert Sturm, quien vino expresamente de Sonoma, California, para esta ocasión. Fue una auténtica “cena-maridaje”, ya que con los deliciosos platillos servidos: Foie Gras con flan de espárragos, costalitos de queso de cabra con aceite de chilpotle y ensalada fresca de frutas tropicales, salmi de ave de caza con verduras y filete de res servido sobre crepas dauphinoise con echalotes, los comensales degustaron siete vinos de magnífica calidad, advirtiendo la apetitosa armonización establecida entre los diferentes guisos  y cada uno de los vinos.  Quiero enfatizar mi comentario señalando  que entre esos siete vinos,  tres de ellos, a mi parecer,  tienen una extraordinaria calidad y exquisito sabor: el blanco Chardonnay Robert Mondavi Private Selection, cosecha 2000,  y los tintos Pinot Noir Foppiano, cosecha 1999, y Joseph Phelps Insignia, cosecha 1998. Estos  vinos son de una calidad enológica muy ostensible. 

 
 

DEGUSTACIÓN DE VINOS DE LA RIBERA DEL DUERO

Ribera del Duero es el nombre de una prestigiada Denominación de Origen de España, cuyos vinos tintos  han adquirido, en los cinco años más recientes, acrecentada fama, y  ya comienza a dejarse sentir  en la península ibérica una notoria competencia  entre esos vinos y los de  La Rioja, que tradicionalmente han sido los de mayor renombre en España.
Con el objeto de presentar los vinos de la marca Prado Rey, de Ribera del Duero, elaborados por la empresa Real Sitio de Ventosilla, estuvieron en la ciudad de México Angela García Alvarez, directora de exportación, y Angel Margüello, el director 
técnico-enólogo de la casa, quien hizo la explicación respectiva a los distintos vinos allí producidos. Cabe agregar que estos vinos ha sido multipremiados en varios concursos, tanto nacionales (en España) como internacionales, lo que pone de manifiesto su notoria calidad enológica.
Los vinos degustados ese día fueron los siguientes: Salgüero rosado, cosecha 1999; el tinto Prado Rey crianza, cosecha 1997, y el tinto Prado Rey reserva, cosecha 1998, de excelentes atributos en cuanto al aroma y al sabor. 

 
 

LOS 45 AÑOS DEL “NICOS”

Hace aproximadamente quince años escribí una nota periodística, refiriéndome a un excelente establecimiento de restauración, en la cual, entre varios otros comentarios, expresé lo siguiente:  “”Para mi gusto,  el restaurante “Nicos”  --sito en la avenida Cuitláhuac 3102, a un par de calles de la glorieta de Camarones---  es el que mejor calificación alcanza en la Delegación de Azcapotzalco. De lunes a sábado es el agradable sitio donde una numerosa y repetitiva clientela se da cita para degustar los exquisitos guisos que Raymundo Vázquez Estévez confecciona, para el  cotidiano deleite palatal de los comensales. Con cierta regularidad suelo comer en ese lugar, ya que allí se conjugan varios factores sumamente positivos, que a continuación enlisto: la atmósfera que se respira en ese feudo gastronómico es estupenda. Los precios son bastante razonables. El personal de servicio  posee la requerida experiencia para brindar un trato cálido,  expedito,  y eficiente. Y acerca de la calidad de la cocina de “Nicos” debo enfatizar que su carta incluye diversos platillos, que al ser llevados a la mesa del cliente permiten advertir que su presentación  es sumamente atractiva  ---no se trata de raciones microscópicas, como en ocasiones ocurre en otros restaurantes de mayor prosapia---,   y que su exquisito sabor permite confirmar la plausible  categoría de tan recomendable salón comedor, que substituye el lujo en sus instalaciones por la excelencia en su cocina ””.
Los párrafos anteriores tienen plena vigencia hoy en día, casi tres lustros después, ya que el tiempo transcurrido ha cimentado el indudable prestigio coquinario del “Nicos” en esa populosa zona del Distrito Federal, en la cual, juzgada a priori, se podría suponer  que no existe un restaurante de esta clase, el cual  esta semana cumple cuarenta y cinco años de ininterrumpido funcionamiento. En efecto, el día 5 de Junio del año 1957 abrió sus puertas “Nicos”, y desde entonces se ha caracterizado por presentar lo más delicioso  y tradicional de la cocina mexicana. Raymundo Vázquez y su esposa María Elena Lugo han sido incansables promotores de la buena mesa en Azcapotzalco, y entre varias otras acciones dignas de encomio promovieron,  al lado de otros seis dinámicos restauranteros de esa zona capitalina, lo que en su tiempo  ---en la década de los años ochentas---  fue sin duda la mejor presentación acerca de las galas de la cocina nacional: la Muestra Gastronómica de Azcapotzalco de la Cocina Mexicana.  En la cuarta edición de esa festividad culinaria, realizada en 1984, participaron como comensales poco más de dos mil personas, en la cual aquellos siete promotores de la buena cocina nacional,  presentaron cien platillos de señalada sabrositud. Cabe agregar que los restauranteros involucrados en esa muestra del buencomer cedieron (los ocho o nueve años que estos festejos tuvieron lugar) todas sus ganancias a diversas obras de beneficio social, obsequiando a escuelas y asilos de esa Delegación del Distrito Federal  los materiales (pupitres, camas, colchones, etc)  requeridos para su funcionamiento.
Otro gran mérito de Raymundo Vázquez Estévez fue haber iniciado, en el año 1967 (cuando casi nadie, en la capital mexicana, se preocupaba por promover una verdadera cultura gastronómica y enológica, sustentada en el placer que está dado por el hecho de acompañar las comidas con vino), los  festivales  ---que aún tienen lugar---  denominados “Agosto: el mes del vino, en “Nicos”, en los cuales los comensales obtenían considerables descuentos al ordenar los mejores vinos del mercado nacional. Para dar una muestra del impacto de esas promociones enológicas diré que en 1985 este restaurante desplazaba mensualmente de noventa a cien cajas de vino (mil doscientas botellas), y durante ese mes de agosto las ventas sumaban más de ciento treinta cajas, lo que equivale a poco más de  mil quinientas botellas. Muy pocos establecimientos de restauración podrían, en esos días, hace casi diecisiete años, equipararse, en este sentido,  al restaurante “Nicos”. 
A más de lo anterior,  es conveniente mencionar que ahora que Gerardo Vázquez Lugo se ha hecho cargo de la cocina y de la dirección de este feudo culinario (desde hace aproximadamente tres o cuatro años),  se han multiplicado las ya de por sí nutridas presentaciones que, por años,  han caracterizado al “Nicos”, como las muestras de cocina de Cuaresma, de “Muertos”, y varias otras igualmente exitosas.
Para concluir, diré que el sábado pasado tuvo lugar la inauguración de una muestra gastronómica, para conmemorar los cuarenta y cinco años del “Nicos”, en la cual Gerardo Vázquez presentó numerosos platillos de ostensible suculencia, como los que a continuación enlisto   (entre muchos otros del menú especial  por el cuadragésimo quinto aniversario de existencia): sopa de mejillones al chilpotle, pechuga en pepián estilo Jalisco, conejo adobado y huachinanguito empapelado. En el renglón postres figuran delicias tales como el pastel de chocolate y nuez con frutos del bosque, las panetelas de almendra con leche de coco y piña caramelizada, y el sorbete de pétalos de rosa en caldillo de cítricos y frutos rojos.
Hoy, viernes 7, y mañana, sábado 8 de Junio, todavía es posible saborear esos exquisitos platillos, en el restaurante “Nicos”, de Azcapotzalco, un espacio donde se rinde culto a la buena cocina mexicana.

 
 

EL CHAMPAGNE MOET CHANDON

El vino que se halla íntimamente ligado al  regocijo, la celebración y la alegría es el Champagne, elaborado en la región homónima de Francia, en la parte nororiental de ese país europeo.
 Mucha tinta ha corrido en torno a que fue el monje benedictino Pierre Perignon 
 (a quien sus compañeros de monasterio  ---en la Abadía de Hautvillers, en la cual fungía como ecónomo---  le daban el respetuoso trato de Dom)  el inventor, o el “descubridor”, de esta deliciosa bebida efervescente, que actualmente goza de tanto prestigio en el mundo entero.
 No faltan quienes aseguran, con documentos plenamente comprobatorios de sus aseveraciones, que años antes de que Dom Perignon incursionara en la vinicultura ya se bebía un vino espumoso en Inglaterra. Lo cierto es que  la leyenda ha calado más hondo que la propia historia, en el pensamiento de quienes se interesan por el devenir secular de dicho néctar etílico. De allí que casi todo parece arrancar con las actividades vitivinícolas que Pierre Perignon realizaba en la ciudad de Epernay, en el corazón de la región de Champagne, y existe una hermosa frase, atribuida a ese monje, la cual fue pronunciada, se dice,  cuando iba a saborear una copa de ese vino espumoso, que años después recibiría el nombre de Champagne: ¡Venid, venid, hermanos, que estoy bebiendo estrellas!
La región de Champagne cubre una extensión aproximada de treinta mil hectáreas, de las cuales el sesenta por ciento está cubierto de viñas. Allí hay doscientas sesenta mil parcelas,
cuyos propietarios son dieciséis mil viñadores, quienes siembran las  tres variedades de uvas autorizadas para la elaboración de este delicado vino burbujeante: Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Maunier en áreas clasificadas como Grands Crus, las más importantes  por la clase de las uvas que allí son vendimiadas,   y Premiers Crus,  las que ocupan el segundo lugar en la categoría de terrenos más apropiados para el cultivo de las cepas  apropiadas  para elaborar  el Champagne. (Dicho sea de paso, el vino espumoso es “el” Champagne: y la región de donde procede tan reputado vino espumoso es “la” Champagne). 
Una de las marcas de Champagne más importantes y renombradas del mundo es
 Moet & Chandon, empresa cuyos seculares orígenes se remontan al año 1716, cuando Claudio Moet se inició en el negocio de los vinos. Más tarde, en 1743,  año en que son acreditados los primeros embarques de Champagne, fue fundada la empresa que hoy en día lleva la razón social de Moet & Chandon, Cabe agregar que la producción global anual de Champagne asciende a poco más de doscientos cincuenta millones de botellas , y que el diez por ciento de esa cifra  ---más de veinticinco millones de botellas---  son elaboradas por dicha casa cuya sede es la preciosa ciudad de Epernay. La exportación del Champagne Moet & Chandon  se estima en  veinte millones de botellas, aproximadamente.
Hace unos días estuvo en México el ingeniero Philippe Coulon, director enólogo de
 Moet & Chandon, para dirigir una degustación de tres de los Champagnes más representativos de esa marca: el Brut imperial, el Brut imperial Rosé y el Néctar Imperial (éste último de reciente lanzamiento mundial). En su presentación  ---ante un centenar de enófilos, interesados en estos báquicos asuntos---    hizo referencia a la historia de esa afamada casa productora, y señaló que la línea denominada “Imperial” (nombre que lleva una amplia gama de estos vinos espumosos como homenaje a Napoleón Bonaparte, quien fue amigo de los directivos de esa compañía) comprende, a más de los tres anteriores, el Reserva imperial, el White Star y el Dry Imperial, todos de extraordinaria calidad y delicado sabor.
Mención especial merece el Champagne ”Esprit du Siecle”, producido especialmente para conmemorar el comienzo del nuevo siglo.  Se trata de un vino espumoso de producción muy limitada, para el cual los calificativos de  “único”y  “excepcional” son quizá los más acertados. Es el resultado de un coupage de diez añadas diferentes, resultado de las vendimias obtenidas en un siglo, cada una de las cuales fue catalogada, en su momento,  como “millesimé”, por su finura y calidad. Este Champagne (a diferencia de todos los demás,  los cuales son el resultado de dos fermentaciones, la segunda de las cuales se lleva a cabo en la botella en la cual es puesta a la venta) tuvo tres fermentaciones, lo que lo hace una verdadera obra de arte de la enología.
Al día siguiente de esta interesante degustación los directivos de la casa Moet & Chandon en México (Jerome Seignon, Maria Isabel Coalla, Marie Ouzan y Gabriela Rodríguez) organizaron una  espléndida cena en el restaurante “Ciboulette”, del chef Olivier Lombard. Fue una agradable reunión en  la cual participaron, como comensales, doscientas personas, quienes degustaron el Champagne Moet & Chandon Brut Imperial Rosé de principio a fin de la velada.
Los guisos servidos esa noche fueron los siguientes: Tournedos de atún al ajonjolí; pechuga de pato marinada con especias de la india y salsa de higos frescos. Y como postre Arlette de frutas rojas con crema inglesa a la pimienta de Sechouan y vainilla. Estos tres platillos armonizaron de manera  perfecta con dicho Champagne rosado, elaborado con predominio de la cepa Pinot Noir, lo que le confiere un delicado aroma y sabor a frutas rojas.
A manera de colofón a esta nota gastronómica y enológica, citaré dos frases alusivas al  elíxir etílico que es orgullo de Francia.  La primera es del escritor inglés Charles Dickens: “”El Champagne es uno de los extras elegantes de la vida”.
La segunda fue pronunciada por Napoleón Bonaparte: “En la victoria mereces beber Champagne. En la derrota la necesitas”.
 
 
 
 

LA GASTRONOMIA DE COREA

La República de Corea es, junto con Japón, país anfitrión de la Copa Mundial 2002 de futbol, y su capital Seúl, fue en 1988 sede de los vigésimo cuartos Juegos Olímpicos. En aquella ocasión las autoridades sudcoreanas, temiendo una mala imagen de parte de los medios de comunicación, quienes se hallaban en Corea del Sur cubriendo la información de esa justa deportiva,   prohibieron que en los restaurantes se sirviese a los comensales 
 --- principalmente los propios habitantes de la capital, quienes eran,  y son, muy adictos a los platillos preparados con carne de perro---  los manjares que desde más de dos mil años son tradicionales en la cocina de aquella nación asiática. Esa decisión gubernamental provocó general descontento en la población, ya que en  las costumbres culinarias de aquel país la ingesta de esa carne es motivo de acentuado placer palatal  (quienes la comen frecuentemente aseguran que es en extremo deliciosa, y además la consideran altamente afrodisíaca, lo que juega un papel muy importante en su amplio consumo), y por ese motivo los habitantes de Seúl  se manifestaron profundamente disgustados con la decisión del gobierno. Apenas concluyeron aquellos juegos   ----y una vez que Corea del Sur, y principalmente su ciudad capital,  ya no se encontraba bajo la atención mundial---, el gobierno volvió a autorizar el amplio consumo de carne de perro, de manera especial la sopa de carne canina llamada poshintang,  que hoy en día es tan popular entre el pueblo de Corea del Sur. 
De acuerdo a las investigaciones arqueológicas más recientes,  los coreanos han comido carne de perro durante miles de años. Y no se trata únicamente de una esporádica alimentación en tiempos de crisis o de carencias nutricionales (como ha ocurrido en infinidad de países del mundo  (entre muchos otros Francia, especialmente en la guerra franco-prusiana de 1870), en los cuales, en períodos de hambruna colectiva, se ha recurrido a la ingesta de carne canina para satisfacer el hambre apremiante, que la mayoría de los habitantes de una población determinada experimentan en un momento dado.
En 1999, cuando ya estaba decidido que diversas ciudades coreanas y japonesas serían sede de numerosos juegos de la Copa Mundial 2002 de futbol, se registró un inicial movimiento tendiente a desautorizar el consumo de carne de perro en Corea del Sur, que no prosperó debido a la tenaz oposición de muchos fanáticos a ese tipo de carne. En el mes de noviembre de 2001, muy próximas ya las competencias deportivas asiáticas,  Brigitte Bardot, ardiente defensora de los derechos de los animales, instó al gobierno de Corea del Sur, en una entrevista realizada en la radio de Seúl,  a escuchar las opiniones de los extranjeros acerca de la ingesta de carne de perro. La respuesta de Corea del Sur, emitida por varios miembros del Parlamento, fue inmediata. Le dijeron a esa actriz francesa, quien se ha distinguido por su ferviente actividad en pro de muchas especies de animales, que antes de preocuparse por los perros coreanos manifestase su interés (lo que ha hecho en repetidas ocasiones en su patria) por los caballos y los caracoles,  que tanto gustan en toda Francia desde hace muchísimos años. Hoy en día el gobierno de Corea del Sur se ha pronunciado abiertamente por la libre ingesta de la carne de perro, a pesar de la opinión de quienes juzgan que debería decretarse una prohibición total del perro en la alimentación humana.
Es prudente mencionar que el Parlamento de Taiwán aprobó una ley que prohibe terminantemente el consumo de carne  de gato y de perro. Quienes violan esta ley se hacen acreedores a una multa de trescientos dólares.
Acerca de este asunto, el consumo de parte de los humanos de carnes de diferentes orígenes, es conveniente transcribir un párrafo del libro Bueno para Comer, del antropólogo  Marvin Harris: “”Comemos y digerimos  --los seres humanos somos omnívoros, que comemos alimentos de origen animal y vegetal--    toda clase de cosas, desde secreciones rancias de glándulas mamarias a hongos o rocas, o si se prefieren los eufemismos, queso, champiñones y sal. En la definición de lo que es apto para consumo humano interviene algo más que la pura fisiología de la digestión. Ese algo más son las tradiciones gastronómicas de cada pueblo. Las personas nacidas y educadas en los Estados Unidos aprenden a disfrutar las carnes de vacuno y de porcino, pero no de las de cabra o de caballo, o de las de larvas y saltamontes. Y con absoluta certeza no serán aficionadas al estofado de rata. Sin embargo, la carne de caballo les gusta a los franceses y a los 
belgas.... Los occidentales se abstienen de comer perros fundamentalmente porque constituyen una fuente de carne ineficaz, y porque disponen de toda una variedad de fuentes alternativas de alimentos de origen animal. En China, por ejemplo, donde la escasez perenne de carne ha dado lugar a una pauta bien arraigada de vegetarianismo involuntario, el consumo de carne canina es la norma, no la excepción””.
Entre los pueblos prehispánicos de Mesoamérica estaba muy arraigado el consumo de carne de perro xoloiztcuintle. Estos pequeños canes,  casi totalmente desprovistos de pelo, eran considerados la  representación del dios Xólotl. Se les castraba y engordaba,  para luego ser saboreados por los gastrónomos aztecas. Heriberto García Rivas señala que había tres géneros de estos canes: el ya mencionado Xoloiztcuintle , a quien se le confería la misión de guiar las almas de los muertos a su eterno descanso en el inframundo (lo que recuerda en la mitología helénica al Cancerbero, un perro de tres cabezas,  y al barquero Caronte, en la laguna Estigia, cruzando ese espacio acuático llevando las almas de los muertos a los infiernos);  el Itzcuintepozoli , provisto de una pequeña joroba, y el Tepeitzcuinte.
Estos animalitos, llamados comúnmente perro pelón mexicano, eran cocinados de la misma manera como los guajolotes, los venados y los conejos. Se comenta que son de carne muy suave y delicada. 

DELEITES GASTRONOMICOS

El escritor Waverley Root, un experto en todo lo concerniente a la historia de los alimentos, menciona que existen evidencias de que hace once mil años diversos pueblos del Medio Oriente  ---especialmente Irak---  habían domesticado al cordero, animal que constituía uno de sus principales nutrientes cárnicos, que era sacrificado antes de cumplir el primer año de vida. Otra opinión acerca de la acentuada preferencia que en muchas culturas ha existido por la carne de cordero, es la de la británica Isabella Vetón, quien afirmó que “de todos los animales, salvajes o domésticos, el más útil al hombre es, sin excepción,  el cordero”. Cabe señalar que los pueblos árabes del Medio Oriente, con sus notorias influencias culinarias en el norte de Africa y a la parte sudoriental de Europa, son los que más inclinaciones alimentarias presentan hacia ese animal. Y lo mismo que los árabes otros pueblos, como los chinos, los hindúes, los franceses, los españoles  ---quienes aseguran que “de la mar el mero y del monte el cordero--- y, por supuesto, los británicos han gustado, al paso de los siglos, de la tierna y apetitosa  carne del animal que es hijo o hija de la oveja, y que no pasa de un año de edad. (El borrego es el animal  de más de un año de edad). 
Lo anterior viene a colación en virtud de que el hotel JW Marriot presentará del lunes17 al viernes 28 de Junio una muestra gastronómica cuyo título es “Copas y Platos de Excelencia”, que tiene como fundamento la deliciosa armonización de diversos platillos cocinados a base de cordero y los magníficos vinos nacionales de las marcas Santo Tomás y Chateau Camou.
Este festival coquinario es el felíz resultado de la participación de tres empresas. Por un lado participa la US Meat Export Federation (organización no lucrativa, que se encarga de promover el consumo en México de diversas carnes rojas estadounidenses). Por otro está “Con Vino”, firma que distribuye en México varias marcas de vinos elaborados en nuestro país. Y como establecimiento sede el restaurante “Grill” del hotel Marriot, de Polanco.
El día de la inauguración de esta muestra culinaria los chefs Enzo Fornito y Ralph Romano presentaron un menú con las siguientes suculencias: carpaccio de cordero con comino y piñón; ensalada de lechuga rellena de cordero y queso de cabra; gratin de gnocchi en boloñesa de cordero; chambarete de cordero relleno y cous cous siciliano. Como postre, un exquisito parfait helado de finas hierbas con coulis de frutos rojos y cardamomo. Los vinos que acompañaron esos guisos fueron, por una parte,  Cabernet/Zinfandel, Gran Vino Tinto y Gran Divino, de Chateau Camou; y por la otra  Merlot y Unico, de Santo Tomas.
GASTRONOMIA Y VINOS DE CLUB DEL GOURMET 
El Club del Gourmet presentó en días pasados una  degustación de varios vinos de las bodegas  Alvear y Enate,  de España, cuya cata dirigida fue realizada por Rafael Rodríguez y Carlos Núñez, directivos de ambas empresas quienes vinieron a México a presentar sus respectivos vinos.
Inicialmente fueron catados cuatro vinos de la casa Enate, adherida a la Denominación de Origen Somontano (de Aragón, España), dando comienzo la sesión con el vino blanco Chardonnay Barrica 2000. En seguida el vino Rosado, cosecha 2001. Después el tinto Reserva Especial, cosecha 1998; y concluyó con el tinto Reserva Especial cosecha 1996. 
A continuación, sirvieron como aperitivo el vino generoso Capataz, de la casa Alvear, de Andalucía.  Luego,  acompañando una ensalada de jitomates secos, aceitunas y queso mozarella,  sirvieron el vino blanco Chardonnay 2.3.4 Enate. Y para un atinado maridaje con el plato principal, filete de res al vino tinto, fue escanciado el vino Enate Reserva, cosecha 1997. El postre, consistente en mousse de chocolate con teja de almendra, fue acompañado con el vino generoso Pedro Ximénez Solera 1910, de la Bodega Alvear. 
Los ocho vinos degustados en esa ocasión son de excelente calidad enológica y de delicioso sabor.
FESTIVAL GASTRONOMICO EN “LA JOLLA”
El pasado lunes 24 de Junio dio comienzo, en el restaurante “La Jolla”, del hotel Marquis Reforma de esta ciudad, una muestra culinaria en la cual el chef Thierry Blouet 
---director propietario del  “Café des Artistes”---  presentará una selección de los platillos más gustados en ese renombrado restaurante de Puerto Vallarta. 
Una vez más Philippe Seguin, director de alimentos y bebidas del hotel sede, ha diseñado un interesante festejo del biencomer y bienbeber, y en esta ocasión ha invitado como chef huésped a Thierry Blouet,  quien, entre otros méritos, es miembro de la Academia Culinaria de Francia y Maitre Cuisinier de France (Maestro Cocinero de Francia). Compartiendo la responsabilidad de la finura y delicia de los manjares de este menú especial,  estarán los chefs Ignacio Gutiérrez y Wilfrido Moreno,  del Marquis Reforma.
Entre los numerosos platillos que serán presentados a la consideración de los comensales (durante este festival culinario, que concluye el viernes 12 de Julio),  figuran los siguientes: carpaccio de salmón y res; foie gras de pato, con arúgulas y pistaches; crema de langostinos y calabaza; gazpacho al achiote; pato rostizado laqueado con miel de agave; pichón con foie gras y salsa de Madeira; salmón asado con laca de frijol negro; chuletón de cerdo con champiñones y morillas. Los postres, creación del chef Franck Monnier, serán, así mismo, una delicia: torre de marfil con brocheta de mango y piña; parfait de caramelo y pera; Napoleón de chocolate con crema de limón; y crujiente de vainilla y compota de plátano al ron añejo, entre varios otros melindres. 
En todos estos guisos se advierte la creatividad de ambos chefs, cuyas especialidades coquinarias encierran delicados aromas y exquisitos sabores, que tanto agradan a quienes los degustan.

 
 

EL CAVIAR: LUJO GASTRONOMICO

Alejandro Kuri es un joven chef mexicano,  cuyo talento coquinario se ha puesto de manifiesto en las múltiples presentaciones gastronómicas que ha venido realizando en  los años más recientes. A más de haber cursado los estudios de licenciatura en el arte culinario, la experiencia  que ha desarrollado en la práctica  ha sido muy amplia, y ello le ha permitido descollar en el ámbito de las nuevas generaciones de cocineros nacionales. Su encomiable tarea lo ha llevado a incursionar, con magníficos resultados, en las diversas facetas inherentes a esta apasionante actividad, y es por ello que pese a su juventud figura hoy en día como un excelente chef, cuya trayectoria profesional se ha venido cimentando al paso de los años.
Un aspecto digno de ser enfatizado, en la plural actividad culinaria de Alejandro Kuri,  está dado por las repetidas muestras gastronómicas que suele presentar ante diversos grupos de comensales, quienes teniendo conocimiento de los exquisitos platillos que él prepara,  le confían la confección de comidas y cenas privadas. Pero no solamente incursiona este chef en lo que pudiera ser llamada la alta cocina mexicana  (entendiéndose con esta designación los guisos nacionales de prosapia y suculencia, pilar fundamental de la cocina tradicional de nuestro país), sino que de un tiempo a la fecha se ha dedicado a realizar comidas y cenas en las que el caviar es el ingrediente principal de los apetitosos y sofisticados manjares que prepara. Cabe señalar que no son muchos los chefs que en México sirvan frecuentemente tales excelencias palatales, bien por el elevado precio que alcanzan los diferentes tipos de caviar, bien porque se requiere una cierta preparación (que Alejandro Kuri obtuvo durante una estancia en Nueva York, especializándose en estos platillos, considerados por muchos una verdadera lascivia palatal), que únicamente se obtiene con paciente y repetitivo trabajo culinario.
Tomando en consideración lo anterior,  el Grupo Enológico Mexicano invitó al chef Alejandro Kuri a presentar, en ocasión del Capítulo XXXVII de la Cofradía de Enófilos y Gourmets, una plática en torno al caviar. En el hermoso salón “El Vitral”, del restaurante “Les Moustaches” (el renombrado feudo gastronómico de Luis Gálvez), se reunieron
----por trigésimo séptima ocasión---   catorce cofrades a escuchar esta disertación acerca de la hueva del esturión  (que ha sido llamada, poéticamente, “Perla del Mar Caspio”),  la cual  incluyó una documentada exposición de los diferentes tipos de caviar: Osetra, Beluga, Sebruga, Golden Osetra e Imperial Black.
A continuación,  el enófilo Gerardo de Landa se refirió, de  manera amena y muy documentada, a la historia de los vinos de la marca Monte Xanic, aludiendo a las peculiaridades del suelo y del clima que imperan en el Valle de Guadalupe, en el estado de Baja California, factores éstos que han sido propicios para la elaboración de vinos de gran clase. En su charla, Gerardo de Landa mencionó los diferentes y complejos  procesos 
----que comienzan con las vendimias manuales de los mejores racimos de uvas, que se hallan  en su momento idóneo de madurez---,    los cuales  tienen lugar antes de que el vino sea embotellado y esté listo para ser degustado.
Momentos más tarde el mismo enófilo llevó a cabo la cata dirigida de cuatro de los vinos de la casa Monte Xanic. Para esta reunión fueron seleccionados dos vinos blancos y dos tintos. Los dos primeros fueron Calixa Chardonnay, cosecha 2000, y Chardonnay, cosecha 1998. Los dos tintos fueron Calixa Cabernet Sauvignon, cosecha 2000, y Cabernet Sauvignon, cosecha 1997. Los vinos Monte Xanic de la línea Calixa son vinos jóvenes, fáciles de ser degustados por quienes se están adentrando en el fascinante mundo de la apreciación sensorial  de los vinos. Son vinos muy agradables, elaborados para su consumo inmediato, más que para su guarda en una cava y posterior degustación, pasados algunos años. Además, tienen otra importante ventaja: en razón de que su elaboración es menos compleja, tecnológica y enológicamente hablando, su precio es más reducido que la línea de los varietales que han sido sometidos a un lento proceso de crianza, que tiene por finalidad la perfecta maduración de esos vinos.
Una palabra más acerca de los vinos de la línea Calixa de Monte Xanic. Recientemente se llevó a cabo en la queretana población de Tequisquiapan el Primer Concurso Enológico “Vintequis 2002”, organizado por la Asociación Mexicana de Sommeliers. En ese certamen el jurado, integrado por catorce jueces, evaluó sesenta y cinco vinos mexicanos (cifra que corresponde al ochenta por ciento de la producción nacional) y concedió diecinueve medallas (siete de oro, seis de plata y seis de bronce) y una Mención Honorífica, a los vinos cuyas calificaciones fueron las más altas. El vino Calixa Chardonnay, cosecha 2000 fue premiado con medalla de oro. El vino Calixa Cabernet Sauvignon, cosecha 2000 obtuvo medalla de plata. Y el vino Cabernet Sauvignon,  cosecha 1997 obtuvo medalla de oro.
 Este Capítulo XXXVII de la Cofradía de Enófilos y Gourmets concluyó con la degustación de tres platillos a base de caviar, que el chef Alejandro Kuri preparó para esta ocasión: el primero fue una rosa de salmón ahumado con caviar Sebruga. El segundo,  una tártara de camarón con caviar Osetra. El tercero consistió en un exquisito sachimi de atún al aceite de romero, con caviar Beluga “OOO” (triple cero), quizá el tipo de caviar más delicioso y el más apreciado por quienes gustan de saborear esta excelencia palatal y, por ende, el que alcanza el precio más alto. 

LOS VINOS DE CASTILLA-LA MANCHA

Mientras que unos historiadores del vino señalan que fueron los griegos quienes introdujeron en la península ibérica, en el segundo milenio antes de Cristo, el cultivo de la vid y la consecuente elaboración de esa bebida considerada “el legado de Dionisios”, otros consideran que los primeros viñedos fueron plantados por los fenicios, en el año 1100 A.C., en las costas meridionales próximas a Jerez y a Málaga. Más tarde llegaron los celtas, los jonios y los cartagineses, pero habrían de ser los romanos quienes, en el año 197 antes de la era cristiana, darían forma definitiva a la elaboración de vinos en esas tierras llamadas Hispania.
La superficie cubierta de viñedos en España es estimada en casi un millón y medio de hectáreas (exactamente 1.445,834 ha), que corresponde al ocho por ciento del área agrícola del país. Las viñas españolas son el diecisiete por ciento de la superficie total vitícola del mundo, y el veintidós por ciento del viñedo europeo. En España existen cincuenta y tres Denominaciones de Origen  oficialmente registradas, siete de las cuales están ubicadas en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, que se localiza en la zona central de este país. Los nombres de esas D. de O. son los siguientes: La Mancha, Valdepeñas, Jumilla, Almansa, Mondéjar,  Méntrida y Manchuela.
Los viñedos de Castilla-La Mancha cubren una superficie de unas seiscientas mil hectáreas, que equivalen al cincuenta y uno por ciento del total de las viñas españolas. En esta región vitivinícola predomina el sistema de cooperativas  ---existen treinta de ellas---,  y el número estimado de viticultores asciende a treinta y cuatro mil. La producción promedio anual de vino se calcula en mil ochocientos millones de litros, pero hay que señalar que la producción en el año 2001 ascendió a dos mil cien millones de litros. De esta crecidísima cantidad aproximadamente el sesenta y siete por ciento son blancos; el veinticinco por ciento son tintos; y el restante ocho por ciento son rosados. El viñedo de la Denominación de Origen La Mancha produce anualmente cien millones de litros de vino, el cual, antaño,  tenía una mala imagen dentro del país, porque se consideraba, injustamente, por cierto,  que los vinos allí elaborados eran simplemente regulares, pero ahora, merced al cuantioso volumen de exportaciones de esos caldos etílicos,  comienzan a ser mejor apreciados tanto en España como  en los mercados del extranjero. El área cubierta de viñas es de unas ciento noventa mil hectáreas (188.682 ha.,  exactamente), mientras que la de Valdepeñas es de ciento quince mil hectáreas. Conviene agregar que la Denominación de Origen Valdepeñas adquirió notoriedad porque los vinos allí producidos eran guardados en colosales tinajas de barro, en forma de ánfora, cuya capacidad oscilaba entre los diez mil y los quince mil litros.
Las variedades de uvas más utilizadas en las zonas productoras de vinos de Castilla-La Mancha son las siguientes: en las uvas blancas la principal es la Airén, seguida de la Viura, también llamada Macabeo, en Cataluña. En las uvas  tintas la más importante es la Cencibel, llamada Tempranillo, en La Rioja, Tinta del País, en la Ribera del Duero y Ull de Llebre, en Cataluña. Cabe agregar que de un tiempo a la fecha han comenzado,  en Castilla-La Mancha,   a elaborar vinos con las variedades clásicas francesas: Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay.
En días pasados tuvo lugar,  en la Oficina Comercial de la Embajada de España en México, una presentación de alimentos y bebidas de Castilla-La Mancha, en la cual predominaron los vinos elaborados en esa Comunidad Autónoma, así como los quesos manchegos, los aceites de oliva y los melindres regionales. Entre los vinos allí presentados tuve la oportunidad de degustar los vinos de la marca “Videva”, de la Denominación de Origen Valdepeñas, especialmente el Crianza cosecha 1996 y el Reserva cosecha 1995, de magnífica calidad. De la misma manera, me agradó el varietal Tempranillo, cosecha 1999, de esa empresa.
Otra casa productora presente en esta muestra fue Bodegas Arúspide, igualmente de Valdepeñas, cuyos vinos de la marca “Agora”, especialmente el delicioso “Agora Genuino”, son de excelente clase enológica.

LOS VINOS DE ARGENTINA

La vitivinicultura argentina se remonta a mediados del siglo XVI, ya que, se asegura,  las primeras vides fueron  plantadas en ese país sudamericano en el año 1554, en la región de Santiago del Estero, y procedían de los  viñedos que, en 1524, habían comenzado a ser cultivados  la Nueva España, por órdenes de Hernán Cortés.  Del entonces virreinato novohispano, hoy México,  fueron llevadas las vides  a otros dominios americanos de la metrópoli hispana, como  Perú,  Chile y Argentina, donde habrían de encontrar terreno propicio para su desarrollo. 
La enóloga Serena Sutcliffe señala  que “Históricamente, las variedades de uva más comunes son las rosadas de Criolla Grande y su clon Cereza”. Y Ed McCarthy menciona que “la producción argentina se centra en la uva Criolla, una versión de cáscara rosada de la variedad País de Chile, y en otra uva rosada llamada Cereza. Entre las dos suman la mitad de las plantaciones del país. La mayor parte del vino hecho con estas uvas es una bebida sencilla para el mercado interno”.
Ya luego habrían de venir  otras cepas, introducidas por los inmigrantes italianos, en el transcurso del siglo XIX, como Lambrusco, Sangiovese y Barbera. Más tarde comenzarían a ser elaborados vinos con las variedades llamadas “finas”, como Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Chardonnay, Merlot,  Malbec, Chenin Blanc y  Syrah. En la obra El libro del vino y las bebidas argentinas   (1994) leo lo siguiente: “Con estas cepas se posibilitó el desarrollo de varietales y assemblages finos. La jerarquización del consumo determinó que los vinos comunes de  uva Criolla fueron reduciendo su participación en el total del mercado interno, y aumentaran correlativamente las opciones de cepajes finos. En este lento, largo y gradual paso del vino de damajuana a los delicados assemblages de aroma sutil y paladar complejo está toda la historia de la viticultura nacional”. 
En numerosos libros referentes al vino he encontrado la información de que Argentina es el cuarto o quinto productor en el mundo. En la obra mencionada líneas arriba, en la página 9, queda asentado que “los vinos argentinos son oriundos del quinto país en el ranking mundial de productores”. Y en la página 13 aparece que “Argentina ocupa el cuarto lugar en el ranking mundial de productores y el quinto en cuanto al consumo”. La Oficina Internacional de la Viña y el Vino  --organismo que afilia a una cuarentena de países vitivinicultores—  dio a conocer en 1994 las cifras oficiales de la producción de vino en el mundo, correspondientes a 1993. En ese documento se enlistan los diez países más importantes por el volumen de vino elaborado: Italia (6.270 millones de litros), Francia (5.800 millones), España (3.300 millones), la CIS  --que agrupa a varias naciones de la ex URSS—   (1.780 millones), Estados Unidos de América (1.540 millones), Argentina (1.390 millones), Alemania (1.340 millones), Sudáfrica (998 millones), Portugal (735 millones) y Rumania (545 millones de litros).  De acuerdo a esas cifras, Argentina ocupaba el sexto lugar por su producción de vino y Chile el décimo sexto. El porcentaje de exportación de vino de Argentina correspondía al tres punto tres de su producción total, mientras que la comercialización de vino chileno en el extranjero era del veintisiete punto cinco de su producción.
Hoy en día se han registrado grandes cambios en lo concerniente a los principales países productores de vino. Los tres primeros siguen siendo Italia, Francia y España, seguidos de Estados Unidos de América. Se comenta que si California fuese una nación independiente ocuparía el lugar número cuatro en el orbe, ya que en el año 2001 fueron elaborados en esa entidad estadounidense más de mil cuatrocientos millones de litros de vino. Es muy probable que Argentina esté ubicada en el lugar cinco o seis de la clasificación mundial, pero es indudable que hoy en día ---a diferencia de lo que ocurrió durante varios años---   los vitivinicultores  de esa nación sudamericana han manifestado encomiable interés por elaborar vinos de notoria calidad y finura. Ha quedado atrás la producción de vino ordinario, que suele ser llamado “de pasto”, que si bien no es desagradable al paladar de quien lo degusta es el resultado de una vinificación menos compleja que la que se requiere para producir vinos de gran clase.
Hace unos días estuvo en México el enólogo Roberto de la Mota, director de la Bodega Terrazas de los Andes, para presentar los vinos de esta empresa ubicada en la región de Mendoza,  la zona vitivinícola más importante de Argentina, que se localiza al pie de la Cordillera de los Andes.  En esa ocasión fueron degustados varios vinos de esa marca, que por sus diferentes procedimientos de vinificación y crianza están ubicados en tres categorías: Alto, Reserva y Finca Selecta. De la categoría intermedia, tuve oportunidad de probar ese día el Chardonnay Reserva, el Malbec Reserva y el Cabernet Sauvignon Reserva, que me parecieron de señalados atributos enológicos. A continuación degusté las dos gemas de esa empresa, Gran Malbec y Gran Cabernet Sauvignon (su crianza en barrica se prolonga, en ambos vinos,  por dieciocho meses, y luego permanecen en botella otros doce meses, antes de salir al mercado),  que me parecieron dos vinos de extraordinaria calidad,  por su delicioso bouquet y exquisito sabor. 
Estos vinos argentinos ya se encuentran en el comercio capitalino, y su degustación permitirá el placer de saborear muy buenos vinos de mesa. 
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VIERNES 26 DE JULIO

 
EL CERDITO VIAJERO

Hace dos años fue inaugurado en México un hermoso restaurante, la primera sucursal hasta entonces del célebre bistro parisino Au Pied de Cochon, ubicado en el populoso barrio de Les Halles. Con tal motivo,  escribí una nota periodística alusiva a esa apertura,  y me referí a ese local cuyo emblema es un cerdito, diciendo que había llegado a la capital mexicana el “cerdito viajero”. 
En Paris, la fascinante capital francesa,  abrió sus puertas este restaurante el día 6 de diciembre de 1946  ---en el número 8 de la Rue Coquilliere, frente a la iglesia de San Eustaquio, y a dos pasos del Centro Georges Pompidou---    y desde entonces ha estado en funcionamiento durante  las 24 horas del día (y a toda hora se encuentra muy concurrido),  ofreciendo como especialidades tradicionales la exquisita sopa de cebolla gratinada, los caracoles a la bourguignone,  los pescados, los  mariscos y las patas de cerdo, entre muchas otras suculencias dignas de sápida degustación.
Fue un verdadero acierto de Carlo Bicaci, gerente general del hotel Presidente-Intercontinental, haber pensado, hace unos años,  en que dentro de este elegante feudo turístico funcionase una sucursal del original Au Pied de Cochon, donde, en cualquier momento del día o de la noche,  los comensales pudiesen  acudir a saborear los apetitosos guisos propios de la gastronomía francesa.
Recuerdo que el día que abrió sus puertas Au Pied de Cochon de la ciudad de México,  los directivos del hotel arriba mencionado prepararon una espléndida fiesta, que hizo pensar a más de uno que se encontraba en Paris, en un barrio típico de la Ciudad Luz, ya que un conjunto musical, ataviados sus integrantes muy a la “francesa”,  interpretaba las melodías populares  más conocidas de ese país. Un experto escenógrafo montó un amplio espacio de manera tal que hacía suponer que paseaba por Paris, solazándose con ese delicioso ambiente citadino.
Ahora, transcurridos dos años de exitoso funcionamiento de este bistro (resultado lógico de una esmerada combinación de factores:  la excelencia culinaria del chef Guy Santoro, la decoración del local, en extremo agradable, y un cálido y eficiente  personal de  servicio),  los directivos del hotel Presidente-Intercontinental planearon otra fiesta por el segundo aniversario, y fue así como presentaron un concurridísimo festejo, en el que intervinieron bailarinas de can-can, malabaristas y músicos, que hicieron las delicias  de los ochocientos invitados allí presentes. 
En este festejo estuvieron presentes, junto con Carlo Bicaci y Marta Serrano, directora de Relaciones Públicas del Presidente-Intercontinental,   dos directivos del restaurante matriz de Paris: Jean-Pierre Chedal, director general de los restaurantes Les Freres Blanc, y Jean Francois Lecerf, maitre D’hotel de Au Pied de Cochon.

“Los Amigos de Fierro”
José Hernández fue un escritor argentino, nacido en 1834 y fallecido en 1886, quien escribió un libro clásico en la literatura de ese país sudamericano.
 Martín Fierro es el nombre de ese poema gauchesco en verso, que a los pocos años de haber visto la luz  (la primera edición fue en 1872)  había sido publicado repetidamente, al grado que en sólo cuatro años el tiraje  alcanzó la increíble cantidad, para esa época, de cincuenta mil ejemplares.
El autor exalta la amistad, con la peculiar manera de expresarse de los gauchos, enfatizando que es uno de los mejores sentimientos que pueden tener los hombres. Esto me hizo recordar, cuando hace unos días  volví a releer el  libro de José Hernández,  a Marco Tulio Cicerón, en su obra De la vejez, de la amistad, parábolas . Lo mismo el argentino que el romano ponderan las cualidades de una acendrada amistad, y enfatizan la simpatía y el afecto cordial que se establece entre los amigos. Así habla Martín Fierro: “Al que es amigo, jamás/ lo dejen en la estacada;/ pero no le pidan nada/ ni lo aguarden todo de él; / siempre el amigo más fiel/ es de una conducta honrada”.
Los párrafos anteriores constituyen, a mi entender, un adecuado preámbulo para referirme a la inauguración de un restaurante argentino, que lleva por nombre “Los Amigos de Fierro”, sito en Vito Alessio Robles 24, no lejos del monumento a Álvaro Obregón. La idea de abrir un “boliche” (un pequeño establecimiento de restauración, equivalente a un bistro francés, o a una trattoría italiana, en el cual se pueden saborear platillos sencillos pero deliciosos, a un precio nada oneroso) fue de dos amigos que gustan de la buena mesa, y para ello escogieron el sugestivo nombre que lleva este hermoso salón comedor,  bellamente decorado con motivos gauchos. Así dicen los dos socios: “El nombre Los Amigos de Fierro lleva una doble connotación: la primera se relaciona con una forma muy nuestra de expresar la amistad, sincera y fraternal, pues cuando decimos “ese es un amigo de fierro”, sabemos que es amigo a toda prueba y para toda la vida. La segunda, es que para nosotros la máxima expresión del gauchaje argentino es Martín Fierro, considerado un clásico de la literatura argentina”.
Este restaurante tiene como principales especialidades diferentes tipos de pastas: spaguettis, tallarines, ravioles, lasagna, canelones, ñoquis. Así mismo las tradicionales empanadas argentinas, de carne o elote con queso, la chistorra, la pascualina y el bife de chorizo argentino importado, entre muchos otros guisos. 


VIERNES 2 DE AGOSTO

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LA CEPA CARMENERE, DE CHILE

Los especialistas en viticultura afirman que en el periodo terciario, hace de ello unos sesenta y seis millones de años, apareció la vid, planta que se extendió por Asia, Asia Menor y Europa. Gracias a la información proporcionada por la paleobotánica (la rama de la ciencia que estudia las plantas fósiles) tenemos conocimiento de la existencia de hojas de vid y de racimos fósiles, que se remontan a los tiempos del pleistoceno, un millón de años antes de nuestra era. Durante la Edad del Bronce, hace aproximadamente unos cuatro mil o cinco mil años, la viticultura era practicada extensamente en el Medio Oriente.
El género botánico Vitis incluye dos subgrupos: la euvitis o vid verdadera, y la muscadenia. Existen unas sesenta especies conocidas de vitis, una de las cuales, la de mayor importancia para la elaboración del vino, es la Vitis vinífera, de la cual se cuentan más de ocho mil variedades diferentes. Las palabras variedades, cepas o vidueños, tratándose de la Vitis   vinífera,  son sinónimas, y se les utiliza indistintamente. Las cepas blancas más ampliamente empleadas en todo el mundo son las siguientes: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Semillon, Gewurztraminer, Rieling, Albariño, Silvaner, Trebbiano y Malvasía. Las variedades de uvas tintas que son más extensamente utilizadas por los enólogos, para elaborar vino, son las que a continuación enlisto: Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Merlot, Malbec, Sangiovese, Pinot Noir, Garnacha, Nebbiolo, Cabernet Franc, Cariñena, Syrah, Barbera y Pinot Meunier. Cabe agregar, para dar una idea más amplia de lo relacionado con las uvas, que existen cuatro grupos: para mesa  ---para ser comidas como fruta, y de las cuales hay unas veinte variedades diferentes---,  para producir jugo, para pasificar y para elaborar vino. 
Una de las cepas, variedades o vidueños de uvas que está motivando un gran interés en el mundo del vino es la Carménere, de Chile, la cual se suponía había desaparecido  por completo de los viñedos del planeta, ya que, inclusive, su nombre quedó prácticamente olvidado, cuando a raíz de la epidemia de filoxera, que asoló las viñas de Europa a mediados del siglo XIX, quedaron arrasadas miles y miles de hectáreas en varios países europeos. 
Pero aconteció que hacia 1850 los viticultores chilenos comenzaron a importar las primeras cepas consideradas finas, para mejorar la calidad de sus vinos, que hasta entonces estaban siendo elaborados con uvas País o Misión. En aquellos años no era frecuente que en los viñedos de Burdeos, los más renombrados de Francia, se hiciese una plena identificación de las cepas, por lo que coexistían diversas variedades en una misma viña, como asienta  Gérard Aubin, en su libro Bordeaux, vignoble millenaire. Es casi seguro que cuando fueron llevadas diversas cepas a Chile, llegaran vidueños de Carménere (también conocida con los nombres de Grand Vidure y Grand Carmenet) entre las plantas de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot, las más preciadas por los viticultores,  “algunos años antes de que aquella cepa desapareciera por completo de su Burdeos natal, debido al mencionado ataque de filoxera”.
De acuerdo a la noticia publicada en la revista “América Economía” (número 207, correspondiente al 3 de mayo de 2001) en el año 1994, en ocasión del 6º. Congreso Latinoamericano de Floricultores y Enólogos, celebrado en Chile, el enólogo francés Jean Michel Boursiquot, ampelógrafo de Montpellier, estableció que gran parte de los viñedos chilenos considerados de la cepa Merlot eran, en realidad, de la variedad Carménere, un vidueño casi totalmente desaparecido de Francia. La declaración del enólogo galo despertó marcada controversia entre los productores chilenos, ya que éstos consideraban que después de haber conseguido que sus vinos varietales elaborados con la cepa Merlot, podría suceder que, comercialmente hablando, se registrasen efectos negativos, tanto en el mercado interno como en el de exportación. 
Pero ocurrió prácticamente lo contrario, ya que, de acuerdo a la nota periodística aludida en el párrafo anterior, “el número de hectáreas sembradas con la variedad Carménere, en Chile, ha crecido de manera exponencial: en 1993 tres bodegas contaban con viñas sembradas de esta variedad, y había 300 hectáreas. Para 1997 ya  sumaban 330 hectáreas; en 1998, el número se había incrementado a 1.167. Para 1999 el total ascendía a 2.306, porque mucho de lo que antes se consideraba Merlot ha sido reclasificado como Carmenere, según afirma el enólogo Philippe Pszczólkowski, catedrático de la Universidad Católica de Chile”. En abril del año 2000 quince empresas estaban elaborando vinos monovarietales Carménere.
El nombre Carménere bien  puede derivar del término carmine, cuyo significado es carmíneo (el carmín es una sustancia colorante, de color rojo carmesí, usada en pastelería y cosmética. Es extraída de la hembra del coccus cacti, una especie de cochinilla,  ya que los vinos elaborados con esa variedad son de color rojo intenso, acerezado. 
La cepa Carménere es la variedad distintiva de Chile, y dentro de muy poco tiempo será emblemática como la Pinotage, de Sudáfrica; la Malbec, de Argentina; la Syrah, de Australia; o la Zinfandel, de California. 
En días pasados tuvo lugar una cata “ciega” (del Grupo Enológico Mexicano), en la cual fue degustado analíticamente un  vino chileno de la variedad Carménere, de la marca Canepa. Los catadores evaluaron este magnífico vino, de color rubí intenso, con tonalidades violáceas. Magnífica presencia de “piernas”, por el glicerol que contiene. Su aroma resultó muy complejo: frutos rojos aún no maduros, matices de tabaco, chocolate, canela, especias. Y su sabor mostró un cuerpo aterciopelado, redondo, propio de vino joven, con un retrogusto prolongado. En suma, un excelente vino, que en su juventud muestra cualidades que se habrán de incrementar con unos años de crianza en la botella.


 

VIERNES 9 DE AGOSTO

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LOS PLACERES DEL GUSTO

La palabra placer tiene varios sinónimos. Entre otros, puedo enlistar los siguientes: gusto, contento, alegría, regocijo.  El placer puede ser definido como “la sensación agradable que produce la satisfacción de un deseo material o inmaterial”. Es común afirmar que la delectación es efímera, que los goces son fugaces y que los deleites son pasajeros. De ahí la certeza del refrán que asegura “los placeres por onzas, los pesares por arrobas”.
Fueron los hedonistas quienes dieron origen a la Escuela Cirenaica, en el siglo V A.C.. Para ellos el placer tenía un acentuado contenido ético, ya que exaltaba los valores morales del individuo. A juicio de Epicúreo la felicidad se alcanza a través del uso racional del placer, considerando a éste como la armonía espiritual, como un bien, como un bienestar del cuerpo y del alma.
Refiriéndome al placer recuerdo uno de los aforismos de Jean-Anthelme Brillat Savarin (llamado por Félix Martí Ibáñez   “sublime Premio Nobel de la Gastronomía”),  incluído en  su libro Fisiología del Gusto: “El Creador, al obligar al hombre a comer para vivir, le incita a ello por el apetito y le recompensa por el placer”. Brillat Savarin (1755-1826) acuñó el vocablo gourmet, que tiene el significado  de “gastrónomo entendido en vinos y licores, y que conoce y aprecia la buena mesa”. El mismo autor francés consignó que la gourmandise es una predilección apasionante, razonada y habitual por todo aquello que halaga al paladar. La gourmandise es enemiga de cualquier exceso”. Y luego agrega: “la  gourmandise únicamente tiene nombre en francés; no puede ser traducida ni por el vocablo latino gula ni por el inglés gluttony, ni por el alemán lusternheit”.
En otro de los aforismos de Brillat-Savarin, del libro arriba mencionado,  cuyo subtítulo es: Meditaciones de gastronomía trascendente, ese autor expresa certeramente que “En los placeres de la mesa participan todas las edades, y las gentes de cualquier condición social, en todos los países y todos los días. El placer de la mesa es compatible con todos los demás, y nos es fiel hasta el último momento, para consuelo nuestro cuando ya hemos perdido los otros”  (subrayado por mí, para enfatizar la veracidad de esas palabras).
Harry Schraemli, autor del precioso libro (quizá un atinado calificativo para ese estudio sería “sabroso”, porque versa en torno al arte del biencomer y del bienbeber) que lleva por título Historia de la gastronomía, menciona que “Gourmand es aquel  que se deleita con las comidas o bebidas buenas; gourmet es el que conoce y prefiere los vinos más selectos. Pero aquel que es prudente e inteligente como un filósofo, discreto, entendido y refinado en ambas cosas, debe ser llamado gastrósofo”. 
A este particular agregaré que Octavio Paz, en su obra El ogro filantrópico, refiere que “Para Fourier, la gastrosofía no sólo era la ciencia de la combinación de los alimentos sino de los convivios. A la variedad de los manjares debería corresponder la de los participantes en la comida. Los vinos y los licores son el complemento de la comida y, así, tienen por objeto estimular las relaciones y las uniones que se anudan  en torno a una mesa”. 
Tanto Fourier como Schraemli, así como también los directivos del Grupo Enológico Mexicano, coinciden en que uno de los  más deleitables “Placeres del Gusto” que les es dado disfrutar a los gastrósofos, estriba en el privilegio palatal de saborear exquisitos manjares al tiempo mismo que una estimulante conversación anima el ambiente en el cual se encuentran inmersos unos cuantos comensales, durante una comida o una cena, rociada con buenos vinos.
Eso es, precisamente, lo que aconteció en la primera de una nueva serie de presentaciones, denominada genéricamente “Los Placeres del Gusto”, que tuvo lugar en el restaurante “Los Amigos de Martín Fierro”, sito en Vito Alessio Robles 24, en la colonia Florida. En ese espacioso salón comedor, de muy bella ornamentación gauchesca,  se dieron cita dieciséis personas (invitados conjuntamente por el Grupo Enológico Mexicano y por Raúl López Rodríguez, el director-propietario de ese feudo culinario), a disfrutar del biencomer y bienbeber.
Inicialmente Rafael de Orellana, director comercial de la empresa Cyrnos, disertó acerca de la bodega vitivinícola argentina “Luigi Bosca”, localizada en Luján de Cuyo, en la región de Mendoza. En forma por demás amena hizo referencia a los orígenes de esa compañía, de reconocido prestigio enológico por la excelencia y finura de sus vinos, lo que motivó interesantes comentarios de parte de los gastrósofos allí presentes. A continuación fueron degustados dos vinos de esa marca, los varietales  Chardonnay y Malbec, y su descripción organoléptica (la exposición verbal de sus principales características visuales, olfativas y gustativas) estuvo a cargo de dos socios del Grupo Enológico Mexicano. Esa relación fue atinadamente complementada con las opiniones y juicios de ambos vinos, que los restantes comensales hicieron.
En seguida vino una amena charla de Rafael López Rodríguez, quien se refirió, con toda propiedad a la cocina argentina, aquella que él conoció en su infancia en su país natal, enfatizando en que es muy amplia y deliciosa, y tiene infinidad de matices y sabores, por la diversidad de los ingredientes que le dan forma, dependiendo de las diferentes áreas geográficas de esa nación sudamericana.
Un aspecto en extremo deleitable de esta reunión gastrosófica consistió en la degustación de una suculenta cena, armonizada con los magníficos vinos de la casa “Luigi Bosca”. El primer platillo fue espagueti (elaborado en el propio restaurante “Los Amigos de Fierro”) a los cuatro quesos: manchego, philadelphia, gruyere y roquefort. El plato principal fue asado de tira y arrachera, muy apetitoso. Y el postre fue una especialidad de la repostería argentina: Pionono, que es un rollo de pan dulce combinado con dulce de leche quemada y helado de vainilla.
A manera de colofón quiero citar un aforismo de Brillat-Savarin, que hace alusión a los principios fundamentales de la gastrosofía: para que una reunión sea digna de ser recordada se requieren de cuatro factores: “alimentos por lo menos pasables; buen vino; compañía agradable y bastante tiempo”.
Todo lo anterior se cumplió en forma atinada,  lo que hizo de esta cena de la serie “Los Placeres del Gusto”,  en el restaurante “Los Amigos de Fierro”, ocasión propicia al deleite palatal.


 

VIERNES 16 DE AGOSTO

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LOS HONGOS SILVESTRES

En el calendario gastronómico mexicano existen platillos de “temporada”, de acuerdo a la época del año. Al comenzar enero tiene vigencia, por un día, la rosca de “reyes”. El 2 de febrero, día de la “Candelaria”, lo común es disfrutar de los tamales, de muy diferentes estilos y sabores. Durante la Semana Santa la costumbre culinaria establece el consumo de platillos a base de pescados y mariscos. Meses después, durante las festividades septembrinas, los guisos tradicionales más degustados son la  birria, el pozole, el menudo, etc., con las naturales influencias propias de cada estado o región de nuestro país. Al llegar los primeros días de noviembre ya está listo el “Altar de Muertos”, y los dulces típicos, como la calabaza en tacha, la capirotada y otros melindres por el estilo, hacen las delicias de los comensales. Para diciembre, ese mes “platónico” por excelencia 
--- “platónico” por los numerosos platones de suculentos manjares que se acostumbra saborear---,  la costumbre impone los platillos a base de bacalao, de pavo  (es el mismo guajolote del resto del año, pero en la temporada navideña cambia su nombre, por el más elegante y refinado de “pavo”) y de cerdo, acompañadas esas apetitosidades con un buen vino espumoso.
Durante la temporada de lluvias, que por lo regular comienza después del 24 de junio, día de San Juan, las preferencias culinarias se manifiestan en sabrosos guisos preparados con hongos silvestres, que proliferan  principalmente en los bosques, ya que las condiciones de humedad y temperatura  propician su crecimiento. Los nombres que reciben los hongos silvestres en México son muy curiosos. Entre otros puedo enlistar los siguientes: lengua de gato, patas de borrego, hocico de puerco, clavitos, enchilados, señoritas, duraznillos, negritos, tejamaniles,  escobetillas (también llamados patas de pájaro y patas de pollo), gachupines, yemitas, cornetas, panzas o pancitas, escobetas, negritos y morillas.
Cabe señalar que durante muchísimos años los hongos estuvieron incluidos en el reino vegetal, porque brotando estas formaciones del suelo se suponía que debían pertenecer a ese grupo de los seres vivos. Pasado el tiempo fueron clasificados en un reino aparte, el de los fungi o micetos, de los cuales se piensa existen más de cien mil especies diferentes en todo el mundo. En México se estima que son conocidas tres mil especies de hongos. El nombre en latín de los hongos en fungi, mientras que en griego su denominación es mikes. Micología es la denominación de la rama de la ciencia que estudia a los hongos, y el vocablo micofagia hace referencia al hecho, deleitable en extremo, de comer hongos. 
Una vez más, como ha ocurrido en los cuatro o cinco años pasados, Philippe Seguin, director de alimentos y bebidas del hotel Marquis Reforma, ha diseñado un atractivo menú a base de hongos silvestres, que estará vigente en el restaurante “La Jolla” durante los meses de agosto y septiembre. En este tiempo los comensales podrán elegir, de la carta especial a base de setas, platillos  tan suculentos como el hojaldre crujiente de huitlacoche, el vol au vent de morillas, el portobello asado sobre salpicón de hongos silvestres y gratinado con queso Gorgonzola, el huitlacoche salteado sobre tallarines a la crema, el mero chileno con setas a la bordalesa y los camarones gigantes con hongos duraznillos. Todos los anteriores son apenas una deliciosa selección de esta carta de temporada, que muestra algunas de las apetitosidades que es posible degustar en el restaurante “La Jolla”,  a base de los hongos silvestres, propios del tiempo de lluvias. 

Festival de cocina en “Au Pied de Cochon”
El restaurante “Au Pied de Cochon”, ubicado en el centro gourmet del hotel Presidente Intercontinental, es un caso sui generis en la restaurantería capitalina, ya que es
el único  ---hasta donde yo tengo conocimiento de ello---   que abre sus puertas las veinticuatro horas de cada día, al igual que su homólogo en la capital francesa, en la fascinante ciudad de Paris.
En fecha reciente este elegante establecimiento de restauración celebró su segundo aniversario, en un concurrido festejo en el cual participaron casi mil personas. Y ahora, apenas transcurridos unos días de aquella multitudinaria reunión, en este feudo coquinario de reconocido prestigio gastronómico se está llevando a cabo una festividad culinaria cuyo título es Festival Rouge. El menú especial enlista delicias tan apetitosas como la fuente de mariscos, el bogavante de Maine, el abulón rojo de Baja California, el cangrejo de piedra bajacaliforniano, el atún de aleta azul, los ostiones gratinados con sabayon de langostinos de río, el gazpacho con langostinos australianos y la tradicional bouillabaisse provenzal.
En fecha reciente he tenido oportunidad de saborear algunos de estos guisos, y me he percatado de la señalada suculencia de dichos platillos, cocinados bajo la experta mirada de Guy Santoro, el chef del restaurante “Au Pied de Cochon”, del hotel Presidente Intercontinental.



 

VIERNES 23 DE AGOSTO

 
LOS VINOS PREMIUM Y ULTRA PREMIUM DE CHILE

A mediados del siglo XVI llegaron las primeras vides a Chile, llevadas por los colonizadores españoles, para quienes el consumo del vino, acompañando sus comidas,  era parte substancial de su ingesta cotidiana. 
De manera gradual comenzó la expansión del viñedo chileno, conforme fueron transcurriendo los siglos. Y a mediados del siglo XIX se registró una notoria expansión de la vitivinicultura, ya que los propietarios de las bodegas comenzaron a importar de Europa 
---de Francia, Italia y España,  principalmente---  las variedades de uvas consideradas “finas”, como la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Pinot Noir, la Riesling, entre varias otras,  con lo que la producción de vinos en Chile inició un señalado auge. Los dueños de esas empresas no dudaron en dar sus apellidos a sus respectivos negocios, por considerar que la vitivinicultura es “la reina de las artes agrarias”.  De esta manera, surgieron bodegas como Viña Macul, Viña Ochagavia, Viña Urmenta, Viña Concha y Toro y Viña Undurraga, entre muchas otras que en la razón social ostentan el apellido de los visionarios empresarios que iniciaron lo que, en unas cuantas décadas,  comenzaría a representar  la prosperidad de los viñedos de Chile. 
En el año 1965 la exportación de vino chileno ascendía a poco más de cuatro millones de litros de vino, comercializados en veinticuatro países. Conforme fueron pasando los años la producción incrementó notoriamente, al grado de que a mediados de la década de los años ochentas el volumen de ventas en el extranjero rebasó la cifra de los diez millones de litros, momento en el cual eran ochenta las naciones del orbe que importaban esos deliciosos caldos etílicos. Por esos mismos años se registró el primer gran triunfo de la vitivinicultura chilena, ya que en 1987 el vino tinto Cabernet Sauvignon “Medalla Real”, cosecha 1984, de Viña Santa Rita, fue galardonado con el primer lugar en la Olimpiada Gault et Millau del Vino, celebrada en Francia. El enólogo responsable de haber creado este exquisito vino, Ignacio Recabarren, manifestó que “al haber cambiado las antiguas cubas de Raulí 
 ---una madera autóctona con la que eran hechas las barricas para envejecer y mejorar el vino---  por barricas nuevas de roble francés, revolucionamos la manera de elaborar los vinos tintos en Chile”.
Otro vino chileno, Novísimo, cosecha 1993, de la bodega Viña Canepa, fue objeto de una señalada distinción, ya que en una cata “ciega” realizada en la televisión de Gran Bretaña obtuvo mejor puntuación que un vino Chateau Latour, de Burdeos, Francia.
Los vinos de Chile, cuya producción en el año 2000 fue de más de seiscientos cuarenta y dos millones de litros (la exportación ascendió a más de doscientos sesenta y siete millones de litros: exactamente 267.511.811 litros), han alcanzado una envidiable presencia mundial, ya que en la actualidad son exportados a ciento cinco países. Condiciones fiscales muy favorables han permitido que a todo el mundo lleguen estos vinos, de precio razonable y de magnífica calidad, con lo que al presente Chile ocupa el quinto lugar como país exportador, atrás de Francia, Italia, España y Australia. 
Marcelo Soto,  comentarista enológico de esa nación sudamericana, ha manifestado recientemente que en los albores del nuevo milenio comienza a dejarse atrás la imagen de Chile como la de un país que produce buenos vinos, bonitos y baratos. Y es que ahora surge avasalladora la imagen de los que han sido llamados “los vinos tintos de sangre azul”, aquellos vinos calificados como Premium y Ultra Premium, resultado de una tecnología enológica en extremo desarrollada, en los cuales se conjuntan varios factores: uvas seleccionadas,  vendimiadas en “pagos” de reducida extensión, un cuidadoso proceso de vinificación, un prolongado período de crianza en barrica y en botella, a más de la requerida campaña mercadológica para ubicar estos vinos en un nicho de mercado internacional similar al que ocupan los vinos franceses de Burdeos y de Borgoña. 
Marcela Espildora, perodista chilena, escribió que” Muchas viñas nacionales están apostando, en estos tiempos, por elaborar vinos de gran calidad y alto precio, que son los conocidos como Premium  que tienen toda la intención de competir con los grandes vinos del mundo. Son vinos producidos en un  terroir (un viñedo específico, con un microclima determinado). Son viñedos de baja producción. Y el precio del vino oscila entre los veinticinco y los ochenta dólares”.

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VIERNES 30 DE AGOSTO

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LA COCINA DEL NORTE DE MÉXICO

Paul Kirchhoff, etnohistoriador alemán nacionalizado mexicano, acuñó el término Mesoamérica, aplicado a una “superárea cultural”, que comprende una vasta, dilatada región que se extiende de la parte centro septentrional de México   ---desde Zacatecas hacia el sur---   hasta Costa Rica. En esta extensa zona geográfica florecieron,  en el pasado, diversas culturas como la olmeca, la maya y  la azteca, para sólo nombrar aquellos grupos étnicos que dejaron luminosa huella de su tránsito por el mundo,  en infinidad de construcciones, que  hoy en día podemos admirar en nuestro país,  lo mismo que en Guatemala, Belice,  Honduras y El Salvador.
Aquel investigador creó también el vocablo “Norteamérica Arida”, entre 1943 y 1944, y en 1954 cambió ese nombre por el más breve de “Aridoamérica”, para designar a la dilatada extensión situada en la parte más septentrional de México, que alguna vez estuvo habitada por diversos grupos de aborígenes, designados genéricamente con el nombre de “Chichimecas”, quienes  se caracterizaron por ser recolectores-cazadores, errabundos nómadas, que casi no dejaron testimonios pétreos (pirámides, grandes edificios o suntuosos palacios),  como lo hicieron otros grupos étnicos que habitaron áreas más meridionales en América.
La cocina de los indígenas chichimecas, como ha acontecido con muchos otros pueblos de la antigüedad en nuestro continente, ha dependido fundamentalmente de los recursos vegetales y animales de los que han podido disponer. La agricultura en esas áridas zonas del septentrión de México ha sido, por lo general, bastante exigua. Debieron haber recorrido extensas distancias para estar en condiciones de recolectar semillas, frutos, vegetales y demás plantas silvestres, con las cuales preparar sus alimentos. Lo mismo ha de haber ocurrido con los animales de ese entorno, que mientras que no los hubiesen podido domesticar debió haber sido bastante precario el suministro de ese nutriente proteínico, tan necesario para una adecuada nutrición humana. 
En fecha reciente se llevó a cabo en el restaurante “Nicos” una presentación de Slow Food  (organización internacional cuyo capítulo mexicano está dirigido por Jorge De’Angeli) titulada “La Cocina del Norte de México”, atinado resultado de las investigaciones culinarias que un grupo de cocineros y cocineras  han venido realizando, para recrear las delicias gastronómicas propias de nuestro país. Contando con la asesoría coquinaria de Alicia Gironella de De’Angeli, los  chefs Margarita Carrillo de Salinas, Guadalupe García de León y Del Paso, Cristina Palacio y Gerardo Vázquez Lugo, director del restaurante “Nicos,   y Cristina Caravantes y Roberto Bucio, prepararon una deliciosa comida de nueve platillos diferentes, sin contar los diversos postres servidos en esa ocasión. 
Los responsables de este opíparo festín tuvieron el acierto de hacer servir todos y cada uno de los guisos en pequeñas cazuelitas de barro, llevadas a cada comensal a su mesa, con lo que se evitaron, entre varias otras, dos notorias incomodidades: la primera, que se congestionara el lugar donde estaban ubicadas  las cazuelas con los manjares;  y segunda, que los golosos asistentes a esta muestra se sirvieran abundantes raciones de guisos que, posteriormente (como suele ocurrir,  repetidamente,  en este tipo de comidas, cuando hay autoservicio de las viandas) dejarían en sus platos,  sin haberlos degustado en su 
totalidad. 
Como felíz resultado de esa investigación gastronómica de los hábitos manducatorios de los pueblos de “Aridoamérica”, los chefs participantes cocinaron y sirvieron las siguientes suculencias, enlistadas por orden alfabético: albondiguillas de venado, asado de boda, cabrito en chile colorado, caldillo de carne seca, carne con chile, chacales, chile pasado con queso, chorizo de calamar y conejo en salsa de chile pasilla. 
Estos apetitosos platillos, servidos, insisto, en pequeñas raciones  ---cuyo tamaño me pareció muy conveniente, para estar en condiciones de degustar tan crecido número de guisos---  fueron acompañados con dos vinos mexicanos: el blanco San Lorenzo y el tinto Cabernet Sauvignon, ambos de Casa Madero, que hicieron un excelente maridaje con los alimentos.
Los postres consistieron en cortadillo de membrillo, coyotas, y diferentes dulces de higo, nuez, coco, leche y durazno,  preparados en la ciudad de Parras, Coahuila,  por una anciana de casi 100 años, Doña Goyita, que goza merecida fama por la exquisita calidad de los melindres que elabora desde hace ya muchísimos años. 


 
 


VIERNES 6 DE SEPTIEMBRE

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LOS MOLOKANES EN EL VALLE DE GUADALUPE

Los mejores vinos mexicanos son elaborados, actualmente, en dos zonas geográficas: el Valle de Parras, la única que cuenta con la Denominación de Origen que otorga el gobierno de México, y la otra es el Valle de Guadalupe, en el estado de Baja California.
En el Valle de Guadalupe están ubicadas algunas empresas vitivinícolas de reconocido prestigio, tanto por la calidad de los vinos que producen como por el volumen de la producción.  Enlistadas por orden alfabético son las siguientes: Bodegas de Santo Tomas,  Chateau Camou, Domecq, L. A. Cetto y Monte Xanic. Otras más son de dimensiones físicas menores, así como de producción más reducida, pero en las cuales se elaboran vinos de notoria finura. Puedo enlistar en este grupo a Adobe Guadalupe, Alborada Guadalupe, Casa de Piedra, Cavas Valmar, Mogor Badan y Viña de Liceaga.
La producción de vino en esta privilegiada región vitivinícola de nuestro país se remonta, en el siglo XX,  a la primera década del siglo veinte, cuando se instala en el Valle de Guadalupe un grupo de doscientas personas de la secta molokana, llegados de Rusia. No olvido que aproximadamente unos setenta años aquí había estado la Misión de Guadalupe, fundada por los monjes dominicos, quienes, seguramente, continuaron con el cultivo de las viñas que habían iniciado los misioneros jesuitas en el área de Loreto  (la capital de ambas Californias: la Baja California y la Alta California), y que después de la expulsión de los discípulos de San Ignacio de Loyola habrían seguido los monjes franciscanos elaborando vino,  para estar en condiciones de celebrar cotidianamente la ceremonia de la misa cristiana. 
El gobierno de Porfirio Díaz autorizó en el año 1905 el ingreso a México de dicho grupo de molokanes, cuyo origen era el siguiente: en el siglo XVII estos cristianos manifestaron su rechazo a la iglesia ortodoxa rusa, ya que no estaban de acuerdo en aceptar la supuesta divinidad del zar, los fastos de esa iglesia y, lo más importante, eran enemigos de enrolarse en el ejército, ya que para ellos matar era un pecado muy grave. Fue en el año 1670 cuando se acuñó el nombre de “molokan” (esta palabra significa en Rusia “bebedor de leche”), ya que ese término hacía alusión a aquellos que ignoraban muchos de los doscientos días festivos de la iglesia ortodoxa rusa, en los cuales era habitual beber leche en las ceremonias religiosas. En aquel tiempo un ruso que no fuese ortodoxo en materia de religión era un sectario, herético y felón, que debía ser castigado de manera brutal. De las más de cien sectas que manifestaron su oposición al zar de Rusia los molokanes fueron los más numerosos. Para el siglo XIX el gobernante ruso dispuso que los sectarios fuesen enviados a lugares distantes de ese país, concentrándolos en el sur de Ucrania, en el Cáucaso y en Asia Central, sitios éstos donde aún habitan muchos de sus descendientes. 
En 1905 los molokanes recibieron la autorización del zar Nicolás II de abandonar su tierra natal y emigrar a un lugar lejano. Tres enviados de ese grupo religioso  --en cierto sentido semejante a los presbiterianos, a los cuáqueros y a los menonitas--   tuvieron conocimiento en la ciudad de Los Angeles que en Baja California, en el Valle de Guadalupe, podrían adquirir tierras para establecerse. Esos tres emisarios visitaron el lugar del cual les habían hablado, y lo encontraron apropiado para los fines que ellos perseguían, y así fue que en 1906 llegaron doscientos rusos: hombres, mujeres y niños al Valle de Guadalupe, donde aún viven sus descendientes.
En el Museo Comunitario del Valle de Guadalupe,  próximo al paraje donde se hallan  las  ruinas de lo que un día fue la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte,  contemplé una magnífica colección de fotografías, documentos y diversos artículos que permiten conocer un pedazo de la historia de esta región de México, alguna vez colonizada por una secta cristiana llegada de Rusia. De acuerdo a los informes del Instituto Cultural Raíces de México, de Santa Bárbara, California, en este villorrio habitan unas cien personas  --aproximadamente veinticinco familias--,